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Prendiendo Fuego a la Soga

category américa del norte / méxico | community struggles | opinión / análisis author Friday May 08, 2015 02:13author by Romina Akemi - Black Rose Anarchist Federation - Federacion Anarquista Rosa Negra Report this post to the editors

La Rebelión de Baltimore y las que vendrán

El procesamiento de los policías por el crimen de Freddie Gray demostró el impacto de las manifestaciones ante las injusticias que vive la comunidad negra de Estados Unidos. Sin embargo, la cifra de muertos a causa de la violencia del Estado racista es enorme. La soga del Ku Klux Klan continúa aterrorizando en la llamada “tierra de la libertad”.

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La madrugada del 1 de Mayo Marilyn Mosby, Fiscal de Baltimore, Maryland, anunció que se iban a formular cargos penales contra los seis policías involucrados en el crimen de Freddie Gray: asesinato en segundo grado y homicidio involuntario. Esta agridulce victoria ilustra el impacto de las manifestaciones de masa ante la injusticia. En su anuncio de la madrugada, Mosby declaró: “Al pueblo de Baltimore y los manifestantes en todo Estados Unidos les digo: He oído su llamado de “no habrá paz sin justicia”.

Sin embargo, al marchar miles de personas en Baltimore y todo el país, está claro que esta apariencia de justicia está lejos de ser suficiente. En un artículo del New York Times, un residente del barrio Sandtown-Winchester señaló: “Creo que formularon cargos a los funcionarios sólo para calmar a la ciudad… Pero no creo que vayan a ser condenado.”

En las últimas semanas, la comunidad negra de Baltimore ha protestado en respuesta al brutal asesinato de Freddie Gray por el Departamento de Policía de Baltimore (BPD). La cobertura periodística de la juventud negra resistiendo contra los policías antidisturbios de Baltimore, es como una revocación de las protestas en Ferguson el verano pasado. También son una reminiscencia del levantamiento de Los Angeles en 1992, así como las numerosas erupciones de descontento popular en los EE.UU. de 1968, contra la violencia policial racista. Y podríamos ir más y más atrás en la historia. La cifra de muertos a causa de la violencia del Estado racista es enorme. Y muchos se preguntan: ¿Es este nuestro momento para derribar al racista sistema capitalista?

En el transcurso de tres años, el racismo de Estado ha crecido brutalmente. El asesinato durante el 2012 de un joven de diecisiete años de edad, Trayvon Martin, por George Zimmerman – miembro de la Vigilancia Comunitaria (Neighborhood Watch) de Florida – provocó mitines y marchas alrededor de todo EE.UU. Zimmerman afirmó sentirse amenazado por Martin, señalando que el joven llevaba una sudadera con capucha, como indicadora de intenciones “antisociales”. En respuesta, la familia de Martin y las experiencias diarias vividas por negros estadounidenses, exclamaron que el único “problema” era el color de piel de Martin. La absolución de Zimmerman destacó aun más la forma en que se valoran las vidas negras en los Estados Unidos: no se valoran en absoluto.

Durante el verano de 2014, dos homicidios policiales de alto perfil reforzaron un movimiento que respondió a la muerte de Martin. Algunos transeúntes filmaron las ejecuciones de Eric Garner en la ciudad de Nueva York y de Michael Brown en Ferguson, Missouri, transformando una ocurrencia en gran medida individual, en memoria colectiva. Las últimas palabras de Garner diciendo “no puedo respirar”, y las descripciones de testigos que vieron a Brown con las manos en alto, se convirtieron en el grito de guerra del movimiento “Las Vidas Negras Importan”. Pero mientras las personas clamaban por algún intento de justicia, las ejecuciones policiales continuaron. El mes de Febrero pasado, una persona grabó la confrontación y tiroteo del Departamento de Policía de Los Ángeles (LAPD) contra Charley “África” ​​Saturmin Robinet, de 39 años de edad, un hombre sin hogar que vivía en Skid Row. En abril apareció un video de un oficial de policía de North Charleston que persiguió y mató a tiros a Walter Scott, de 50 años de edad. En una movida inusual por parte del Departamento de Policía de North Charleston, Michael Slager -el oficial que asesinó a Scott- fue acusado de asesinato en primer grado, y actualmente está a la espera de juicio.

El asesinato de Freddie Gray

En la mañana del domingo 12 de abril, agentes de policía de Baltimore persiguieron en bicicleta a Freddie Gray, de 25 años de edad, por el barrio Sandtown-Winchester de West Baltimore, un barrio predominantemente proletario y negro. Un video filmado por Kevin Moore pronto comenzó a circular, donde Gray era arrastrado por la policía mientras gritaba en agonía, antes de ser puesto en una camioneta policial. Por la tarde Gray estaba en coma en el hospital local, muriendo nueve días después. Desde entonces ha aparecido información indicando que la médula espinal de Gray fue quebrada, y que su laringe fue aplastada, todo esto mientras estaba bajo custodia policial.

Mientras Gray yacía inconsciente en el hospital, se organizaron manifestaciones para protestar contra la policía. Después de su muerte la población negra de Baltimore, enfurecida por la pérdida de otra vida negra más a causa de la violencia policial, respondió en vigor el lunes 27 de abril.

