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30 años de la masacre de Loughgall: rumores y contrainsurgencia británica

category irlanda / gran bretaña | imperialismo / guerra | opinión / análisis author Tuesday June 26, 2018 18:26author by José Antonio Gutiérrez D. Report this post to the editors

Publicado originalmente en el número 1 de la revista anarquista chilena Vida Libre, Abril de 2018.
Monumento a los mártires de Loughgall McKearney y Lynagh en Drumfurrer, Monaghan (Imagen de José Antonio Gutiérrez D.)
Monumento a los mártires de Loughgall McKearney y Lynagh en Drumfurrer, Monaghan (Imagen de José Antonio Gutiérrez D.)


30 años de la masacre de Loughgall: rumores y contrainsurgencia británica

Gerry Adams, el dirigente del partido republicano irlandés Sinn Féin, es un personaje que genera polémicas y levanta pasiones. Para la base fiel del partido, Adams es visto con una devoción casi religiosa, como una especie de Mesías que terminó con el desangre que en el período 1966-1998 consumió miles de vidas en Irlanda del Norte, que convirtió un estancamiento militar en una victoria política al lograr el co-gobierno (power-sharing) mediante el Acuerdo del Viernes Santo, que permitirá a los republicanos, no sólo participar del poder en Irlanda del Norte, sino unir a toda la isla en un futuro más o menos lejano. Para los medios oficiales y la vaporosa “opinión pública”, que lo rechazan de manera visceral, Adams aparece como una figura contradictoria: por un lado, le reconocen haber ‘moderado’ al republicanismo, haber sido clave para terminar la campaña militar del Ejército Republicano Irlandés (Irish Republican Army, IRA)[1], pero a la vez lo culpan –sin mayor perspectiva histórica- de haber supuestamente sido igualmente clave en comenzar ese ciclo de violencia. Aun así ha logrado ser elegido en el condado –mayoritariamente republicano- de Louth, en la frontera con Irlanda del Norte. Para los republicanos por fuera de su partido, Adams es visto como un traidor que desarticuló la lucha contra el colonialismo británico en Irlanda y que ha normalizado la presencia británica en la isla mediante el co-gobierno.

Recientes revelaciones contenidas en documentos de 1987 desclasificados después de tres décadas, que aparecieron en la edición del 29 de Diciembre (2017) en los principales periódicos irlandeses, incluidos el Irish Times y el Irish Independent, reavivan las polémicas y levantan las suspicacias que hacia él sostiene un sector del movimiento republicano. Se trata de rumores, pero rumores que han rondado por décadas en círculos republicanos. En un cable del gobierno de Irlanda, el obispo Cahal Daly dice que tiene información de que Adams creía, ya en ese año, que la campaña militar del IRA no tenía futuro ni posibilidad de éxito y que estaba pensando propuestas para terminar la lucha armada, motivado, en su opinión, por ambiciones políticas. Esto con toda seguridad es cierto, independientemente de las opiniones que se pueda tener sobre sus motivaciones –se cree que ya a comienzos de los 1980 o aún antes, mientras el movimiento republicano escalaba las acciones militares, Adams ya estaba pensando en una estrategia de paz o pacificación, según el ángulo del que se le mire. Sin embargo, las revelaciones realmente delicadas, son relativas a rumores de colusión de Adams con los servicios de inteligencia británicos. El padre Denis Faul, quien tenía una relación tensa con el movimiento republicano, pese a ser famoso por su apoyo al movimiento por los derechos cívicos en Irlanda del Norte y a los huelguistas de hambre republicanos en 1981, menciona en otro cable que habría rumores circulando en 1987 de que Gerry Adams habría colaborado con el ejército británico para acabar con una unidad del IRA con la cual habría tenido tensiones y diferencias.

