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En contra del Dios-Emperador: las ejecuciones de anarquistas en el Japón (1911)

category asia oriental | historia del anarquismo | opinión / análisis author Sunday January 10, 2016 20:02author by Stefan Anarkowic Report this post to the editors

Traducción de José Antonio Gutiérrez D.

El siguiente folleto es parte del intento de recuperación de la memoria histórica que en anarkismo.net hemos venido realizando sobre el anarquismo en el Lejano Oriente, particularmente en China, Japón y Corea. Este folleto, trata de uno de los momentos más traumáticos en la historia del movimiento libertario nipón: la ejecución de 12 anarquistas, en 1911, en un caso conocido como "el caso de Alta Traición". Entre las víctimas de esta ejecución masiva, estaba el anarquista japonés Kôtoku Shûsui, dinamizador del movimiento obrero y uno de los fundadores del movimiento libertario en el Japón. Los anarquistas fueron acusados de haber complotado para asesinar al Emperador Meiji (cuyo nombre real era Mutsuhito). Este emperador había presidido la notable modernización autoritaria del país, que en algunas décadas, se convirtió en una potencia industrial y un país capitalista de avanzada, a la vez que se mantenían formas arcaicas de Estado, un imperio donde el emperador era a la vez Dios. Eso convertía a cualquier forma de disidencia en una blasfemia y un acto contra la deidad. El precio de esta modernización autoritaria, se pagó en sangre por parte del campesinado y los obreros japoneses.

Dentro de esa transición y acentuación de la explotación de las masas populares, es que surgió el movimiento socialista y el anarquismo en el Japón. Este documento, retrata la lucha titánica librada por un puñado de mujeres y hombres que en esas condiciones totalmente adversas, libraron una batalla frontal en contra del Dios-Emperador y la opresión inimaginable sufrida por las clases populares. Tras su ejecución, el mensaje de estos revolucionarios, se convirtió en un movimiento que enfrentó heroicamente la arremetida reaccionaria que, eventualmente, llevó al Japón a convertirse en un país fascista y de un imperialismo extraordinariamente agresivo. Este artículo, se suma a uno anterior sobre este mismo caso de “Alta Traición”, escrito por Hippolyte Havel y publicado en la revista anarquista de EEUU Mother Earth (Vol. V, No. 12, Febrero 1911).

Este folleto, hasta ahora solamente disponible en inglés, fue publicado originalmente por la Kate Sharpley Library (K.S.L.) en Londres en 1994 (re-impreso en 2002), y nuevamente republicado por Black Powder Press en el 2009. Ahora lo compartimos por primera vez en castellano.

Traducción e introducción:
José Antonio Gutiérrez D.
Enero 2016

Imágenes de los anarquistas ejecutados
Imágenes de los anarquistas ejecutados


En contra del Dios-Emperador

Stefan Anarkowic



Taigyaku Jiken: “El caso de Alta Traición”

El 18 de Enero de 1911 se escuchó en una corte japonesa el grito de “Museifu Shugi Banzai” (¡Viva la Anarquía!). Quien gritaba era Kanno Suga, una de los 26 acusados, de los cuales 24 serían condenados a la horca, mientras los otros dos recibían condenas de 8 y 11 años respectivamente. Respondía así a la pena capital que sobre ella caía. Los acusados fueron condenados por conspirar para asesinar al emperador japonés, caso que fue conocido como el “Caso de Alta Traición” (Taigyaku Jiken).

Una serie de audiencias preliminares al juicio comenzaron el 10 de Diciembre: los acusados fueron permitidos una oportunidad para entregar su visión, y todos los testigos de la defensa fueron rechazados por el juez. Cuando el juicio comenzó fue de carácter secreto, lo cual impidió a los acusados utilizarar el banquillo de los acusados como plataforma desde la cual predicar sus ideas, y así prevenir que se convirtieran en mártires o figuras públicas; además, desde la perspectiva de Yamagata Arimoto, el arquitecto de la teoría conspirativa del Estado, la sola idea de un juicio público representaba un insulto hacia el trono. El fiscal, Hiranuma Kiichiro (del cual veremos muchas cosas más adelante, junto con Yamagata) revisó foja tras foja de evidencia, y dictó la pena capital el 25 de Diciembre de 1910. Los abogados defensores tuvieron tan sólo tres días para presentar el caso de todos los acusados, entre el 27 y el 29 de Diciembre. La decisión de los jueces fue unánime.

La protesta y las manifestaciones internacionales que se sucedieron en Europa y Norteamérica[1] fueron tales que el 19 de Enero doce de los condenados vieron sus penas conmutadas por cárcel de por vida, según un decreto imperial. Sin embargo, a las 8 am el 24 de Enero de 1911, once de los condenados fueron ahorcados; Kanno Suga fue ahorcada al día siguiente, mientras gritó desde el cadalso “¡Banzai!”. Aquellos que recibieron cadena perpetua sufrieron una disciplina brutal: Takagi Kennei murió en la prisión de Chiba en 1914 y Okabayashi Toramatsu enloqueció en la prisión de Nagasaki; otros intentaron suicidarse.

Los nombres de aquellos asesinados por la ley, son: Kotoku Shusui; Kanno Suga; Morichika Umpei, antiguo editor del Osaka Heimin Shimbun; Niimura Tadoa, campesino y periodista autodidacta; Myashita Takichi, obrero fabril; Furakawa Rikisaku, jardinero; Okumiya Tateyuki, activista veterano del movimiento por los derechos populares; Oishi Seinosuku, doctor de Kotoku; Naruishi Heishiro, tendero; Matsuo Uita, periodista; Niimi Uichiro, periodista; y Uchiyama Gudo, sacerdote Zen. Sus edades fluctuaban entre los 55 años de Okumiya, Oishi que tenía 45, Kotoku que tenía 41, y Niimura y Furukawa, que tenían 25 y 28 años respectivamente[2].

Se ha argumentado que lo que el gobierno “ha hecho para manufacturar esta conspiración fue mezclar tres casos, completamente diferentes, esperando de esta manera dar un golpe al movimiento que éste no olvidaría. Estos tres casos eran, uno, el verdadero ‘grupo de asesinato’, el cual involucraba a cuatro personas; por otra parte, estaban las acciones editoriales clandestinas de Uchiyama Gudo; y por otra, estaba la relación médica y personal entre Kotoku y el doctor Oishi Seinosuku, quien una vez se juntó con Morichika Umpei a discutir la ‘naturaleza de la revolución japonesa’. Ninguno de los protagonistas de estos tres casos sabía lo que hacían los otros, y no hubo ninguna conspiración excepto en la mente de ciertos políticos reaccionarios”[3]. ¿Cuáles fueron, entonces, los eventos de esa época?

El 25 de Mayo de 1910, Miyashita Takichi, Niimura Tadao, Nitta Toru y Furukawa Rikisaka, fueron arrestados luego que la policía encontrara un depósito con materiales para elaborar explosivos, los cuales habían sido obtenidos por Miyashita. Kanno Suga ya estab en prisión desde el 18 de Mayo, al no pagar una onerosa multa por violar la ley de censura, por lo cual no había necesidad de arrestarla. Kotoku fue arrestado el 1º de Junio y enviado a la prisión de Ichigaya en Tokio. Esto conllevó a más arrestos, interrogatorios y torturas, literalmente, para cientos de anarquistas y socialistas. De los interrogatorios previos al juicio y de los testimonios del juicio, resulta evidente que el gobierno podría haber realizado los arrestos mucho antes, pero que los retrasaron a fin de “incriminar” a la mayor cantidad posible de personas[4].

