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brazil/guyana/suriname/fguiana / movimiento anarquista / opinión / análisis Monday April 24, 2017 11:47 byAntônio Ade

La izquierda brasilera vive una crisis de movilización que viene de décadas atrás. Eso queda en evidencia frente al escenario de ajuste, de recomposición conservadora y del retroceso en temas de derechos en el Brasil pre y pos dictadura. Así nos encontramos desarmados ante tantos ataques.

A pesar de las buenas movilizaciones recientes, posibilitadas en gran medida por los nuevos medios y redes sociales, el fracaso constante al movilizar amplios sectores de las clases oprimidas quedó claro tras el 2013 pues se evidenció el carácter volátil y pulverizado de los conflictos. A pesar de que en ese momento algunas movilizaciones lograron un relativo grado de radicalidad, muy raramente se encontraron entre sí, expresando una clara señal de fragmentación.

La izquierda brasilera vive una crisis de movilización que viene de décadas atrás. Eso queda en evidencia frente al escenario de ajuste, de recomposición conservadora y del retroceso en temas de derechos en el Brasil pre y pos dictadura. Así nos encontramos desarmados ante tantos ataques.

A pesar de las buenas movilizaciones recientes, posibilitadas en gran medida por los nuevos medios y redes sociales, el fracaso constante al movilizar amplios sectores de las clases oprimidas quedó claro tras el 2013 pues se evidenció el carácter volátil y pulverizado de los conflictos. A pesar de que en ese momento algunas movilizaciones lograron un relativo grado de radicalidad, muy raramente se encontraron entre sí, expresando una clara señal de fragmentación.

La intención de este texto, producido a partir de modestos esfuerzos personales al interior de una historia colectiva y militante, es hacer algunos apuntes enfocados hacia el campo libertario enraizado en la lucha de clases sobre la necesidad de forjar un amplio y vigoroso trabajo social. Más allá de eso, pues la necesidad de este trabajo es bastante obvia, el objetivo es hablar sobre qué consiste, cuándo, dónde, cómo iniciar y hacer progresar el trabajo de base de matriz libertaria.

En la izquierda, entendemos el trabajo de base como el esfuerzo exitoso de movilizar al pueblo, las clases oprimidas, en instancias organizativas regulares para la defensa de sus intereses, para defender los derechos garantizados y conquistar nuevos, teniendo como horizonte la superación política y económica de la clase dominante.

Para nosotros garantizar el carácter libertario es imprescindible, pues en últimas no queremos repetir modelos trágicos que buscan reunir fuerzas y canalizar la esperanza de los oprimidos hacia la vía electoral; camino que la historia demostró más de una vez ser un desastre. O el trabajo, casi aún más trágico, que busca inmovilizar a la base eliminando su carácter creativo y autodeterminado típico de las clases oprimidas, para formar una masa monolítica, acorralada y presa de maniobras impuestas por el centralismo de direcciones vanguardistas y autoritarias, que incluso queriendo la superación de las clases dominantes buscan hacerlo en el marco de la recreación de un Estado “popular” centralizado.

Nuestro camino es otro. Nuestro papel es el de juntar al pueblo, contribuir con herramientas para su lucha, potencializándolo. Es organizar su interior con bases populares y defender un movimiento consciente, con acción directa de base rumbo a sus objetivos inmediatos. Y por último, por medio de la solidaridad de clase crear, fortalecer y unificar instancias de base y federar las luchas rumbo a un destino común; fortaleciendo la participación activa y ampliando el nivel de responsabilidad del sujeto frente al colectivo, este es el trabajo de base que se hace urgente de hacer.

En cuanto al conjunto del campo libertario, es a partir de nuestro marco teórico que orientamos esta tarea en todos los frentes sociales de los oprimidos: trabajadores y trabajadoras urbanas y rurales, pobladores de la periferia, negros y negras, disidentes sexuales, sin techo, estudiantes, juventud pobre, etc. Aunque otras variantes teóricas de la lucha de clases concluyan la existencia de un sujeto revolucionario dado a priori por las contradicciones económicas, para nosotros este tipo de conclusión es puro idealismo pues ese sujeto revolucionario no será fabricado por el capitalismo, sino que tiene que ser construido en los conflictos existentes a través de las más variadas demandas populares, luchando contra todas las formas de dominación, explotación económica, dominación racial y de género, y con el ejercicio de la solidaridad permanente entre las luchas que provienen de abajo.

