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Cataluña: Desborde o Tsunami

category iberia | community struggles | opinión / análisis author giovedì ottobre 12, 2017 06:34author by Miguel Pérez - CNT Segnalare questo messaggio alla redazione

Se empieza a oír hablar de la posibilidad (y la necesidad) del desborde en la crisis catalana. Con esto se quieren decir dos cosas: la primera, desborde geográfico. La segunda, desborde reivindicativo.
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[El ritmo de los acontecimientos en el estado español probablemente haga que desde que se ha escrito este artículo hasta el momento en que se lea, haya quedado obsoleto. No puede ser de otro modo…]


Se empieza a oír hablar de la posibilidad (y la necesidad) del desborde en la crisis catalana[i]. Con esto se quieren decir dos cosas: la primera, desborde geográfico, es decir, que la situación de movilización en que se encuentra ahora buena parte de la sociedad catalana se extienda al resto del estado español. La segunda, desborde reivindicativo, que supere los objetivos meramente nacionalistas o independentistas, para incluir multitud de aspectos sociales y económicos. En buena medida, ambos aspectos son coincidentes. Evidentemente, si la movilización ha de apelar a la población en el resto del estado no puede orientarse solo en torno a la independencia de Cataluña, sino que debe incluir otras reivindicaciones ya compartidas. Del mismo modo, es muy probable que cualquier territorio que recoja el guante de la movilización, empiece a sumar sus propios objetivos. Y pasado el filtro nacionalista, estos sólo pueden ser de corte social y económico.

No es nada diferente de lo que han defendido los sindicatos de la CNT en Cataluña, las semanas pasadas y en la huelga general del 3 de octubre[ii]. Aparte del repudio obvio a la represión, probablemente el punto que más unanimidad genera, los lemas con los que se fue a la huelga lo dejaban muy claro. Es evidente que una pancarta en la que se lee “Por los derechos y las libertades, tumbemos el régimen”, no se refiere ya a la defensa de un referéndum. Lo que también ha quedado patente es la incomodidad de un sector nacionalista con la puesta en la mesa de estos temas, o con la ampliación del marco de la movilización. No en vano algunas prefirieron llamar a un “paro de país”, antes que a una huelga, herramienta indiscutiblemente propia de las personas trabajadoras y susceptible de desbordar (ahora sí) fácilmente el marco inicial de la convocatoria.

Sea como sea, de lo que ya no cabe duda es de que el desarrollo de la crisis en Cataluña y su amenaza existencial a España (que a nadie se le escapa), va a provocar una reacción inversa en el resto del estado. Ya estamos asistiendo a un paroxismo de actitudes autoritarias en el gobierno, aplaudido por una parte de la población, felizmente atrincherada tras la pantalla del televisor y con su bandera española en el balcón. Lo que no puede ser sino un muy mal augurio, en general, para todas las disidencias. Pero no solo eso. Paralelamente, el auge del fascismo de calle empieza a materializarse. Si combinamos la exaltación españolista con la supervivencia de actitudes contrarias a la inmigración y la predominante islamofobia de los últimos tiempos, puede surgir un coctel explosivo, con un discurso de hondo calado en buena parte de la población. La convergencia de ambos factores (gobierno represor y españolismo callejero y vociferante) puede ser demoledora.

Digámoslo claramente, si no queremos volver a una dictadura, en todo menos en el nombre (si acaso), se hace imprescindible el desborde anteriormente mencionado. Una movilización fuerte que dirija, desde la calle, la actual coyuntura de crisis hacia una resolución que logre una serie de objetivos. El primero y más inmediato, parar y reverter la deriva actual de la sociedad española (no solo del estado). El segundo hacer avanzar las posiciones contrarias en medio de la crisis política actual. De nuevo, ambos son coincidentes. No hace falta volver la vista a 1936 para darse cuenta de que solo una movilización popular fuerte en aras de una transformación social profunda puede parar el ascenso del fascismo. Voy a ponerlo de otro modo. Si en esta coyuntura cualquiera a la izquierda de falange (en su encarnación gobernante actual) quiere seguir activo dentro de cinco años, tiene que salir a la calle, ya. No digamos si quiere seguir vivo dentro de 10…