Existe consenso en que Kanno, Miyashita, Niimura, y probablemente otros dos o tres acusados, estuvieron de hecho involucrados en un complot. De hecho, los tres habían sorteado el 17 de Mayo quien arrojaría la primera bomba; Kanno había ganado el sorteo y sería quien atentaría en Agosto, después de salir de la prisión. Kotoku se convirtió en el “punto de conexión” entre todos los acusados. La parte acusadora alegó que Kotoku había enseñado a Miyashita a fabricar bombas, información que él mismo habría recibido de Okumiya Kenshi y sus amigos, todos quienes habían tomado parte activa en el “Movimiento por los Derechos Populares” en el 1880[5]. Kotoku había comentado un artículo de Oishi en el Shakai Shimbun (Noticias Sociales) en Julio de 1907, y luego de eso se habían hecho amigos. Durante un viaje de Nakamura a Tokio, en Julio de 1908, tras terminar su traducción de “La Conquista del Pan” de Kropotkin (la cual fue publicada de manera clandestina en Enero de 1909), pasó a ver a Oishi. Oishi se alarmó tanto por el estado físico de Kotoku, que que le recomendó, en su condición de doctor, un mes de reposo absoluto. Kotoku se negó y prosiguió, yendo a visitar a Uchiyama en Hakone. Éste tenía una de las varias imprentas clandestinas y había publicado, clandestinamente, entre otras cosas, el folleto del anarquista alemán Arnold Roller “La Huelga General Social” en 1907. Este folleto[6] había sido obtenido por Kotoku cuando estuvo en San Francisco en 1906, donde terminó por convertirse al anarquismo por la influencia personal de Albert Johnson, y por los escritos de Kropotkin. Este folleto, junto con la noción de acción directa de Kotoku que emanaba de su anarquismo, pavimentó el camino al anarcosindicalismo en el Japón. Fue publicado en el Shorai no Keizan Shoshiki (El Sistema Económico del Futuro)[7].

La policía misma estaba en conocimiento de que no eran más de cinco individuos los que estaban involucrados en el complot: Kanno, Kotoku, Miyashita, Niimura y Furakawa[8]. Furakawa se había salido algunos meses antes de Mayo de él, y según el testimonio de Kanno durante el juicio, Kotoku no solamente había rechazado el complot el Enero previo (1910), sino que esa primavera, ni siquiera se atrevieron a mencionarlo frente a él, para que no les diera un “sermón en reproche”[9]. Sin embargo, la pena capital era obligatoria aún para quienes desearan el daño al emperador japonés. En un sentido técnico, por tanto, los cinco podían ser considerados culpables; pero esto no era el caso de los otros 21 acusados, y claramente eximía de responsabilidad a los otros cientos de arrestados, encarcelados y torturados. Parte del diario de la prisión de Kanno, que fue descubierto en la década del 1950, escrito entre el juicio y su asesinato, absuelve a todos los otros inculpados: “¡Oh, mis pobres camaradas y amigos! La mayoría de ellos han sido inculpados de manera infeliz por un plan ideado por 5 ó 6 personas. Dado al hecho de que nos conocían, se han visto forzados al martirologio”[10].

Las actas del juicio no fueron hechas públicas sino hasta medio siglo después, en 1963, y aún entonces, sólo de manera parcial. Con ellas, se pudo comporbar de manera fehaciente que este caso fue una conspiración del Estado. Se desprende de ellas que “las implicaciones tras el juicio, fueron dirigidas al corazón de todos los que entretenían simpatías con las ideas radicales. Kotoku y los otros acusados, habían sido ahorcados por el ‘intento’ de hacer daño al emperador. En otras palabras, fue por sus ideas que habían sido enjuiciados, y los intelectuales radicales fueron al mismo tiempo desconcertados y escarmentados. Solamente un lustro más tarde el movimiento anarquista y los movimientos socialistas en el Japón se habrían repuesto de este amargo golpe. Mientras, en el período conocido como el ‘invierno del socialismo’, el movimiento socialista desapareció por completo”[11].

El Mito del Emperador

Para entender por qué este puñado de personas adoptó este curso para desarrollar la acción, debemos comprender las condiciones sociales y políticas de ese entonces, y de esta manera, debemos conocer los métodos cobardes y bárbaros que la clase dominante japonesa utilizó para suprimir el descontento. Hasta ahora, hemos mostrado cómo el Estado japonés utilizó de manera deliberada el incidente conocido como Taigyaku Jiken para ciertos propósitos –arresto, tortura, asesinato e intimidación- y para esto nos basamos en documentos entregados por el mismo Estado japonés: las actas del juicio. Sin embargo, esto no es suficiente para entender por qué unos pocos individuos buscaron asesinar a una persona (a un emperador); ni por qué tal política fue considerada necesaria; ni tampoco, si había otras vías de acción disponibles.

Miyashita Takichi era un operario en una industria textil en Akeshina, en la prefectura de Nagano, a tres horas en tren de Tokio. Tras haber concluido su educación primaria, aprendió el manejo de las máquinas mientras trabajaba en varias fábricas. En Enero de 1907 conoció al Heimin Shimbun(El Periódico de las Masas) y visitó a Kotoku, quien era su director. En 1908, Uchiyama Gudo publicó un artículo titulado “Nyugoku Kinen, Museifu Kyosan” (En conmemoración de los presos del comunismo anárquico), con motivo de la sentencia en contra de los acusados por el Akahata Jiken (El incidente de la bandera roja) –el cual será discutido más adelante. En este artículo, Uchiyama expresa su desprecio por el emperador, entre otras personas: “son unas garrapatas chupasangres –el emperador, los ricos, los terratenientes”. Myashita se había convertido al anarquismo después de haber leído las publicaciones clandestinas de Uchiyama, el Heimin Shimbun, el Kinsei Museifushugi (El anarquismo moderno) de Kemuriyama Sentaro, publicado en 1902, y después de oír a Morichika Umpei hablar de los orígenes sanguinarios de la familia imperial.

Miyashita había hecho no pocos intentos de organizar a sus compañeros de trabajo, pero se desilusionó cuando cada huelga que organizaba era suprimida de la manera más violenta por la policía. Además, mientras sus compañeros de trabajo estaban de acuerdo con él en cuanto a las injusticias del gobierno, sentía que había un muro impenetrable de superstición en torno a la figura del emperador. Esto resultó evidente el 10 de Noviembre de 1908, cuando el emperador iba a pasar en tren por la estación de Obu. Él se puso a distribuir el folleto de Uchiyama y a discutirlo, para darse cuenta que no sólo cualquier crítica al emperador era rechazada de antemano, sino que cuando la policía dio la orden que nadie trabajara en los campos adyacentes, los campesinos y los obreros acataron gustosamente la orden. Desde este momento, él se resolvió a asesinar al emperador, para acabar con el mito de la divinidad imperial.

El 13 de Noviembre de 1908, Miyashita escribió a Morichika expresando sus convicciones de que el emperador debía ser asesinado para que el socialismo pudiera progresar en el Japón. Morichika mostró esta carta a Kotoku. El 13 de Febrero de 1909 Miyashita visitó a Kotoku, alojándose en las oficinas del Heiminsha, donde expresó una vez más su convicción de que el emperador debía ser eliminado, siendo la mejor manera para conseguirlo “la elaboración de bombas… para ser arrojadas al carro imperial”[12]. Kotoku estuvo de acuerdo con el razonamiento de Miyashita en lo relativo al emperador, y añadió que: “tales medidas serán, sin lugar a dudas, necesarias; desde ahora surgirán individuos que se asegurarán que tales medidas sean llevadas a efecto”[13]. Miyashita escribió a Kotoku el 25 de Mayo de 1909, detallando lo avanzado de sus actividades para la elaboración de bombas, a la vez que confirmaba su disposición a “morir por la causa”. A comienzos de Junio, visitó las oficinas del Heiminsha nuevamente y discutió sus ideas sobre cómo llevar a efecto el asesinato con Kotoku y con Kanno Suga. Kotoku recomendó a Niimura y a Furakawa como dos personas de la más plena confianza y de “ideas firmes”. El último de ellos, había conocido a Niimura el Febrero pasado, durante una visita al Heiminsha, y Miyashita dio a conocer sus ideas sobre el asesinato a Niimura, quien estuvo inmediatamente de acuerdo.

