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Haití: Acerca de la violencia en la lucha popular

category américa central / caribe | imperialismo / guerra | non-anarchist press author Tuesday December 22, 2009 22:13author by Isabel Ledesma - Comité Democrático Haitiano en Argentina Report this post to the editors

Haití arrastra una larga historia de agresiones y violencia contra su pueblo y eso explica el hartazgo de quienes hoy enfrentan a un gobierno insensible y a las tropas de ocupación internacionales.

Resumen Latinoamericano - Desde la colonización española comenzada en 1492 pasando por la francesa que culminó con la victoria de los esclavos alzados en armas bajo la genial conducción de Jean-Jacques Dessalines, predominó en Haití en mayor o menor grado- la dominación foránea. El único período realmente soberano duró muy poco, ya que empezó con la proclamación de la Independencia el 1º de enero de 1804 y terminó con el asesinato de Dessalines el 17 de octubre de 1806. En efecto, a partir, de dicho magnicidio, el país empezó a transitar una vía distinta a la del proyecto de libertad plena que era la esencia de la política del libertador haitiano. Al correr de los años, sobre todo con la llegada al poder de Jean-Pierre Boyer, la contrarrevolución se puso en marcha inaugurando el camino de la dependencia, del sometimiento y de la humillación. Luego, con la ocupación norteamericana (1915-1934), la dominación imperialista se transformó en la característica fundamental de la política haitiana.

Tratar de encubrir esta verdad, es simplemente falsear la realidad para mantener el status quo. Sin duda alguna, es a partir de este dato histórico significativo que el campo popular y revolucionario ha de elaborar fundamentalmente sus propuestas de cambio, sus formas de lucha, para no confundir al enemigo principal. Al mismo tiempo, hace falta resaltar que dicha dominación condujo a la transformación de Haití en el país más empobrecido de la región, pero donde existió también una constante resistencia popular. Como por ejemplo la lucha encabezada por Charlemagne Péralte y Benoit Batraville en contra de la primera ocupación militar norteamericana. Incluso, en varios momentos de la historia, se registraron sublevaciones de los oprimidos, demostrando a veces la existencia aun de una crisis revolucionaria. Además, desde el punto de vista de la lucha de clases, la movilización y la irrupción violenta de las masas explotadas indican siempre una crisis de las clases dominantes, una crisis de la aceptación de la dominación.

Ahora bien, cuando se presentan esos períodos si no existen organizaciones populares capaces de dirigirlos, más tarde o más temprano, surgirá la fase de declinación. Es el peligro que existe hoy en Haití, cuando vemos que ciertas organizaciones del campo popular quieren despegarse, por ejemplo, de la violencia ejercida en las calles por los estudiantes y los trabajadores. Se mantienen a la defensiva ante el discurso oficial y reaccionario que reclama la no violencia como única forma de protesta de los de abajo. Un discurso apuntado fundamentalmente a proteger la propiedad privada. Llaman violencia al lanzamiento de algunas piedras en contra de los vehículos de la MINUSTAH esta fuerza de ocupación que se estableció en el país desde 2004- o cuando se incendian algunos vehículos de un Ministerio cualquiera o de la propia MINUSTAH. Sin embargo, la violación de niñas y mujeres haitianas, como así también el asesinato de varias decenas de personas, por ejemplo en las masacres de junio y de diciembre de 2006 por la MINUSTAH en los barrios populares, no han preocupado y provocado tanto rechazo por parte de los grandes medios de prensa y de los gobernantes como cuando los manifestantes rompen algunos vidrios o levantan barricadas en la vía pública. Ante semejante cinismo, engaño y crueldad, es necesario recordar que en toda sociedad basada en la injusticia, una crisis revolucionaria es esencialmente un proceso concentrado de adquisición violenta de conciencia a través de la experiencia concreta en la lucha de clases. Es imprescindible la violencia de los oprimidos, para poder poner en acusación y terminar con la dominación que sufren. Y cuando recordamos que dicha dominación se apoya históricamente en la violencia ejercida por las clases dominantes a través de los aparatos del Estado burgués, no puede haber duda acerca de la necesidad que tienen los explotados de organizar su propia violencia hasta la adquisición de una plena confianza en sus fuerzas para poder llevar adelante su programa revolucionario. Dicho de otra manera, en determinados momentos de la historia, a la violencia de los explotadores y opresores debe oponerse la justa violencia popular y revolucionaria.

Este momento no es otro que el de la ruptura de la relación social determinante expresada en dominación y subordinación existente en los períodos anteriores a los estallidos. De ahí la importancia del papel de una organización revolucionaria para intervenir en esos procesos de lucha de clases combinando de manera creativa la lucha pacífica con la violenta. Caso contario, los explotadores nunca sentirán peligrar su dominación multifacética. Y si en algún momento dicha dominación llegara a tambalear, no dudarán un solo instante en utilizar todo su poderoso arsenal para restablecerla. Además, no podemos perder de vista que el tiempo de la ruptura, por ejemplo el de una insurrección, no es ilimitado.

Por otra parte, es imposible aprehender correctamente la problemática de la violencia revolucionaria si no se entiende a la política como instancia de organización, aplicación e imposición de ciertas relaciones de poder en función de intereses de clase históricamente determinados. En este sentido, la violencia ejercida por los sectores dominantes en defensa de la propiedad privada -esos mismos que claman por la no violencia y la lucha pacífica de los oprimidos- desde el surgimiento de la formación social esclavista hasta la capitalista pasando por todas sus combinaciones y variantes, es uno de los componentes esenciales de todo el sistema de dominación. Es mucho más que un instrumento o medio de lucha, sino fundamentalmente una fuente permanente de conflicto. De ahí el papel del Estado burgués como garante de la producción y reproducción de dicho sistema. Es el principal organizador y ejecutor de la violencia concentrada en todas las estructuras de esas formaciones sociales. El Estado, tal como bien lo explicó Lenin en "El Estado y la Revolución", no es -y ni puede ser- un instrumento o aparato neutro que existe por encima de las clases antagónicas.. Entonces, cuando nos hablan de orden, paz social, estabilidad, etc., es simplemente en referencia a los intereses de los sectores dominantes. Las condiciones infrahumanas de existencia de las masas explotadas no representan para los defensores de dicho pensamiento una forma de violencia, la más cruel.

Según ellos, las masas han de soportar pacíficamente su situación, ya que el Estado trabaja para el bien de todos, de toda la sociedad. Toda violencia por parte de los oprimidos, es interpretada como un acto en contra de la paz social. Una forma más para alejar a las masas de la vía revolucionaria por la toma del poder.

En otro nivel de confrontación, es el mismo tipo de cinismo y engaño que notamos cuando colocan 7 (siete) bases militares norteamericanas en Colombia con un enorme poderío, sin embargo acusan al Presidente Chávez de Venezuela de ser el agresor, el violento que altera la paz en la región. Haití no escapa a ese esquema. Isabel Ledesma es la Responsable Internacional del Comité Democrático Haitiano en Argentina Diciembre de 2009.

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