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Hombre y Sociedad (segunda época) apaga diez velitas [2007]

category bolivia / peru / ecuador / chile | historia del anarquismo | opinión / análisis author Dienstag April 17, 2018 17:15author by José Antonio Gutiérrez D. Report this post to the editors

Artículo que apareció originalmente en el número 21 (Primavera 2007) de la publicación comunista-anárquica chilena "Hombre y Sociedad" con motivo del décimo aniversario de esta importante revista, en el que se hace un recuento histórico de su surgimiento, de algunos aspectos del anarquismo en Chile en la década de 1980 y 1990, y una evaluación de su impacto.
Georges Fontenis, en Febrero del 2005, junto a su esposa Marie-Louise, con una copia de Hombre y Sociedad (Imagen de José Antonio Gutiérrez D.)
Georges Fontenis, en Febrero del 2005, junto a su esposa Marie-Louise, con una copia de Hombre y Sociedad (Imagen de José Antonio Gutiérrez D.)


HOMBRE Y SOCIEDAD (SEGUNDA EPOCA) APAGA DIEZ VELITAS

A la memoria de nuestro querido compañero y amigo Ego, un verdadero padre en el anarquismo, cuya sensible pérdida (diciembre del 2002) aún lamentamos

Este octubre, se cumple una década desde que comenzamos a editar la revista comunista anárquica “Hombre y Sociedad”, en su segunda época. Esta revista ha marcado, de una manera u otra, una trayectoria dentro del movimiento anarquista criollo y ha planteado a la discusión una serie de cuestiones que han sido fundamentales dentro del desarrollo de un movimiento libertario de lucha. Más aún, ha servido como tribuna de debate en el que éste movimiento, desde su gestación hasta el presente, se ha ido reflejando y perfilando a la vez.

La historia de la revista es indisociable de la figura de dos entrañables camaradas: me refiero a los compañeros Hugo Carter y José Ego-Aguirre. El primero, un compañero del gremio del Cuero y Calzado de la época del viejo Ernesto Miranda, activo militante del Movimiento Unitario Nacional de Trabajadores, uno de los forjadores de la clásica Central Única de Trabajadores (1953) y veterano de la Huelga General del 7 de Julio de 1955. El segundo compañero, el viejo “Ego”, obrero mecánico de profesión, fue un dedicado organizador y militante anarquista toda su vida, desde su militancia en la IWW, habiendo sido delegado sindical en múltiples ocasiones desde las faenas mineras del árido norte hasta la Disputada de las Condes. De origen peruano, participó activamente en numerosas publicaciones ácratas, como ser “La Protesta” (dirigida por Félix López) y “Tierra y Libertad”, órgano de un grupo anarquista que operaba en los años ’40 en el sector de La Legua. Estos dos compañeros, más un núcleo de jóvenes y viejos sobrevivientes de la represión pinochetista, a mediados de los ’80 dieron vida a la primera publicación anarquista con posterioridad al golpe de Estado de 1973. Esa revista fue “Hombre y Sociedad”.

Esta publicación fue posible gracias al apoyo recibido internacionalmente por compañeros del exilio, particularmente por el “Comité de Trabajadores Exiliados Chilenos” de Italia y por el Grupo “Pedro Nolasco Arratia” de Francia. El apoyo de la Radio Libertaria de París también fue crucial para el desarrollo de esta publicación y de la rearticulación del movimiento. Los compañeros Nestor Vega y Urbano Burgos, residentes en Francia e Italia respectivamente, jugaron un papel importantísimo en este proceso, de manera absolutamente desinteresada y con una devoción incansable. Nuestro movimiento tiene una enorme deuda con estos compañeros en el exilio que, aún a la distancia, tuvieron el corazón siempre junto a su pueblo en lucha. Su apoyo y perseverancia fueron vitales.

El movimiento libertario chileno de hoy tiene sus raíces clavadas en aquel momento histórico, en que comenzó a levantar nuevamente en medio de la efervescencia anti-dictatorial y de un creciente movimiento de masas que se expresaba de multiformes maneras. Era la época de los cacerolazos populares, de los paros cívicos nacionales, de las convocatorias a protesta nacional, de las barricadas y de “todas las formas de lucha”. Los libertarios supieron comenzar a buscar un espacio de expresión para sus iniciativas y planteamientos en ese movimiento de gigantescas dimensiones y la publicación “Hombre y Sociedad” jugó pues un papel humilde pero significativo en este proceso de reconstitución en la lucha.