Niimura se decidió a visitar a Kotoku en Febrero, después de que Kotoku saliera de la prisión de Maebashi por violar las leyes de prensa con su periódico socialista Tohoku Hyoron. Sin trabajo, se alojó en las oficinas del Heiminsha, hasta que Kotoku le consiguió un trabajo en la farmacia de Oishi, en Shingu. Miyashita le escribió en Junio de 1909, diciendo que había comenzado a experimentar en la elaboración de explosivos. Había obtenido dos libras de sandáraca de un amigo, con el pretexto de refinar acero a partir del hierro. Tras consultar una enciclopedia y de conversar con un amigo que trabajaba en una fábrica de explosivos, se dio cuenta que diez partes de clorato de potasio y cinco partes de monosulfuro de arsénico, podían provocar una explosión poderosa. Sin embargo, estos químicos eran difíciles de obtener, y conciente de que había agotado el límite de aprovisionamiento seguro, escribió a Niimura que le consiguiera más materiales.

En Julio o Agosto, consiguió 1 libra de clorato de potasio a través de una farmacia, y en Septiembre, se consiguió un molino para moler la sandáraca a través de un amigo de Niimura (el hermano mayor de Niimura, quien no estaba al tanto de nada de esto, pero que había echado el ojo a Miyashita durante una de estas actividades, recibió ocho años de cárcel). Un compañero de la fábrica de Miyashita, Milita Yasura, ayudó a elaborar unas cinco latas de zinc de aproximadamente 2,38 por 1,19 de diámetro, por lo cual Milita recibió diez años de prisión.

Durante las primeras semanas de Septiembre de 1909, Kanno, Kotoku y Niimura discutieron la mejor manera de asesinar al emperador. Niimura, entusiasmado, visitó inmediatamente a Miyashita para contarle de esto, solamente para darse cuenta que los experimentos de éste habían sido infructuosos. Se necesitaban de más químicos y en lo posible, hablar con alguien que haya hecho una bomba exitosa. Niimura comentó esto a Kotoku; pero no fue sino hasta que Okumiya Tateyuki, de casualidad, visitó a Kanno en la oficina del Heiminsha, a mediados de Octubre, que Kotoku pensó seriamente sobre los pedidos de Miyashita.

Okumiya había estado involucrado en el “Movimiento por los Derechos Populares” cuando joven, donde se utilizaron explosivos en varias ocasiones, con lo cual Kotoku intuyó que algo debía saber sobre ellos. Él dijo no saber nada, pero conocía una persona que había fabricado las bombas utilizadas en el Incidente de Osaka y se comprometió a preguntarle. Okumiya facilitó entonces una nueva fórmula química con detalles sobre su uso, los cuales fueron entregados con celeridad de Kotoku a Miyashita a través de Niimura. Con esa nueva fórmula, una explosión exitosa tuvo lugar en las montañas cerca de Matsumoto, el 3 de Noviembre de 1909. Irónicamente, el ruido de la explosión de Miyashita fue ahogado por el ruido de los fuegos artificiales que conmemoraban ese día el natalicio del emperador[14].

Era, entonces, evidente que el sistema del emperador-dios era universalmente aceptado en el Japón. Las penurias de los campesinos y obreros eran vistas como necesarias para la mayor gloria del dios en el palacio imperial. La analogía con el cristianismo, donde el sufrimiento en esta vida será recompensado en la otra vida, no puede pasar desapercibida. Más adelante volveremos a esta cuestión, pero Miyashita, quien había sido influido por los populistas rusos y su compromiso con el regicidio, claramente no creía en nada de esto. Había leído sobre los populistas en el libro de Sentaro, y las similitudes entre la autocracia feudal de ambos países se le hacía bastante clara.

Más aún, parecía existir una aceptación generalizada que el anarquismo (y el socialismo) japonés pasaría por una fase de “terrorismo” (de actos individuales), principalmente debido a la severidad de la represión (terrorista) del Estado. Arahata Kanson, en Yanaka Mura Metsubo Shi (Historia de la destrucción del poblado de Yanaka) publicado en Agosto de 1907, el cual trata de la contaminación del poblado de Yanaka por los desperdicios de la mina de cobre de Ashio, y de la lucha de los pobladores por ser compensados, la cual fue enfrentada con engaños y represión por parte del Estado, dice que: “Miremos hacia el día que, con certeza ha de venir, en el cual cobremos nuestra venganza, usando exactamente los mismos métodos que ellos han usado en contra del poblado de Yanaka”[15].

Kotoku, en una carta a Albert Johnson, también creía que una fase “terrorista” sucedería: “Japón ya ha producido socialdemócratas y anarco-comunistas, ahora producirá muchos partidarios de la acción directa, anti-militaristas, partidarios de la huelga general e incluso, terroristas”[16]. Sin embargo, esta creencia, o predicción, no prueba su culpabilidad; ni tampoco es prueba de su complicidad en un complot para asesinar a nadie. El caso de la parte acusadora, convirtió a Kotoku en el centro de las actividades, el “punto de enlace”, lo que en realidad se traduce como culpabilidad por asociación. Es cierto que Kotoku conocía personalmente a Miyashita desde Febrero de 1908; a Oishi desde Julio de 1907, quien era su médico de cabecera; a Uchiyama Gudo, quien no sólo era su amigo sino la persona que imprimía clandestinamente muchas de sus obras; a Niimura Tadao y a Furakawa Rikisaku, ambos miembros del Heiminsha; y también conocía a Kanno Suga, quien había trabajado con Kotoku en labores editoriales, a la vez que vivía con él, siendo su amante. Con certeza que el complot fue discutido en las oficinas del Heiminsha en el distrito de Sendagaya en Tokio, y Kotoku, quien volvió a abrir el antiguo Heiminsha, se había convertido en un polo de atracción al ser uno de los pocos militantes radicales que no estaban en prisión y que aún estaba dispuesto a defender públicamente sus ideas. En ese sentido, Kotoku era visto, frecuentemente como un mentor por los anarquistas y los socialistas; pero era visto, también, como un cabecilla por parte del Estado. Es esta diferencia de percepciones la que costaría a Kotoku, y a varios más, su vida; además, las políticas represivas del Estado japonés, que imponía onerosas multas y términos en cárcel a cualquiera que hablara demasiado, hicieron que Kotoku y los otros fueran de los “pocos que quedaban fuera”. También le costó la vida la reacción de algunos anarquistas a la represión y al sistema imperial.

¿Por qué Kotoku?

Los gobernantes del Japón tenían también razones personales para ensañarse con Kotoku, una especie de vendetta con la cual silenciarlo. Seis años antes de asesinarlo, el Heimin Shimbun había sido finalmente suprimido por “ofensas a la moral pública”, al haber publicado una traducción al japonés del “Manifiesto del Partido Comunista” de Marx y Engels. El periódico hacía parte del movimiento contra la guerra, en momentos en que la guerra ruso-japonesa destruía innecesariamente miles de vidas. Kotoku y Nishikawa Kojiro, los editores del periódico, recibieron sentencias de cinco años y siete meses de cárcel respectivamente, y sus imprentas fueron confiscadas. Kotoku pasó de Febrero a Julio de 1905 en la prisión de Sugamo, donde leyó el libro de Kropotkin “Campos, Fábricas y Talleres”, junto a otra literatura anarquista y anti religiosa. El 10 de Agosto de 1905, en una carta a Albert Johnson, dice que: “De hecho, yo fui (a la prisión de Sugamo) siendo un socialista marxista, y salí convertido en un anarquista radical”[17]. Aún cuando la inmediatez de esta afirmación pueda ser puesta en duda[18], es cierto que sus ideas estaban en un estado fluído y que muy pronto su conversión tuvo lugar.

