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La Federación Anarquista Uruguaya (FAU) y la transición de su matriz política

category argentina/uruguay/paraguay | historia del anarquismo | debate author Saturday August 31, 2013 05:39author by Oleguer Vall Font - CNT Martorell Report this post to the editors

La Federación Anarquista Uruguaya (FAU) y la transición de la matriz política “liberal” a la “nacional y popular” (1956-1973)

Uno de los debates más polémicos en el seno del movimiento anarquista, al menos en Iberia, es su relación con los llamados “nacionalismos de resistencia” (en un país de la periferia del sistema mundo podríamos llamarlos “nacionalismos populares”).

A través de un escueto análisis de una de las organizaciones anarquistas más influyentes en la Latinoamérica de la segunda mitad del siglo XX se verá que para el caso del Uruguay, país tan lejano geográficamente como cercano culturalmente, el anarquismo adoptó ciertos símbolos del nacionalismo popular a partir de los sesenta. Lo interesante del asunto es que este hecho no tuvo la consecuencia de la asunción de toda la estructura simbólica “nacional y popular” sino que se podría decir que la Federación Anarquista Uruguaya tomó exclusivamente aquellos aspectos que podían ser útiles a su proyecto revolucionario. Este hecho considero que introduce una nueva línea de debate en tanto que supone defender la incorporación algo descontextualizada de algunos elementos del “nacionalismo de resistencia” sin caer en la asunción de todos sus aspectos pero tampoco en rechazarlos todos a priori.

Este primer número es entonces un acercamiento a la complejidad ideológica de una organización que hizo historia y teoría en un tiempo convulso y de cuyo legado es, cuanto menos, útil aprender.

Salud y Anarquia
Imagen tomada durante la huelga general contra el golpe de Estado de 1973
Imagen tomada durante la huelga general contra el golpe de Estado de 1973

1. Introducción: En el año 1956 se funda en Montevideo la Federación Anarquista Uruguaya (FAU) con los remanentes libertarios que habían logrado sobrevivir a la crisis del anarcosindicalismo de finales de 1930. Desde sus orígenes esta organización se caracterizará por una voluntad de revisar algunos planteamientos tácticos y organizativos del anarquismo a fin de situarse en condiciones de participar en el nuevo ciclo de protestas que se inaugura en los sesenta, y que tuvo como algunos de los catalizadores más importantes la crisis del modelo neobatllista (liberalismo radical) en Uruguay, el impacto de la Revolución Cubana de 1959 en Latinoamérica y el ciclo alcista de movilizaciones a partir de los sesenta a nivel internacional. Este proceso “revisionista” será analizado como resultado de otros tres procesos sociales-simbólicos análogos y su impacto en el movimiento anarquista uruguayo en su intento de adaptar su discurso a estos cambios:

1) la transformación que se opera en la estructura de clases del país con la emergencia de una “nueva” clase obrera durante el “populismo” del Segundo Batllismo (1947-1958) diferente de la “vieja” clase obrera del Primer Batllismo (1903-1929) acercándonos al paradigma analítico de Gino Germani, 2) la transformación que se opera en la estructura de clases del país pero esta vez en relación a la situación de empate técnico entre las clases colindantes que lleva al establecimiento de un pacto político en un movimiento de carácter “nacional y popular”, acercándonos a las tesis de Murmis y Portantiero, 3) La acumulación de una serie de demandas que el tradicional sistema partitocrático uruguayo es incapaz de satisfacer y su articulación en un movimiento socialmente heterogéneo cuyo discurso adopta un carácter “nacional y popular” a fin de construir una nueva hegemonía, acercándonos al enfoque teórico de Ernesto Laclau.

Es decir, mantengo como hipótesis que los tres enfoques teóricos no son excluyentes sino complementarios para explicar este proceso de transformación discursiva que afectará al movimiento libertario en Uruguay y especialmente a la F.A.U., que será su principal faceta organizada desde 1956.
Sin embargo, hay que tener en cuenta que los dos primeros procesos hacen referencia a la emergencia y consolidación del movimiento que se conoce como Segundo Batllismo o Neo-Batllismo (1947-1958) y el tercero al intento de construir una nueva hegemonía con - algunos - de sus avatares por parte del anarquismo uruguayo análogamente - pero también con diferencias significativas - al resto de la izquierda revolucionaria del momento. Es precisamente esa utilización matizada del “universo simbólico”(1)“nacional y popular” por parte del anarquismo uruguayo lo que conecta los tres enfoques sobretodo si partimos de la hipótesis que este fue a la vez resultado de transformaciones socio-económicas decisivas y por lo tanto su utilización imprescindible para articular un nuevo discurso político anarquista de pretensiones hegemónicas.