El 8 de Mayo de 1987 una unidad de ocho de los mejores combatientes del IRA, de la Brigada del Este de Tyrone (East Tyrone Brigade), atacó la estación de policía (RUC, Royal Ulster Constabulary) de Loughall en Irlanda del Norte: con una retroexcavadora cargada de explosivos reventaron media base, tras lo cual de un carro se bajó el resto de los combatientes cargando fusiles para enfrentar a los uniformados. En la estación, sin embargo, 24 unidades especiales del ejército británico (SAS, Special Air Service) los estaban esperando con una lluvia de plomo. Al cabo de unos escasos minutos, los ocho combatientes habían sido masacrados: Jim Lynagh (Séamus Ó Laighneach, 31 años), Pádraig McKearney (32 años), Patrick Kelly (30 años), Gerard O’Callaghan (29 años), Tony Gormley (25 años), Eugene Kelly (25 años), Declan Arthurs (21 años), y Seamus Donnelly (19 años). El ejército británico también asesinó a Anthony Hughes (36 años), un mecánico católico que pasaba en ese momento por el lugar del ataque. El golpe de Loughgall no sólo fue el más duro que recibió el IRA en tres décadas de campaña militar y su mayor número de bajas en una acción, sino que prácticamente paralizó las operaciones en la zona de Tyrone/Fermanagh por un tiempo, sin que nunca se pudiera recuperar el nivel de actividad sostenido previo a la emboscada. También privó al IRA de algunos de los combatientes más experimentados y comprometidos, en la unidad más eficiente en su estructura militar.

Tan sólo se trataría de rumores, es verdad. Nada podrá ser comprobado hasta que no se desclasifiquen documentos de la inteligencia británica que prueben, más allá de cualquier duda, quienes –si es que hubo alguien- en la dirigencia del movimiento republicano tuvieron algo que ver con los hechos de Loughgall. En mi opinión, creo muy improbable que Adams haya colaborado con la inteligencia británica en esta operación, o siquiera que haya tenido conocimiento previo de ella. Sin embargo, aunque estos sean sólo rumores, hay algunas certezas que permiten armar el rompecabezas de cómo funcionó la contrainsurgencia británica. Está más allá de toda duda que el movimiento republicano y que el IRA estaban altamente infiltrados. También sabemos que algunos de los agentes al servicio de los británicos se encontraban en las más altas esferas del IRA, como Denis Donaldson, quien fue ejecutado finalmente en el 2006 por disidentes republicanos. Él gozó de amplio acceso al Comando del Norte (Northern Command), que supervisaba las operaciones militares de las unidades en los seis condados del Norte (Antrim, Armagh, Derry, Down, Fermanagh, Tyrone) y otros que componían la zona de operativos militares en la frontera con la República (Cavan, Donegal, Leitrim, Louth, Monaghan). La operación en Loughgall era del conocimiento del Comando del Norte. Freddie Scappaticci, otro agente británico, estaba ni más ni menos que a cargo de la contra-inteligencia republicana[2]. Esto es lo que se conoce, pero podemos sospechar que no es sino la punta del iceberg. Estos agentes fueron claves en la intensificación de la campaña contrainsurgente en Irlanda del Norte.

Con esta inteligencia, por una parte, el ejército pudo dar golpes selectivos a la estructura militar del IRA, como el asesinato en estado de indefensión de tres miembros desarmados del IRA, Seán Savage (Seán Sabhaois), Danny McCann y Mairéad Farrell (Máiréad Ní Fhearghail), ocurrido el 16 de Marzo de 1988, en Gibraltar. Mientras tanto, los paramilitares del UDA/UFF (Ulster Defence Association/Ulster Freedom Fighters) y del UVF (Ulster Volunteer Force) –con plena colusión del Estado británico- se concentraron en golpear al movimiento político republicano, en particular Sinn Féin, a familiares de republicanos, y a comunidades católicas en las cuales el republicanismo tenía apoyo. El escalamiento de atrocidades y asesinatos, así como la incapacidad o inhabilidad del movimiento republicano de proteger a su entorno, tuvieron un efecto devastador en este movimiento. No es descabellado suponer que estos agentes también podrían haber estimulado acciones contraproducentes que contribuyeran a desgastar la estrategia militar del movimiento republicano: acciones mal preparadas, para las cuales no había capacidad, que terminaran en pérdidas de cuadros militares, o acciones que generasen rechazo en la población, como la bomba de Enniskillen en 1987 (en la que murió un policía y diez civiles, quedando 63 más heridos). Es decir, sabotear la campaña militar desde adentro. Tales acciones quitaban piso a la legitimidad de la lucha armada y fortalecían la necesidad de desarrollar un canal institucional. Como lo reconocería en entrevista más adelante un miembro de la dirección del IRA de este período, Brendan Hughes:

El IRA estaba en un muy mal estado; era un desorden. Yo sostuve en muchas ocasiones que no se debía hacer más operativos, especialmente en lugares como el sur de Armagh, Tyrone y Donegal; que debían ser suspendidas hasta cuando el Ejército [el IRA] estuviera fortalecido, reforzado y más disciplinado. Pero creo ahora [ie. 2002] (…) que esto fue hecho probablemente a propósito, que el Ejército estaba siendo hundido a propósito.

No creo que fuera mala suerte [ie. La emboscada de Loughgall]. Creo que ahí hubo informantes. También creo que la operación se llevó a cabo sin inteligencia adecuada, sin una organización adecuada, ni un entrenamiento adecuado. Yo recuerdo haber argumentado en contra de realizar operaciones [como esta] (…) pero había una especie de actitud triunfalista de parte de gente como [Martin] McGuinness que presionaba por estos operativos. (…) No estábamos preparados para esa clase de operativos. (…) Pero la gente quería seguir adelante con todo esto, y una persona en particular, Martin McGuinness. (…) Yo creí en ese momento que se trataba de un error. Pero ahora sospecho, dada la situación en que nos encontramos ahora, que también pudo haber intencionalidad de ocasionar un desastre.

-¿Un sabotaje?

Si. Si. Creo que es una posibilidad y que este paso prematuro fue intencional… estamos hablando de McGuinness y Adams, quienes… estuvieron involucrados en la decisión de ir adelante (…) Ahora, viendo cómo se han desarrollado las cosas, sospecho que pudo haber habido mucha colusión en todo eso, mucha conspiración (…)

Es especulación… no lo sé. Puede ser porque tengo tantas sospechas de la gente que ahora está en posiciones de poder, que me hace pensar en la posibilidad de que haya habido colusión. No lo sé, puedo estar siendo justo, o puedo estar siendo injusto
”[3].

La inteligencia británica y el rol de los agentes infiltrados en el movimiento republicano fueron clave para desarticular a los efectivos del IRA y a las comunidades donde tenían apoyo. Pero es evidente que su rol difícilmente se limitó a esto. Como observó el conocido activista republicano y excombatiente del IRA, Tommy McKearney, el impacto de los agentes británicos en el plano militar es evidente, pero es más difícil constatar cuál fue su impacto real sobre la dirección y la política del movimiento[4]. Esta influencia se pudo dar por dos canales: directos e indirectos. De manera directa, podría especularse que hubo elementos infiltrados que marginaron a los elementos considerados “radicales” y propugnaron por una línea política aceptable para el Estado británico, como terminó siéndolo el Acuerdo de Viernes Santo y la propuesta de cogobierno en el marco de la pertenencia inequívoca de Irlanda del Norte al Reino Unido. De manera indirecta, los golpes selectivos, al concentrarse en los elementos “intransigentes” o los que eventualmente podrían haberse opuesto a una solución al conflicto aceptable para el Estado británico, habrían generado, por sustracción de personal, una masa crítica más favorable a esta clase de acuerdo. Es decir, matamos a aquellos con quienes no queremos negociar, y dejamos vivos a los que consideramos manejables. A la vez que se golpeaba y desmoralizaba al movimiento republicano, la contrainsurgencia activó los canales políticos mediante los cuales buscaban que, tras el desgaste militar de los insurgentes, éstos terminaran finalmente aceptando una propuesta de cogobierno elaborada originalmente en 1973 y luego presentada nuevamente, como si fuera una novedad, como parte del Acuerdo de Viernes Santo en 1998[5].

