Reflexiones sobre el cuasi golpe en el Ecuador
El intento de golpe del 30 de Septiembre en el Ecuador deja una serie de reflexiones que los sectores libertarios y de intención revolucionaria no podemos pasar por alto. Aún cuando no exista a la fecha claridad absoluta sobre los acontecimientos o sobre qué sectores específicamente jugaron un rol en ellos, está claro que la derecha y el Imperialismo tuvieron un rol decidido.

Reflexiones sobre el cuasi golpe en el Ecuador
El intento de golpe del 30 de Septiembre en el Ecuador deja una serie de reflexiones que los sectores libertarios y de intención revolucionaria no podemos pasar por alto. Aún cuando no exista a la fecha claridad absoluta sobre los acontecimientos o sobre qué sectores específicamente jugaron un rol en ellos, está claro que la derecha y el Imperialismo tuvieron un rol decidido. El sector liderado por Lucio Gutiérrez y su PSP (Partido Sociedad Patriótica) no solamente intentó capitalizar a su favor la rebelión policial (ocasionado por una pelea puntual sobre recorte a ciertas prebendas de sectores públicos y de la policía en particular), sino que tuvimos hasta algunos pocos testaferros de la burguesía que salieron preparados a enfrentar al pueblo en grupos vigilantes, lo cual no habla de una movilización espontánea, o por lo menos, no del todo espontánea. Algo de preparación hubo, aún cuando no puede sobredimensionarse la importancia de estos grupos.
Para tener una visión de lo que ocurrió, hay que considerar, primero que nada, el contexto en el cual ocurre la (mini)crisis ecuatoriana.
Existe una ofensiva del imperialismo fuerte en Latinoamérica, lo cual significa, en primer término, presión directa sobre nuestros pueblos: Están sus bases militares (Panamá, Colombia, Aruba, Curazao), las ocupaciones militares por invitación (Costa Rica) o por fines “humanitarios” (Ayití), la ofensiva militar colombiana (que no puede ser entendida al margen de este proceso y que al parecer busca implementar una solución tipo “Sri Lanka” al conflicto social y armado), y los movimientos golpistas o cuasi-golpistas en Venezuela, Ayití, Bolivia y Honduras, los cuales han sido impulsados por fuerzas que, o han sido financiadas directamente por los EEUU, han sido entrenadas por la CIA, o al menos han recibido el beneplácito de Washington. A esto hay que agregar que comenzará una nueva presión por parte de la llamada guerra contra las drogas, que se intensificará mediante la profundización de la Iniciativa Mérida, una creciente militarización de México y Colombia, y probablemente, la implementación de nuevos programas militares en el Perú[1].
Pero también la ofensiva imperialista ejerce una presión indirecta. En el caso ecuatoriano, no parece del todo probable que hubiera habido un plan preconcebido de toma del poder o que el imperialismo haya tenido mayores nociones de que habría algún movimiento de sables el 30 de Septiembre. Aún cuando la derecha intentara capitalizar y aún cuando haya habido algo de preparación por parte de los vigilantes de derecha, no parece ser el caso que este cuasi golpe haya sido planificado en detalle en las altas esferas del poder. Sin embargo, es evidente que esta ofensiva, el contexto de creciente agresividad regional y sobre todo, la benevolencia de Washington hacia los sectores golpistas en Honduras y Ayití, están dando valor a los sectores más retardatarios y conservadores de la sociedad latinoamericana para pasar a una especie de ofensiva y aumentar sus grados de confrontación con regímenes que son vistos como “populistas” y que, por lo mismo, generan desconfianzas en Washington y resquemores a la interna.