Vale destacar que Hombre y Sociedad no era tan sólo una revista: era un Centro de Estudios Sociales, con sede en la calle Toesca, en pleno centro de la capital, donde convergían anarquistas, feministas, feriantes y sindicatos de trabajadores del sector informal, sindicalistas y amplios sectores de la oposición a la dictadura. En ese local fue donde se dio vida al primer número de “Hombre y Sociedad” en abril de 1985. La revista tenía un tiraje extremadamente humilde, de tan sólo 250 ejemplares. Pero fue como el grano de arena que se convirtió en avalancha, ya que posteriormente a esta revista, numerosas publicaciones de orientación libertarias comenzarían a aparecer en diversos lugares del país. “Hombre y Sociedad” llegaría a su término en 1988, dejando como legado varias declaraciones, comunicados y unas cuantas publicaciones con contenido de sumo interés para comprender el proceso que vivió Chile en aquel crucial momento en que se vivía el ocaso de la dictadura. El Centro de Estudios Sociales también dejaba de existir en ese momento. Pero les sobrevivía un renovado interés en el anarquismo por parte de generaciones jóvenes que se encargarían de la resurrección política del movimiento anarquista a fines de los ’80 y comienzos de los ’90.

Fue el año 1997, específicamente en marzo, cuando se convocó a un congreso anarquista nacional por parte de unos compañeros residentes en Temuco. Este congreso se celebró en el legendario local de Serrano 444 en la capital y coincidía con el momento en que el movimiento popular comenzaba a despertar, luego del sopor de aquel largo reflujo tras el arribo de la “democracia”. Veníamos recién saliendo del punto más bajo de luchas desde el cierre del negro capítulo de la dictadura. Grandes protestas estudiantiles, el resurgimiento de la lucha del pueblo mapuche y las heroicas luchas de los trabajadores del carbón, marcaban el telón de fondo de este momento.

Del encuentro no sacamos mucho más en limpio que darnos cuenta de la disparidad de opiniones y de la confusión en los círculos anarquistas. Sabíamos que la unidad no era posible en el estado en que se encontraba el movimiento. Era necesario discutir, debatir, entregar elementos, desarrollar el pensamiento, contrastar las ideas con la práctica, fortalecer la acción. Era necesario buscar puntos de acuerdo, puntos de disenso, entender dónde convergía un movimiento libertario de determinadas características que nos permitiera volver a ser una fuerza viva en el campo de las luchas populares. Había mucho por hacer y no sabíamos donde comenzar. Pero había que comenzar por alguna parte y decidimos que la edición de una revista de calidad era la prioridad en aquel momento. Una revista donde pudiéramos tratar, con desarrollo y extensión, de cuestiones teóricas, de los problemas del movimiento, de aspectos de la historia, donde pudiéramos discutir con otros sectores, donde pudiéramos exponer algunos documentos clásicos de difícil acceso. No nos interesaba una revista donde dormirnos en los laureles y conformarnos en la auto-adulación sobre lo “maravilloso” que era el anarquismo. Ante todo, nos interesaba la crítica y la búsqueda.

En esa misma ocasión, contactamos al compañero Ego y al compañero Carter, y con ellos fuimos rumiando poco a poco la idea de esta publicación. Comenzamos a reunirnos todos los sábados en la Plaza de Armas, donde conversábamos y discutíamos y de ahí nos íbamos a una cantina que quedaba cerca, en el sector de Mapocho, llamada el “Patio Esmeralda”, uno más entre ese universo de rinconcitos capitalinos con carácter y magia que fueron víctimas de los intentos por modernizar el centro, quitándole su espíritu y encanto. Ahí, en el Patio Esmeralda, discutíamos ya específicamente de la revista, desde su carácter hasta los aspectos técnicos de ésta. Discutíamos lo que duraba un vaso de ese dulce vino añejo de la casa, y entonces dábamos por terminada la discusión, hasta el próximo sábado, dejando por propina a los mozos propaganda anarquista que siempre recibían ávidamente.

