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¿La Hora del Islamismo Político en Egipto?

category áfrica del norte | religión | opinión / análisis author Monday May 16, 2011 07:31author by José Antonio Gutiérrez D. Report this post to the editors

Mientras el pueblo egipcio se movilizaba en todo el país en contra de la tiranía de Hosni Mubarak, dictador apoyado por décadas por Israel y Estados Unidos, los medios miraban con recelo esta extraordinaria demostración del poder de un pueblo unido por una causa justa. Las agencias de prensa internacionales se preguntaban frecuentemente si lo que se estaba produciendo era la creación de un “nuevo Irán”, se especulaba sobre la mano del “fundamentalismo” en las protestas, posiblemente de Al Qaeda, se inventaban toda clase de historias sobre los “Hermanos Musulmanes”, etc. La imagen del “terrorista islámico” made in USA, patrocinada por la ideología neoconservadora y la “Guerra contra el Terrorismo”, esa imagen del barbón, irracional, enturbantado, violento, inhumano, subyacía a todo este bombardeo desinformativo de masas.
Musulmanes rezando durante las protestas de Febrero en Tahrir, El Cairo
Musulmanes rezando durante las protestas de Febrero en Tahrir, El Cairo


¿La Hora del Islamismo Político en Egipto?

Si vamos a hablar del Islam Político, tenemos primero que hablar de Israel, el primer Estado en la región fundado sobre una base religiosa, el Judaísmo.
(Hassan Abou Bakr, antropólogo y socialista egipcio)

Mientras el pueblo egipcio se movilizaba en todo el país en contra de la tiranía de Hosni Mubarak, dictador apoyado por décadas por Israel y Estados Unidos, los medios miraban con recelo esta extraordinaria demostración del poder de un pueblo unido por una causa justa. Las agencias de prensa internacionales se preguntaban frecuentemente si lo que se estaba produciendo era la creación de un “nuevo Irán”, se especulaba sobre la mano del “fundamentalismo” en las protestas, posiblemente de Al Qaeda, se inventaban toda clase de historias sobre los “Hermanos Musulmanes”, etc. La imagen del “terrorista islámico” made in USA, patrocinada por la ideología neoconservadora y la “Guerra contra el Terrorismo”, esa imagen del barbón, irracional, enturbantado, violento, inhumano, subyacía a todo este bombardeo desinformativo de masas. Más allá de esta grotesca caricatura, que no da cuenta de la extraordinaria complejidad y sofisticación del Islamismo Político, estas especulaciones febriles no tenían ningún asidero. Sin embargo, pese a que el rol del Islamismo Político en la revolución egipcia fue más bien marginal, no puede negarse que su expresión orgánica, los “Hermanos Musulmanes”, constituye el sector de la “sociedad civil” egipcia mejor organizado, con mayor infraestructura y que, con toda seguridad, después de las elecciones previstas para Septiembre, jugará un rol importante en definir al Egipto post-Mubarak.

Las raíces del Islamismo Político en Egipto

La historia del Islam Político tiene su génesis precisamente en Egipto, cuando en 1928 Hassan al Banna y sus seguidores fundaron los Hermanos Musulmanes como una respuesta desde el Islam a la desintegración social que trajo consigo el imperialismo británico. La organización creció como hongos después de la lluvia y logró extender su influencia sobre millones de egipcios, participando en la lucha contra las autoridades coloniales británicas y contra el Rey Farouk. En un comienzo, apoyaron de manera entusiasta el golpe de Estado de los “Oficiales Libres” en 1952, liderado por Gamal Abdel Nasser y Muhammad Naguib. Luego, tuvieron fuertes diferencias con la junta militar y terminaron como una organización clandestina la cual, esporádicamente, fue tolerada y hasta estimulada de manera encubierta en el gobierno de Anwar al Sadat (1970-1981) como un contrapeso para la izquierda.

