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Una estrategia libertaria para los tiempos actuales

category internacional | la izquierda | opinión / análisis author Tuesday March 19, 2013 10:41author by José Francisco Magón - Federación Comunista Libertaria Report this post to the editors

Socialismo, Cuestión nacional y soberanía popular

El objetivo de este documento es analizar elementos ideológicos de la izquierda revolucionaria relacionados con los procesos sociales de la segunda mitad del siglo XX, e intentar entender sus lecturas y conclusiones sobre su contexto político y económico, en especial las temáticas sobre la cuestión nacional y la soberanía, e identificar cuáles fueron sus efectos reales en el movimiento popular y en la lucha de clases en Latinoamérica -desde la mirada libertaria-; comprender si se trata de perspectivas superadas o todavía actuales.
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Una estrategia libertaria para los tiempos actuales

Socialismo, Cuestión nacional y soberanía popular

El objetivo de este documento es analizar elementos ideológicos de la izquierda revolucionaria relacionados con los procesos sociales de la segunda mitad del siglo XX, e intentar entender sus lecturas y conclusiones sobre su contexto político y económico, en especial las temáticas sobre la cuestión nacional y la soberanía, e identificar cuáles fueron sus efectos reales en el movimiento popular y en la lucha de clases en Latinoamérica -desde la mirada libertaria-; comprender si se trata de perspectivas superadas o todavía actuales. Es desde aquí que nacen varias interrogantes que sería interesante visualizar. Por ejemplo ¿cómo se expresaron los proyectos políticos de liberación nacional en su accionar en el contexto de relaciones imperialistas neocoloniales? ¿Qué papeles desempeñó la “soberanía popular” como elemento discursivo y como elemento guía de una identidad colectiva en el debate de las ideas y la concreción de los objetivos programáticos? ¿Los procesos de liberación nacional disuadieron o postergaron los objetivos de la revolución socialista en América Latina o más bien lograron sus facilidades? Estas preguntas nos pueden orientar, entregándonos herramientas, en una discusión clave que se ha dado en todos los contextos revolucionarios a la hora de construir el socialismo en el marco del proceso de transición en los países sometidos al imperialismo y al capitalismo.

En América Latina el tema de la cuestión nacional ha sido un factor importante en las discusiones de la izquierda reformista y revolucionaria. A diferencia del contexto europeo la formación de los estados nacionales en América Latina va a tener dos momentos. En los comienzos del siglo XIX (los conocidos procesos de “independencia nacional”) y en un contexto pos-colonial o neo-colonial en la décadas de las 50 a los 80 en los conocidos procesos socialistas de liberación nacional (Revolución cubana, Nicaragua y el Salvador), en donde grupos políticos retomaron discursivamente la consigna de liberación nacional y el metarrelato la independencia en los discursos políticos, por ejemplo los montoneros, los tupamaros, el FSLN y el MIR entre varios grupos políticos más. Estos momentos marcan etapas en donde se plasmaron discursos de emancipación en lo referente a la cuestión nacional y que hasta el día de hoy tiene repercusiones (No se intentará analizar a los grupos políticos que siguieron las tesis de los frentes populares y del desarrollo de las democracia burguesas de la tercera internacional, ya que las noción de soberanía popular y de liberación nacional entra en contrastes con los grupos políticos mencionados anteriormente. Los partidos comunistas se opusieron a los procesos que radicalizaron a través de los grupos políticos antes mencionados). Y es por esto que los comunistas libertarios de América debemos analizar.

Oligarquías, burguesías incipientes e imperialismo neocolonial.

En una primera etapa, los procesos de independencia nacional, en América Latina, se vieron postergados por las condiciones económicas y la composición de las elites dominantes. Las oligarquías mercantiles y latifundistas, aliadas y cómplices del capital Ingles fueron un obstáculo para el desarrollo del proyecto político burgués. La economía colonial retraso el desarrollo del capitalismo y las elites dominantes sacaron provecho poniendo a sus países como enclaves del capital inglés e internacional . Es por estos elementos que la soberanía y la autodeterminación de los pueblos – a modo de las lógicas de la ilustración burguesa - se verán postergados en un principio (lo que no quiere decir que fueron retomadas literalmente después). Esto es clave para comprender configuraciones ideológicas actuales -examinando su génesis -.

