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De la tragedia a la farsa: la represión estructural muestra el cobre en Tumaco

category venezuela / colombia | imperialismo / guerra | opinión / análisis author Thursday October 12, 2017 05:58author by José Antonio Gutiérrez D. Report this post to the editors

Las fuerzas represivas del Estado en el municipio de Tumaco realmente están empezando a mostrar el cobre. No contentos con masacrar cobardemente a los campesinos en Llorente (Tumaco) el pasado 5 de Octubre, ahora la Policía Antinarcóticos y el infame ESMAD han atacado con granadas de aturdimiento, gases y tiros, a una misión de verificación que se había desplazado a la vereda El Tandil (Llorente, Tumaco), compuesta, ni más ni menos, que por la Gobernación de Nariño, la Personería de Tumaco, la Diócesis de Tumaco, la Oficina de la ONU para los Derechos Humanos, la Misión de Verificación de la ONU y la Misión de Apoyo al Proceso de Paz en Colombia, MAPP- OEA.
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De la tragedia a la farsa: la represión estructural muestra el cobre en Tumaco

Las fuerzas represivas del Estado en el municipio de Tumaco realmente están empezando a mostrar el cobre. No contentos con masacrar cobardemente a los campesinos en Llorente (Tumaco) el pasado 5 de Octubre[1], ahora la Policía Antinarcóticos y el infame ESMAD han atacado con granadas de aturdimiento, gases y tiros, a una misión de verificación que se había desplazado a la vereda El Tandil (Llorente, Tumaco), compuesta, ni más ni menos, que por la Gobernación de Nariño, la Personería de Tumaco, la Diócesis de Tumaco, la Oficina de la ONU para los Derechos Humanos, la Misión de Verificación de la ONU y la Misión de Apoyo al Proceso de Paz en Colombia, MAPP- OEA. Esto ocurrió pese a que la misión tenía autorización de las autoridades, que se habían comunicado plenamente con las autoridades civiles y militares, que portaban chalecos con las insignias institucionales para su identificación, y que todo el mundo sabía que estarían allí. Según la misión, habían hablado en el lugar con un capitán, mientras los uniformados se ocultaban sus rostros y sus identificaciones –tal cual paramilitares[2]. Si le dan granada, gases y plomo a miembros del establecimiento y de organismos internacionales, uno puede imaginarse la situación de violencia y terror que han de vivir los campesinos de a pie en esa región. Es aterrador sólo pensarlo.

¿Qué habría estado buscando el ejército? Tal vez un montaje para luego culpar a la “disidencia” de las FARC-EP de violencia contra la misión. Montaje muy burdo, si hubiera sido esta su intención, con el cual el tiro les salió por la culata y terminaron por confirmar lo obvio: los agresores fueron las fuerzas del Estado. Tal vez no buscaban un montaje, sino agredir abiertamente, porque se sienten intocables en esa borrachera triunfalista que viven después de la desmovilización y el desarme de las FARC-EP. O tal vez buscaban impedir de manera desesperada una misión de verificación mientras siguen manipulando evidencia para ocultar su responsabilidad en la masacre de a lo menos ocho campesinos: hay denuncias de que estaban manipulando la escena de la masacre desde el mismo día de la masacre, cortando árboles que podían contener evidencias del tipo de proyectiles utilizados, limpiando sangre y ocultando vainillas de proyectil. Esto, sin mencionar que los agentes de la CTI, en sus entrevistas a testigos les “orientaban” las respuestas[3]. Todo un montaje desde la institucionalidad para ocultar la realidad de una nueva masacre del Estado, para ocultar lo que realmente está pasando en todas las zonas rurales del “post-conflicto”.

Santos, en actitud igualmente grotesca, salió a decir que “nuestro ejército no dispara contra civiles”[4]. ¿Qué el Ejército colombiano no dispara contra civiles? Por favor. Se nota que el jefe de Estado no ha leído nada de lo que su Centro Nacional de Memoria Histórica ha escrito[5], ni mucho menos, los informes de la Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas que él mismo creó. Si el ejército colombiano en toda su historia no ha hecho más que matar colombianos, amparado por la “doctrina de seguridad nacional” según la cual se convirtió a todo intento de cambio social en un “enemigo interno” al que había que desaparecer, torturar, asesinar, desplazar. La actitud de Santos es la misma que él demostró en el 2008, cuando era Ministro de Defensa, ante el escándalo de los falsos positivos: tape, tape. Taparlo todo hasta que ya no se pueda más. Pero la misma fuerza represiva estatal se ha dedicado a destapar, con su ataque, la responsabilidad del Estado en esta masacre.

Las fuerzas represivas actúan con este descaro pues bien saben que tienen poderosos enemigos que les protegen. Ya lo dije en el artículo anterior: Donald Trump chasquea sus dedos exigiendo “resultados” en la “guerra contra las drogas”, el embajador Whitaker amenaza, dicen que Colombia puede ser “descertificada” y entonces Santos ofrece sangre colombiana, sangre de campesinos colombianos, como un sacrificio al ídolo de Washington[6]. ¿Buscan con esto soluciones reales en contra del narcotráfico? Desde luego que no. Atacan el eslabón más débil de la cadena productiva, al campesino cocalero, al raspachín, a sabiendas que el único efecto que esto tendrá es valorizar aún más la cocaína. A los tentáculos financieros de la industria de las drogas siempre la han dejado intacta. Todavía no hemos visto nada de la estrategia “integral” que se prometía en el acuerdo de paz, donde supuestamente darían alternativas al pequeño campesino, el consumidor sería tratado como un tema de salud pública, y se atacaría a todo el entramado financiero que sustenta la industria. No hemos visto nada de esto. Ni alternativas para el campesino, ni un cambio en la política de salud pública y los grandes banqueros y especuladores, que tienen plata del narcotráfico a manos llenas, ahí siguen, muy bien gracias. Y ni se diga de los narcos que están esperanzados con la nueva ley de tierras que pretende aprobar el gobierno, desde ya posando de “poseedores de buena fe”, a ver si les legalizan las tierras que han acumulado a punta de paramilitarismo. Se castiga al campesino que resiste que se les quite el pan de la boca a sus hijos, el único medio de subsistencia que hoy en día tienen, y no sólo no se persigue al capitalista traqueto: se le premia generosamente.

Así las cosas, se seguirán acumulando muertos y la paz solamente se notará en las chequeras de directores de ONGs, de pedagogos de paz, mediadores de conflictos y toda clase de saltimbanquis a sueldo de la Unión Europea.

José Antonio Gutiérrez D.
11 de Octubre, 2017


[1] http://anarkismo.net/article/30570
[2] http://caracol.com.co/radio/2017/10/10/nacional/1507595....html Ver también https://www.elespectador.com/noticias/judicial/denuncia...17129 y https://www.justiciaypazcolombia.com/policia-ataca-misi...maco/
[3] http://prensarural.org/spip/spip.php?article22155
[4] https://www.elespectador.com/noticias/politica/nuestra-...16795
[5] Que aun quedándose corto en sus denuncias y casi siempre justificando el accionar estatal, ha tenido que mostrar que el Estado colombiano tiene sus manos manchadas de sangre como nadie en el conflicto.
[6] http://anarkismo.net/article/30570

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