Esta historia la resume el académico egipcio Mohammed Hassan Khalil, miembro del recientemente formado Partido Socialista (vinculado a la figura de Samir Amin), de la siguiente manera:

Nasser era un político burgués, pero tenía un plan nacionalista de independencia nacional. Por eso tuvo tantos problemas con el imperialismo, pues los EEUU no pueden aceptar la independencia de otros países. Tras su golpe de Estado, en 1952, solamente los comunistas y los islamistas sobrevivieron como fuerzas políticas, pero Nasser era una persona que no creía en los partidos políticos, ni siquiera en el suyo propio, al cual disolvió varias veces. Todas sus políticas fueron implementadas directamente a través del Estado. Los Hermanos Musulmanes lo apoyaron por un tiempo, pero él no toleraba a nadie que estuviera en desacuerdo en lo más mínimo. Después de eso, los Hermanos Musulmanes hicieron un intento de atentado, y entonces Nasser los proscribió. Los líderes del movimiento se refugiaron en Alemania Occidental y en Arabia Saudita. Los Hermanos Musulmanes reaparecieron en Egipto después de las protestas estudiantiles que enfrentó Sadat en 1972. Sadat los patrocinó de manera encubierta para que sirvieran de contrapeso a la izquierda, que entonces eran fundamentalmente comunistas y nasseristas. Arabia Saudita, por su parte, comenzó a financiarlos con miles de millones de dólares, con lo cual comenzaron a realizar una serie de obras de caridad y a entregar a ciertas comunidades marginalizadas servicios públicos, con lo cual ganaron mucha popularidad. Es así como comenzaron un proceso de islamización del país.

En la década de 1970 y 1980, unos cuatro millones de egipcios emigraron a los países del Golfo a trabajar. Esta emigración masiva amortiguó la lucha de clases en el país y los Hermanos Musulmanes la disfrazaron con la religión.


Islam Político y Crisis de Hegemonía

¿Cuáles son las causas para que el Islam Político en muchos países con tradición(es) musulmana(s) haya crecido de una manera vertiginosa en las últimas dos décadas, llegando a convertirse, en muchos casos, en el referente político privilegiado para las clases populares?

Cierto es que una de las principales razones de este explosivo crecimiento es la enorme infraestructura que han desarrollado de servicios sociales y de caridad, que hace que muchos sectores marginalizados y empobrecidos de la sociedad egipcia dependan de ellos para la subsistencia. Según el economista Ali Kadri, “Los Hermanos Musulmanes son el sector más organizado de la sociedad egipcia, y se les permitió desarrollar una cierta base en la sociedad civil ahí donde el Estado renunció a la provisión de servicios básicos… en muchas áreas son ellos quienes dan salud a la población más pobre, lo cual, desde luego, no es algo de por sí malo.

Pero sería un error pensar que el crecimiento del Islam Político se debe solamente a la mera caridad. Desde luego que hay razones más profundas para este fenómeno político. Según Mohammed, “El Islam Político es la respuesta a lo que Gramsci llama una crisis de hegemonía. Pero, en realidad, no hay elementos de unidad en el Islam Político, para nada. Esta crisis de hegemonía se arrastra desde la derrota en la Guerra de los Seis Días en 1967. La respuesta del Islam Político es conveniente para el sistema, porque no critican al régimen sino al individuo que se ha olvidado de Dios.

No son pocos los que han señalado la mano de EEUU en el surgimiento de este fenómeno, desde la década de los ’70. No solamente en Egipto, donde el régimen de Sadat patrocinó de manera encubierta al Islam Político, sino que en Palestina es también sabido que el Islamismo fue estimulado para servir de contrapeso a los movimientos de liberación nacional de izquierda. El gobierno turco también promovió la fundación de un movimiento armado llamado Hizbullah (sin ninguna relación con el movimiento libanés del mismo nombre) para combatir a las guerrillas kurdas del PKK en 1985. Pero el caso más notorio fue el de los Talibanes en Afganistán, que desde fines de los ’70 recibieron toda clase de apoyo por parte de los EEUU con el fin de dar a los soviéticos su propio “Vietnam” en ese país. Pero los efectos de la promoción de los Talibanes en Afganistán se hicieron sentir en todo el mundo árabe: “Los EEUU”, dice Mohammed, “inventaron el concepto de la jihad en contra de la URSS en Afganistán, y para ello llevaron gente desde todo el mundo árabe, a quienes entrenaron en Arabia Saudita y en Yemen, antes de enviarlos a Afganistán.