Ya que cada sujeto social tiene rutinas llenas de dramas, de sueños y esperanzas, es imposible organizar de igual a igual un determinado sujeto social sin vivir sus dolores y frustraciones. Y es más imposible imaginar que la ideología libertaria se materializará en ese sujeto si no actúa junto a él en el día a día. No abogamos por el entrismo de gente que viene de otros campos privilegiados hacia el interior de las luchas de las capas más excluidas, pero si por la actuación a partir de lo que se tiene, o sea, quien vive una rutina de explotación o sufre una determinada opresión tiene o debería tener el deber de militar en su propia realidad, buscando organizarse con más gente y así tratar de cambiar las relaciones de poder. Aún así, no existe ninguna facilidad en eso y como dicen la paciencia también es un acto revolucionario. Es fundamental saber mediar entre lo que queremos como objetivo final y lo que podemos hacer aquí y ahora, rumbo a ese objetivo. De lo que se trata es de nunca aislarse respetando los tiempos de los y las compañeras de base, saber el momento adecuado para recoger de forma oportuna responsabilidades y coherencias, y obviamente estar preparado y abierto para lo que venga del camino contrario.

Es importante lo que dice el dicho popular: “una golondrina no hace verano”. Nadie es un “super hombre” y hace trabajo de base solo, es necesario actuar con más gente, entiéndase, es necesario estar organizado con más gente. Contar con otras personas que militan en el mismo proyecto garantiza un avance, que se tenga un punto de apoyo, o también la posibilidad de retirarse en momentos difíciles, sumado al siempre necesario debate y el análisis colectivo sobre el escenario, la correlación de fuerzas y como actuar en ellas.

Como se dijo anteriormente, para hacer este trabajo es crucial garantizar horizontes de transformaciones sociales, es necesario que se viva con profundidad la vida diaria de aquellos con quienes nos gustaría movilizarnos. Cuanto más familiarizados estemos con sus hábitos y las costumbres de las clases oprimidas más fácil será la tarea de entenderse y movilizarse junto a los demás.

Del mismo modo, siempre existirá la demanda inevitable de formar políticamente a los compañeros y compañeras más activas, que surgen a lo largo del trabajo social que desarrollamos. Es un deber formar teóricamente, ampliando la capacidad de análisis de la realidad en la que se vive y se actúa. Pero formar políticamente no garantiza un cambio ideológico, pues como sabemos esta no se forma exactamente por las elecciones racionales, sino que está influenciada por el contenido sensible que se transmite a partir de las prácticas, siendo esencial el ejercicio permanente de la autonomía, la solidaridad y la iniciativa frente a los procesos.

Nuestras convicciones libertarias no necesitan ser escondidas y pueden ser debatidas de igual a igual sin sobreponerse por encima del movimiento y sus acuerdos. Aquí es preciso volver al inicio para dejar algo claro: el centro de nuestro trabajo nunca será el de hacer propaganda de nuestra ideología, pues para eso existen otros dispositivos y lugares. El objetivo central es aumentar el nivel de conflictividad en las luchas por los derechos y por una nueva sociedad, empoderando a los sujetos organizados y a sus respectivas organizaciones de base, juntando esas organizaciones a través de la solidaridad de clase y apostando hacia un horizonte de ruptura con el sistema de dominación existente.

Nuestro objetivo tiene que ser bastante claro: trabajo de base para crear Poder Popular. Esto es diferente a lo que se entiende por trabajo de base en otras corrientes, que buscan hacer trabajo doctrinario y producir instancias de base apenas como espacio local de reclutamiento para sus organizaciones políticas. Crear Poder Popular quiere decir ponerse junto a los oprimidos en movimiento y promover la lucha de clases ejerciendo autonomía, acción directa, autogestión y federalismo.

Vamos que es tarea urgente.

Texto original: https://federacaoanarquistagaucha.wordpress.com/2017/03...base/

Publicado por: Antônio Ade. Federação Anarquista Gaúcha
Traducido por: Alejandra F. Grupo Libertario Vía Libre

américa del norte / méxico / movimiento anarquista / llamado / petición Saturday April 22, 2017 18:03 byRevolución Internacional / World Revolution

¡Si nos tocan a uno, nos tocan a todos!

EL GOBIERNO DE HIDALGO AMENAZA CON ACCIONES PENALES A NUESTRO COMPAÑERO MILITANTE ADRIÁN ¡AYÚDANOS A DIFUNDIR POR TODAS PARTES!

Para ahorrarnos algunas palabras....