El proyecto oligárquico durará la totalidad del siglo XIX hasta las primeras décadas del siglo XX en donde entrara en profunda crisis, comenzando a ser superado por los populismos nacionalistas e industrializadores como el caso del frente popular chileno y el Peronismo en Argentina, pero esto no será la constante de la mayoría de los países latino americanos aunque no fueron las únicas fuerzas críticas de la oligarquía que predominaron .

En el caso de los países que no tuvieron grupos políticos nacionalistas o frentes populares, que suplantaran a la burguesía para desarrollar un capitalismo de industrialización por sustitución de importaciones (patrón de acumulación ISI), veremos que seguirán al alero de la oligarquía latifundista o mercantil. Esta no alteró la estructura económica y no instaló republicas democráticas burguesas, ya que se limitó, en muchos casos, a mantener un nuevo orden político en complicidad con una burguesía internacional en el marco de una economía primario exportadora.

La modernización del estado a través del cobro de impuestos a los capitales extranjeros, la permanencia del latifundio y relaciones pre-capitalistas serán elementos de continuidad en la realidad de las luchas de clases en América. En este sentido, la lectura a nivel general de esta primera fase, es ver una independencia nacional frustrada que se orientó a elaborar gobiernos “gorilas” con el fin de satisfacer los intereses foráneos del capital inglés en un comienzo y posteriormente el norteamericano.

La tesis de liberación nacional tenía como tesis fundamental impulsar el desarrollo y la modernización democrático-burguesa, especialmente en los países más atrasados y acechados por el imperialismo. Y por ende su estructura discursiva responde a una época y que hoy no es para nada innovadora.

Cuestión nacional, soberanía y socialismo

Es importante examinar un proceso extraordinario como La Revolución Cubana, que marcó un nuevo ciclo revolucionario en la región en los mediados del siglo XX – esto no es discutible para los comunistas libertaris-. El orden mundial pos-guerras estaba configurado al son de la guerra fría y la división mundial en dos bloques poderosos liderados por EEUU y la URSS. Ya el capital se había internacionalizado de una forma extraordinaria y la expresión política de sus formas de acumulación se traducía en un imperialismo que mantenía en los sectores periféricos relaciones pre-capitalistas (como las relaciones latifundistas) con el fin de sustentar el desarrollo económico de la economías del primer mundo. En este contexto la revolución irrumpe y debe cumplir el supuesto rol histórico democratizador que la burguesía escamoteó, como la abolición del latifundio, la industrialización y la Reforma agraria.

Las condiciones económicas de los países eran configuradas por economías agrarias latifundistas y algunas economías con incipientes esfuerzos industriales como el caso de Chile y Argentina. Sin embargo estas últimas, fueron proyectos de industrialización que no superó las relaciones sociales del campo (el latifundio). Todos los países de América Latina estaban bajo la dominación del capital mundial y específicamente el norteamericano.

Las oligarquías nacionales –aliadas al capital internacional- entraban en contraste con las burguesías de cada país –que eran su vez cobardes, ya que no impulsaban el desarrollo de su proyecto político de independencia nacional en términos reales- . Todo lo anterior en el contexto de un imperialismo con expresiones neocoloniales.

La revolución cubana provocó grandes cambios en la región, y se convirtió en un gran referente y alternativa en contra del imperialismo, la tiranía y el latifundio en un comienzo. La revolución no solo derrocó y terminó con las relaciones del latifundio, lo que eran tareas que debería realizar una burguesía en un proceso de industrialización y el paso de una propiedad latifundista a la propiedad burguesa contemporánea, sino que comenzó a adoptar medidas socialistas (de carácter estatal) como al expropiación de los medios de producción y de los grandes latifundios, las grandes empresas estadounidenses, una radical reforma agraria y la estatización de los servicios sociales. No una economía mixta y con participación de ciertos grupos empresariales como el proceso venezolano hasta el momento.