Sin embargo, la relación entre los islamistas y sus patrocinadores en los EEUU fue desde el comienzo una relación compleja. Como señala el mismo Mohammed “No quiero decir con esto que los jihadistas eran meros títeres; antes bien, utilizaron una oportunidad abierta de par en par por los EEUU para sus propios fines.

El antropólogo y militante socialista Hassan Abou Bakr, quien ha estudiado los movimientos islamistas, matiza las opiniones de su compañero:

Yo no creo mucho en teorías conspirativas. Si suponemos que todo ha sido planeado desde los EEUU, dejamos de lado otros factores tales como la caída de la URSS, que tuvo un efecto devastador sobre la izquierda árabe; el surgimiento de tendencias chovinistas en Europa, que han reforzado lo religioso como un elemento identitario en oposición a lo que perciben como un ‘occidente’ hostil; y sobre todo, el establecimiento de Israel como un Estado basado en la identidad religiosa. Si vamos a hablar del Islam Político, tenemos primero que hablar de Israel, el primer Estado en la región fundado sobre una base religiosa, el Judaísmo.

El surgimiento del Islam Político también tiene un antecedente en el desarrollo centralizado del país: todo el desarrollo en Egipto pasa por El Cairo, después por otras ciudades grandes, siempre marginando las áreas rurales. La migración del campo a la ciudad fue una cosa muy desesperante, no había ninguna clase de esperanza. Como antropólogo he trabajado con las comunidades islamistas y la respuesta más común entre ellos es que en este mundo no hay esperanza y lo único que nos queda por conquistar es el Paraíso. El Islam Político ha jugado con esta desesperación en su lucha por una tajada de la torta, porque los Hermanos Musulmanes no son una oposición real.


El Islam Político, el gran ausente el 25 de Enero

Las movilizaciones políticas que sacudieron a Egipto desde el 25 de enero del 2011 y cuyo epicentro estuvo situado en la plaza de Tahrir en el centro del Cairo, pero que de ningún modo estuvieron confinadas a ella, vieron un caudal humano como pocas veces se ha visto movilizarse en ese país. Esas multitudes representaban a prácticamente todos los sectores de la sociedad egipcia. Y sin embargo, el sector más organizado de la sociedad egipcia, el Islam Político, estuvo sorpresivamente ausente de las movilizaciones del 25 de Enero, para posteriormente jugar un rol totalmente secundario, pese a que los medios internacionales agitaron constantemente el cuco del “fundamentalismo” como la mano oculta detrás de las protestas.

Las movilizaciones del 25 de Enero, en realidad, respondieron a una presión social que se venía acumulando en el seno de la sociedad egipcia de la cual los Hermanos Musulmanes, por su propia naturaleza, no podían ser una expresión central. Dice Ali Kadri que los detonantes de la movilización de masas fueron “la frustración ante el presente, las enormes desigualdades del ingreso en la sociedad, la pérdida y erosión progresiva de los escasos derechos existentes, la manera en que los ricos se enriquecieron y los pobres se empobrecieron… la manera en que durante tres décadas el crecimiento económico promedio fue de un 5% y sin embargo, una tercera parte de los niños sufren de desnutrición. Obviamente, los Hermanos Musulmanes, aparte de entregar ciertos servicios básicos, no tienen respuesta para ninguno de estos asuntos. Acá no se trata de intervención divina”.

Pero finalmente, advierte Mohammed, los Hermanos Musulmanes aparecieron en Tahrir en un momento crucial, cuando el destino de Mubarak estaba por definirse:

Los Hermanos Musulmanes contribuyeron a la Revolución en Egipto poniendo a su gente para los combates callejeros del 2 de Febrero, cuando la plaza de Tahrir fue atacada por los matones a sueldo de Mubarak. ¿Por qué se decidieron a participar en ese momento? Porque vieron que Mubarak estaba debilitándose y que ellos podían ser el próximo gobierno. Ya se habían entrevistado con Condolezza Rice, entonces Secretaria de Estado de los EEUU, en el 2004, y le habían prometido que respetarían el libre comercio y la paz con Israel si alguna vez llegaban al poder. En ese sentido podemos decir que, de alguna manera, eran un Plan B para los EEUU.