Fue mientras estaba en prisión que se comenzaron a manifestar los comienzos de una tuberculosis intestinal, y debido a que el Heiminsha estaba atravesando dificultades económicas bastante graves, y debido a que su otra publicación reciente, Chokugen (“Diálogo Directo”), había sido prohibida, es que manifestó su intención de salir del país. El 14 de Noviembre de 1905 se embarcó con destino a Seattle en los Estados Unidos, donde se encontró con Iwasa Sakutaro –quien más tarde sería otro anarquista influyente- quien lo llevó a San Francisco. Ahí conoció en persona a Albert Johnson, a miembros de la IWW, y al equipo de “Mother Earth” (Madre Tierra), así como a miembros de una rama local del Heiminsha. Entre los radicales de Oakland, donde se hizo muy conocido, se reunía con socialistas de todos los pelajes y ayudó a organizar a los estudiantes e inmigrantes en un Shakai Kakumeito (Partido Social Revolucionario). Al poco tiempo, aparecía una revista bilingüe llamada Kakumei (Revolución).

Su familiarización con la acción directa como guía hacia la Huelga General, la brutalidad policial y su desencanto con la “democracia” paralamentaria norteamericana, así como su experiencia del apoyo mutuo y de una economía desmonetarizada durante el terremoto de San Francisco de 1906, fueron todos factores que lo convencieron de la viabilidad del Comunismo Anárquico. El 5 de Junio de aquel año, se embarcó de regreso al Japón para ayudar con las labores del periódico del recientemente formado Nihon Shakaito (Partido Socialista Japonés).

Ese partido obtuvo su reconocimiento legal en Febrero de 1906 y las explosiones de descontento social posteriores a la guerra fueron otro acicate que estimuló su regreso. El programa de este partido, sin embargo, era eminentemente parlamentarista: “Socialismo en los márgenes permitidos por la ley”. Cuando se le invitó a hablar a una conferencia el 28 de Junio, su charla versó sobre “La Marea Mundial del Movimiento Revolucionario”, en la cual denunció al electoralismo, a los “tibios reformistas” y propugnó por la acción directa con miras a la Huelga General y la Revolución Social. Esto llevó a la escisión, pero el precario estado de salud de Kotoku lo forzó a retirarse a reposar a Nakamure. Exactamente lo que los amos del Japón temían que ocurriera, fue lo que ocurrió por fin: las ideas “peligrosas” de Occidente, llegaron a las costas japonesas,

Durante su ausencia, los parlamentaristas trataron de ganar terreno, pero un plan para aumentar las tarifas del tranvía de Tokio en Abril, en época de recesión, llevó a que miles de personas, espontáneamente, marchasen hacia los edificios de la compañía y atacaran oficinas del gobierno, rompiendo los ventanales de los automóviles que encontraban a su paso. En Septiembre, el aumento se introdujo de manera silenciosa y se organizó un boicot contra éste. A Kotoku se le pidió que volviera a Tokio para referirse a esta ola de descontento en el periódico. El 5 de Enero de 1907 apareció el Heimin Shimbun, que vendió 30.000 copias en su primera edición. La policía, alarmada, llamó a una reunión de jefes de policía locales, a quienes también les escandalizaba la publicación de Kakumei en Oakland, que en su edición de Diciembre de 1906 prometía derrocar a los “Mikados, reyes y presidentes”. Esto había provocado un escándalo en California y consternación en el Japón. El vínculo entre ambas iniciativas era Kotoku.

El 4 de Febrero, 3.600 campesinos atacaron la minera de cobre Ashio por la contaminación de su región; casi destruyeron la mina y todos sus equipos. Solamente se logró aplastar la rebelión con el apoyo de 6.000 tropas de fusileros y sables. Al día siguiente, Kotoku publicaba en el Heimin Shimbun, en portada, un artículo titulado Yoga Shiso no Henka (“Mi cambio de parecer –sobre el sufragio universal”). Este era un claro manifiesto por la acción directa, por el comunismo anárquico y por la Revolución Social, basado en las ideas de “La Conquista del Pan” de Kropotkin[19]. La conferencia del partido del 17 de Febrero de 1907, presenció los furiosos ataques de Kotoku contra el parlamentarismo, cuyas posiciones ganaron 22 votos, con 2 votos en contra. Entonces, se aprobó una moción “legalista” con una mayoría de 6 votos, pero ya que proponía “elevar la conciencia de clase de los obreros y ayudarles a forjar lazos solidarios”, mantenía un énfasis militante. Más de la tercera parte de los delegados aceptaban el anarcosindicalismo, y Kotoku consiguió derogar la cláusula del partido del programa que versaba sobre “los márgenes permitidos por la ley”. Este repudio a la legalidad, en momentos de agitación obrera, llevó a que Yamagata Aritomo declarase ilegal al Nihon Shakaito el 22 de Febrero, y que se condujeran acciones legales en contra del órgano del partido por reproducir el artículo de Kotoku, así como el informe de la conferencia. El periódico finalmente cesó de publicarse el día 14 de Abril, tras 75 ediciones, ya que varios de sus editores estaban en prisión y el resto estaban divididos. En cosa de dos meses, el Osaka (más tarde Nihon) Heimin Shimbun se convirtió en el vocero de los partidarios de la acción directa, bajo la dirección de Morichika Umpei, hasta su clausura en Mayo de 1908.

El faccionalismo pronto degeneró en calumnias mutuas y en asociaciones rivales: los partidarios de la acción directa se reunían en la Kinyo Kai (Sociedad del Viernes) y los reformistas en la Doshi Kai (Sociedad de Camaradas). Kotoku volvió a Tokio desde las termas de Yugawara en otoño y ayudó a a la formación de la Kinyo Kai. En Septiembre, se mudó a Tosa para terminar traducciones de Roller y Kropotkin que había comenzado en Yugawara, pero principalmente para hacer una gira en las poblaciones locales para resucitar el espíritu de rebelión de hacía cuarenta años, cuando se produjeron cambios revolucionarios: el cambio de emperador y de era, de Tokugawa a Meiji, cambio que abrió a Japón a las influencias occidentales.

Una Carta Abierta

El 3 de Noviembre de 1907, en California, en el día del natalicio del emperador, una “Carta Abierta a Mutsuhito, Emperador del Japón, de Parte de los Anarquistas Terroristas”, escrita en japonés, fue clavada en la puerta del consulado japonés en San Francisco. Este folleto, Ansatshugi (Terrorismo), fue traducido al inglés, francés y alemán y ampliamente difundido.

Era un ataque abierto al emperador en todos los sentidos. Al emperador se le llamaba en el documento sokka, una forma neutral y, por lo mismo, altamente irrespetuosa de decir “”, así como también se le llamaba por su nombre, lo cual, por convención, jamás debía ser el caso. Rechazaba el dogma oficial de que era descendiente de los dioses, y decía que, al igual que el resto de las personas, era descendiente de los primates. Al igual que sus ancestros, había llegado al poder por medios “perversos”, era un “asesino premeditado” y un “carnicero” que había esclavizado al pueblo japonés. Reclamaba la necesidad del paso de la propaganda al asesinato, tal cual había ocurrido en Francia y en Rusia (en esa época) y que esta no era una amenaza sin bases.

¡Mutsuhito, pobre Mutsuhito! Tu vida casi se acaba. Las bombas te rodean y están a punto de explotar. Este es tu adiós.