La noción de soberanía popular y liberación nacional no eran elementos que traían consigo el calco y copia de la ilustración burguesa. Era algo nuevo que fue un antecedente en la configuración de un nuevo escenario en la lucha de clases en la región. El escenario era el siguiente : “Las luchas de liberación contra una serie de poderes coloniales europeos, dieron por resultado el establecimiento de gobiernos más o menos progresistas, cuya evolución posterior ha sido, en algunos casos, de profundización de los objetivos primarios de la liberación nacional y en otros de reversión hacia posiciones proimperialistas.” (Ernesto Guevara, “Mensaje a la tricontinental” 1959) –ojo El che guevara concluyo posibles variantes que se podría repetir en la actualidad-. Este diagnóstico nos expone que los países tendían a dos alternativas; “Liberación nacional” o “posiciones proimperialistas”. Ante esto surge la pregunta de si este planteamiento logra captar la evolución del desarrollo de las condiciones y contradicciones políticas de la región y de los países sometidos al imperialismo.

La influencia de esta tesis guevarista en los grupos políticos de América Latina fue muy amplia, creando nuevas consignas y conceptos que moldeaban una ideología que integraba ideas nacionalistas y socialistas. Una de las expresiones que nos puede interesar, ya que nos son más familiares, es la del MIR que configuró una identidad colectiva entre los sectores más radicalizados de la izquierda en aquel entonces; Pascal allende planteaba que “Al igual que Emilio Recabarren lo hizo a principios del siglo XX, el MIR se propuso darle la expresión política nacional, un programa cohesionador, una estrategia revolucionaria, y una organización eficaz a esta dinámica de la lucha por la soberanía de los de abajo que siempre ha estado presente en nuestro país” (Gastón Lillo y José Leandro Urbina (editores).”De independencias y Revoluciones” “Avatares de la modernidad en América Latina”).

Soberanía de los pueblos, soberanía popular o pueblo soberano son elementos ideológicos que por historia política de los ultimas décadas están ligadas a la identidad nacional. La historia nos enseña que la experiencia de la izquierda criolla es el reflejo – correctas o no - de las condiciones económicas y políticas del capitalismo mundial de la época -es por eso que extraña que los comunistas libertarios pasemos de lado por estas enseñanzas de la revoluciones latinoamericanas- El MIR, al igual que el ELN (boliviano), realizó operaciones de agitación y propaganda con el objetivo de difundir las ideas y convicciones del partido, una de estas acciones más extrovertida fue la de expropiar la bandera de Chile en que se juro la declaración de independencia, “Fueron nuestros antepasados, los patriotas que lucharon por la libertad, quienes en 1818, en esta misma plaza y ante esta misma bandera juramentaron la independencia de Chile, fueron nuestros hijos y familiares, igualmente verdaderos patriotas, que legítimamente recuperaron este emblema patrio en 1980”. A pesar de que esta acción de agitación y propaganda no fue un impacto masivo, si nos deja un precedente de carácter ideológico: la interpretación de la cuestión nacional tomaba partido por un patriotismo resignificado o hacia la izquierda. ¿Pero cuál fue el desenlace de ese patriotismo resignificado? ¿Debemos los libertarios innovar rescatando elementos ideológicos de las izquierdas de la mitad del siglo en América Latina? Sinceramente creo que no.

¿Y el programa histórico del comunismo libertario?