Fue así como a mediados de año Ego y Carter nos propusieron retomar la labor de “Hombre y Sociedad”. Tal propuesta la asumimos como un honor. Y empezamos a trabajar en ella, retomando la tradición del movimiento libertario, pero a la vez, infundiéndole nueva vida con propuestas y planteamientos nuevos, con discusión pertinente para el presente. Creo necesario destacar, en este punto, la crucial labor de un gran compañero y amigo, César Sánchez, quien fuera diagramador de la revista desde 1997 hasta el 2005, y quien siempre ayudara con reflexiones e interrogantes a mejorar la calidad de la revista en su contenido también. Sin él, la revista jamás hubiera llegado a ver la luz y no hubiera sido más que el mediocre remedo de lo que ha sido.

El primer número de esta segunda época apareció a fines de octubre de 1997, poco después de publicar, a nombre del grupo “Hombre y Sociedad” un volante contra el 12 de Octubre. La idea era sacarlo mensualmente. Al poco andar, tal cosa no fue sostenible, convirtiéndose HyS en una de las revistas de más larga trayectoria en los últimos años del anarquismo chileno, pero también en una de las más irregulares. Con todo, HyS marcaba el comienzo de un camino que llevamos ya una década transitando, en el cual hemos ido madurando junto al movimiento. Como mencionaba una vez un compañero, HyS fue una puerta para explorar las posibilidades del anarquismo en Chile, más allá de los tabús y de las engañosas certidumbres adquiridas por costumbre y mantenidas en el tiempo por pereza intelectual. Más que repetir consignas nos interesaba, y sigue siendo nuestro principal interés, el pensar un anarquismo nuestro, uno que sea pertinente para nuestro contexto y momento histórico.

No puede decirse que la revista ha carecido de orientación, pero difícil es decir que ha sido un bloque monolítico. Incluso en ese camino, nosotros mismos hemos ido cambiando de opiniones, pasando de una orientación primordialmente anarco-sindicalista a una primordialmente anarco-comunista, hacia fines de 1999. Pero siempre hemos mantenido espacio abierto para reflexiones, notas históricas y documentos de otros sectores del anarquismo organizado y comprometido con el cambio social. También hemos estado abiertos a la publicación por parte de otros sectores políticos con quienes hemos convergido en la calle o en los espacios de lucha. Ante todo, nos interesa la crítica y el debate. Y en ese camino de buscar respuestas y preguntas, hemos ido ayudando a fortalecer al movimiento libertario con reflexión propia surgida de la práctica.

Sabemos que nos falta mucho todavía y en eso estamos. Es necesario seguir fortaleciendo el debate, pero también el posicionamiento, la duda, pero también la afirmación, la crítica, pero también la construcción. Es necesario seguir analizando el presente sin olvidarnos de cambiarlo. Para todo ello, es necesario seguir construyendo esta revista, seguir utilizándola como la tribuna para ventilar nuestras inquietudes y planteos. Este espacio se sigue pensando a sí mismo, sigue buscando caminos y sigue explorando posibilidades para el futuro. Cumplimos una década al servicio del pensamiento revolucionario con orgullo, pero con plena conciencia de que el camino que transitamos aún es demasiado largo. ¡A apurar el tranco entonces, carajo!

José Antonio Gutiérrez Danton,
22 de Septiembre del 2007

No hay práctica revolucionaria sin teoría revolucionaria, ni hay teoría revolucionaria sin práctica revolucionaria

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mujeres.jpg imageNuevo Libro: Mujeres y Prensa Anarquista en Chile (1897-1931) 23:40 Do 09 Nov by Ediciones Espíritu Libertario 2 comments

Un fraternal saludo a todos los compañer@s: Somos Ediciones Espíritu Libertario de Santiago de Chile y a través de este deseamos informar que hemos editado recientemente el siguiente libro: "Mujeres y Prensa Anarquista en Chile (1897-1931), compilación realizada por Alejandra Pinto y Adriana Palomera. Salud y anarquia

imageReflexiones sobre veinte años de anarco-comunismo en Chile Jan 24 by José Antonio Gutiérrez D. 0 comments