3 de Noviembre, 1907.
Tu cumpleaños
”[20]

Los orígenes de la carta fueron trazados hasta el Partido Social Revolucionario que Kotoku había ayudado a formar un año antes. Pese a que él negó cualquier vínculo con esta carta, y no existe evidencia que así lo demuestre, las palabras usadas y el sentimiento en ella, son sin lugar a dudas, suyos. Kotoku no podía ser responsabilizado de manera directa por ella; y los autores de la carta, Iwasa Sakutaro y Takemouchi Tetsugoro, tampoco podían ser deportados, pues ellos declararon haberse radicalizado en los EEUU, bajo la influencia del escritor Jack London, y por lo mismo, no eran “indeseables” al momento de ingresar al país. Por mucho que fuera el desagrado de las autoridades japonesas hacia Kotoku, desde este momento, se convirtió en odio abierto. Yamagata Aritomo llevó personalmente la carta al emperador, y es necesario mencionar que no fueron pocas las personas que renunciaron o se suicidaron por “fallar en su deber” al emperador. Por este ataque personal, alguien debía ser responsabilizado. Esa persona sería Kotoku.

Este caso cambió la actitud del gabinete de Saionji tanto hacia los anarquistas como hacia los socialistas, lo cual se tradujo en penas más severas y un creciente acoso policial. Durante una reunión de la Kinyo Kai (Sociedad del Viernes), el día 17 de Enero de 1908, observadores de la policía ordenaron que la reunión se suspendiera debido al tópico que se debatiría, la “Utopía” de Tomás Moro. Osugi Sakae, Sakai Toshihiko y Yamakawa Hitoshi ignoraron la orden y procedieron con la reunión. La policía la suspendió por la fuerza. Aquellos que se quedaron, reclamaron a la policía, luego se apagaron la luz y comenzó la pelea. Osugi se subió al techo y comenzó a protestar dirigiéndose a los transeúntes, hasta que fue controlado por la policía. Entonces, otros tomaron su lugar, siendo la respuesta policial idéntica: más brutalidad. Seis de ellos fueron detenidos en la comisaría local por unos 30 policías, pero, de manera inesperada, la muchedumbre del barrio intentó liberarlos mientras objetaban al comportamiento injustificado de la policía. Osugi recibió 45 días de prisión, y los demás entre 30 y 60 días. Este evento es conocido como el Okuju Enzetsu Jiken (“Incidente de los discursos del techo”).

Para Yamagata y su pandilla militar, estas penas eran demasiado benevolentes y prepararon la caída de Saionji. Esa oportunidad llegó cuando la policía produjo el Akahata Jiken (“Incidente de la Bandera Roja”) del 22 de Junio de 1908. Ese día, hubo un acto de recibimiento de Yamaguchi Gizo (o Koken), quien salía de prisión, en el distrito Kanda, en Tokio. Ishikawa Sanshiro convocó a esta recepción con la esperanza de reconciliar las divisiones en el movimiento socialista. El 19 de Junio, sin embargo, cuando llegó Yamaguchi a Tokio, la facción de la Doshi Kai salió a su encuentro con banderas que decían “socialismo” y “revolución”, Al término de la reunión del 22 de Junio, Osugi, Arahata Kanson y otros, hicieron flamear banderas que decían “anarquismo”, “anarco-comunismo” y “revolución”. Comenzaron entonces a entonar canciones revolucionarias, y cuando los moderados se negaron a unírseles, tal como lo habían anticipado, salieron del salón hacia la calle, donde la policía, que les estaba esperando, les cayó encima. Durante una hora reinó la confusión y se libró una verdadera batalla; Sakai Toshihiko junto con Yamakowa Hitoshi, quienes originalmente no estaban involucrados en el incidente, terminaron por ser arrestados por querer mediar, junto a Osugi, Arahata y otros. Kanno Suga y Kamikawa Matsuko cruzaron la calle con dirección a la comisaría para ver qué había pasado a Osugi y Arahata, mientras eran detenidos. Cuando Kamikawa protestó, fueron amenazadas y empujadas por la policía. Kanno fue arrojada al suelo y la policía le impidió levantarse, mientras le torcían el brazo para mantenerla en el suelo. Luego fueron acarreadas a la comisaría donde se les reunió con Osuga Satoka, Kokurai Rei y los otros detenidos. Fueron luego subidos todos a carros policiales y llevados a la estación central de la policía; durante el trayecto, gritaban “¡Viva la anarquía!” y cantaban canciones revolucionarias.

Al llegar, mientras observaba los altos muros del edificio, Kanno dijo: “Entonces es aquí donde se encadena la libertad de de aquellos que como nosotros no han cometido crímen alguno”[21]. Los hombres fueron separados de las mujeres, pero no sin antes producirse un emotivo adiós, mientras los veteranos que ya habían estado e la cárcel aconsejaban a gritos a los otros cómo sobrevivir en la prisión. Todos fueron encarcelados durante dos meses a la espera del juicio, y la Kumamoto Hyoron (“La Revista de Kumamoto”), que visitó a las mujeres, reclamó que ellas estaban: “‘Enojadas con cosas que se les había hecho en prisión’ y deseosas de devolver la mano a los responsables después de ser liberadas”[22]. En la cárcel de los hombres, en tanto, inmediatamente reclamaron todos ser liberados, y a abuchear a la policía. Cuando la policía intentó hacerlos callar, estos fueron recibidos con copiosos escupitajos. Osugi y Arahata fueron sacados de su celda, desnudados, arrastrados desde los pies en el suelo de piedras, para luego ser golpeados y pateados. La policía se tranquilizó solamente después que Arahata quedó inconciente y cuando el ruido de las protestas en las celdas era insoportable. Se les devolvió entonces a su celda vestidos. Después, todos los presos reclamaron querer ir al baño. Cuando el permiso les fue negado, se pusieron a orinar a través de las barras, hasta que pronto el corredor parecía más bien una alcantarilla.

Sentencias contra el socialismo

Yamagata, a través del emperador, presionó a Saionji para que renunciara, lo cual se vio forzado a hacer el 4 de Julio de 1908. El General Katsura Taro, un protegido de Yamagata, encabezó el gabinete y anunció más prohibiciones. Los grupos socialistas que sobrevivían fueron suprimidos, la policía acosó las reuniones, todos los derechos de reunión y de libre expresión fueron restringidos. Katsura ordenó también que las cortes pasaran sentencias onerosas por el Akahata Jiken (“Incidente de la Bandera Roja”). El 29 de Agosto de 1908, en la corte, las declaraciones de los testigos de la parte acusadora fueron seriamente rebatidas por la defensa; y aquellos acusados que reclamaban, como Sakai, que solamente habían querido mediar, fueron ignorados. Osugi recibió 2 años y medio, más una multa de 25 yen; Sakai, Arahata, Yamakawa Hitoshi y otros, recibieron 2 años y casi todo el resto, un año. Kanno y Kamikawa, pese a haber admitido su simpatía por el anarquismo, fueron puestas en libertad sin multas ni más reclusión. Encima, la autoridad estaba indignada con un poema escrito en una pared de una de las celdas en chino. El poema exaltaba la ejecución del Rey durante la Revolución Francesa, lo cual fue considerado de “lesa majestad”. Se culpó de este poema a Sato Satura, pese a que él negó haberlo escrito, lo cual fue apoyado por los otros acusados, lo cual le valió 3 años tres cuartos de prisión. La severidad de las penas impactó a los acusados y provocó un rugido entre los asistentes. Cuando al rato se recuperaron de la impresión, se escucharon gritos de “¡Viva la Anarquía!” junto a canciones revolucionarias.