2. La “nueva” clase obrera en Germani(2), El Segundo Batllismo, y la pérdida de hegemonía social del anarquismo uruguayo. La base teórica fundamental de la sociología del populismo de Gino Germani explica este fenómeno político en relación a la emergencia de una “nueva” clase obrera en Argentina como consecuencia de la emigración masiva del campo a la ciudad, fenómeno que se produce por las oportunidades de empleo que el rápido proceso de industrialización y urbanización estaba generando desde la década de los treinta. Según Germani esta se caracterizaba, a diferencia de la “vieja”, por su falta de antecedentes sindicales y su apego a formas de dominación caudillistas propias del mundo rural. El desarraigo que su llegada al ámbito urbano provocó fue, según el autor, la causa fundamental de su adhesión al populismo: un movimiento contradictoriamente reaccionario y moderno por cuanto ejercería formas de dominación política caudillista en un contexto eminentemente urbano.

Esta interpretación evolucionista y cuya preocupación giraba en torno a las diferentes bases sociales del populismo argentino con los fascismos europeos (proletariado y pequeña burguesía) fue compartida por Ángel Cappeletti (1927-1955), seguramente el más importante filósofo e historiador del anarquismo latinoamericano, quién en su obra El Anarquismo en América Latina (1990) destaca que el peronismo “(…) se nutrió, sobretodo, de la endeble conciencia social de una gran masa de trabajadores, emigrados del agro al suburbio, ya no campesinos, todavía no obreros”(3). Esta idea de “identidad en transición” de la “nueva” clase obrera es recuperada por la Agrupación Libertaria Cerro-La Teja (responsable de la temática obrera) en una ponencia para el Pleno Nacional Libertario, que daría lugar a la F.A.U., de marzo de 1956:

“El mercado de trabajo se nutre ahora de la masa campesina criolla, sana pero ruda, ineducada, cultura del “machismo” montonero y de la fidelidad al patrón caudillo”(4). En efecto, durante el llamado Segundo Batllismo, concretamente entre los años 1945 y 1954, se impulsó una política de substitución de importaciones que incrementó la producción industrial en un 8,5% anual. Como consecuencia en 1955 los asalariados en la industria pasaron a ser el 7,31% del total de la población respecto la cifra de 1936 que se situaba en el 4,5%. Incremento que provenía de la emigración de los departamentos rurales del país debido a factores de atracción (desarrollo industrial) pero también de expulsión (mantenimiento del latifundio ganadero y hostilidad a los agricultores así como la recuperación de la agricultura europea y estadounidense). Entre 1951 y 1956 el porcentaje de población rural respecto la población total disminuyó del 20% al 17%.(5)

El Segundo Batllismo o Neo-Batllismo fue una doctrina política y de gobierno que fue fundamentada en el Primer Batllismo (1903-1929) y que tuvo como líder el Presidente Luis Batlle Berres (1897-1964). Se basó en el impulso a la industria, los avances del Estado en la prestación de servicios públicos, la ampliación de la legislación laboral y social y el afianzamiento de la democracia política. El discurso que acompañó estas realizaciones estuvo caracterizado por la conciliación de clases sociales, la sociedad meritocrática, la defensa del estilo de vida de las clases medias, la expansión de los derechos cívicos y sociales etc.

De todo este proceso es interesante destacar como Ángel Cappelletti y la Agrupación Libertaria Cerro-La Teja le atribuyen una causalidad fundamental en el proceso de desarticulación del anarquismo argentino y uruguayo. El primero porque afirma que esta masa de campesinos “desarraigados” incrementó la afiliación a una CGT “reformista” en detrimento de una FORA “revolucionaria” de influencia anarquista, que aunque mermada era todavía combativa, la segunda porque interpreta dicho proceso como “destructivo” de los lazos comunitarios de la “vieja” clase obrera libertaria montevideana de origen europeo (6). Aunque hay que señalar que en ambos casos se afirmó que se trataba del “golpe de gracia” para un proceso de desarticulación que se inicia en la década de los treinta.