Pero el régimen de Mubarak los miraba con desconfianza desde el primer momento, sobre todo a sus brazos paramilitares. Cuando estas pandillas paramilitares comenzaron a inquietarlo, Mubarak las aplastó y luego los pasó por cortes marciales en 1995. Luego, los Hermanos Musulmanes pasaron los tres años siguientes tratando de ponerse a las buenas con el gobierno, y tras el fracaso de sus llamados a la reconciliación, se pasaron a la oposición. Con el paso de una década comprobaron que la oposición se estaba fortaleciendo y que las huelgas obreras venían en ascenso, y consecuentemente cimentaron sus credenciales de oposición, pero esto fue solamente en los últimos años. Aún así, no se sumaron a las movilizaciones para derrocar a Mubarak el 25 de enero, sino hasta bastante después, y de mala gana. Cuando vieron que la caída de Mubarak era inminente, comenzaron a negociar tras las bambalinas con el ejército.


Los jóvenes y las fracturas de los Hermanos Musulmanes en la era post-Mubarak

Pero que los líderes de los Hermanos Musulmanes no hayan participado en las movilizaciones, o que la organización no se haya sumado de manera orgánica, no significa que una buena cantidad de miembros de esta asociación no hayan estado presentes de manera individual en las movilizaciones desde el primer momento. Los vientos revolucionarios que soplan en Egipto desde Enero no podían dejar a los Hermanos Musulmanes inalterados. Durante la revolución egipcia, los jóvenes jugaron un papel fundamental, y por lo mismo, no es casual que el ala juvenil de los Hermanos Musulmanes haya entrado después del 25 de Enero en contradicción con los líderes más conservadores y tradicionalistas.

En una conferencia del ala juvenil de los Hermanos Musulmanes sostenida después de la caída de Mubarak, en Marzo, se ventiló una multiplicidad de diferencias que atraviesan la organización: mientras los líderes de los Hermanos Musulmanes están formulando un partido que represente a su asociación, los jóvenes no quieren un partido único, sino libertad para entrar a cualquier partido que se forme, argumentando que una asociación de carácter religioso no puede confundirse con una fuerza política –argumento que penetra al corazón mismo del debate centenario sobre la división del Estado y de la Iglesia. Otros temas que generaron divisiones con los “mayores” fueron las discusiones en torno a la representación de mujeres, de jóvenes y de cristianos coptos en el futuro partido que se fragua desde los Hermanos Musulmanes.

Finalmente, los jóvenes abandonan la organización y terminan uniéndose a otros movimientos juveniles, incluido el Movimiento 6 de Abril (que convocó originalmente a las protestas en Tahrir), para formar la Coalición Juventud de la Revolución. Según Hassan el terreno fue preparado durante las mismas jornadas de protesta: “Los jóvenes de los Hermanos Musulmanes se unieron a otros movimientos juveniles durante las protestas, y se relacionaron con cristianos coptos, con marxistas, y se dieron cuenta que éstos no eran monstruos, que no eran Satanás. Algunos de ellos hablaron por vez primera con cristianos, y en un segundo se demolieron barreras artificiales centenarias”.

Uno de esos jóvenes musulmanes me comentó, temblando de emoción: “Hablé durante la protesta con un cristiano, y sentí mucho amor hacia él, me recordó a mi hermano”. Es muy difícil convencer a un joven que se ha hermanado en la lucha con otros jóvenes cristianos, de que hay que volver a implementar un impuesto medieval a los “infieles”, como plantean algunos sectores conservadores de los Hermanos Musulmanes…

Conflicto sectario con los cristianos: único caballo de batalla del salafismo

Así como importantes sectores musulmanes se hermanaron mediante la lucha con los cristianos, otros han optado por escalar la tensión sectaria. Mohammed explica que: “Tras la revolución, el ala juvenil de los Hermanos Musulmanes dejó la organización. Ha habido otras escisiones, debido a la naturaleza de la lucha democrática… es que han sido afectados por la revolución, y con todas esas escisiones van quedando reducidos a los elementos más conservadores, los salafistas, los místicos. Esos elementos conservadores han visto pasarles por el lado la revolución de las fuerzas democráticas. Como resultado, no les queda otra bandera de batalla que estimular el conflicto sectario con los cristianos.