Los residentes de West Baltimore fueron recibidos con una fuerte presencia y acoso policial. Estudiantes secundarios empezaron a resistir lanzando piedras, y persiguiendo a los policías antidisturbios por las calles de la ciudad. Autos policiales fueron incendiados, y parte de la propiedad privada fue destruida. Al marchar los manifestantes cerca de Camden Yards, algunos seguidores de los Orioles blancos comenzaron a provocar a la multitud con epítetos racistas, lanzando vasos y botellas a los que marchaban por el lugar.

El Levantamiento de Baltimore

Tras el funeral de Freddie Gray el lunes 27 de abril, los residentes de West Baltimore se encontraron con una ocupación militarizada, que incluía una gran cantidad de policías antidisturbios. Los estudiantes secundarios que salían de la escuela se enfrentaron con el acoso, que llevó rápidamente a enfrentamientos, haciendo retroceder a las fuerzas de ocupación. Al día siguiente, el estado de Maryland desplegó la Guardia Nacional, creando aun más tensión dentro de un movimiento que ha expresado la pérdida de legitimidad de un sistema que ha fracasado en todos los sentidos.

Los medios nacionales han respondido representando los intereses de los funcionarios estatales, citando principalmente a aquellos pocos individuos que piden la no-violencia, y que describen a los que participan del levantamiento como “delincuentes”. Usan un tono casi religioso para manifestar su disgusto por un automóvil policial destruido, y negocios con ventanas rotas. En un país en el que la propiedad privada se valora más que la vida de una persona, se refleja bien cuáles son los valores del sistema capitalista. Allen Bullock, que por desgracia siguió el consejo de sus padres, se entregó a la policía por romper una ventana del auto policial. El joven de 18 años está actualmente detenido, su “fianza de 500.000 dólares por un cargo de motín, dos cargos de destrucción maliciosa de propiedad de más de $ 1.000, dos cargos de prófugo y vagabundo, un cargo por conducta desordenada, y un cargo por robo de menos de US$ 100″. Mientras tanto, algunos de los policías acusados ​​de asesinato en segundo grado por la muerte de Freddie Gray, tienen fianzas de entre $250.000 y $350.000 dólares. ¿Importan las vidas negras?

Tenemos que cuestionar cuándo y qué es lo que esta sociedad capitalista llama violencia. Cuando al menos el 24% de la población de Baltimore vive por debajo de la línea de pobreza, y cuando vivimos en un país en que 1 de cada 3 negros irá a la cárcel en algún momento de su vida. En un artículo de Mother Jones, sentencian que “entre 1968 y 2011, los negros tenían entre dos y ocho veces más probabilidades de morir a manos de fuerzas policiales que los blancos”. La violencia estatal es racista, y el racismo es sistémico, plenamente integrado al sistema capitalista. Las alegaciones de que el problema de la policía son “unas cuantas manzanas podridas” (que es un debate que vuelve a aparecer cada ciertos años), son como pensar que el racismo son “malas ideas” de algunas pocas personas. El auge y expansión del capitalismo liberal se construyó sobre el genocidio y el trabajo de africanos secuestrados y de los pueblos nativos de las Américas. Mientras que en los años de dominio colonial, la supremacía de la religión cristiana era el faro de la violencia por los colonizadores, posteriormente un sistema más racial y racista se desarrolló, que permitió a los de ascendencia española, portuguesa, británica u holandesa (dependiendo de la colonia) controlar la riqueza y la política de las colonias.

En América, la raza y el racismo se desarrollaron de manera diferente. En los EE.UU. una clara política de supremacía blanca se construyó, y fue abrazada por sectores de la clase trabajadora blanca, socavando la solidaridad de clase y empujando cada vez más a la clase obrera negra hacia la pobreza abyecta. Es el fantasma de la soga del Ku Klux Klan que continúa aterrorizando a la gente de color en la llamada “tierra de la libertad”. Pero es un espectro tangible y real, vivido diariamente en las realidades sistémicas y materiales del racismo que ha categorizado a grupos enteros de personas en función de su color de piel y el fenotipo como propensos a la criminalidad, y cuyo trabajo se ha devaluado, clasificándolo como no calificado.

La pobreza promulga una violencia que es psicológica y física, recordándoles a los individuos que son marginales y que nada va a cambiar. Sin embargo, se supone que debemos sentir un vínculo emocional con los objetivos de Estados Unidos, que usará y dispondrá de nuestros cuerpos de la manera que estime conveniente, para sus guerras en el extranjero y en casa. Mientras la gente se organiza no sólo para aflojar sino para quemar esa maldita soga, hay una creciente sensación de pérdida de legitimidad de ese territorio conocido como América, gestandose a la vez una confianza cada vez mayor entre aquellos de nosotros que estamos construyendo sociabilidad en nuestras calles. Es a través de estas luchas –contra la anti-negritud y el capitalismo – que vamos a construir una sociedad nueva, destruyendo para siempre la supremacía blanca.

Traducción Luis Cortés. Originalmente publicado por Periódico Solidaridad

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