Es sabido que los republicanos asesinados en Loughgall (y al parecer también los de Gibraltar) representaban un sector que no se encontraba del todo contento con el giro que estaba dando Sinn Féin a mediados de los 1980. En la asamblea general (Ard Fheis) de 1986, el partido republicano terminó con su política de no reconocer al Estado al sur de la frontera en Irlanda. Esto provocó un quiebre en el que algunos veteranos del movimiento, como Dáithí Ó Conaill, Ruairí Ó Brádaigh y Liam Mac Aoidh (Billy McKee), formaron Republican Sinn Féin. Aunque la Brigada del Este de Tyrone se quedó en el IRA, estaban descontentos con la dirección del movimiento, pues pensaban –con razón- que el término de la política abstencionista en relación a las instituciones estatales en el sur, llevaría al reconocimiento del Estado británico y su administración en Irlanda del Norte. Estaban pensando en formar una unidad táctica autónoma del Comando del Norte del IRA. Su idea era formar una columna móvil con algunos satélites, como las de Cork, en el sur de Irlanda, durante la guerra de independencia en 1919-1921. Que los combatientes abandonaran sus casas y sus pueblos, internándose en la región comprendida entre el Este de Tyrone, Armagh, el sur de Derry, y Monaghan, para realizar acciones dirigidas fundamentalmente en contra de las bases policiales y militares en esa región, destruyéndolas, previniendo su reconstrucción y dejando a las fuerzas británicas sin terreno para operar, como ya habían hecho en los ataques de Ballygawley (Diciembre, 1985) y The Birches (Agosto, 1986). Se buscaba así crear zonas liberadas para el movimiento republicano. Aunque como observaría Hughes faltaba disciplina y organización, sobraban armas: se había conseguido un importante cargamento de armas a través de Muamar Gadafi y el mismo Lynagh había ido a Libia en 1986 para ser entrenado en su uso. Este armamento serviría para preparar una gran ofensiva[6]. Aunque la organización, en general, no estaba en condiciones de una arremetida de esta envergadura, si había una unidad con la suficiente cohesión para implementarla, esa era la Brigada del Este de Tyrone. Un golpe a la base de Loughgall como el que se pretendía dar, hubiera sido un punto de inflexión que hubiera favorecido esta línea de acción estratégica.

Ellos, que probablemente ya estaban en proceso de constituirse en un grupo político-militar diferenciado, se habrían con toda certeza opuesto de manera frontal al desarrollo de la política de paz desarrollada por Gerry Adams. Además, personas como Jim Lynagh tenían el carisma, la credibilidad, el respaldo y el arraigo en sus comunidades que les daba la capacidad de construir un liderazgo alternativo al de Adams y McGuinness: pese a los intentos de los medios de demonizar la figura de Lynagh como un pistolero demente y matonesco, lo cierto es que él había sido elegido concejal en Monaghan, cargo que todavía tenía a la hora de su muerte, pero el cual nunca aceptó siguiendo la tradición republicana de rechazar sus cargos por no reconocer al Estado ni en el sur ni en el norte. Sin embargo, esta oposición nunca llegó a concretarse. La emboscada de Loughgall acabó con casi toda la unidad. Otras operaciones encubiertas del SAS en esos años, acabaron de manera selectiva, en ejecuciones extrajudiciales, con otros combatientes del IRA que compartían esta orientación político-militar y que podrían haberse convertido en un liderazgo colectivo alternativo: Seamus McElwaine, Kieran Fleming, Antoin MacGiolla Bhride, Dessie Grew, Pete Ryan y Liam Ryan (este último asesinado por el UVF). Según la ex-combatiente del IRA, Marian Price:

Figuras claves del movimiento republicano fueron removidas. Gente clave que no hubieran seguido al Sr. Adams en su camino, y que representaban una amenaza significativa. Gente que pudo haber asumido liderazgo, a la que hubiera seguido la gente, y que hubieran sido un gran problema para el Sr. Adams… Maireád [Farrell] no era la clase de persona que hubiera sido reservada en su desacuerdo con este camino que se estaba siguiendo, y yo creo que ella se hubiera opuesto a él. Creo que es bastante diciente que en Gibraltar, había un equipo de cuatro personas, y la única que salió viva fue Siobhán O’Hanlon quien era la secretaria del Sr. Adams. Creo que eso habla por sí solo”[7].

Nuevamente, se trataría de especulaciones y rumores, pero las coincidencias no dejan de sorprender: los muertos de estos años recayeron sobre todo en la facción reconocida como “radical”. Imposible pensar que no había trabajo de inteligencia en todo esto, un trabajo de inteligencia que buscaba eliminar al sector radical de cara a las negociaciones que comenzarían unos años más tarde. Irónicamente, en el funeral de los Mártires de Loughgall, como serían conocidos, Gerry Adams insistió que Loughgall sería la tumba de la política británica para Irlanda y que cualquiera que negociara con los británicos serían estúpidos dispuestos a vender al pueblo de Irlanda. Sin embargo, lo que no era un hecho conocido para los asistentes, es que pese a su encendida retórica, tanto Adams como el segundo al mando de Sinn Féin, Martín McGuinness, precisamente en esos momentos buscaban, a través de contactos en los servicios de inteligencia británicos y en el gobierno de la República de Irlanda, una negociación con los británicos para terminar la lucha armada[8], a la vez que impulsaban un escalamiento de acciones ofensivas militares que sobrepasaban la capacidad del movimiento. El objetivo era supuestamente adelantar una versión irlandesa de la “Ofensiva del Tet” en el marco de una estrategia de “Guerra Prolongada” en un país pequeño y sin gran densidad poblacional. Price dice que:

(…) los republicanos no están programados para una guerra prolongada y por eso es que las campañas del IRA en el pasado han durado como máximo seis años, porque lo que sucede es que… hay gente asesinada, gente que va a prisión, las familias se queman, entones el movimiento debe parar porque los recursos se agotan. No estamos diseñados para una guerra prolongada, sino para dar golpes cortos y contundentes, y luego retirarse, por lo que todo el concepto de la guerra prolongada es un sinsentido… A Gerry Adams se le ha dado crédito por haber diseñado la llamada guerra prolongada, pero yo no lo creo ni por un segundo. Yo creo que lo que Gerry Adams estaba orquestando, era el largo proceso de paz”[9].

Como he dicho, la supuesta colusión de Adams con la inteligencia británica es un rumor que no puede ser comprobado mientras no haya pruebas sólidas desclasificadas por parte del Estado británico. A mí me parece improbable. La masacre de Loughgall, sin embargo, revela un patrón de contrainsurgencia británica que no consistía en sencillamente aplastar al adversario insurgente, o en neutralizarlo, sino que en moldearlo –consciente e inconscientemente- acorde a sus fines políticos. Haciéndose eco de un sentimiento muy extendido entre la militancia republicana que viene de las luchas de las décadas de 1970 a 1990, Brendan Hughes se quejaba amargamente de esto:

la dirección socialista revolucionaria… por la cual yo luché fue abandonada. (…) Todas las cosas que eran importantes para mí, por la que luchamos y morimos, principalmente… por el mejoramiento de la situación de la gente de clase trabajadora en Irlanda, han sido abandonadas… El tipo de personas que se han acercado a Sinn Féin no son el tipo de personas a las que me habría asociado durante la lucha del IRA. Son gente de clase media, políticos profesionales (…) En mi opinión, ahora, todo se trata de llegar a las posiciones de poder. Y cito de nuevo a Liam Mellows[10] -la gente llega a posiciones de poder y se aferran a ellas por los privilegios que les da el poder. Veo a muchísima de esta gente ahora en Sinn Féin, en el movimiento. Eventualmente, llevaron al IRA a la posición en la que siempre le quisieron. Lo intentaron en 1972, lo intentaron en 1975, y fallaron en ambas ocasiones. Ahora han logrado convertir a un movimiento revolucionario en una organización conservadora, una con la que pueden negociar y con la cual están felices de poder negociar”[11].