Este es el contexto actual. Lamentablemente, el influjo de la socialdemocracia en la región, lleva que importantes sectores del pueblo desconozcan la real dimensión de esta amenaza imperialista que se está tendiendo desde Centroamérica-Caribe sobre los pueblos latinoamericanos. También persiste fuerte la ilusión de que los procesos políticos que se han desencadenado desde la irrupción de las masas en Cochabamba al finalizar el siglo XX son irreversibles, o que su carácter democrático-burgués garantiza que la burguesía tenga que aceptarlos sin chistar. Acá hay una dura lucha que dar, porque sostenemos que se vienen confrontaciones muy fuertes en el hemisferio y que los pueblos tienen que estar preparados para hacer frente a la ofensiva imperialista. Acá los revolucionarios tienen que ir ganando espacio político al pensamiento hegemónico de que los procesos de cambio en el continente se harán sin sobresaltos, de manera pacífica, mediante las urnas
Sumado a este problema de carácter regional, esta el problema interno de Ecuador: qué tendencias se fortalecerán objetivamente con este golpe y contragolpe. La debilidad de los revolucionarios indica que el capital político irá a fortalecer la revolución ciudadana y no a fortalecer organismos de poder popular directo de las masas.
Se fortalecerá el reformismo y no necesariamente la revolución. Eso será el resultado objetivo, por lo menos al corto o mediano plazo. Pero en realidad
esto no es un resultado absoluto, y el hecho de que se fortalezca (más que nada) el reformismo, no significa que esta lección no pueda utilizarse políticamente para fortalecer, en términos relativos, a un sector revolucionario que hoy es minoritario pero que es susceptible de crecer. Sacar las lecciones, utilizarlas para mostrar los límites del reformismo, utilizarla para mostrar la inevitabilidad de la confrontación directa de clases, utilizarla para aglutinar a los cercanos, todo ello puede utilizarse para, a mediano o largo plazo, fortalecer al elemento revolucionario y libertario dentro del movimiento popular ecuatoriano.
¿Cómo avanzar en convertir esa participación del pueblo como clase de apoyo de la “revolución ciudadana” en agente activo de su propia “revolución”? ¿Cómo convertir el apoyo al orden constitucional en apoyo a la revolución? Que exista actualmente una identificación del pueblo con el proceso de la “revolución ciudadana” no significa que haya identidad de manera mecánica [2]. Que ha habido avances, los ha habido, pero esos han sido fruto de la lucha y de la presión del pueblo, y esos avances han sido usurpados por el gobierno mientras se desmoviliza al pueblo y se ataca a sus expresiones autónomas. La idea anterior ha sido reflejada, de cierto modo, por un comunciado conjunto de la CONAIE, ECUARUNARI, CONFENIAE y CONAICE: “
Mientras el gobierno se ha dedicado exclusivamente a atacar y deslegitimar a los sectores organizados como el movimiento indígena, los sindicatos de trabajadores, etc., no ha debilitado en lo más mínimo las estructuras de poder de la derecha, ni siquiera dentro de los aparatos del Estado, lo que se ha hecho evidente por la rapidez con que reaccionó la fuerza pública.” [3]
El que hoy el pueblo ecuatoriano se sienta identificado con el proceso, no quiere decir que esto será siempre así, y por lo mismo es prioritario fortalecer la alternativa libertaria, para que se convierta en un polo de atracción para los sectores críticos y para ganar a quienes son parte de ese bloque que sirve de clase apoyo para el proyecto nacional-desarrollista. La crítica no debe desarrollarse ni con excesivos verbalismos, ni con posturas excesivamente principistas, sino que
buscando ganarse al pueblo en todo momento.
Lo fundamental, por ahora, es que la derecha fue derrotada, pero ¿por cuánto tiempo? Porque hay quienes dicen que esto fue una primera intentona para probar “finura” y que se está pensando en un segundo “round”. Esto no sería descabellado de pensar si vemos la experiencia chilena, por ejemplo, donde el Golpe de Estado del 11 de Septiembre de 1973 fue precedido un par de meses antes por un Golpe abortado, el llamado “Tancazo”.