Además para el caso uruguayo, Ángel Cappelletti señala la existencia de una corriente “anarcobatllista” que arrastró, durante el Primer Batllismo de inicios de siglo, a algunos militantes del movimiento a una adhesión principista al liberalismo radical de Batlle y Ordoñez. Esta conexión señalada entre las ideas de Gino Germani, Ángel Cappeletti y la Agrupación Libertaria Cerro-La Teja nos muestran las conexiones de la sociología positivista con el anarquismo y de los intelectuales orgánicos libertarios, en el sentido gramsciano, con el grueso de la militancia.

3. La pérdida de influencia anarquista en los gremios, la desarticulación del espacio sindical uruguayo y el “empate” entre clases como origen del movimiento “nacional y popular” en Murmis y Portantiero (7). Murmis y Portantiero, aún compartiendo la inquietud de Germani por explicar el apoyo de la clase trabajadora a los populismos latinoamericanos, discrepan en otorgar la centralidad explicativa a la diferencia entre “vieja” y “nueva” clase trabajadora. Para ellos esta distinción será sólo válida en cuanto a diferenciar variadas formas de participación política (dirección organizativa o actividad callejera) de la clase trabajadora en el peronismo argentino. La cuestión fundamental será la interdependencia de ambas estrategias, dentro de un proyecto sociopolítico “nacional y popular” de alianza de clases con la burguesía industrial y la burocracia desarrollista, que se da desde la década de los treinta y se acelera con el peronismo.

Murmis y Portantiero otorgan importancia analítica al estadio de desarticulación del movimiento sindical argentino (con disputas entre las corrientes socialista, comunista y sindicalista) previo al ascenso de Juan Domingo Perón, por cuanto posibilito que la actividad de este en la Secretaría de Trabajo y Previsión se constituyera en un liderazgo alternativo surgido del Estado. Además también recuerdan el carácter eminentemente reformista del sindicalismo argentino al menos desde la década de los treinta. Ángel Cappelletti destaca en su obra el paulatino proceso de descomposición del anarcosindicalismo uruguayo de la F.O.R.U. (Federación Obrera Regional Uruguaya) desde los treinta con el trasvase de su afiliación a las tendencias sindicalistas y comunistas, en un proceso muy similar al argentino.

Este proceso fue facilitado, según la Ponencia de la Agrupación Libertaria Cerro-La Teja, por la división del anarcosindicalismo uruguayo en “principistas” de la F.O.R.U y partidarios de apoyar “críticamente” la Revolución Rusa de la U.S.U. (Unión Sindical Uruguaya), central que posteriormente derivaría hacia el sindicalismo. Así dicha ponencia establece una relación estrecha entre la pérdida de influencia anarquista en los gremios, otrora hegemónica, y la desarticulación del espacio sindical uruguayo en comunistas (Unión General de Trabajadores), socialistas (Comité de Relaciones Sindicales), anarquistas y sindicalistas independientes (Comité de Enlace de Sindicatos Autónomos) y anarcosindicalistas en franco declive.

Hay que señalar que tanto Ángel Cappelletti como la Agrupación Libertaria Cerro-La Teja parecen otorgar, por lo que se desprende de ambos textos, un carácter secundario a este segundo fenómeno: el primero porque lo cita en una nota a pie de página afirmando que “Otros autores interpretan el peronismo como “bonapartismo” (…) Enrique Rivera (…) Abelardo Ramos (…) Torcuato S. Di Tella”(8) y la Agrupación Libertaria Cerro-La Teja porque después de analizar la fragmentación del sindicalismo uruguayo afirma que “con ser de una importancia material tan notoria (…) nos equivocaríamos si creyéramos que son las únicas o más decisivas” (9) y acto seguido pasa a considerar el aspecto emigratorio campo-ciudad antes analizado.

La audaz política social de Luis Batlle Berres se ejemplifica en la implementación de los Consejos de Salarios en 1943 con una estructura tripartita que integraba a empresarios, obreros y Estado. Esta institución adquiriría tal prestigio que la lucha por su reimplantación sería la principal reivindicación sindical durante la transición democrática cuarenta años después. Según la más obrerista de las agrupaciones de F.A.U. esta institución generó cambios decisivos en la psicología social de los trabajadores que obligarían a transformar el discurso anarquista pues “el hombre común de nuestros días no espera nada de su esfuerzo propio (…) lo espera todo de arriba, de la muñeca, de la influencia, de la coima” (10) , así, afirman, el movimiento anarquista debe ir donde este nuevo contexto ha situado a los trabajadores y no esperar que estos vuelvan (ahí es donde los anarquistas de la F.A.U. se distancian del anarcosindicalismo).