A tod@s aquell@s que enfrentan al sistema-capital:


A inicios de abril, el gobierno estatal de Hidalgo amenazó con “iniciar investigaciones” y realizar acciones penales contra tres luchadores sociales que impulsan distintas resistencias comunitarias en la región. Entre ellos, se encuentra nuestro hermano y compañero militante Adrián Medina, criminalizado junto con Lorenzo Bautista y Armando Monter en diversos medios de comunicación y periódicos locales para facilitar su detención o cualquier acto represivo directamente contra su persona.

En una conferencia de prensa -exclusiva con los medios de comunicación de su bando- el secretario de gobierno, Simón Vargas Aguilar, lanzó distintas acusaciones que superaron lo burdo y lo falaz. Algunas de ellas -refiriéndose a los compañeros- fueron: "son un grupo de provocadores que buscan intereses personales y ponen en riesgo a la sociedad", "es un grupo perfectamente identificado y habrán las acciones legales correspondientes". [1]

La primera piedra fue arrojada por la clase política, ya que además de obtener una serie de investigaciones cedidas por parte de la presidencia municipal de Ixmiquilpan y de distintos órganos de inteligencia virtual -demostrando así su hedionda omnipresencia policial en las calles y redes sociales- el gobierno estatal está utilizando a los compañeros como pretexto mediático para ocultar su tramposo actuar en la desestabilización de distintos poblados al norte de Hidalgo donde gobiernan partidos “enfrentados” con el PRI, mediante la polarización de la gente por actos represivos como el ocurrido en Tasquillo el pasado 16 de abril.

Somos revolucionari@s, por tanto, antipartidistas y repudiamos la manipulación que utilizan los partidos de cualquier corriente para hacerse con la maquinaria de la representatividad y el poder, empero, es de gran relevancia denunciar sus planes y más cuando ponen en riesgo la integridad y la vida de nuestros militantes.

***

Y… ¿a qué se debe el hostigamiento perpetuo y el rencor del Estado hacia los compañeros?


Hidalgo es un territorio históricamente priísta, tanto por sus cacicazgos territoriales como por sus curules que parecen de teatro antes que de parlamente. También es cuna de la megaminería y de una progresión depredadora de proyectos extractivistas desde hace siglos vulneran las actividades de la tierra y al medio ambiente, afectando la vida como era conocida por sus pobladores.

La mecha de la rebeldía, como reflejo corporal, se encendió sin premeditación.

- El 8 de diciembre de 2016, los pueblos de San Luis Tecuautitlán, Maquixco, Zimapán, Cholula, Tizayuca, Epazoyucan y vecinos organizados de Pachuca se tomaron las calles para denunciar la extinción ambiental y la polución de sus territorios debido a una brecha de megaproyectos que se han recrudecido, esto en una marcha convocada por las comunidades que integraron el "Frente Hidalguense en Defensa del Territorio". Las máscaras anti-gas y las mantas de varios metros de largo no dudaron en gritarles a los peatones y funcionarios públicos sobre la toxicidad que se empaña en los vidrios de sus casas.

Durante la protesta, se clausuraron –como fichas de dominó- algunos recintos estatales como la Procuraduría Federal de Protección del Ambiente (PROFEPA) y el mismísimo edificio del Poder Ejecutivo del Estado [2].

- Tras la primera campanada del año nuevo, los hidalguenses ya tenían bajo su control un tramo de la carretera federal México-Laredo dentro del caudal de manifestaciones de lo que fue el #NoAlGasolinazo.

- El 5 de enero, tras una heroica embestida de los pueblos hermanos del Valle de Mezquital contra un operativo titánico de la Policía Estatal que intentó desalojarlos en el municipio de Ixmiquilpan, la sangre se derramó una vez más. Varios convoys y tanquetas ingresaron en forma de venganza y con armas de fuego balacearon al contingente de los pueblos, Freddy del Maguey –proveniente de la comunidad de Maguey Blanco- de 25 años y Alan Giovanni Gutiérrez –de la comunidad de Dios Padre- fallecieron en el enfrentamiento. 13 personas resultaron heridas y no fue una gota la que derramó el vaso, sino un océano. [3]

- El 19 de enero, enardecidos los pobladores del Mezquital y organizaciones solidarias, irrumpieron en el Congreso del Estado después de una marcha a nivel estatal en el contexto de las protestas anti-gasolinazo. En el recinto gubernamental, encararon a diputados de diversos partidos políticos -aunque la mayoría eran del PRI- y responsabilizaron a toda la clase política como la principal culpable de la masacre del pasado 5 de enero. Cínicamente, una decena de priístas al poder enunciaron que "se votó a favor del Gasolinazo y las reformas estructurales porque darán beneficios a largo plazo a los mexicanos".