En el actualidad la sociedad capitalista ha llegado a un punto de desarrollo a nivel mundial e intensificación de las relaciones del capital en todas las esferas de la sociedad, construyendo una gran estructura internacional con el objetivo de contrarrestar cualquier vuelta de tuerca. Sin embargo la realidad de esa estructura internacional es la reconfiguración de los centros de acumulación capitalista, donde la industria se ha vuelto acreedora de los bancos y en donde grandes regiones del mundo han aumentado la explotación y la desigualdad social producto de las crisis. Esta gran estructura internacional agudiza las contradicciones dentro de los territorios, y es la estructura militar, jurídica, financiera y gubernamental a nivel mundial: El imperialismo. Sin embargo el imperialismo esta en una nueva fase y tiene expresiones diferentes en la actualidad a diferencia del contexto de las revoluciones anti-imperialistas y de liberación nacional. Por ende las tareas revolucionarias no son las mismas y las convicciones tienen que venir de un análisis riguroso de la realidad del capitalismo actual y no del rescate de elementos identitarios de una izquierda que ya fracasó. Esto los comunistas libertarios lo debemos tener claro en América Latina y hay que dar una lucha ideológica al interior de nuestra tendencia.

Las tendencias ideológicas en la actualidad, que sacan a la luz -dentro del proyecto comunista libertario – elementos tales como “pueblo soberano”, “soberanía nacional” o “soberanía popular”, tienen que reconocer el origen de estas consignas en los debates y tesis emergidas en los procesos de liberación nacional de hace 50 años atrás. Si no hacen eso pecaran de ingenuos al creer que se está innovando, ya que, al contrario, se está EMULANDO.

El contexto político y económico ha cambiado en varios aspectos tales como la instalación del neoliberalismo, el término del patrón de acumulación de Industrialización por sustitución de importaciones y la caída de la Unión Soviética. Pero también existen aspectos de continuidad como la vigencia de las expresiones económicas y políticas del imperialismo, pero en una nueva etapa que nos lleva a preguntarnos ¿si los elementos ideológicos que tienen sus orígenes en los debates sobre la liberación nacional son pertinentes como convicciones políticas y consignas orientadoras en la actualidad? ¿Es tarea de los comunistas libertarios tomar partido en este debate o superar este debate en pro de las convicciones internacionalistas y comunistas libertarias, criticando a todo tipo de ideas que sean confusas y que nos guíen por la vía estatista? Yo creo que debemos apuntar a nuestro programa histórico, y no por que no queramos pensar si no que seguimos una continuidad en la acción porque hemos sacado esa conclusión a través de la reflexión teórica y practica en nuestras luchas sociales actuales y de antaño.

Los comunistas libertarios en América Latina tenemos que fomentar desde nuestras organizaciones políticas, Frentes políticos sociales y organizaciones sociales un debate que tienda a superar en el movimiento de los trabajadores las tendencias nacionalistas o consignas confusas que tienen sus orígenes históricos en los nacionalismos de la izquierda sesentera. Pero ¿por qué? El argumento es que estas tendencias y expresiones ideológicas provienen de las izquierdas estatistas – hermanas, pero con grandes diferencias en lo que respecta a la transición- y que se dieron en un contexto determinado. Ese contexto ha cambiado, pero las nociones estatistas siguen vigentes en el movimiento de los trabajadores. Y penetran paulatinamente en nuestros debates. Frente a esto las tendencias anarco comunistas planteamos que: fomentar y crear el poder popular en pro de la construcción del socialismo son tareas actuales y que los elementos ideológicos que deben orientar a los trabajadores deben ser claros y no confusos. Es por eso que el poder popular como expresión de la fuerza del proletariado en contraste con el estado es una idea que debe fomentarse al interior de toda expresión organizacional de nuestra clase trabajadora.

Llamar a votar, apoyar a ciegas o guardar silencio frente a esto, le hace muy mal a la tendencia comunista libertaria en nuestro continente y al movimiento de los trabajadores a nivel regional e internacional. Un gobierno, por muy , por muy progresista que sea, pasa por alto el programa histórico y los principios del comunismo libertario y la lucha del proletariado; la tarea de los comunistas libertarios no es acomodar la lucha de clases y disuadir las tareas urgentes por una aparente, sino que es ser la vanguardia de los trabajadores y la punta de lanza en la lucha de clases. Las nuevas prácticas de lucha no son repetir elementos discursivos que nos lleven a la confusión o acciones que no nos permitan acumular de forma aparente.