4. El enfoque de Laclau (11) para el agitado Uruguay de los sesenta y la construcción de un nuevo movimiento sociopolítico anarquista (F.A.U.-R.O.E.-O.P.R.33). Ernesto Laclau discrepa con Germani y Murmis y Portantiero en tanto que no acepta cierta visión que considera “mecanicista” de buscar los orígenes del discurso político populista en una determinada coyuntura socio-económica, polemizando con los enfoques positivista y marxista y acercándose al constructivismo. Para este autor el populismo no es otra cosa que una estrategia de acumulación política, para conseguir una hegemonía social, interpretada como necesariamente rupturista con un “status quo” anterior, y esta se construye por la articulación de demandas, que no son satisfechas de forma separada por el sistema político vigente, en un discurso político alternativo.

Según Daniel Barret, sociólogo y militante libertario uruguayo, el Uruguay de esta época fue el escenario de un movimiento ascendente en tres ejes: la formación de “una compleja arquitectura organizativa que permitió darle un lugar a vastos sectores sociales anteriormente desconectados (…) una persistente agitación que renovaba periódicamente (…) una aceleración de los ritmos políticos del campo popular” (12) . Sabemos que a Ernesto Laclau no le interesaría tanto el hecho contextual de crisis del modelo de integración social del Neo-Batllismo, y su base económica de fallida del modelo de industrialización por substitución de importaciones analizado por los autores de la “Teoría de la Dependencia”, sino como los nuevos actores políticos articulan un nuevo discurso de pretensiones contra-hegemónicas y con una influencia notable de la Revolución Cubana de 1959.

Precisamente, según el historiador español Eduardo Rey Tristán y Daniel Barret, este proceso sociopolítico producirá el primer cisma en F.A.U. y nos sirve para ilustrar las tensiones políticas que ocasionó el viraje discursivo de la organización. Aquellos sectores más apegados al anarquismo clásico, nucleados entorno la Facultad de Bellas Artes e intelectuales como Luce Fabbri, consideraran inviable el apoyo de la organización ante la deriva pro-soviética cubana y el progresivo abandono de sus posiciones “terceristas” (independientes de ambos bloques geopolíticos) frente al sector nucleado entorno a los gremios obreros y militantes como Hugo Cores o José Jorge Martínez que mantendrán la necesidad de seguir sosteniendo un apoyo “crítico”. Esta situación producirá una escisión que dará lugar, por parte de los primeros, a la Agrupación Libertaria del Uruguay (ALU) de escasa incidencia en las luchas sociales del momento y que acabaría disolviéndose.

Además, en esta época la Federación Anarquista Uruguaya impulsará dos organizaciones: la Resistencia Obrero Estudiantil (R.O.E.), pensada como “frente de masas” y la Organización Popular Revolucionaria – 33 Orientales, pensada como “aparato armado” (13) . Esta primera organización da cabida, como es lógico, a militantes de variada procedencia ideológica, así por ejemplo la consigna final de uno de sus comunicados que denunciaba el intento de convertir el 1º de Mayo en un acto festivo, afirma que “Ya celebraremos un 1º de mayo de alegría. Será cuando con la lucha de todos derrotemos al enemigo de clase y construyamos el Poder Popular en nuestra Patria Libre y Socialista” (14) . Queda claro que las referencias al “poder popular” y al patriotismo socialista son fruto de la interpretación izquierdista revolucionaria de la matriz “nacional y popular” que se da en la época y contradicen en cierta manera los postulados discursivos clásicos del anarquismo.

Por otra parte, la misma denominación de la OPR-33 con el uso del término “popular”, escasamente utilizado por el anarquismo anterior por sus connotaciones policlasistas, pero sobre todo por el uso del mito nacional de los 33 Orientales son si cabe más representativos de este proceso. El acto fundacional de este grupo fue precisamente la apropiación de la bandera de la expedición que libertó Uruguay del dominio imperial brasileño, así lo justificaba uno de sus militantes: “ (…) los anarcos no somos muy de las cuestiones patrióticas pero entendíamos que ese planteo caminaba porque teníamos el modelo del MLN, un movimiento nacionalista, y entendíamos que eso estaba en el sentir de la gente (…)”(15). Una justificación enormemente ilustrativa de las motivaciones de este viraje discursivo.