El 29 de Noviembre de 1999 nacía en el local de la Federación de Trabajadores de la Construcción, Madera y Áridos (FETRACOMA), en la esquina de Almirante Latorre con Claudio Gay, Santiago de Chile, el Congreso de Unificación Anarco-Comunista (CUAC). Este era un intento desde el mundo libertario por dotar al mundo popular en Chile de una organización decididamente anarco-comunista para emprender transformaciones de fondo y de alcance revolucionario en el país. Veinte años después, en el local del Centro Social y Librería Proyección, en la calle San Francisco, algunos de los protagonistas de ese esfuerzo, junto con compañeros que de alguna manera son continuadores de esa tradición, nos reunimos a discutir y evaluar los aciertos y desaciertos, los alcances y falencias de esa experiencia.

imageLa organización anarco-comunista en Chile (4ª Parte): Acerca de la Organización Revolucionaria Anarq... Jul 01 by José Antonio Gutiérrez D. 0 comments

Estos documentos son parte de una serie de entregas a cuentagotas sobre los debates en torno a la organización anarco-comunista que marcaron el período clave para esta corriente en Chile entre 1999 y 2004, de los cuales ya hemos entregado tres: sobre la re-estructuración orgánica del Congreso de Unificación Anarco-Comunista, sobre el Proyecto de Reforma Orgánica de esta organización, y un debate más de fondo sobre su norte político. Con estos dos artículos que ahora damos a conocer como parte de la cuarta entrega de esta serie, damos un paso atrás y volvemos a los momentos de formación del Congreso de Unificación Anarco-Comunista y a las discusiones en torno al por qué de una organización política de los anarquistas. Estos dos artículos, llamados "Acerca de la Organización Revolucionaria Anarquista" (Primera y Segunda Partes) aparecieron originalmente publicados en la Revista Hombre y Sociedad (HyS). El primero, fue publicado en el No.10, Noviembre del 2000, y la segunda parte apareció en el No.13, Agosto del 2001. El primer documento, había sido escrito un año antes, en Octubre de 1999, de cara al Congreso de Unificación Anarco-Comunista que tuvo lugar en la sede sindical de FETRACOMA en la calle Almirante Latorre en el centro de Santiago de Chile el 27 y 28 de Noviembre de ese año. Ese documento fue mi contribución, escrita a título personal, para la discusión sobre organización política, que era el tema clave a discutir en ese Congreso. Ahí, perfilaba la necesidad de una organización política anarquista que se planteara el trabajo popular en el corto plazo, un programa específico de transformaciones a mediano plazo, y objetivos revolucionarios a largo plazo. Esta visión de la organizacion política, estaba en debate con otros modelos de organización que otros participantes llevaban en mente, como establecer una especie de "colectivo" ampliado, o una coordinadora de colectivos (que era la fórmula favorecida por la JA! -Jóvenes Anarquistas- de la Universidad Católica, que estuvieron en el proceso hasta aproximadamente Mayo del 2000, cuando optaron por seguir aparte como colectivo). También estaban en debate las formas específicas que adoptarían los núcleos locales de la organización (organización por frentes, que era lo que favorecíamos quienes veníamos del grupo alrededor de HyS, por comisiones que era favorecido por los militantes del Centro y Sur de Santiago, u organizaciones de carácter territorial, que era lo que planteaba el grupo que venía de Comunitancia, donde estaba Mario Celis, que se inspiraban en el municipalismo libertario de Murray Bookchin). Este articulo dejaba espacio abierto a las variaciones en las formas específicas que adoptaría la organización según las preferencias y las discusiones de los asistentes al Congreso. Sin embargo, era imprescindible para nosotros dejar en claro los principios fundamentales que debía adoptar la organización política -los principios contenidos tanto en la Plataforma del Grupo Dielo Trouda y el Manifiesto Comunista Libertario de Fontenis. Ese era para nosotros el debate central y crucial en ese momento. Cuando uno lee la primera parte del documento, no deja uno de pensar en el estado del movimiento en esa época que se debía discutir de temas tan básicos y de no pocas obviedades, que sin embargo, encendían acaloradas polémicas -como ser la disciplina básica de acatar las decisiones mayoritarias y los mecanismos de toma de decisiones colectivos. Un aspecto clave era para nosotros el mostrar que esto no era una "desviación" provinciana nuestra, sino que éramos parte de algo mucho más grande que estaba creciendo en todo el mundo: esa era la época de auge del "plataformismo", con organizaciones consolidadas en Italia, Irlanda y Francia, y organizaciones emergentes en Suiza, Europa del Este, Sudáfrica, Turquía, etc. Anclar nuestra apuesta organizativa en un movimiento emergente global y en una tradición histórica que hilaba momentos claves de las luchas revolucionarias del siglo XX: Rusia, España y la resistencia anti-fascista, reflejaba nuestra ambición de ser más que un colectivo y de tener raíces