La construcción de poder popular y la lucha por el socialismo son elementos claros que nos expresan nuestras reales tareas y fomentar esto es deber de los comunistas libertarios; lograr fomentar la organización de los trabajadores a través de un sindicalismo revolucionario, levantando a los sectores estratégicos de la clase trabajadora en el continente, fomentar un movimiento estudiantil, solido, como la mano izquierda del movimiento de los trabajadores, y fomentar un movimiento popular desde el campo y los barrios con el fin de crear este poder popular. Que sea movimiento social revolucionario, que fomente los cambios estructurales de la economía capitalista en pro de la revolución social que estamos esperando.

Por el socialismo y la libertad!

Arriba los que luchan!

José Francisco Magón

author by Leo Duartepublication date Tue Mar 19, 2013 23:31author address author phone Report this post to the editors

El reciente fallecimiento de Hugo Chávez Frías ha revitalizado discusiones más que necesarias dentro del movimiento libertario latinoamericano, y enhorabuena por ello. Hay varios interrogantes que buscan respuesta, y variados también los caminos ensayados para encontrar soluciones provisorias a estas preguntas.

Uno es el apoyo o no que deben recibir estos procesos de movilización popular y cierta radicalización gubernamental, que con distinto grado están presentes en varios países americanos, en un contexto mundial de crisis, retroceso popular, ajuste y derechización gubernamental. Lógicamente, el contexto de cada región es diferente, por lo que a su vez difiere la respuesta a estos procesos. Por citar casos cercanos, no es lo mismo manifestarse a favor del chavismo en Chile, donde expresa un proyecto totalmente antagónico al que llevan adelante los sectores dominantes; que en Argentina, donde hay algunos tibios puntos de contacto entre el proceso venezolano y el kirchnerista, lo que obliga a desmenuzar el análisis y ser más certeros para no dejarnos llevar por entusiasmos del momento que nos pueden conducir a la confusión sobre nuestro accionar concreto y cotidiano.
Y así varios son los puntos que necesitan un debate.

Entiendo que este artículo abre otro, sobre la cuestión nacional, antiimperialista, y el análisis desde una perspectiva libertaria. Sin embargo, señalo a modo de crítica fraterna, encuentro un análisis centrado exclusivamente en lo teórico, respecto del funcionamiento estructural del capitalismo, pero que no toma en consideración la coyuntura, el contexto social, el ánimo y la disposición de las masas, el estado de movilización de la clase, etc. Es imposible, sin estos elementos, entender por que determinadas organizaciones, en algún momento, optan por enarbolar ciertas consignas, y quizás, replegar algunas banderas históricas.
Un ejemplo está en la cuestión gubernamental, que el compañero autor del artículo desecha de llano, señalando que por más progresista que sea un gobierno, no lleva adelante "el programa histórico y los principios del comunismo libertario y la lucha del proletariado". Me permito en ese caso citar al compañero Larry Gambone, que publicó en esta misma página el artículo "Anarquismo y gobiernos radicales" y que para ilustrar este caso evoca el período de Allende:

"¡Qué sorpresa nos llevamos cuando nos damos cuenta de que los socialistas democráticos y los populistas no son anarquistas! No podemos esperar que ellos realicen nuestro programa, sino que solamente podemos esperar que realicen los aspectos de su propio programa que vayan en beneficio del pueblo. ¿Si hacen esto, deben ser condenados como enemigos igual de malos que los imperialistas y los oligarcas? ¿Qué piensa el pueblo cuando los anarquistas maldicen a estos reformistas? El sectarismo separa a los anarquistas de la masa del pueblo, que no pueden entender por qué los revolucionarios están condenando aquellas acciones que están mejorando sus vidas. Lo que es aún peor es cuando el sectarismo lleva a una propaganda que imita a la de los reaccionarios. Según el sectario, un vaso nunca está medio lleno, sino que siempre está medio vacío. Si triunfa la reacción, ésta torturará y asesinará a los sectarios junto con las otras tendencias, y su sectarismo permanecerá como un gusto amargo en las bocas del pueblo derrotado."