Así se estructuró el discurso de un movimiento, que con sus diferencias, participó del proyecto contrahegemónico y “nacional y popular” de la izquierda revolucionaria del momento que buscó articular una serie de demandas concretas (protestas estudiantiles contra el alza del pasaje, campesinas contra las condiciones de servidumbre, obreras contra los recortes salariales etc.) que el sistema político vigente ya no procesaba adecuadamente por la crisis económica, el descrédito de los partidos y el recurso frecuente a la represión.

Estas diferencias citadas, aunque puntuales, se pueden distinguir en que a pesar del impacto del modelo guevarista la F.A.U. jamás aceptó la estrategia militar foquista (su principal diferencia con el MLN-Tupamaros) y la actividad de OPR-33 siempre fue concebida como un mero “apoyo logístico” del trabajo político y de masas, que dicha estrategia foquista consideraba secundario en favor de la actividad armada. La asunción de la matriz política “nacional y popular” también tuvo sus limitaciones pues en la práctica se siguió dando una prioridad evidente al medio obrero, actuando los grupos estudiantiles de apoyo en varias huelgas fabriles (estos además tenían su principal implantación en la Universidad del Trabajo del Uruguay de orientación profesional) aspecto que además lo diferenciaba de los grupos más seguidores del modelo cubano o chino, como el MRO y el PCR, que concebían la revolución básicamente como una alianza campesino-estudiantil (16).

5. Conclusiones: A lo largo de este ensayo se ha analizado como las transformaciones demográficas, socioeconómicas y político-sindicales que se inician en la década de los treinta por la emigración campo-ciudad, la industrialización y urbanización y la fragmentación política del espacio sindical como consecuencia del declive de un anarcosindicalismo otrora hegemónico, produjeron cambios substanciales en la sociedad uruguaya que tuvieron como consecuencia el declive y fragmentación del espacio anarquista-libertario en el país paralelamente al ascenso de la matriz política “nacional y popular”. Para comprender este proceso se ha utilizado a Germani y Murmis y Portantiero y sus conexiones teóricas con la interpretación de los mismos anarquistas.

La honda preocupación por esta situación animó las reorientaciones estratégicas, ideológicas y discursivas del anarquismo uruguayo que daría lugar a la F.A.U. y a cierta apropiación de la reinterpretación izquierdista revolucionaria de una matriz política “nacional y popular” en descomposición por el nuevo escenario socioeconómico y político uruguayo de los sesenta. Según Laclau la desintegración de la Agrupación Libertaria del Uruguay (A.L.U.) seria paradigmática de la imperiosa necesidad de construir un nuevo paradigma discursivo, en una sociedad crecientemente heterogeneizada y con los elementos ideológicos disponibles, que el anarquismo clásico y principista no hubiera entendido al contrario de la F.A.U. que supo comprender la “necesaria plasticidad” de lo político. Aún así hemos visto que este proceso no fue total poniendo en evidencia los límites históricos, sociales, simbólicos etc. de dicha transformación discursiva.

La derrota política de la izquierda revolucionaria, y del anarquismo en particular, también pusieron en evidencia las limitaciones discursivas de este paradigma “nacional y popular” y revolucionario frente a la tupida red de relaciones políticas clientelares de los Partidos Tradicionales del Uruguay (especialmente el Colorado) y a la legitimidad que una parte significativa de la sociedad, representada por buena parte de los sectores medios y altos, otorgaron al creciente autoritarismo de los sucesivos gobiernos que desembocarían en el Golpe de Estado Militar de 1973. Los militares a su vez fracasaron al producir una desarticulación del discurso político hegemónico que ellos serían incapaces de reemplazar. Así se puede concluir la necesidad de integrar los enfoques planteados pues muestran a la vez la plasticidad de lo político y el carácter condicionado de dicha plasticidad.

Oleguer Vall Font


(1) Este es un concepto extraído de un clásico de la sociología del conocimiento como es La Construcción Social de la Realidad de Berger y Luckmann. Aunque no comparto su tesis radical de que “toda la realidad se construye socialmente” pues es definitoria del relativismo sociológico, vapuleado por J.Searle con la constatación de que toda construcción social es la “atribución de función pública a alguna cosa”, si me parece una metáfora adecuada para definir la complejidad de instituciones, valores y creencias y sus interdependencias que constituyen los llamados procesos de “socialización secundaria”, es decir, los que se producen al margen de la familia (en este caso los mitos, aspectos ideológicos, valores etc. de esta matriz política).