profundas en un país donde, salvo nuestro contacto con algunos veteranos del movimiento de décadas pasadas, se había perdido la linea de continuidad del anarquismo militante, existiendo un hiato de casi medio siglo. En el mismo número 10 de HyS, en otro artículo, haciendo una reseña del primer año de vida del C.U.A.C., aclaro esto que para nosotros se había convertido en algo fundamental: no éramos un grupúsculo, sino "un proyecto histórico (...) portador de la herencia legada por toda una vertiente del pensamiento socialista, por generaciones de luchadores y por las esperanzas de igualdad, libertad y fraternidad de todo un pueblo", con la "responsabilidad de situar todo este legado histórico en el presente y proyectarlo hacia el futuro". El segundo documento, fue escrito en el transcurso del 2001, cuando ya se comenzaban a definir las estructuras de la organización, "en torno a la asamblea general, instancia ejecutiva, y a los trabajos prácticos desarrollados por comisiones, áreas en las cuales quienes se encuentran desarrollando alguna experiencia social, pueden abrirla al resto de sus compañeros y trabajar por hacer presentes las líneas de la organziación, decididas por todos en las discusiones de la asamblea" ("Año I del Congreso de Unificación Anarco-Comunista, C.U.A.C., José Antonio Gutiérrez D., HyS No.10, Noviembre 2000). Sin embargo, para entonces nos empezaban a quedar claras las limitaciones tanto de una asamblea en paralelo a la inserción social de la organización, así como de comisiones que en la práctica, funcionaban como colectivos con escasa coordinación. Así, comenzábamos a explorar la necesidad de cualificar la organización y dejar de actuar como un colectivo grande. Buscando debates y referencias en la literatura anarquista clásica, con los cuales fundamentar ideas y posiciones en la discusión de cómo construir organización político-revolucionaria, cuál era su rol, etc. nos encontramos con un gran vacío en la literatura anarquista en cuanto a los fundamentos teóricos de la organización. Notábamos que se hablaba mucho de organización, pero se decía muy poco de cómo construirla, dándosela por sentado. Incluso en la misma "Plataforma" y en el "Manifiesto", se habla de los principios estructuradores de la organización, y de su finalidad, pero -pese a ser dos de los documentos en la tradición libertaria que más desarrollan el tema- no se habla demasiado de su fundamentación -por qué la organización, en que sustrato social se da, cómo interactúa con otras expresiones organizativas, cómo distinguir una organización político-revolucionaria de otras formas orgánicas, etc. En cierto sentido, sentíamos que abordar el tema era un complemento a las propuestas que se venian haciendo desde quienes plantaban la reorganización por Frentes, y los planteamientos de Mario Celis, quien hacía muchas contribuciones sobre la presencia y la inserción social de la organzación, pero tampoco podíamos dejar de lado la organización política. Así nació este documento: como un intento de dar mayor fundamento a la necesidad de la organización político-revolucionaria y entender mejor las bases clasistas en las cuales sustentábamos nuestro proyecto, como un sector específico de un pueblo necesariamente heterogéneo. Si los otros documentos que hacen parte de esta serie de entregas son mucho más contingentes y coyunturales, estos dos artículos forman parte de las ideas centrales que estábamos desarrollando en torno a la cuestión organizativa. Ambos documentos, aunque fueron escritos a título personal, reflejan, en mayor o menor medida, discusiones colectivas que estábamos desarrollando con compañeros en Puente Alto y La Florida, con compañeros que venían de distintas luchas y trayectorias durante todo el período de la llamada "transición democrática" (sic), y de compañeros con quiénes nos encontrábamos en espacios sindicales y estudiantiles. Estas reflexiones informaron muchas de las decisiones políticas que tomaríamos en el transcurso de ese año y que nos llevarían, como sector mayoritario del C.U.A.C., a replantearnos el relacionamiento de nuestra organización con el mundo popular y con las organizaciones sociales en las que actuábamos, en las que teníamos incidencia, y en las que comenzábamos a tener protagonismo e incluso dirigencia -principalmente en los sectores estudiantil y poblacional, pero con algunos intentos cada vez más serios en el plano sindical. Creo que muchas de estas reflexiones son importantísimas hoy, cuando, casi 20 años después de formado el C.U.A.C., el movimiento libertario en Chile ha logrado tener un acumulado de experiencias en luchas y organizaciones populares nada despreciable, pero los intentos de organización politica siguen siendo esquivos, cayéndose frecuentemente en la fragmentación, cuando no en desvaríos autoritarios. Retomar estas discusiones político-teóricas es un primer paso para replantear el debate y seguir con esta deuda pendiente que tenemos los anarco-comunistas criollos con la organización revolucionaria anarquista. José Antonio Gutiérrez D.
1 de Julio, 2019