- El 26 de enero, la radicalidad aumentó al ser tomada la Presidencia Municipal de Ixmiquilpan. En las fachadas de ese palacio de corrupción, unos mensajes de tamaño descomunal se dibujaron con las siguientes consignas: "PASCUAL CHARREZ ASESINO / TE OLVIDASTE DE LOS QUE TE APOYAMOS / RENUNCIA / NO AL GASOLINAZO / ALAN Y FREDY HICIERON LO QUE TU NO PUDISTE, DEFENDIERON IXMIQUILPAN".

- Recibir golpe tras golpe del Estado es sinónimo de masoquismo activista. El 2 de febrero se fundó oficialmente el Movimiento Hidalguense Contra el Gasolinazo y la Carestía (MHCGC) una propuesta federativa, autónoma y anti-partidista para continuar la lucha contra el gasolinazo, en defensa del territorio y ante las problemáticas diversas que se viven en todo Hidalgo [4].

Desde su aparición pública, ha resultado ser un dolor de cabeza para el Estado, por lo que quienes lo integran -decenas de municipios, organizaciones agrarias, magisteriales y de carácter popular- se encuentran en constante acecho gubernamental debido a las efectivas protestas que van desde marchas multitudinarias, tomas directas de casetas de peaje y encuentros a nivel nacional.

El MHCGC surge después de la separación en dos fracciones de la asamblea popular de Ixmiquilpan. ¿Qué sucedió? Un grupo reducido conformado por integrantes activos de diversos partidos políticos –PRI, MORENA, PES- y empresarios turísticos en el autodenominado “Movimiento Pacífico 5 de Enero”, vendió el movimiento en una reunión privada con el mismísimo Simón Vargas Aguilar el 1° de febrero, negociando el retiro de patrullas y tanquetas incendiadas tras la insurrección del 5 de enero y el levantamiento del plantón permanente en la Comercial Mexicana por “asistencia turística” a sus propiedades y el cambio de beneficiario de un terreno comunal que seguramente terminará en sus ambiciosas manos. [5]

- Para dar término a esta lista de las acciones más visibles en los últimos meses (porque detrás, abajo -o por donde se quiera ver- hay todo un trabajo de base, agitación, propaganda, masificación de la conciencia y organización) el pasado 5 de abril, el municipio de Ixmiquilpan junto con el MHGCC se decidieron a boicotear -sin actos de violencia- la cobarde visita del gobernador Omar Fayad Meneces a la Plaza del Centro Histórico para inaugurar el operativo policial "Semana Santa 2017" -con el fin de oficializar el retorno de las fuerzas policiales, ya que desde el 5 de enero la policía no es bienvenida-. Dicho periodo vacacional es muy recurrente por la invasión turística a los balnearios del lugar.

Para la acción, varios traileros del municipio colocaron sus unidades para evitar el ingreso de vehículos policiales al Centro Histórico. La respuesta mediática del Estado fue decir que “había gente armada y no se iba a comprometer la seguridad de la gente”. El evento fue cancelado.

***

Los resultados de las amenazas se han materializado en una vigilancia selectiva en el domicilio de nuestro compañero Adrián, así como la intervención de su teléfono y redes sociales.

La solidaridad no puede ser de otra forma sino práctica y constructiva.

“El que nada debe, nada teme”, por lo que desde el 18 de abril, una decena de compañeros federados en el MHCGC decidieron ingresar un itinerario colectivo de quejas ante la Comisión de Derechos Humanos de Hidalgo, no para exigir mediante los mismos recursos y mecanismos de la hidra, la tan cacareada “justicia”, sino para marcar un precedente jurídico que expanda el margen de represión dentro de ella misma. Es como un recordatorio en la puerta del enemigo que dice: “AQUÍ ESTAMOS Y NO NOS VAMOS A DEJAR”.

Ante la omisión institucional, se decidió tomar la comisión y al día de hoy, se cumplen 4 días consecutivos de plantón permanente en esperas de que las autoridades correspondientes afronten la errónea decisión de amenazar a los compañeros.

Invitamos a tod@s l@s interesad@s en cualquier parte de México y el mundo a solidarizarse con nuestro compañero Adrián, siguiendo de cerca nuestras redes sociales donde se publicará la información concerniente a las acciones, campañas y llamados para respaldar su vida, latente de ser ultrajada en cualquier momento.