La otra duda que es importante preguntarse es ¿A qué costo político? Pues ya hay quienes hablan de negociaciones con la derecha para zanjar desacuerdos políticos y, por otra parte, se ha fortalecido al ejército al que se le aumentará el sueldo [4]. También está el grave problema de que la manera en que se zanjó la crisis reforzará las tendencias personalistas en el proceso ecuatoriano, con toda seguridad, a expensas de la propia capacidad orgánica del pueblo –el resultado previsible es un mayor arrinconamiento a las expresiones aún autónomas y una política de mano dura hacia las expresiones críticas populares y de izquierda.
Pero nada de esto es una fatalidad, sino que es el resultado de la propia debilidad de los sectores revolucionarios. Es por tanto necesario que los sectores revolucionarios, y entre ellos, los propios libertarios, traten de sacar las lecciones necesarias. Ante la ofensiva imperialista, por una parte, y ante el fortalecimiento de un proyecto de “revolución ciudadana” de corte caudillista, no hay que darse poses de neutralidad, sino que hay que hacer el trabajo de equlibristas para poder encontrar el espacio en el cual fortalecer una alternativa revolucionaria. Los pueblos latinoamericanos tienen ante sí un momento histórico en el cual se agudizarán las contradicciones y las confrontaciones –hay que capitalizar a favor de la revolución, a favor de los intereses históricos del pueblo explotado y oprimido las crisis que se vienen. La revolución, además, es a fin de cuentas la única garantía de que esta derecha gorila no vuelva a levantar cabeza. Es una carrera contra el tiempo y habrá que dar saltos cualitativos en tiempos récord, habrá que redoblar los esfuerzos, madurar la alternativa de manera acelerada, templar el carácter y fortalecer la conciencia.
Los hechos de Ecuador ponen al descubierto que hay una tenaza imperialista que se está tendiendo en torno a los procesos reformistas-nacional-desarrollistas, como una tentativa de las oligarquías tradicionales y del imperialismo (que tienen intereses coincidentes) de reconquistar terreno perdido. Ese es el escenario que tenemos abierto en América Latina para el futuro inmediato. Si no estamos a la altura del momento histórico, prefiero no pensar en lo que se viene.
Como he dicho, la izquierda revolucionaria, o da un salto, o la consumen los acontecimientos. La revolución o avanza, o retrocede. Acá no hay medias tintas. Y mientras los unos aplauden a Unasur por su rol en resuelver la(s) crisis, el pueblo, el verdadero protagonista de los eventos, queda esperando soluciones desde arriba y no pasa de ser una clase-apoyo para constituirse de manera directa en creador de su propio destino. Ahí, y precisamente ahí, es donde los libertarios deben jugar a fondo su rol.
José Antonio Gutiérrez D.
4 de Octubre, 2010
[1]
http://www.anarkismo.net/article/17684
[2] El cual, a diferencia de lo que se repite hasta el cansancio, tiene características particulares que le son propias, responde a dinámicas tanto locales como regionales. No es un mero “chavismo” a la ecuatoriana, como algunos lo tildan, ni mucho menos Correa puede ser considerado un “títere” de Chávez como afirman hasta el hastío las grandes agencias noticiosas. La “revolución ciudadana” es parte de lo que se llamaría “socialismo del siglo XXI” más por asociación que por contenido.
[3]
http://www.anarkismo.net/article/17690
[4] Según el gobierno esto estaba previsto de antemano y fue una coincidencia que ocurriera “justo” después del Golpe (golpe ocasionado, recordémoslo, por los recortes a las prebendas de la policía). Es imposible no pensar que, obviamente, hubo una lógica de premiar la lealtad militar.
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Commenti (1 of 1)
Vai al commento: 1El ex mandatario ecuatoriano Lucio Gutiérrez aseveró que "si el Presidente no rectifica, no recapacita, no lidera la gran reconciliación nacional, y sigue incrementando el odio entre los ecuatorianos, incentivando la lucha de clases, cualquier cosa puede ocurrir en Ecuador, un levantamiento quizá militar, un levantamiento a lo mejor de la población civil".