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Colombia arde y Santos “dando papaya” en Macondo

category venezuela / colombia | community struggles | opinión / análisis author Thursday August 29, 2013 08:02author by José Antonio Gutiérrez D. Report this post to the editors

No hay tal paro dijo Santos… es un invento de cientos de miles de personas. Pero entonces ¿por qué después se fue para Tunja a intentar desactivar un paro que no existe? Ante el ridículo de estas declaraciones (evidenciado por los ríos humanos que se volcaron a demostrarle, con cacerolazos, que sí existen y que se merecen respeto) echó pie atrás diciendo, torpemente, que su frasecita había sido un “papayazo”. Eso no más, un papayazo. Santos vive en el país de Macondo, con una zanahoria chiquita en una mano y un enorme garrote en la otra. Con la zanahoria pequeña trata de cooptar a sectores del movimiento de protesta o de acallarlos momentáneamente con promesas espurias que no cumplirá. Con el garrote, machaca y asesina a manifestantes en el resto del país. Acá no pasa nada, dice. Pero pasa, aunque le duela.
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Colombia arde y Santos “dando papaya” en Macondo

En Macondo no ha pasado nada, ni está pasando ni pasará nunca. Este es un pueblo feliz”. Tal es la respuesta que, en la obra maestra de Gabriel García Márquez, Cien Años de Soledad, los militares dan a los familiares de las tres mil víctimas de la masacre de Macondo. Este empecinamiento macondiano en negar lo evidente resuena en la actitud del presidente Santos cuando, recientemente, decía que no había paro agrario en Colombia. ¿Por qué entonces los miles de soldados y policías desplegados a lo largo del territorio nacional? ¿Por puro deporte? Su actitud me recordaba a un personaje siniestro que hace algunos años andaba por la vida diciendo que en Colombia no había conflicto armado y sin embargo, militarizó al país, aumentó a niveles inauditos el gasto militar y triplicó el pie de fuerza del ejército. Santos reconoce el conflicto armado, pero ignora el conflicto social, un conflicto mucho más extendido, subterráneo, quizás menos visible, pero el cual es la vertiente que nutre y riega el conflicto armado.

No hay tal paro dijo Santos… es un invento de cientos de miles de personas. Pero entonces ¿por qué después se fue para Tunja a intentar desactivar un paro que no existe? Ante el ridículo de estas declaraciones (evidenciado por los ríos humanos que se volcaron a demostrarle, con cacerolazos, que sí existen y que se merecen respeto) echó pie atrás diciendo, torpemente, que su frasecita había sido un “papayazo”. Eso no más, un papayazo[1].

Santos vive en el país de Macondo, con una zanahoria chiquita en una mano y un enorme garrote en la otra. Con la zanahoria pequeña trata de cooptar a sectores del movimiento de protesta o de acallarlos momentáneamente con promesas espurias que no cumplirá. Con el garrote, machaca y asesina a manifestantes en el resto del país. Acá no pasa nada, dice. Pero pasa, aunque le duela.

El botón de muestra de la profundidad del malestar en Colombia es la situación de Boyacá, región tradicionalmente conservadora, descrita en un artículo de la revista Semana como “uno de los departamentos más pacíficos y tranquilos del país”[2], cuyos campesinos, como irónicamente nos recuerda Alfredo Molano, “no salían a pelear desde la batalla del Pantano de Vargas”[3] Ahí el ESMAD se ha comportado como un verdadero ejército de ocupación, como lo denuncia el informe preliminar de la Comisión de Verificación de Derechos Humanos que estuvo en ese departamento verificando los desmanes de la fuerza -mal llamada- pública[4]. En este informe se denuncian agresiones físicas y tortura a campesinos y menores de edad, abusos sexuales, uso de gases indiscriminado, ataques con armas de fuego, explosivos y armas blancas, detenciones masivas y arbitrarias, señalamientos y persecución a los líderes del paro, utilización de helicópteros, uso de ambulancias para transportar miembros del ESMAD, así como la destrucción de la propiedad de los campesinos, invasión a sus hogares y robo de su dinero y alimentos[5]. Parece como si, literalmente, estuviéramos ante hordas de hunos en épocas de la decadencia del Imperio Romano. Esta clase de comportamiento violento y violatorio, se da a vista y paciencia de todo el mundo, mientras Santos (con la ayuda de sus amigos en Europa y EEUU) grita a los cuatro vientos los “progresos” en Colombia en materia de derechos humanos. Y después se sorprenden que en Colombia haya guerrilla…