(2) GERMANI, GINO Política y sociedad en una época de transición: De la sociedad tradicional a la sociedad de masas Paidós, Buenos Aires 1965.

(3) CAPPELLETTI, ÁNGEL El Anarquismo en América Latina Fundación Biblioteca Ayacucho, Caracas 1990. Página XLIII (el subrayado es mío).

(4) PONENCIA DE LA AGRUPACIÓN LIBERTARIA CERRO-LA TEJA SOBRE EL PUNTO II INCISO I DEL TEMARIO en MECHOSO, JUAN C. Acción Directa Anarquista: Una historia de FAU Tomo II: La Fundación Editorial Recortes, Montevideo 2005. Página 167.

(5) Cifras extraídas de NAHUM, BENJAMÍN Manual de Historia del Uruguay Tomo II 1903-1909 Ediciones de la Banda Oriental 1997. Páginas 208 a 210.

(6) Un análisis parecido, para el caso argentino, de este proceso de desarticulación de la sociabilidad política obrera socialista y anarquista y la emergencia de una nueva clase obrera que se adherirá a la causa nacional y popular (proveniente del interior y del recambio generacional en la ciudad) se encuentra en CARLOS TORRE, JUAN y PASTORIZA, ELENA la democratización del bienestar en CARLOS TORRE, JUAN Los años peronistas (1943-1955) Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 2002.

(7) MURMIS, MIGUEL y PORTANTIERO, JUAN CARLOS Estudios sobre los orígenes del peronismo Siglo XXI Editores, Buenos Aires 1971.

(8) CAPPELLETTI, ÁNGEL El Anarquismo en América Latina Fundación Biblioteca Ayacucho, Caracas 1990. Página XLIII. Hay que recordar que por “bonapartismo” se entiende un modelo coactivo de integración de clases en situaciones de correlación de fuerzas simétricas, el concepto fue acuñado por Karl Marx en El 18 de Brumario de Luis Bonaparte.

(9) PONENCIA DE LA AGRUPACIÓN LIBERTARIA CERRO-LA TEJA SOBRE EL PUNTO II INCISO I DEL TEMARIO en MECHOSO, JUAN C. Acción Directa Anarquista: Una historia de FAU Tomo II: La Fundación Editorial Recortes, Montevideo 2005. Página 167.

(10) OP. CIT. Página 167.

(11) LACLAU, ERNESTO Política e ideología en la teoría marxista: Capitalismo, fascismo, populismo Siglo XXI Editores, Buenos Aires, año ¿?. LACLAU, ERNESTO La Razón populista Fondo de Cultura Económica de Argentina, Buenos Aires 2005.

(12) BARRET, DANIEL El movimiento anarquista uruguayo en los tiempos del cólera Selección de Textos de Daniel Barret en www.nodo50.org/ellibertario.(el subrayado es mío).

(13) Para saber más sobre este triple modelo de organización político, popular y militar del anarquismo nucleado entorno a F.A.U. se puede consultar REY TRISTÁN, EDUARDO La Izquierda Revolucionaria Uruguaya, 1955-1973 Diputación de Sevilla, Universidad de Sevilla, Consejo Superior de Investigaciones Científicas-Escuela de Estudios Hispano-Americanos. Año 2005.

(14) EL 1º DE MAYO NO ES UNA FIESTA ES UNA JORNADA DE LUCHA OBRERA Y POPULAR Comunicado de la ROE publicado en la revista Marcha en Acción Directa Anarquista: Una historia de FAU Tomo IV Editorial Recortes, Montevideo 2005. Página 417. (el subrayado es mío).

(15) TIRSO FIOROTTO, DANIEL “El Che es de todos” Entrevista a Hebert Mejías Collazo Centro de Documentación de los Movimientos Armados (CEDEMA) www.cedema.org (Sección Uruguay – Organización Popular Revolucionaria-33 Orientales).

(16) Para saber más sobre las diferencias de F.A.U. con el resto de las organizaciones revolucionarias de la época respecto al foquismo/obrerismo F.A.U. Accion sindical y lucha armada en Punto Final, nº96. 20 de Enero de 1970 en Centro de Documentación de los Movimientos Armados (CEDEMA) www.cedema.org (Sección Uruguay – Federación Anarquista Uruguaya) y MECHOSO, JUAN C. Acción Directa Anarquista: Una historia de FAU Tomo IV Editorial Recortes, Montevideo 2005. Páginas 222-224. 361-364.

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