ANTE LAS AMENAZAS DEL ESTADO-CAPITAL… ¡LA SOLIDARIDAD INTERNACIONAL!

Revolución Internacional / World Revolution

Ruptura Colectiva (RC)


Para nutrir la resistencia informativa

[1] “Gobierno de Hidalgo amenaza a 3 activistas por ser ‘agitadores que ponen en riesgo a la sociedad’”, Ruptura Colectiva (RC), 7 de abril de 2017. Video: https://www.youtube.com/watch?v=1Xf10-f0yjk&t=407s

[2] Léase: “¡Sus megaproyectos nos están matando!”; marchan en defensa del territorio y la vida en Hidalgo”, Ruptura Colectiva (RC), 8 de diciembre de 2016 (http://rupturacolectiva.com/sus-megaproyectos-nos-estan...algo/) o véase el video homólogo (https://www.youtube.com/watch?v=PJ8YQN0Q7VE)

[3] Ixmiquilpan no cedió ni un centímetro cúbico tras la masacre, fue el núcleo de reunión para distintos municipios y organizaciones sociales del país que se opusieron al #Gasolinazo. Por concierto de la asamblea popular del municipio, se instaló un plantón permanente en la Comercial Mexicana del tramo de la carretera México-Laredo, cerrándola junto a un conglomerado de comercios del capital como una tienda Coppel, un Cinemagic y múltiples tiendas de la iniciativa privada. Léase: “La insurrección de Ixmiquilpan”, Ruptura Colectiva (RC), 25 de enero de 2017. (http://rupturacolectiva.com/la-insurreccion-de-ixmiquilpan/)

[4] “Surge el Movimiento Hidalguense Contra el Gasolinazo y la Carestía”, Ruptura Colectiva (RC), 02 de febrero de 2017. (http://rupturacolectiva.com/surge-el-movimiento-hidalgu...ando/)

[5] “Pobladores de Ixmiquilpan denuncian a grupo de traidores que pactó con el gobierno; “se olvidaron de nuestros muertos y del gasolinazo”, Ruptura Colectiva (RC), 04 de febrero de 2017. (http://rupturacolectiva.com/pobladores-de-ixmiquilpan-d...nazo/)

Publicado el 19 de Abril de 2017 en:

http://rupturacolectiva.com/alto-a-las-amenazas-del-gob...rian/

rusia / ucrania / bielorrusia / movimiento anarquista / portada Thursday April 20, 2017 17:53 byRevolución Internacional / World Revolution
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Mikola Dziadok es un joven militante libertario, abogado y escritor de Bielorrusia. Es parte de la alianza "Revolución Internacional / World Revolution - Прамень 'Pramen'" y colabora con nosotr@s traduciendo textos y ensayos al ruso y bielorruso sobre autogobiernos, procesos comunitarios y movimientos sociales en el mundo, así como de historia, ciencias sociales y pensamiento crítico, temáticas que han atraído desde Latinoamérica el interés de muchas organizaciones y compañeros de Europa.

[Français][Italiano]

grèce / turquie / chypre / mouvement anarchiste / opinion / analyse Sunday April 16, 2017 23:36 byDAF

Note du Traducteur : Le jour où les électrices et électeurs de Turquie sont appelés à aller voter pour légaliser la dictature d'Erdogan, nous relayons ici la traduction d'un communiqué de nos camarades stambouliotes de DAF (Action Révolutionnaire Anarchiste) sur cette mascarade de démocratie et, plus largement, sur l'illusion que représente le processus électoral dans les systèmes représentatifs. Toute ressemblance avec d'autres contextes nationaux n'est pas complètement fortuite...

[Turkçe] [English][Ελληνικά]

A lire aussi :
  • Regarding Referendum 2 DAF (en anglais)
  • Referanduma Dair 2 DAF (en turc)
  • Sur le référendum [en Turquie, NdT]



    Le 17 Février 2017

    featured image
    Les anarchistes, par principe, ne votent pas et ne participent pas aux élections.
    C’est notre manière d’être responsables que de ne pas voter.

    Sur les électrices et les électeurs :


    L’acte de voter est un acte politique. C’est aussi un acte politique de faire campagne pour un parti ou un président. Au cours des dernières élections en Turquie, 87% des électrices et des électeurs ont voté. Le nombre de votant-e-s s’est élevé à 49 millions, là où celles et ceux qui se sont abstenu-e-s étaient environ 9 millions. La participation à venir dans le référendum pour le changement du système devrait se situer dans les mêmes ordres de grandeur.