El relato del campesino José Henry Pineda, de Tibasosa, Boyacá, cuya tortura a manos del ESMAD fue filmada y circulada ampliamente por internet, es un ejemplo claro de lo que se denuncia en el mencionado informe preliminar. “Hasta me arrodillé para que no me pegaran más. Ellos son muy salvajes. No se dan cuenta que uno es humano", asevera. Además, denuncia que los policías le robaron diez millones de pesos: "Me dijeron que si los denunciaba me iban a matar. Estoy asustado por eso"[6]. Pero la utilización de métodos terroristas por parte del Estado no está impidiendo que el pueblo salga a protestar, como decía Molano, porque los campesinos están “cansados de las protestas pacíficas, de los pliegos de petición, de las respetuosas solicitudes burladas”.

Que el campesinado esté tan berraco no es casual: están arruinados gracias a los Tratados de Libre Comercio, en los cuales los gobiernos de Uribe y Santos gastaron miles de millones pagando lobbyistas, negociadores, opinólogos, financiando costosos viajes para lamer suelas en Europa y Estados Unidos, y en propaganda con la que saturaron todos los medios ofreciendo “prosperidad para todos”. ¿Quiénes se han beneficiado con estos acuerdos? Los negociadores que vendieron al país y sacaron su tajada, pero sobretodo, los capitalistas europeos y norteamericanos. No es exagerado que el arzobispo de Tunja, Mons. Luis Augusto Castro, llamara a estos acuerdos una “traición a la patria”, si por patria entendemos a la gente[7]. En un año de implementación del TLC con EEUU la importación de alimentos de ese país a Colombia han aumentado en un 81%; hilando más fino, las importaciones de arroz crecieron en un increíble 2000% (de U$1,5 a U$41millones); los aceites vegetales y derivados en un 200%; las papas congeladas en un 200%; la carne de cerdo en un 95%; productos lácteos en un 90%[8]. Nada de esto es una sorpresa: se los advertimos en años de campaña contra el libre comercio. ¿Podemos sorprendernos, entonces, de la extensión de la indignación campesina, particularmente de lecheros, arroceros, paperos? ¿Podemos sorprendernos que los campesinos del altiplano cundiboyacense, aún los de la apacible Boyacá, se hayan sublevado con una fuerza inusitada cuando los productos de su clima son los que más fuertemente han tenido que competir con las importaciones de EEUU?