Para Osugi, el único “consuelo” era que su pena de 1 año y medio que se le había dado por otro incidente, el “Incidente del Tranvía”, sería concurrente. Llegó a la prisión de Chiba en Septiembre de 1908, tras haber pasado tres meses detenido, y finalmente fue liberado e Noviembre de 1910. Esto le salvó la vida a Osugi: no pudo ser implicado en el Taigyaku Jiken (“El caso de Alta Traición”). También salvó las vidas de Sakai, Yamakawa y de Arahata, pero Kanno, quien fue liberada, fue posteriormente ahorcada. Todos fueron interrogados sobre el asunto mientras estaban en prisión, la fiscalía insistiendo en que la conspiración había sido planificada con cuatro ó cinco años de antelación, para que de esta manera se les pudiera implicar –esto, sumado al hecho de que algunos de los conspiradores nombraron a Osugi. Éste fue interrogado solamente una vez sobre el asunto, pero los carceleros lo trataron con mucha cautela con posterioridad y le negaron el derecho a dos visitas y cartas al mes, lo cual le preocupó sobremanera. En la cárcel se encontró, de hecho, con los acusados por el Taigyaku Jiken pero solamente se atrevía a hablar mediante susurros con Kotoku, el cual, al estar parcialmente sordo, no le podía escuchar.

Como ya hemos mencionado, Kotoku, después de enterarse del “Incidente de la Bandera Roja”, terminó rápidamente sus traducciones de Kropotkin antes de retornar a Tokio el 21 de Junio de 1908 para reactivar el Heiminsha, pasando a ver a Oishi y a Gudo en su camino. Pese a que no participó de estos eventos, su presencia no pasó desapercibida para las autoridades japonesas. Desde el incidente de la “Carta Abierta” (Noviembre de 1907), su casa en Nakamura estaba bajo cuidadosa vigilancia, de manera tan meticulosa, que el neogicio familiar de sake comenzó a declinar. Tras el “Incidente de la Bandera Roja” y de la inauguración de las nuevas políticas represivas de Katsuar, la vigilancia sobre Kotoku se incrementó: “…su casa era vigilada por cuatro policías, dos delante y dos detrás. Todo aquel que le visitara, debía darles su nombre, y luego éste también era seguido por un detective”.[23]

La policía armó una carpa en un terreno adyacente al Heiminsha e interrogaba a todo aquel que visitara la oficina, y a su vez, también se oles hacía seguimiento posterior. Kotoku escribió “Durante el tiempo que pasé en Tokio, la policía me seguía en todo momento. Todos mis asuntos y movimientos eran interferidos de la manera más ilegal y cobarde por parte de ellos, que se me hizo imposible ganarme la vida”[24]. El propósito de esto “no era meramente vigilar a los socialistas, sino que hacérles la vida imposible… Pocas personas darían trabajo a hombres y mujeres que eran seguidos de manera ostensible por agentes de policía y así redujeron a muchos socialistas a la más miserable pobreza”[25]. Además, “la policía se pavoneaba de que, si se trataba de controlar al movimiento socialista, no se sentían forzados a respetar la Constitución y circulaba ampliamente el rumor de que se había dado una directiva al Ejército en todo el país, a comienzos de 1907, según la cual se les llamaba a prepararse para ‘destruir al movimiento socialista de raíz’”[26].

Pese a que la represión estatal había aumentado con Katsura desde Julio de 1908, el siguiente testimonio, extraido del Shakai Shimbun (“Semanario Socialista”) del 26 de Abril de 1908, titulado “Intimidación, la vía para suprimir al movimiento socialista”, es bastante revelador:

La policía entonces acude a donde los empleadores y les llama a prohibir al Shakai Shimbun. Los empleadores obedecen de buena gana y ordenan a sus obreros no leer ese periódico y les amenazan con despido si desobedecen la orden. Ha habido varios casos de despido de obreros por leer el Shakain Shimbun o por haber recibido una carta de nuestro director. Si nuestros editores visitan la casa de algún obrero, son seguidos por la policía, y el obrero es examinado como si se tratase de un criminal. En las avenidas en donde se vende nuestro periódico o nuestros libros, la policía merodea, tomando nombres de agentes de ventas y su lugar de residencia. De esta manera, la autoridad está tratando de matar al movimiento y, sobre todo, de boicotear al Shakai Shimbun”[27]

Respecto a Kotoku, en esta época, estaba intentando trabajar con el Heiminsha. Ese verano, Kanno era la secretaria del periódico y se desarrolló una relación amorosa entre ambos. Esto tuvo más de una consecuencia. Kanno había declarado en la prisión ser la “esposa legal” de Arahata, lo cual dio la impresión de que tanto Kanno como Kotoku habían traicionado a Arahata, quien estaba cumpliendo una condena de dos años por el “Incidente de la Bandera Roja”. Ambos recibieron bastantes críticas por esto entre el movimiento anarquista y socialista. Kanno insistió en que esto fue una estratagema para obtener el derecho a visitar a los presos y que Arahata estaba plenamente al tanto de todo, y que su relación había terminado antes de que comenzara el juicio. Kanno siempre se mantuvo leal a los compañeros en prisión. De hecho, este compromiso con los presos los puso en el ojo del acoso policial. Kotoku también comenzó a recibir críticas por su falta de liderazgo, particularmente cuando había sido colocado en una especie de pedestal como un mentor: al parecer no estaba satisfaciendo las expectativas de ciertas personas. Esto los aisló a ambos ideológica y socialmente.

La militancia de Kanno, sin lugar a dudas, era una fuente de inspiración para Kotoku, y las ideas de éste sobre la acción directa eran, ciertamente, atractivas para ella también. Esta mezcla de elementos, sumado a la represión brutal del Estado, podían hacer que la idea de asesinar al Emperador-deidad pareciera una buena idea. Hay también otro factor de mucha importancia a considerar: ambos estaban concientes de que estaban muriendo de tuberculosis y que no les quedaba mucho tiempo de vida. Kanno adquirió la terrible enfermedad mientras cuidaba a su hermana Kanno Hide. En Diciembre de 1906, Kanno Suga y Hide se fueron a vivir a Tokio, donde Suga consiguió un trabajo en el Mainichi Denpo (“El Diario Telégrafo”). También escribía para el Sekai Fujin (“Mujer del Mundo”), un periódico feminista, que apareció por primera vez el 1º de Enero de 1907. Además, reuniones para conmemorar el primer número del Heimin Shimbun eran sostenidas en su hogar. En Febrero, sin ebargo, la condición de su hermana había empeorado notablemente; y del 9 al 21 de Febrero ella y Arahata, con quien vivía, observaban con impotencia cómo se le escapaba la vida del cuerpo. Hide murió de 21 años, y fue sepultada en el templo Seishunji a las 6 am “sin sacerdotes budistas ni chintoístas; sin flores ni banderas. [Fue una ceremonia de] sentimiento puro”[28].

Casi al final, Arahata y Kanno buscaron obtener atención para Hide en un hospital, pero con escasos 40 yen, este esfuerzo de último minuto no habría servido para nada. Tras su muerte, Kanno tomó un permiso en su trabajo y fue a las termas medicinales de Ito para descansar y reflexionar. Ella misma ya había sido diagnosticada positiva, y estando completamente exhausta por los cuidados a Hide, su enfermedad empeoró mucho. Cuando volvió a Tokio, a fines del verano de 1907, volvió a trabajar en el Mainichi Denpo, para así obtener un salario. Se resintió mucho con la muerte de su hermana, y se comenzó a distanciar, política y personalmente, de Arahata. Pasaba la mayor parte del tiempo en la comunidad socialista, especialmente con la familia Sakai: Sakai Toshihiko, Nobuaka Tameko (su esposa) y sus hijos.