Entiendo que en el compañero que escribe el artículo hay un genuino interés por encontrar los méjores métodos para que los libertarios nos situemos en el estado actual de la lucha de clases. Por eso mismo es llamativo que al pensar una estrategia, no tome en cuenta al sujeto revolucionario en su realidad, sino en un estado ideal de lo que debiera ser, y cuales son sus "tareas históricas". Aunque aún sea debate si existe tal cosa (hay quienes se apegan a los criterios más cientificistas del marxismo que encuentran al socialismo como histórico e inevitable, y quienes preferimos dudar al respecto y plantearlo como una construcción que inevitablemente lleva adelante un elemento subjetivo por parte de los trabajadores y el pueblo que es necesario fomentemos y sostengamos, un espíritu de lucha que se conjugue con las acciones necesarias, fruto del análisis de la realidad), es claro que hoy su accionar no corre hacia ese río. Hoy, más que nunca, debemos entender la complejidad de los tiempos que corren, y la necesidad de actuar con los trabajadores, los desocupados, los estudiantes, las mujeres, y todos aquellos que salen a luchar, pero como son hoy, con sus convicciones, sus deseos, sus anhelos, y no los que pensamos que ellos deben tener. No significa eso atarnos al sentido común o desaparecer la línea libertaria que manifestamos cotidianamente, pero si bajar a tierra el análisis y corroborarlo con la realidad. Y aquí, por ejemplo, entra a jugar la cuestión del Estado.

Los anarquistas nos oponemos a los gobiernos, porque son la conducción nominal del Estado, una herramienta de explotación y opresión de la burguesía sobre la clase obrera y el pueblo. Sin embargo, esa verdad última, no puede silenciar un análisis sincero de las distintas encarnaciones que hemos vivido los siglos XX y XXI del Estado (represor, de bienestar, neoliberal, dictatorial, etc). Es por eso que en países que se han visto arrasados por el neoliberalismo de los '90, la recuperación de la presencia del Estado en la sociedad es visto como un progreso y un avance en la defensa e implementación de los derechos populares y el bienestar del pueblo. ¿Como actuar en esa situación? ¿"Muerte al Estado, que viva la Anarquía", y ya? A fin de cuentas, un análisis simplista o meramente estructural/objetivo, puede conducir a posiciones de este estilo, aunque con otras palabras.
Es aquí donde nuestra tarea es pensar los avatares del Estado nacional, su relación con la movilización y las organizaciones populares, y demás. No he tenido la oportunidad de conocer la obra de Wayne Price al respecto, pero entiendo que es un primer avance en ese sentido. Es una posta que debemos recoger, para avanzar en la construcción de una alternativa verdaderamente revolucionaria, popular, y de masa. No podemos limitarnos a militar más y llevar nuestro programa histórico a todos los rincones, si los compañeros no lo siguen, o lo ven como algo extraño a su realidad y comprensión. De hacer así, caeríamos en el voluntarismo, o en el caso argentino, el trostkismo.

Es momento de crear, de ser atrevidos al pensar y accionar, y no tener miedo a poner todo en discusión para encontrar las respuestas adecuadas para avanzar, hoy, en esta américa rebelde que habitamos y queremos ver libre, libertaria.

Salud, y arriba los que luchan.

author by javier - FELpublication date Thu Mar 21, 2013 05:22author address author phone Report this post to the editors

Cuando la mayoría de las movilizaciones sociales tienen como uno de sus ejes centrales el nulo control de nuestro territorio, el saqueo a los recursos naturales, a las pensiones, la ultra privatización de los servicios básicos, la escaza participación y poder de decisiones en el actual sistema político representativo, la lucha por soberanía popular viene a convertirse en un elemento que puede aglutinar y darle un contenido político libertario y anticapitalista, así como en décadas anteriores las luchas antiimperialistas y por la liberación nacional se les pudo dar un carácter revolucionario.