El trato militar de la protesta ha sido la regla en todo el país. En el Cauca se han dado situaciones gravísimas que ya hemos denunciado[9]. En La Venta (Cajibío), una concentración de 2000 personas fue salvajemente reprimida por el ESMAD, policía y ejército, con la utilización de minas antipersonales, explosivos, proyectiles recalzados, armas de fuego, etc. El resultado: 15 campesinos heridos, 5 de ellos de gravedad. Uno de ellos, Uberney Mestizo, resultó con una mano amputada[10]. En Fusagasugá el ESMAD asesina a un muchachito de Pasca, Juan Camilo Acosta, de un disparo de gas lacrimógeno arrojado directamente al cuerpo. Se utiliza contra una movilización social pacífica métodos de contrainsurgencia: se ofrecen recompensas por información sobre los organizadores y los líderes de la protesta. Se da un golpe a un “objetivo de alto valor” (en el lenguaje contrainsurgente del Estado) como es el dirigente campesino Húber Ballesteros, dirigente de la federación campesina Fensuagro, de la CUT, de la Marcha Patriótica, sobreviviente de la UP y miembro de la Mesa de Interlocución Agraria y Popular (MIA) que coordina las más importantes expresiones organizativas de la protesta a nivel nacional. Es patético ver al vice-fiscal Perdomo afirmando que esta burda persecución a uno de los máximos dirigentes del paro agrario y popular no tiene nada que ver con sus actividades gremiales, que esta detención arbitraria tendría que ver con un proceso de supuesto financiamiento al “terrorismo” según informes sacados como de un sombrero de mago, de los computadores capturados a los comandantes guerrilleros Iván Ríos, Jorge Briceño y Alfonso Cano[11]. Claro, quién podría ser tan mal pensado para suponer que esto es un montaje judicial, si esos computadores fueron capturados, respectivamente, en el 2008, 2010 y 2011… y años después, curiosamente en medio de un paro nacional, se le monta el proceso. ¡Qué paradoja que el único terrorismo que el compañero Ballesteros financia, porque está obligado a hacerlo a través de sus impuestos como la mayoría de los colombianos, es el terrorismo de Estado!

¿Y Santos? Dando papaya y garrotazos en Macondo. Fungiendo de gobernante de un pueblo al que desprecia y de un país al que desconoce. Mintiendo y usando la fuerza militar contra la protesta social, dando plomo cuando hay que garantizar el pan. Hubo una época en la cual el pueblo en sus protestas ponía muertos en cifras redondas, de a 10, 100, 1000, etc. y luego se negociaba y todo quedaba en nada. Esa época ya ha pasado: ahora los campesinos tienen nombres, los campesinos no olvidan, los campesinos tienen cámaras para grabar la violencia oficial, los campesinos tienen sed de justicia, su sangre es indeleble. “Papaya Santos” está acumulando puntos y el pueblo, tarde o temprano, le pasará la cuenta. Porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tendrán una segunda oportunidad sobre la tierra.

José Antonio Gutiérrez D.
27 de Agosto, 2013


[1] http://www.noticiasrcn.com/nacional-pais/presidente-san...sinos
[2] http://www.semana.com/nacion/articulo/la-rebelion-ruana...181-3
[3] http://www.elespectador.com/opinion/joda-va-largo-colum...42191
[4] Comisión integrada por las siguientes organizaciones humanitarias: Fundación Comité de Solidaridad con los Presos Políticos, Observatorio de Derechos Humanos y Violencia Política de Boyacá y Casanare, Centro de Atención Psicosocial, Corporación Claretiana Norman Pérez Bello, Comité Permanente por la Defensa de Derechos Humanos, Movimiento Nacional de Victimas de Crímenes de Estado, Corporación Social para la Asesoría y Capacitación Comunitaria, Colectivo de Abogados José Albear Restrepo, Comisión de Derechos Humanos del Congreso de los Pueblos, Equipo Nizkor, Periodistas independientes, con el acompañamiento de Brigadas Internacionales de Paz.
[5] http://justiciaypazcolombia.com/MISION-DE-VERIFICACION-...ECHOS
[6] http://www.noticiasrcn.com/nacional-pais/me-robaron-y-m...cense
[7] http://www.youtube.com/watch?v=DjUx3b3BxJo
[8] http://www.portafolio.co/economia/ventas-comida-estados...ombia
[9] http://anarkismo.net/article/26054
[10] http://www.reddhfic.org/index.php?option=com_content&vi...d=231
[11] http://www.elespectador.com/noticias/judicial/existen-p...42524

author by Eberto Díaz Montespublication date Thu Aug 29, 2013 16:56Report this post to the editors

“Tanto va el cántaro al agua, hasta que por fin se rompe”. Este dicho que ha pasado de generación en generación, pudiese aplicarse a la realidad que han tenido que soportar por décadas los millones de mujeres y hombres que habitan el campo colombiano, que día a día hacen que de la tierra y los surcos brote la vida y los sueños reprimidos de multitudes de pueblos ignorados, marginados socialmente y sus voces cientos de veces aplastadas por la bota del poder dominante.