En Egipto, así como en la mayoría de la región, la cuestión religiosa moldea profundamente la cultura de las personas, al grado que cuando preguntaba si existían minorías nacionales en Egipto, la mayoría de las personas me respondían que sí, que los coptos eran una minoría nacional. Cuando trataba de explicar que no me refería a minorías religiosas, sino étnicas, se me aclaraba la profunda diferencia que existía en todo sentido entre los credos, al punto de que se les consideraba comunidades aparte. Estas comunidades han tenido una relación compleja, pero que no ha sido históricamente caracterizada por la violencia sino por la coexistencia pacífica. Es en los últimos cincuenta años que políticas de marginalización progresiva de los cristianos han comenzado a tener lugar por parte del Estado. Y es solamente en la última década que esta marginalización del Estado, sumado a la ascendencia de tendencias ultra conservadoras en el Islam, ha degenerado en violencia esporádica en distintos puntos del país.

Esta semana, por ejemplo, hemos visto las noticias del incendio de dos iglesias coptas y de los enfrentamientos con piedras y cócteles molotov entre cristianos y musulmanes salafistas (ultra conservadores), los cuales dejaron por saldo una docena de muertos y varias decenas de heridos. Todo porque, según los salafistas, los coptos estaban reteniendo contra su voluntad a una cristiana convertida al Islam. De igual manera ha habido otros conflictos, inmediatamente después de la caída de Mubarak, por relaciones amorosas interreligiosas, así como el caso de la horrenda mutilación de un cristiano en la ciudad de Qena por supuestamente prostituir a mujeres musulmanas.

Estos enfrentamientos son reproducidos de manera sensacionalista por unos medios de comunicación internacionales interesados en polarizar en contra de los musulmanes, representándolos como pueblos intrínsecamente intolerantes, fanáticos, irracionales, violentos y sectarios. Seamos claros: esto es real, ocurre y es estimulado por un sector del Islam Político que no es mayoritario pero que ha ganado terreno en el pasado inmediato -los llamados salafistas. No quiero minimizar el problema, el cual es grave. Pero lo que no se ve en los medios es el enorme rechazo que estas acciones producen en la sociedad egipcia, sin importar el credo. Incluso la dirigencia de los Hermanos Musulmanes se ha distanciado de estos actos de violencia, aún cuando quienes los perpetren sean cercanos a los sectores más reaccionarios de su base social de apoyo y aún cuando muchas de sus declaraciones y políticas sirvan para abonar el sectarismo. Desde Tahrir se viene viviendo el nacimiento de una conciencia de unidad inter-confesional cuando las muchedumbres cantaban “musulmanes y coptos, somos todos egipcios”. A donde uno vaya en El Cairo, se ven pintadas en las paredes llamando a la unidad de los cristianos y los musulmanes, cuyo símbolo es la media luna, que representa al Islam, con una cruz superpuesta, la cual representa al cristianismo. En varios balcones vi a la bandera egipcia, con sus tres franjas blanca, roja y negra, con la media luna y la cruz estampada al medio, en lugar del águila que es el emblema oficial. En la marcha del Primero de Mayo este símbolo flameó en varias banderas.

Durante la revolución, la unidad entre cristianos y coptos no solamente se vivió en Tahrir, sino que en todos los lugares donde el pueblo se movilizó contra la tiranía. Los Comités Populares, por ejemplo, que surgieron en todo Egipto para hacer frente al vacío de poder que dejó el virtual colapso del Estado, tuvieron una ética unitaria muy importante, y en todos ellos se prohibió la exaltación del sectarismo y hubo una reacción muy fuerte del pueblo en contra de la promoción de ideas bárbaras en nombre del Islam. La periodista Mona Ezzat nos confirmó que “en los comités populares hubo mucha oposición a los salafistas porque han hecho cosas muy malas a la comunidad”.