Tameko, con quien entabló una gran amistad, se había involucrado con el Heimin Shimbun en Mayo de 1905, después de oír a Matsuoka dar una charla sobre a nombre del grupo socialista de mujeres, titulada “La Misión Actual de la Mujer Socialista”. Las oficinas del Heiminsha eran utilizadas los sábados por la tarde para las reuniones de las mujeres, donde se ofrecían charlas, comida y compañía. Aparte de los artículos sobre la cuestión de la mujer que escribían y que se difundían en varias publicaciones socialistas de la época, Tameko y Matsuoka estimulaban a todo el mundo en la oficina del Heiminsha a utilizar una forma neutral de lenguaje que eliminara la distinción verbal de clase y sexo.

En la mira del Estado

Durante este período, desde fines del verano de 1907 hasta su propio arresto en el “Incidente de la Bandera Roja” en Junio de 1908, ella atendió a todos los debates que había en los círculos socialistas sobre la cuestión de la acción directa o el parlamentarismo. Como ella dijo e las cortes, en Agosto de 1908, era simpatizante del anarquismo. Su hermana murió de tuberculosis, hecho que la afectó profundamente, y ella también estaba muriendo de lo mismo. Había mucho malestar social entre las masas, que iba desde huelgas, principalmente en Ashio, así como la rebelión de los Tranvías e Tokio; encima de esto, las políticas represivas del Estado hacia los anarquistas, socialistas y las feministas, a quienes conocía personalmente, azuzaban su sentimiento contrario a la injusticia social. Ella misma había pasado dos meses en prisión sin haber cometido crimen alguno, fue tratada de manera brutal estando detenida, fue finalmente absuelta de culpa pero su enfermedad había empeorado con la prisión, y había perdido su trabajo en el Mainichi Denpo, quienes se negaron a contratar a una persona bajo constante vigilancia policial. Ahora estaba en la mira del Estado y ella sabía que seguiría estándolo debido a sus opiniones y a su lealtad con los compañeros presos.

Pese a las horrendas condiciones bajo las que vivían Kanno y Kotoku, junto a la maliciosa campaña de rumores sobre su relación que permeaba los círculos radicales, la cual terminó por aislarlos, intentaron, una vez más, producir un nuevo periódico. El 25 de Mayo de 1909, publicaron el Jiiyu Shiso (“Pensamiento Libre”), pero fue inmediatamente clausurado. Kanno recibió una multa de 140 yen y Kotoku de 70 yen, el día 10 de Agosto, por un artículo que defendía la destrucción de la familia. El 1º de Septiembre, Kanno fue sorprendida mientras distribuía ilegalmente un segundo número, y fue multada a pagar la astronómica suma de 400 yen. Además, a fines de Mayo de 1909, el Templo Rinsenji en Hakone, fue invadido por la policía. Descubrieron en él, doce cartuchos de dinamita, cuatro paquetes de amongelatina, unas cuantas mechas y bastante literatura anarquista. Uchiyama, con cinco o seis “hombres sin temor a la muerte” esperaban dar muerte al Emperador con estos explosivos. Seis días más tarde, el 29 de Mayo, Uchiyama fue arrestado al regresar a Hakone. Fue imputado por la posesión ilegal de explosivos, así como tambien por violar la Ley de Prensa y Publicaciones. Fue declarado culpable y condenado a doce años de cárcel. Luego fue reprocesado y ahorcado en el Taigyaku Jiken.

Uchiyama era miembro de la secta Soto, a la cual pertenecía el Templo Rinsenji, y estaba muy alarmado por el estado calamitoso de los campesinos pobres en las localidades montañosas donde oficiaba. Su interés en el socialismo comenzó con la lectura del Shin Sekai de Yano Fumio, y en 1905 se encontró con Kotoku en el hospital Kato Tokijiro en Odawara. Es entonces cuando tomó en serio su interés en la actividad revolucionaria. Uchiyama viajó a Tokio en Septiembre de 1908 para consultar con Kotoku sobre las ideas de Kropotkin, a la vez que conseguía material para comenzar una prensa clandestina en Hakone. Kotoku le tradujo oralmente pasajes del texto de Roller “La Huelga General Social”, para así explicar cómo podían concretarse las ideas anarco-comunistas de Kropotkin. Uchiyama, convencido de los principios del Comunismo Anárquico, y de la estrategia del Anarcosindicalismo, así como impresionado por la habilidad de Kotoku para conseguirla el equipo que necesitaba para iniciar sus actividades de prensa, retornó a Hakone. Ahí, rápidamente editó el folleto de Roller, publicado en japonés con el nombre de Shorai no Keizan Shoshiki (“El Sistema Económico del Futuro”). Subsecuentemente, publicó más literatura.

Atentado Explosivo

En Septiembre comenzaron las discusiones en las oficinas del Heiminsha sobre la realización de un atentado. Hacia Octubre, la salud de Kanno estaba muy deteriorada, tosía mucha sangre, y sufrió de una crisis. Noviembre fue el mes en que ocurrió la primera explosión exitosa de Miyashita, y para el Año Nuevo practicaron arrojando latas.

Kanno estaba completamente favor del asesinato del emperador, y Niimura sugirió que ella podía actuar tal cual Sofía Perovskaya, quien había atentado contra el Zar ruso Alejandro II. Kotoku, aunque simpatizaba con este plan, fue alertado por Koizumi Shanshin del peligro inminente en el que se encontraban todos, especialmente tras el arresto de Uchiyama. Kotoku, conciente de la inminencia de su propia muerte por tuberculosis, “se daba cuenta de que tenía apenas unos cuantos años más de vida; y dada esta situación, estaba dispuesto a hacer ‘todo’ por la revolución… ahora estaba ingresando al ‘campo de batalla’, y estaba plenamente dispuesto a morir, ya fuera de ‘enfermedad’ o por la ‘sentencia de muerte’, en los próximos años”[29]. Sin embargo, Niimura, Koizumi y Matsui Hakken lo persuadieron de no involucrarse directamente en el atentado, sino que pusiera al servicio del movimiento su talento literario, el cual era considerable. Koizumi aún llegó a sugerir a Kotoku que se dedicara, por un tiempo, a escribir historia, para que el Estado cesara la persecusión en su contra y en contra de Kanno. Exhausto tras años de luchar contra el Estado japonés, sentía como si estuviera “luchando contra todo el Japón”, y consideró irse junto a Kanno a vivir al campo, quizás a su aldea nativa en Kochi, para morir en paz. Su preocupación por la frágil salud de Kanno, y su anhelo de liberarse del acoso policial y de los rumores maliciosos, así como de los ataques del movimiento socialista y de la prensa capitalista de Tokio, así como sus dudas personales sobre el atentado, todo esto lo tentaba a tomar esa decisión.

Koizumi, en Marzo, se acercó a Hosono Jiro, miembro de la cámara baja del parlamento, quien conocía personalmente a Kotoku y quien gozaba de gran riqueza, para que accediera a financiar a Kotoku por los años venideros. La apuesta era que Kotoku abandonase las actividades radicales y escribiera historia, no política. Hosono y Matsui se reunieron también con Hirata Tosuke, Ministro del Interior del gabinete de Katsura, y le comentaron que Kotoku había cambiado de parecer, que ellos daban fe de esto, y que su talento sería, de ahora en adelante, para beneficio de la nación. También sugirieron a Hirata que el gobierno podría ayudar en este sentido relajando la presión que mantenía sobre Kotoku. Acto seguido, Hosono y Koizumi visitaron varias veces al comisionado de policía, Kamei Eizaburo, quien era un buen amigo de Hosono. Sus visitas estaban destinadas a arreglar la cooperación de la policía en este asunto, relajando las restricciones que pesaban sobre Kotoku. Esto solamente podría ser hecho, empero, si Kotoku “colaboraba”.