El estallido del paro agrario y popular del pasado 19 de agosto, se convierte en ese sentido en una respuesta contundente e incontenible ante la exclusión histórica de la mayoría del pueblo y del desconocimiento por parte del Estado de las propuestas e iniciativas, particularmente de las comunidades campesinas, indígenas y negras de nuestra nación.

Tal como lo reza uno de los aportes del Mandato Nacional Agrario, “no nos basta de ninguna manera el rechazo a las políticas imperantes y la oposición a los lesivos planes y medidas del Gobierno, construimos unitariamente una política propositiva, para abrir caminos y futuros y demostrar que somos parte de la solución a los problemas claves del sector y del país”.

Ahora, el incumplimiento de miles de acuerdos con las comunidades y organizaciones rurales por parte de los distintos gobiernos, la implementación de políticas aperturistas hacia el libre mercado, la entrada en vigencia de los tratados de libre comercio con los Estados Unidos y la Unión Europea, de igual modo la reconcentración de la propiedad de la tierra cuyo índice es uno de los más altos de América Latina, en general la profundización de las políticas neoliberales, que han conducido rápidamente a distintos sectores de la producción agropecuaria a un callejón sin salida, en últimas son el detonante que ha encendido la chispa de la rebeldía y los levantamientos de las masas que habitan en los territorios y que han visto lesionados sus intereses.

En efecto la conjugación de la crisis afecta a los pequeños caficultores, paperos, lecheros, paneleros, cacaoteros y demás productores de la economía campesina, a la que se suma la situación de los pequeños y medianos mineros artesanales y de hecho los camioneros por los altos costos de peajes y combustibles, que de una u otra manera también tienen que ver con los alimentos agropecuarios y de millones de consumidores que abarrotan las grandes ciudades. De esa manera, sin tener un pliego unificado, coincidieron en la necesidad de un llamamiento a paro nacional agrario y popular que le abra paso a la solución de los grandes problemas que afectan a la mayoría del pueblo colombiano.

Importantes sectores campesinos y sus organizaciones nacionales y regionales que se articulan en la Mesa de Interlocución Agropecuaria y de Acuerdo Nacional (MIA), han presentado un pliego de exigencias de seis puntos al Gobierno Nacional, dirigidos a dar una salida estructural a la crisis del sector agropecuario y particularmente la situación que viven los pequeños y medianos campesinos.

La respuesta del gobierno y su aparato militar a las justas exigencias del campesinado se inicia con la estigmatización, señalamientos a los líderes del paro, que el presidente Juan Manuel Santos ha tratado de decir que se trata de una insignificante acción de desadaptados sociales, de jóvenes anarquizados, de vándalos y de protestas infiltradas, justificaciones que buscan dar rienda suelta a la represión y judicialización de sus principales líderes y voceros como ha sucedido con la captura y judicialización de más de 200 campesinos y dirigentes, uno de ellos, Hubert Ballesteros, vocero de la MIA, miembro del comité ejecutivo de la CUT y Fensuagro y dirigente de Marcha Patriótica, todo ello ante la imposibilidad de detener la avalancha de los millares de manifestantes que se han volcado a las principales vías y carreteras de más de 20 departamentos del país.

El paro agrario nos deja varias enseñanzas: primera y una de las más importantes, es la urgencia de avanzar hacia un mayor proceso de articulación y unidad entre los sectores sociales y populares que se oponen al actual régimen y a sus políticas neoliberales; segunda, fortalecer puntos de exigencias convergentes hacia una plataforma de país, de cara a la construcción de un frente amplio; tercera, alcanzar un profundo dinamismo entre el discurso y la práctica. De tal manera que las fuerzas del nuevo bloque de poder sean concurrentes a la dialéctica del momento histórico que vive en país; y cuarta, articular la lucha social con la lucha por la solución política y la paz con justicia social.