imageLa organización anarco-comunista en Chile (3ª Parte): Proyecto para un Nuevo Norte Político al C.U.A... Nov 23 by Frente Estudiantil del C.U.A.C. 0 comments

Después de que comenzara a andar la Reforma Orgánica del C.U.A.C., en Mayo del 2002, las tensiones respecto al curso de la organización, que hasta ese momento habían sido subterráneas, estallaron abiertamente. La reforma orgánica había encontrado la oposición de un sector minoritario en la organización, y solamente fue aceptada de mala gana y a regañadientes por éste, haciendo todo lo posible por poner palos a la rueda y hacerla fracasar. Este sector, a la vez que respetaba formalmente -y sin gran entusiasmo- la nueva estructura, se había planteado como objetivo el lograr una convergencia con otros colectivos anarquistas para ganar en número, a la vez que se daba pie atrás al desarrollo cualitativo de la organización en esos meses. La convergencia con esos colectivos buscaba de alguna manera volver al C.U.A.C. antes de sus orígenes y dar por el traste a la organización en Frentes. Esta convergencia se buscó a través de la creación de un periódico conjunto, llamado "Página Negra" (cuyo primer número apareció en Agosto del 2002, y cuyo segundo y último número aparecería en Enero del 2003), el cual se fue comiendo al propio órgano de la organización, el "ALERTA" (del cual aparecieron cuatro números*). No hubo más trabajo en común que se compartiera aparte de esta publicación, que no fue capaz siquiera de desarrollar una línea editorial coherente.

A la vez que un sector buscaba la unidad con otros anarquistas en base a las afinidades (en circunstancias que uno de los objetivos que habíamos tenido cuando se fundó el C.U.A.C. había sido superar la política de los "grupos de afinidad" y plantearnos como organización político-revolucionaria), en espacios artificiales, desde algunos frentes, pero particularmente desde el estudiantil, estábamos empeñados en crear una política de unidad y convergencia con otros sectores ibertarios, pero asentado en la práctica, en el trabajo de base, en el desarrollo de los frentes como el espacio central de actividad de la organización. Al poco andar, fuimos llamando a esta política de convergencia orgánica "Unidad desde la lucha". Esta consigna se convirtió en el eje que concentró las tesis básicas que sosteníamos en torno a la creación de una organización político-revolucionaria anarco-comunista que tuviera inserción y presencia real en las luchas, y que en un período de reflujo como el que vivía Chile en ese momento (aunque tomábamos nota de todo lo que estaba ocurriendo en el "vecindario", sobre todo en Argentina, con quienes teníamos -y tenemos- sólidos vínculos, y con Bolivia y Perú también), que también pudiera ser una organización que impulsara las luchas y ayudara a dar ese salto cualitativo que creíamos que el pueblo podría dar en ese momento. Tardaría el pueblo aún unos años en dar los primeros pasos en su despertar, pero creemos que mucho del esfuerzo que pusimos en lo estudiantil, sindical y poblacional, fue un aporte muy valioso en este sentido.