Los elementos estratégicos de largo plazo que se señalan como la construcción de poder popular y la lucha por el socialismo no son solo tareas actuales, si no que permanentes, pero para responder a las urgencias que la lucha de clases nos presenta no basta con repetir lugares comunes o reafirmar principios que asumimos desde los libertarios hasta el MIR. En mi opinión, lo central hoy es generar las condiciones para lograr dar un salto político en las luchas que se vienen desarrollando, que nos permita superar el estado actual de fragmentación de las organizaciones populares a través de victorias parciales, del incremento en los aprendizajes y la experiencia de lucha del movimiento popular, en la unidad de las organizaciones de masas como de la izquierda revolucionaria, con una perspectiva de largo plazo. Hay que entender por lo tanto que el incipiente movimiento popular no está luchando actualmente por el socialismo o por destruir el Estado, si no que está recuperando sus espacios, su dignidad, su territorio y es desde ese escenario que nosotros nos paramos.

Por otra parte, estoy de acuerdo en que no debemos elaborar política bajo contextos o periodos distintos, pero me pregunto si los procesos latinoamericanos actuales más interesantes desde el punto de vista de las transformaciones que se han realizado, como del movimiento popular que las impulsa ¿acaso no tienen como eje aglutinador la soberanía, el control o el PODER de la vida política, económica y social? Sin duda son procesos que caminan con sus limitaciones y propias contradicciones, por lo tanto debemos considerar qué elementos rescatar, que rectificar y que cosa eliminar. Pero no me cabe duda que la recuperación de los recursos, la participación y gestión comunitaria, la democratización política y económica son elementos rescatables, soberanos y absolutamente tendenciables hacia posiciones socialistas y libertarias, PERO únicamente si somos parte del proceso y no nos quedamos fuera.

Esto se relaciona con la necesidad de abrir puentes de convergencia con otras tendencias de izquierda que si bien tienen su propia historia e identidad, nosotros caminamos junto a ellas, a no ser que pensemos que un proceso revolucionario solo va a ser conducido o participaran libertarios. En ese sentido no creo acertado fustigar por consignas que no pertenecen a la nomenclatura anarquista tradicional como si esto fuese una religión, o como si de esa manera se traicionara un proyecto político histórico. Una de las virtudes que para mi tiene la tendencia socialista y libertaria de la cual me asumo parte, es el desarrollar a través de la historia una serie de concepciones elaboradas a partir de las lecciones que la lucha de clases brindaba, y no me refiero a los épicos combates, si no que principalmente a las derrotas y particularmente los errores que los revolucionarios cometieron, ya sea en la revolución rusa, o en las experiencias de liberación en Latinoamérica.

Lo importante no es si dice autogestión en vez de soberanía, lo importante es que esa consigna haga sentido en el movimiento popular y no te aísle de este, sobre todo si en el actual contexto puede dotar de contenido y dirección a las luchas que se desarrollan y que sin duda seguirán generándose. Nuestro proyecto político no puede basarse solo en la identidad. Debe adaptarse, debe ser creativo, flexible sin renunciar a nuestros horizontes mayores ni mucho menos diluirse o ser cooptado. De ahí la importancia de reconocer los elementos tácticos que te permitan avanzar conectados con tu estrategia, lo que no pasa simplemente por elegir que consignas o reivindicaciones lanzar, si no como estas se articulan en torno a un programa político, con objetivos y mecanismos de implementación, que esté en dialogo con otras expresiones políticas del pueblo y al servicio de los que luchan.

Por último y como dato complementario, no solo el MIR o el ELN robaron las banderas como símbolos de la independencia; también lo hizo FAU con la OPR-33, escuela para muchos libertarios en Latinoamérica por su historia, creatividad y combatividad.

Saludos desde el sur de Chile.

 
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