Ahora los de ruana y sombrero han hecho sentir su voz, es la voz de la rebelión de los excluidos.

author by Pablo Pulgar Moyapublication date Thu Aug 29, 2013 16:59Report this post to the editors

El paro agrario en Colombia va dejando unas cuantas lecciones. Primero, muestra a los países de la región que el conflicto no se reduce al enfrentamiento histórico entre las FARC y fuerzas militares o paramilitares. El país cafetero es una región que posee grandes recursos de hidrocarburos, potenciales hidroeléctricos, regiones agrarias (afectadas en la actualidad por los monocultivos), etc. Históricamente, y después de la muerte de Gaitán, Colombia ha pasado por transiciones marcadas por olas de violencia y saqueos desde su clase política, hasta llegar a ser un nuevo bastión para la neoliberalización de la economía en la región (donde Gaviria, ministro de Comercio Exterior de Santos, ejerce rol clave). El campo es definitivamente el sector que más ha sufrido con las tempestades políticas. Un reciente TLC, que tiene a la economía colombiana rendida a los pies de los grandes consorcios, es uno de los tantos causantes en la manifestación de una injusticia social de grandes proporciones que ha visto cómo cae todo el sector productivo a manos de la exoneración de pagos arancelarios de empresas como la omnipresente Monsanto y su archiconocida política de patentación de semillas y venta de venenos agrotóxicos. Lo que pasa ahora en Colombia es quizás lo que Latinoamérica entera ha estado esperando de este país, el levantarse contra la opresión de los latifundistas, de su clase política y de sus medios masivos. El campo colombiano, abandonado por los programas de fomento, se ha visto despojado de sus tierras, desplazado y acribillado, no es por tanto de extrañar que ahora esta forma de lucha empiece a tomar nuevos ribetes, es más, es algo que debería haberse dado desde hace ya buen tiempo atrás.

Colombia es una nación de raigambres campesinas, de fusta agraria, donde más del 80% de su masa trabajadora en este sector se encuentra bajo la línea de pobreza y donde 25 de cada 100 son indigentes, en una muestra de la burla de lo que ha sido su planificación de erradicación de la pobreza. Un país que debería ser, por capacidad productiva, líder regional, se ha transformado en vasallo de los consorcios internacionales y en reducto de explotación netamente extractivista. Resultado de su manejo político ha sido la entrega de tierras, las licitaciones express y la pérdida de autonomía económica. Los más de 20.000 campesinos agolpados la región de Catacumbo, Norte de Santander, exigen a pie firme la reposición de tierras por parte del Estado, las cuales han sido otorgadas con descaro a transnacionales del negocio energético y de la mega-minería. Los conflictos mineros en Colombia, concentrados en la áreas CCAI, que se repiten por toda América Latina, han llegado a ser un problema de neo-colonialismo en la región, donde el principal afectado es su ya empobrecido sector agrícola y, sobretodo, el cafetero (a través del pago de las PIC, Protección al Ingreso Cafetero, particularmente beneficioso con la gran y mediana caficultura). El monocultivo reproduce un neo-feudalismo donde la concentración de la tierra vergonzosa, sumado a ello el despojo de millones de hectáreas para la industria hidroeléctrica (p. ej. El Quimbo de ENDESA España) y la mega-minería que ha conducido a la militarización de sectores implicados y el aumento irracional de sus arcas a través de la nueva ley impositiva, en desmedro de la pequeña minera artesanal nacional. Y eso ni siquiera hemos mencionando el impacto ambiental, al cual el gobierno hace oídos sordos a un plan de mitigación.