Dada la relativa debilidad de nuestras organizaciones, que a nadie se le escapa, este desborde tiene que ser ampliamente inclusivo. Y tiene que ser…eso, desbordante. No valen las medias tintas: hace falta un tsunami, una marea viva de fuerzas desatadas en la calle, de energía movilizadora que esté a la altura de la crisis que afrontamos y arrastre este régimen transicionero a alta mar. Lo repito, en la calle, en los espacios públicos, en las asambleas, en las plazas, si se quiere. De nada nos serviría ahora esperar pacientemente a las próximas elecciones, igual que tampoco sirvió antes. Nuestra política, la que nos interesa siempre y la que nos urge ahora, se hace mediante la movilización.

Las reivindicaciones concretas inmediatas deben ser las que corresponden a un movimiento necesariamente amplio e inclusivo. Por supuesto, rechazo a la represión estatal (venga del estado que venga, que los mossos de ahora son los mismos que daban cera en 2011). Oposición inamovible frente a cualquier intento de solución militar o policial a la crisis en Cataluña. Después, a tumbar el régimen, ya que parece que esta expresión es el cajón de sastre de todas las reivindicaciones de los últimos años. No hace falta insistir en que el régimen ha existido y existe en Cataluña tanto como en el resto del estado. Bien puede ser que más de un partido nacionalista de los que ahora encabezan el procés se empiece a poner nervioso llegados a este punto. Pero en lo que tal vez sí haya que insistir es en que ese régimen tiene una vertiente sindical muy clara, cuyos lamentables equilibrios para nadar y guardar la ropa ya hemos visto con ocasión de la huelga del 3 de octubre. También habrá que tumbar este pilar del régimen, integrando a sus bases en la movilización y superando los intentos recuperadores de las cúpulas. Finalmente, autodeterminación de los pueblos, siempre huyendo del estatismo, creando alternativas de base, horizontales y antipatriarcales. Hay muchos modelos que explorar en este sentido, pero las propuestas del confederalismo democrático pueden ser muy relevantes en este contexto. No cabe duda de que esto no es más que un esbozo a vuelapluma y que será la convergencia de elementos, en la misma movilización, la que definirá el proyecto.

La magnitud de la tarea puede parecer inabordable en este momento, pero hay que tener en cuenta que la propia crisis en Cataluña ha puesto en evidencia, también, la debilidad del estado represor. No sólo en lo que se refiere a fuerzas numéricas (apenas dan abasto para controlar un territorio limitado), sino en cuanto a su capacidad de emplear las formas más descarnadas de la represión, en la época de las redes sociales y la corrección democrática. Las imágenes de los antidisturbios reculando ante una avalancha de gente con las manos en alto representan un auténtico cambio de paradigma. Un desborde reivindicativo y geográfico amplio, pondría al estado ante la disyuntiva de reconocer su naturaleza homicida, recurrir a bandas paramilitares o directamente, suspender las garantías democráticas en un autogolpe de estado. Ninguna de estas opciones gustaría mucho a los amos de Bruselas.

Es cierto que no disponemos de todas las ventajas, organizativas y numéricas, que nos gustaría tener. Pero uno nunca escoge cuándo se plantea la crisis decisiva y la situación es la que es, cuando llega el momento de actuar. Anhelar otras épocas u otras coyunturas solo sirve para quedarse en los locales, mirando por la ventana como pasa la historia por la calle.

Nunca nos parecerá el momento adecuado. Nunca estaremos idealmente preparadas. Dudaremos. Es normal. El momento es decisivo y la situación es compleja. Tenemos que debatir hasta la saciedad tácticas y estrategias, posicionamientos, mil matices que enredan la madeja. Pero avancemos con confianza. Es necesario y posible. Nos va mucho en ello.

Miguel Pérez.
Secretario de Exteriores de CNT.


[i] https://www.elsaltodiario.com/opinion/emmanuel-rodrigue...borde
[ii] http://www.cnt.es/noticias/cas-cat-eng-tras-la-huelga-d...ocial

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