A mediados de Marzo, tras promesas de cooperación de la policía y del gobierno, se acordó una reunión en Kojimachi entre Kotoku, Koizumi, Hosono y un representante del Ministerio del Interior. Hosono llamó abiertamente a Kotoku a que se “retractara”; y Koizumi le sugirió que se alejara del movimiento socialista por un par de años, para que pudiera escribir la historia del período Sengoku (y del final del período Ashikaga). Dieron a entender también que, de hacer esto, se le podrían hacer llegar varios miles de yen a través de Hosono y Koizumi. De acceder a esto, sería conveniente además que Kotoku abandonara Tokio por un tiempo, quizás a su lugar de descanso favorito, la Residencial Tennoya, en Yugawara. Kotoku mostró un cierto interés, y Koizumi intentó convencer a Kanno del plan. El 22 de Marzo, cerraron el Heiminsha y ambos se dirigieron a Yugawara. Durante las semanas siguientes, Kotoku trabajó en una historia del período Sengoku y cesó el acoso policial.

Sin embargo, no fue éste un tiempo de felicidad, y las “promesas” de dinero no se materializaron. Además, Kanno no tenía ninguna clase de reservas y quería morir en la lucha. Aceptó responsabilidad por las multas del caso de Jiyu Shiso, pues sabía que la salud de Kotoku no aguantaría otra temporada en prisión. Cuando abandonó Yugawara con destino a la prisión, ambos sabían que su relación había terminado.

En el camino a la prisión, se juntó con los otros compañeros para discutir los planes relativos al atentado, decidiéndose que no se haría ningún atentado hasta que ella fuera liberada de la prisión en un plazo de tres meses y medio. Ella se alarmó por la falta de seguridad, principalmente de parte de Miyashita, pero aún estaba comprometida con el plan. Ella había sido escogida, mediante un concurso entre los partícipes del atentado, para arrojar la bomba apenas saliera de prisión en Agosto de 1910.

Con honestidad, Kotoku cumplió con sus obligaciones. Su talento literario fue utilizado para el servicio del movimiento anarquista. Su última obra, Kirisuto Massatsu Ron (Deshaciéndonos de Cristo) era, en sus propias palabras, “…un libro en el cual intento afirmar que Cristo jamás existió, sino que fue un mito; que el orígen de la cristiandad se encuentra en la mitología pagana, y que la mayor parte de la Biblia es una falsificación”[30].

Esto lo dijo en su última carta a Albert Johnson y era, en efecto, mucho más que un ataque al cristianismo: el extendía la necesidad de deshacerse del cristianismo al sistema del Emperador-deidad también, pero en términos intelectuales. Para comprender todo esto, debemos tener en cuenta que la introducción y la influencia que tuvo el cristianismo en el Japón desde la era Meiji (1868). Obviamente, era una noción occidental, y se enquistó fuertemente en el movimiento socialista de la época (el cual también era una noción occidental) que Kotoku había sido testigo del sutil control que ejercía sobre la gente. Por ejemplo, una vez que él intentó reunir a un núcleo fiable de militantes estando en los EEUU, él se dio cuenta con sorpresa que eran todos cristianos. Esta situación era aún peor en el Japón, donde no solamente había un movimiento cristiano, sino que además un autodenominado movimiento socialista-cristiano[31]. Este ataque en contra del cristianismo estaba en línea con su noción anarquista de “Ni Dios Ni Amo”, y constituía en un ataque en contra de todos los mitos, incluyendo el mito del Emperador-deidad. Gran parte de la investigación para este libro, fue realizada en la biblioteca de San Francisco durante su estadía ahí. También debemos recordar que en prisión (1905), antes de su viaje, estaba leyendo dos tipos de literatura: Anarquista y Anti-Religiosa. Además, había recibido mucha literatura anti-religiosa por parte de su amigo anarquista, Albert Johnson, quien era un ateo militante. Irónicamente, cuando fue arrestado el 1º de Junio de 1910, se encontraba a punto de tomar un tren con destino a Tokio, en busca de algún editor que publicara su libro. Miyashita, Kanno y los otros habían tratado de asesinar al Emperador; Kotoku estaba asesinando la idea misma del Emperador.


[1] La publicación Mother Earth, asociada a Emma Goldman, inmediatamente impulsó una campaña de protesta junto a otras publicaciones socialistas. Aparentemente, “hasta el London Times se tomó la molestia de murmurar con aprehensión ante el veredicto”. “Museifushugi: the Revolutionary Idea in Japan”, V. García & Wat Tyler, p.77
[2] J. Crump, “The Origins of Socialist Thought in Japan”, p.317.
[3] V. García & W. Tyler, op.cit., p.76
[4] Shioida Shobei & Watanabe Junzo, (eds), “Hiroku Taigyaku Jiken”, citado en Sharon Slevers “Flowers in Salt: the Beginnings of Feminist Consciousness in Modern Japan” p.223, n.40.
[5] J. Crump, op.cit., p.315
[6] J. Crump, op.cit., pp.242-250 para ver la importancia del folleto de A. Roller. Ver también el capítulo 8, “Kotoku Shusui and the American connection”.
[7] “Taigyaku Jiken Arubamu, comp. Kotoku Shusui zenshu henshu iinkai” (1972) pp. 130-133. Citado en Slevers, op.cit., p.222.
[8] V. García & W. Tyler, op.cit., p.74
[9] S. Slevers, op.cit., p.157
[10] Kanno Sugano, traducido por Y. Hashimoto y publicado en la revista Libertaire, vol.6, No.11 (Nov. 1975), citado en V.García y W. Tyler, op.cit., p.76.
[11] V. García & W. Tyler, op.cit., p.78
[12] Shioda Shobei & Watanabe Junzo (eds.), Hiroku Taigyaku Jiken, vol.1, p.126, citado en F. Notehelfer, “Kotoku Shusui: Portrait of a Japanese Radical”, p.170.
[13] Ibid, p.127, citado en Notehelfer, ibid., p.170
[14] Ver “Rebellion and Democracy in Meiji Japan: A Study of Commoners in the Popular Rights Movement”, por Roger Bowen.
[15] Arahata Kanson, “Yanaka Village”, p.17; citado en J. Crump, op.cit., p.30
[16] “Letter to Albert Johnson, 6th December, 1907”. En Shioida Shobei (ed.) “The Diaries and Letters of Kotoku Shusui”, traducido por J. Crump, ibid., p.308
[17] J. Crump, ibid., p.138
[18] Hay en J. Crump, ibid., capítulo 8, “Kotoku Shusui and the American Connection”, una excelente discusión sobre la “conversión” de Kotoku y sus razones, basada en su experiencia en los EEUU con el socialismo, los IWW y el anarquismo.
[19] Traducido por completo en J. Crump, ibid., Apéndice B.
[20] J. Crump, ibid., p.205
[21] S. Slevers, op.cit., p.154
[22] S. Slevers, op.cit., pp.154-155
[23] Katayama Sen, “The Labour Movement in Japan”, Chicago, 1918, pp.132-135; citado en Slevers, ibid., p.221, n.26.
[24] Carta de Kotoku a Albert Johnson, 11 de Abril 1910, citada en J. Crump, op.cit., p.306
[25] J. Crump, ibid., p.306
[26] J. Crump, ibid., p.306. La cita es de Ishikawa Kyokuzan (Sanshiro) y de Kotoku Shusui “Nihon Shakaishugi Shi” (Historia del Socialismo en Japón), en “Meiji Bunku Zenshu” (Obras Escogidas sobre la Cultura del Período Meiji), Tokio, 1929, Vol.21, p.370
[27] Citado en J.Crump, ibid., pp.303-304
[28] Arahata Kanson, “Hitosuji no michi”, p.153, 1954; citado en S. Slevers, op.cit., p.152
[29] Shioida Shobei, op.cit., p.171
[30] Citado en V. García & W. Tyler, op.cit., p.74
[31] Para una discussion sobre este asunto, ver J. Crump, op.cit., capítulos 4 y 11.

Edición de K.S.L. (1994, 2002)
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Edición de Black Powder Press (2009)
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