El choque entre estas dos concepciones se dio abiertamente después de Septiembre, y hacia Noviembre, la organización estaba llena de maquinaciones intestinas, así como de amenazas de expulsiones proferidas en contra de todos nosotros por el sector que se había enquistado en la asamblea general y se negaba a la reforma. Cuando fue la asamblea de evaluación de la reforma, el 23 de Noviembre, la situación ya era insostenible, con la renuncia del tesorero, amenazas, y cuando se revelaron tentativas de quiebre de la organización. Esta tentativa buscó fortalecerse después, el 29 de Diciembre del 2002, en el Encuentro de Iniciativas Libertarias, organizado desde el espacio de "Página Negra", buscando hacer el quite a todas las estructuras formales que la organización venía trabajando. Esta tentativa no pasó del encuentro. Pero ya para entonces resultaba claro que había que dar un debate político de fondo, y esta comprensión fue la que pavimentó el camino al Congreso Programático de fines del 2003, momento en el cual el C.U.A.C. daría por finalizado un ciclo para convertirse en la Organización Comunista Libertaria de Chile (O.C.L.). En este momento, la crisis era irreversible y este documento, pensado y trabajado desde el Frente Estudiantil del C.U.A.C. en el contexto inmediatamente posterior al encuentro de Evaluación, y mientras se desarrolló el Encuentro de Iniciativas Libertarias, entre los meses de Diciembre y Febrero del 2002 y 2003, reflejó algunos aportes en esa dirección. A mí me tocó redactar el documento, pero sus argumentos fueron todos elaborados colectivamente en varias reuniones y el producto final fue discutido y pulido por todos y todas.

Creo que hubo muchos aportes en ese debate: la necesidad de asentar nuestra práctica en las luchas concretas, utilizar esa práctica como una escuela política, comenzar a pensar sobre qué significa la unidad popular y de los sectores libertarios, convertir nuestras inclinaciones ideológicas en propuestas políticas. Pero quizás el mayor aporte de este debate fue nuestra tentativa de armonizar la idea de una organización unitaria con el principio federativo del anarquismo. Viendo la deriva que posteriormente tendría la O.C.L. creemos que fracasamos en esa apuesta. Sin embargo, la riqueza del debate y las ideas que en ese entonces se defendieron como parte integral del proyecto anarco-comunista en Chile, siguen estando vigentes para la revitalización y el relanzamiento de un proyecto libertario, emancipador, profundamente anti-autoritario, que es tan necesario en un país en el cual el centralismo y el estatlismo son parte del ADN de una izquierda que no ha podido romper el cerco impuesto por el bloque en el poder en el marco de la post-dictadura. Por estas razones publicamos un documento que, hasta este momento, estaba inédito y que hoy, cuando ya ha corrido mucha agua bajo el puente y estamos comenzando a reflexionar de manera más serena pero no menos comprometida en esta trayectoria, puede aportar en la búsqueda de esa alternativa libertaria. José Antonio Gutiérrez D.
23 de Noviembre, 2015 *Aún cuando existieron otros órganos utilizados, como el boletín sindical "Despabila" y el boletín "Unidad". Todos vieron unos tres ó cuatro números cada uno. Sin ser órgano del C.U.A.C., pero muy cercana, editábamos también la revista "Hombre y Sociedad" que tenía una amplia circulación en varios puntos del país.

imageLa organización anarco-comunista en Chile (2ª Parte): Proyecto de Reforma Orgánica del C.U.A.C. (May... Nov 07 by Militantes del C.U.A.C. 0 comments