Vimos con buenos ojos las protestas estudiantiles contra la Ley 30, bajo las cuales, los estudiantes lograron estructurar un discurso político unitario entre diferentes estamentos universitarios con sectores obreros, por lo que el Paro Nacional Agrario se alza como muestra del hartazgo, por otro lado, no solo de la masa campesina colombiana, sino de un descontento generalizado. Es de reconocer, sin embargo, que el modo de organización que se ha concentrado, no ha podido ser canalizada en una resistencia coherente con la importancia de su lucha. Es de esperar que la masa campesina logre sensibilizar la opinión también en agolpada en Bogotá, que se logre una coordinación robusta ahora con obreros, con la masa estudiantil, con los desplazados en un país donde los medios críticos son silenciados con descaro. Los eventos han sido numerosos y se han sucedido en diversos departamentos aunque silenciados tanto por la prensa local como internacional. Los bloqueos de carreteras se han sucedido en Pasto, Cundinamarca, Boyacá, Caldas, Santander, Norte de Santander, Putamayo, Arauca, entre otros, donde se ha manifestado ya la falta de suministros y el alza de precios, oponiendo resistencia a represión de la policía antidisturbios (ESMAD) y de los escuadrones militares. El arresto del ejecutivo nacional de la CUT, Hubert Ballesteros, demuestra la negativa gubernamental a un mínimo de diálogo. Todos estos eventos van moldeando las bases para una reacción a las políticas de apertura mercantil asentadas en los últimos años en el país.

El despertar de la somnolencia política es un camino árido y lento, en la medida que sus instituciones están volcadas a corrupción, donde los medios masivos son condescendientes con el discurso oficial y donde la crítica periodística que denuncia vínculos es amenazada de muerte. El panorama tiene ribetes similares a la situación del campesinado paraguayo por una parte, y por otra a la de los países de la costa pacífica sudamericana en relación al boom minero-energético. La formación de células, la discusión entre actores, el desenmascaramiento de la presa oligarca son procesos que toman tiempo, sin embargo, por la envergadura del país cafetero, el hecho que éste de un vuelco hacia un nuevo proceso político de masas dará un giro radical a la lectura de los conflictos de la región. Se hace necesario ya un análisis generalizado y crítico del modelo económico ya instaurado, una vía de escape que logre desestabilizar el circo político colombiano, éste saldrá de la discusión en bases, en el trabajo conjunto entre campesinos, obreros y estudiantes, donde el sector agrario pone quizás la primera alarma de una transición política a gran escala.

author by Macario Martínezpublication date Thu Aug 29, 2013 23:23Report this post to the editors

Colombia vive un auge de las luchas sociales, y una vez más el campesinado toma la delantera. El pueblo colombiano históricamente postergado, le ha perdido el miedo a la criminalización y la represión. En este país protestar es ilegal y caer bajo las balas del Estado oligárquico es legal. Así lo establecen las leyes de inteligencia, orden público y seguridad ciudadana y la recientemente aprobada, ley de fuero militar. Por tanto la rebeldía que hoy brota en campos y ciudades constituye un gesto heroico. En él están presentes la pérdida del miedo a la muerte (disfrazada de Esmad) y la voluntad de transformación social.

El campesinado está cansado de ser considerado por la clase dominante como “el enemigo interno” sobre el cual recae todo el peso de una guerra que combina latifundismo armado, terrorismo de estado y tratados de libre comercio. Como quien dice al que no matan las balas de los terratenientes o el glifosato gringo, lo matan los altos precios de los insumos y las importaciones alimentarias promovidas por la liberalización comercial.

Con diez días de anticipación al inicio del paro, la Mesa de Interlocución Agraria (MIA) dio a conocer en acto público frente al Ministerio de Agricultura el pliego[1] de seis puntos levantado por el movimiento social[2]. Como es práctica gubernamental no hubo oídos para los voceros y dirigentes populares. En una actitud irresponsable, el gobierno Santos espero a que llegará el primer día de la protesta para decir: “El paro no ha sido de la magnitud que se esperaba”[3].