La revolución no fue caldo de cultivo para el “fundamentalismo” como advertían todos los medios serviles a los intereses norteamericanos. Al no poder defender abiertamente a “su hombre”, Mubarak, agitaban el cuco del “nuevo Irán” para desvirtuar el contenido de la revolución egipcia. La revolución, de hecho, generó un espíritu de unidad que no se había visto en más de medio siglo. Si ahora los sectores religiosos más reaccionarios son más visibles, es solamente porque sus voces se escuchan sin tanta censura como existía durante el régimen de Mubarak, lo cual les da mayor visibilidad.

¿Qué rol cumplen, entonces, estos enfrentamientos sectarios en el Egipto de post-Mubarak? Como lo expresó más de algún egipcio con el que pude hablar, parecieran ser el último caballo de batalla de los salafistas, los cuales fueron completamente relegados al margen de los acontecimientos desde el 25 de Enero. Mientras los medios internacionales de manera sensacionalista advierten sobre la “amenaza islamista”, un nuevo espíritu nace en todo el territorio egipcio y los salafistas saben bien que ellos son ajenos a esto; estimular el conflicto sectario y promover el enfrentamiento religioso, pareciera ser su apuesta para retomar terreno perdido y mantenerse en el escenario político. Y parece ser que casi toda la prensa “occidental” los apoya en esta tarea, a juzgar por la cobertura noticiosa de Egipto.

La cuestión islámica ante las fuerzas progresistas

¿Qué posición adoptarán las fuerzas progresistas ante el Islam Político? ¿Qué posición adoptarán las fuerzas progresistas ante la cuestión religiosa en el sentido más general? Esta no es una cuestión menor, sino que, considerando la profunda religiosidad del pueblo egipcio, es una cuestión crucial, que determinará, en cierta medida, si los sectores de izquierda o progresistas terminan aislados o no. Pese a su actitud tibia durante las movilizaciones contra Mubarak, los Hermanos Musulmanes siguen siendo el sector más organizado, con mayor infraestructura y recursos. Pero también es cierto que se están fraccionando en una multiplicidad de sectores, algunos más susceptibles que otros de trabajar junto a los sectores progresistas. Durante mucho tiempo, la presión ejercida por Mubarak mantuvo la unidad en las filas del Islam Político; cuando esta presión cesó de ejercerse, la organización comenzó a fraccionarse.

Hay un sector de la izquierda que piensa que, al menos en Egipto, no puede haber ninguna clase de contacto de provecho con sectores del Islam Político. Mohammed es de esta opinión: “Hay quienes piensan, en la izquierda, que pueden ser aliados potenciales. Recuerdo que en el 2007 yo dije que ellos eran parte del régimen y ocho de cada diez compañeros me atacaron. Ahora se dan cuenta que estaba en lo cierto. Mubarak los reprimió física pero no ideológicamente, pues su ideología es la misma, le era funcional. Si Arabia Saudita los financia, tienen que tener la luz verde de los EEUU, sino no se explica. La actual Ley de Partidos, por ejemplo, que tiene exigencias ridículas sobre número de afiliados y montos de dinero para inscribirse, nos deja claro que se pretende que solamente el partido de Mubarak y los Hermanos Musulmanes puedan inscribirse y llegar al poder.

Según él, “la batalla más importante que tendremos a mediano plazo es por la secularización de Egipto. El Islam Político es la fuerza de choque, de reserva, del sistema”.

Ali Kadri comparte la misma opinión: “Ellos no cuestionan los rasgos esenciales del régimen autoritario en Egipto, sino que propugnan el retorno a un sistema de caridad que existió en la Edad Media como respuesta a los problemas del presente. No se dan cuenta de que en nuestra era el problema principal es que el capitalismo expropia a una parte del pueblo mientras que otra es mantenida sin trabajo para beneficio del mercado laboral –lo que se necesita es empoderamiento político, no caridad”.

Sin embargo, aun cuando hagan un juicio tan categórico sobre el rol del Islam Político, reconocen que se está ante un fenómeno extraordinariamente complejo, que tiene mil facetas y que no es reducible ni a la caricatura del “fundamentalista”, ni al salafismo. “Desde 1979, con la revolución iraní, podríamos decir que han surgido vertientes del Islam anti imperialistas e incluso progresistas, pero no democráticas”, reconoce Mohammed. “Los Hermanos Musulmanes no pertenecen a esta categoría, aun cuando tengan indirectamente contactos con estas tendencias a través de grupos disidentes. Así y todo, la complejidad de los Hermanos Musulmanes es muy grande.