Cuando se formó el Congreso de Unifiación Anarco-Comunista a finales de 1999, teníamos la visión de pasar de los colectivos (casi todos contra-culturales) a una organización que pudiera converitr el pensamiento libertario en acción política al interior de las masas populares. Así como comprendíamos que el movimiento popular chileno debía re-pensarse y re-crearse, el movimiento libertario también tenía que pasar por el mismo proceso para poder cumplir su rol y aportar en este proceso de levantar nuevos referentes en la lucha por la transformación social en el Chile de la post-dictadura. Hacia finales del 2000 comenzamos a pensar cómo poder convertir nuestro entusiasmo revolucionario en una alternativa libertaria. El primer aporte escrito en esa dirección quedó plasmado en un documento elaborado por Mario Celis, que recogía las discusiones de la Comisión de Propaganda, titulado Reestructuración Orgánica del C.U.A.C. (Marzo 2001). Con esa base, aunque con diferencias metodológicas, comenzamos un proceso de organización en lo poblacional, lo estudiantil y lo sindical. Fue en el plano estudiantil donde, quizás, tuvimos los mayores avances y los que más se sostuvieron en el tiempo, aún cuando en los otros dos frentes tuvimos también importantes logros y ganamos en experiencia. Al poco andar, durante el 2001, comenzó a evidenciarse la inadecuación de las estructuras centrales de la organización en relación a lo que estaba ocurriendo en la "periferia", por así decirlo, del C.U.A.C. Por una parte, algunos frentes, sobre todo en el estudiantil, manteníamos importantes niveles de actividad, inserción y organización. Por otra parte, la estructura central de toma de decisiones, la Asamblea, no reflejaba adecuadamente estos cambios ni los trabajos de base que se realizaban. No todos en la organización tenían trabajo de base ni de inserción social, como lo llamábamos, pero desde el espacio de la Asamblea se podía obstaculizar los avances que estaba haciéndose desde la militancia de base. Al poco tiempo, se hicieron evidentes los peores vicios del asambleísmo: que las decisiones las toman los que tienen el tiempo y el aguante para agotar el debate hasta altas horas de la noche, los que pueden estar en todas las reuniones en el centro de la ciudad (las reuniones de la Asamblea, se realizaban en FETRACOMA, organización sindical que nos acogió y sin cuyo apoyo no habríamos podido existir, pero que estaba físicamente muy alejada de muchos de los espacios de militancia concretos que teníamos), y donde se perdía el impuslo y las propuestas de base. Era evidente que la estructura de la Asamblea, como se estaba dando, desgastaba en lugar de aportar a una organización que estaba en franca expansión. Entendíamos que era necesario conservar los elementos centrales de una apuesta asamblearia, fundada en la democracia directa, pero que había que descentralizar la organización, hacerla más dinámica para que respondiera mejor a las exigencias de la nueva fase a la que entraba la organización en pleno auge de la "inserción social". Debíamos, para este efecto, lograr complementar esta necesidad de la asamblea como un espacio abierto, horizontal, participativo de toma de decisiones, con uno de los principios base de nuestra tradición anarco-comunista, el Federalismo. Es así como, desde el Frente Estudiantil, comenzamos a dar debates para poder hacer una propuesta para la re-estructuración orgánica de la organización. Esto nosotros lo sentimos de manera muy fuerte a comienzos del 2002, cuando las tomas universitarias nos impidieron participar de la Asamblea y fue creciendo la distancia con los Frentes. Este debate fue hecho por partes, hasta que en Mayo del 2002 presentamos este documento titulado "Proyecto de Reforma Orgánica del C.U.A.C.". Este documento fue redactado en el Frente Estudiantil, pero en realidad, habían participado en él otros sectores de la organización, por eso no se presentó como documento de Frente. En él, después de un breve diagnóstico de la crisis de la organización, discutíamos algunas propuestas prácticas para dinamizar la organización y hacerla más adecuada para las exigencias de ese entonces. También adelantamos algunas de las observaciones que se venían haciendo en contra de esta reforma, que buscaba fundamentar la organización en sus frentes, descentralizar y hacer, así, una organización más afín al principio federativo anarquista. Siendo una respuesta de carácter fundamentalmente técnico, sabíamos que había una discusión política muy fuerte que se daría a raíz de esta tentativa de reforma. Así fue y finalmente, a partir de esta propuesta, es que comienza el proceso de polarización de posiciones que llevó finalmente a que un sector se escindiera y a que la organización diera un salto cualitativo durante el 2004, transformándose en lo que originalmente fue la Organización Comunista Libertaria (O.C.L.). José Antonio Gutiérrez D.
7 de Noviembre 2015

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Periódico Solidaridad conmemora al escritor anarquista que inspirado en las luchas sociales desarrolló una pluma rebelde que hasta hoy cobra sentido.

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