El paro ha movilizado hasta el momento unos 500.000 colombianos en todo el país, solamente en Tunja hubo una concentración asamblearia de 50.000 personas el pasado domingo. En Nariño, el paso hacia Ecuador completará diez días de cierre. Los manifestantes, a pesar del robo de víveres[4] por parte de la Policía, han mantenido la presencia en las vías. En torno a Florencia se encuentran concentrados 16.000 campesinos, en Barbosa (Antioquía) 10.000, en el Huila las maniobras divisionistas no han dado resultado y el departamento se encuentra bloqueado[5], lo mismo que el Tolima. En el Valle del Cauca, Cauca, Putumayo y Magdalena Medio avanzan las movilizaciones y las concentraciones de manifestantes en las vías. En los municipios de Boyacá y Cundinamarca se han vivido intensas jornadas de protesta y cruda represión[6]. En desarrollo de la estrategia de dividir al movimiento el ministro de agricultura Francisco Estupiñan asistió a una mesa de trabajo con campesinos y alcaldes de Cundinamarca y, ante su incapacidad para responder a las demandas formuladas, acabó saliendo a prisa del lugar[7].

El gobierno prosigue con su estrategia “Shakira”[8], en la cual caben: el desconocimiento oficial y la deslegitimación mediática del movimiento, la represión sobre los manifestantes y la detención de sus dirigentes[9] y la búsqueda de división y agotamiento del movimiento. En su conjunto dicha estrategia esta resumida en el discurso presidencial del día 25 de agosto según el cual “El paro agrario no existe”.

Mientras tanto crece la audiencia y la participación de otros sectores sociales en el gran paro nacional agrario y popular…

[1] Ver: http://www.marchapatriotica.org/ind...

[2] 19A Presentación del pliego: Paro Nacional Agrario y Popular. Ver: http://www.youtube.com/watch?v=NLS1...

[3] Ver: http://www.eltiempo.com/politica/AR...

[4] Ver: http://www.youtube.com/watch?v=wV59...

[5] Centro y sur oriente del Huila está bloqueado, Diario del Huila, 28 de agosto de 2013.

Ver: http://www.diariodelhuila.com/site/...

[6] Canal Capital dedicó un programa a mostrar algunos de los brutales actos cometidos por el Esmad. Ver: Por el respeto, http://prensarural.org/spip/spip.ph...

[7] Fracaso mesa de trabajo entre campesinos, alcaldes de la región y ministro de agricultura.

Ver: http://www.youtube.com/watch?v=5q0O...

[8] Hay versos de la canción “Bruta, ciega, sordomuda” que le vienen maravillosamente a la conducta del gobierno. Por ejemplo, el primero que dice: “Se me acaba el argumento y la metodología cada vez que se aparece frente a mí tu anatomía” y más adelante “Bruta, ciega, sordomuda, torpe, traste, testaruda es todo lo que sido”.

[9] Ver: http://www.marchapatriotica.org/ind...

author by COCE - ELNpublication date Fri Sep 06, 2013 19:31Report this post to the editors

El presidente Santos a regañadientes y contradiciéndose, tuvo que aceptar que sí hay paro agrario nacional y fortalecido con el apoyo que le brindaron solidariamente otros sectores sociales y pobladores urbanos, complicándose más de lo esperado.

El cuento del Ministro de agricultura de que las propuestas gubernamentales fluyen y que son los representantes del paro los que no quieren oír, es la misma maña mentirosa del gobierno cundo sus interlocutores son del pueblo.

Los efectos catastróficos sobre la agricultura campesina resultado de la implementación de los famosos TLC’s, defendidos con vehemencia por el gobierno de la oligarquía, junto con el alto costo de los insumos para la producción agrícola y el alto costo de los combustibles colombianos, clasificados entre los más caros del mundo, son unas de las causas de las movilizaciones y protestas que se están viendo, y que han despertado el volcán de luchas extendidas por todo el país, Acrecentadas además por la ilegalización de la pequeña minería artesanal, para abrirle el camino a la voraz minería de las transnacionales que convertirán a Colombia en un inmenso socavón con ruina para los colombianos, abultadas ganancias para el capital foráneo y la destrucción del medio ambiente.