Más allá de la discusión de si Adams tuvo responsabilidad directa en la masacre de Loughgall, algo que sería irresponsable afirmar sin evidencia concreta, y que de todos modos parece improbable, lo cierto es que su línea política se fortaleció mediante estos golpes y que, finalmente, el movimiento republicano terminó siendo moldeado para integrarse a la propuesta de co-gobierno de una Irlanda del Norte firmemente amarrada al Reino Unido. Este patrón de contrainsurgencia británico con certeza ha sido aplicado en otras latitudes. El presidente colombiano ha dicho que ha aprendido las lecciones de Irlanda del Norte y que se ha inspirado en esta experiencia para adelantar el proceso de paz colombiano, el cual se encuentra hoy empantanado por los incumplimientos del gobierno y por la desnaturalización a la que ha sido sometido por el legislativo. El movimiento republicano irlandés ha participado asesorando procesos de paz como el colombiano, y también ha tenido un importante peso en la decisión de ETA de parar la lucha armada en el País Vasco, cuyo movimiento separatista se encuentra hoy desarticulado y desmoralizado, al punto que casi no reaccionó ante los eventos de Cataluña. El problema no es el cuestionamiento o la oposición a la lucha armada como táctica de lucha; el problema real es el desarme ideológico, político, de los movimientos, la progresiva aceptación del status quo y el abandono de la capacidad de tener un imaginario radical que nos permita trabajar por acercar esos otros mundos posibles al capitalismo, que termina finalmente en la desmovilización y el electorerismo como callejón sin salida.

José Antonio Gutiérrez D.
2 de Enero, 2018


[1] En realidad, lo que llamaremos IRA en este artículo, se trata del IRA “Provisional” (PIRA), la facción que emergió del quiebre entre los oficialistas que ya no deseaban continuar la lucha armada, y los que querían seguirla, en 1969. Existen otros IRA (oficial, por la continuidad, real, nuevo, etc.) que no son parte de este relato. El nombre que ha sido utilizado internamente por el IRA, sea cual sea su facción, siempre ha sido la versión en gaélico Óglaigh na hÉireann, Soldados de Irlanda, que es además el nombre adoptado (o apropiado) por las fuerzas armadas oficiales de la República de Irlanda en lengua gaélica.
[2] El servicio secreto de la República de Irlanda también tenía infiltrados. Seán O’Callaghan fue el más conocido de ellos.
[3] Ed Moloney, “Voices from the Grave”, Faber & Faber, 2011, pp.264-270.
[4] “The Provisional IRA. From Insurrection to Parliament” Pluto Press, 2011, p.143
[5] http://rebelion.org/noticia.php?id=220924
[6] Ed Moloney, “A Secret History of the IRA”, Penguin Books, 2007, capítulo 11.
[7] Andrew Sanders, “Inside the IRA”, Edinburgh University Press, 2012, p.142
[8] Moloney, “Secret History”.
[9] Sanders, op.cit., p.255
[10] Revolucionario irlandés, que se opuso a la partición de Irlanda, que buscó una república con contenido social, y que fue asesinado en 1922 por el “Estado Libre” en el sur de Irlanda. Es una de las figuras emblemáticas del republicanismo socialista irlandés.
[11] Moloney, “Voices from the Grave”, pp.292-293.

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La estación de Loughgall después del ataque de Mayo de 1987
La estación de Loughgall después del ataque de Mayo de 1987

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