En base a esa complejidad, hay quienes plantean una aproximación diferente al desafío planteado por el Islamismo Político. El defensor de derechos humanos Rabie Wahba afirma:

Hay que ser prácticos en cuanto a lo religioso. Debemos aislar los aspectos negativos a la vez que resaltar los valores positivos presentes, tanto en el cristianismo como en el Islam. Hay que entender que la mayoría de la población ha sido marginada y empobrecida bajo Mubarak y esto provee terreno fértil para el islamismo político, pero en la mayoría de los casos esta religiosidad no es de fondo, sino superficial, aferrada a ciertos ritos y cierta identidad. Los Hermanos Musulmanes no tienen proyecto, no tienen nada tangible que ofrecer al pueblo egipcio, más que lo que ya existe. Ahora están pensando en montar un frente político, pero sus posiciones son contradictorias entre sí.

Si somos serios sobre la necesidad del cambio social profundo en Egipto, tenemos que ver la manera de incluir a estas fuerzas sociales para acumular fuerzas en este período de transición, para así construir un país de verdad y no el capitalismo deforme que hoy tenemos. Esto requiere determinar cuál es el enemigo primordial, clarificar nuestros objetivos
”.

Esto implica, obviamente, no centrarse exclusivamente en el Islamismo Político, sino que entender la religiosidad de las comunidades que, de una u otra manera, se han convertido en los espacios donde éste prolifera. Un joven anarquista, “veterano” de Tahrir, me describía cómo la religiosidad del pueblo no frenó las protestas, sino que las propició con fuerza los días viernes, el día de oración del calendario musulmán. Me comentaba lo sobrecogedor que era ver a las personas religiosas haciendo las oraciones de manera colectiva en Tahrir. Según él, no es posible desarrollar un proyecto de cambio social profundo sin entablar una especie de diálogo con la religiosidad popular. Hay grupos de coptos que han comenzado a explorar las lecciones de la Teología de la Liberación en América Latina y ellos podrían plantear un puente ecuménico interesante con comunidades musulmanas. Reflexiones como éstas no son nuevas; ya habían sido adelantadas en cierta medida por un Ali Shariati y, de manera más clara, por el palestino Khalil Akkaoui en la década de los ‘70.

Pero el contexto hoy, quizás, es más favorable que entonces para romper los bastiones del conservadurismo y abrirlos a los vientos de cambio que soplan poderosos en toda la región. Después de todo, la juventud de los Hermanos Musulmanes, los cristianos y los revolucionarios convivieron, lucharon, murieron, lloraron y celebraron su victoria parcial, juntos en Tahrir. Juntos, también, se han ido influyendo los unos con los otros. Y así como han ido cambiando juntos en el curso de su lucha, juntos tendrán que construir el futuro colectivo de su pueblo.

José Antonio Gutiérrez D.
12 de Mayo, 2011

El turno de los cristianos coptos para rezar, Febrero, Tahrir, El Cairo
El turno de los cristianos coptos para rezar, Febrero, Tahrir, El Cairo

Bandera de la unidad cristiana-musulmana durante las manifestaciones del Primero de Mayo en Tahrir, El Cairo (imágen de José Antonio Gutiérrez).
Bandera de la unidad cristiana-musulmana durante las manifestaciones del Primero de Mayo en Tahrir, El Cairo (imágen de José Antonio Gutiérrez).

Bandera egipcia con emblema de la unidad cristiana-musulmana en las calles del Cairo (imágen de José Antonio Gutiérrez)
Bandera egipcia con emblema de la unidad cristiana-musulmana en las calles del Cairo (imágen de José Antonio Gutiérrez)

Cartel con el emblema de la unidad cristiana-musulmana, El Cairo (imágen de José Antonio Gutiérrez).
Cartel con el emblema de la unidad cristiana-musulmana, El Cairo (imágen de José Antonio Gutiérrez).

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