La indignación popular el gobierno no puede despacharla con pañitos de agua tibia, ni jugándole a dividir a los sectores movilizados o agotándolos por cansancio con el uso macabro de la represión. Los problemas son estructurales y lo que está puesto en los pliegos de quienes se movilizan, no es aun, todo lo que motiva sus luchas.

El manido cuento de que la beligerancia de las luchas es fruto de la infiltración de la Guerrilla, es tendencioso y contradictorio, pues de un lado le da armas al establecimiento para reprimir, pero por otro lado mostraría una insurgencia con capacidad de movilizar el país cuando el gobierno difunde la idea que las guerrillas están derrotadas y que solo basta con ofrecerles que no los meten a la cárcel, para que se desmovilicen.

Ni es lo uno ni lo otro, presidente Santos; el movimiento popular y de los sectores medios no pudo ser aniquilado en los últimos 20 años, donde el Terrorismo de Estado se ensañó en él y no pudo degollarlo, si no que tuvo la capacidad de recuperarse, a pesar de la mortandad de dirigentes y bases masacradas desde el poder, para recomponerse, mostrándose hoy pujante y firme, para seguir reclamando sus justos derechos, que el sistema neoliberal globalizado le niega, porque tiene su ombligo atado a los capitales internacionales y le importa un bledo el sacrificio de la economía nacional, con tal de conducir los países y las naciones por el camino de la transnacionalización, donde se pretende que los pueblos y las naciones dejen de ser sujetos de su propio destino.

A eso es que se niegan los productores agrícolas y quienes le brindan desde los espacios urbanos la solidaridad de clase, porque esa masa de humildes trabajadores, comprende, por encima incluso de algunos dirigentes sectarios, que la unidad, la confluencia y la coordinación es indispensable para poder alcanzar las triunfos populares.

Esa masa, Presidente Santos, tiene su propia organización, sus propios dirigentes y es dañino y mal intencionado de parte de su gobierno, endilgarles su dependencia de la insurgencia.

Lo que si nadie puede negar es que en términos de los objetivos, los sueños y las esperanzas haya claras coincidencias, porque al final de cuentas la guerrilla es parida por las conductas anti populares, represivas y del cierre de las posibilidades de la lucha política por los cauces legales.

Las luchas que se están dando actualmente son el producto de esas realidades de desconocimiento de los derechos e intereses del pueblo, a quien se le responde con represión cuando se manifiesta, mientras que ese mismo gobierno se congratula con el capital transnacional, que multiplica sus ganancias con la explotación y el sacrificio de los trabajadores, cual vampiro que chupa la sangre a los pueblos de los mal llamados países y economías desechables.

Por lo anterior, negarle a los dirigentes y a las organizaciones populares y sociales, su capacidad para razonar y decidir sus luchas, es perverso, así como desconocer el carácter mismo de la organización de las masas.

Los revolucionarios tenemos que alentar el Movimiento de Masas y estimular sus luchas, porque son ellas las que hacen la historia, alcanzan la victoria en los países que han producido las transformaciones sociales y sostienen los desarrollos democráticos y revolucionarios en contra del ataque cotidiano de los enemigos comunes: los imperialistas y sus lacayos que buscan hacer del poder y del gobierno una condición de beneficio propio, dándole la espalda a quienes con su trabajo, producen la riqueza nacional.

Solo la lucha directa del pueblo y la nación, espacio donde actuamos los revolucionarios, alcanzará los triunfos que se propone y se merece.

Viva el Paro Nacional agrario, sus luchas, sus organizaciones y sus dirigentes.

 
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