    Qu’est ce que ça signifie pour une électrice ou un électeur de voter dans les élections ?

    Dans tous les systèmes sélectifs, ceux qui sont la majorité prenne le pouvoir. En démocratie, le pouvoir de la majorité est démocratique. N’importe qui en situation majoritaire prend le pouvoir, n’importe qui en situation de minorité n’a pas accès au pouvoir. La relation entre la majorité et la minorité qui se forment dans les élections se transforme ensuite en débat entre deux méthodes [de gestion] différentes. La seule chose qui n’est pas discutée, c’est les élections. Les élections sont comme un pari, qui commence quand un groupe dit « Je/Nous voulons administrer la société » et qu’un autre lui répond « Non, JE/NOUS voulons administrer ». Les élections sont un procédé de décompte de voix des votant-e-s, qui démarrent par l’assentiment des partis sur les conditions du pari et qui ne peut avoir cours sans la participation des votant-e-s. Le gouvernement de la société revient au parti qui reçoit plus de suffrages que l’autre. Le ou la votant-e n’a une valeur que numérique dans le pari. Cette valeur numérique n’est pas une valeur dont un-e citoyen-ne qui essaie de résoudre les multiples problèmes de la vie quotidienne devrait se soucier. Pour augmenter la participation aux élections, les parties engagées dans le pari engagent les citoyen-ne-s à passer du statut de votant-e à celui de parieuse ou de parieur. Cela doit augmenter la participation au pari. L’augmentation de la participation entraine la ou le votant, qui n’est qu’un nombre dans ce schéma, à faire sien [internalize] le pari. La domination en produit ensuite le résultat des élections. La/le votant-e va donc accepter le résultat des élections et la domination d’un groupe déterminé, sans que la question de qui gagne ou perd ait du sens dans cette acceptation. L’acceptation des citoyen-ne-s est une victoire pour chacun des groupes qui parient sur les élections. Tant que le gagnant des élections continue à gouverner, le perdant va continuer à s’opposer et chacun des deux côtés attendra les prochaines élections.

    Qu’est ce que ça signifie la responsabilité des électrices et des électeurs ?

    C’est leur manière de faire participer les citoyen-ne-s dans le gouvernement de la société. La ou le votant-e qui pense, réellement, qu’en mettant son bulletin dans l’urne elle/il participe à la gestion sociale, économique et politique de la société, sera d’accord avec ce système déjà construit sur la base de cette définition absurde de la responsabilité. L’affaire est simple : que votre choix soit celui qui l’emporte ou non, vous devez rendre votre droit d’administrer au gagnant parce que c’est lui qui détient le pouvoir légitime. C’est la responsabilité à laquelle on se plie en allant voter.

    Et ça veut dire quoi que tou-te-s les votant-e-s ont la même voix ?

    Les élections créent une illusion au milieu du conflit de classe. Elles créent l’illusion que l’ouvrièr-e qui reçoit un salaire de 1.400 et l’ingénieur-e qui reçoit un salaire de 14.000 ou même le patron qui fait un profit de 140.000 sur le travail de ces ouvrier-es et de ces ingénieur-es sont à égalité. Avec le vote. Cette illusion court pendant des mois mais se termine de façon abrupte en une journée, ramenant ensuite les opprimé-e-s à leur non-existence dans la gestion de la société. Les opprimé-e-s vivent l’exploitation de tous les gouvernements qui sont élus.
    Il est clair que ce schéma préalablement décrit et mis en place par de nouvelles lois depuis des années de gouvernement AKP fonctionne également pour les autorités locales du CHP. Ces deux partis occupent les places prédominantes dans toutes les élections depuis presque 20 ans et tiennent des positions très similaires dans le conflit de classe. Que l’un soit au gouvernement et l’autre dans l’opposition n’affecte en rien le conflit de classe, ni en positif ni en négatif. Le patron qui fait 140.000 de profits aura toujours plus d’impact sur le gouvernement de la société et, en tant que propriétaire du capital, continuera d’entretenir des relations avec les propriétaires du gouvernement. L’ouvrier-e à qui on donne 1400 en échange de son travail n’aura aucun impact sur le gouvernement. Le bonheur momentané du « moi aussi j’existe dans cette société » que crée l’illusion électorale prendra vite fin dans les réalités économiques et sociales de la vie quotidienne.

    Qu’est ce que ça signifie d’être un votant qualifié [qualified voters] ?

    Ca signifie appartenir à la majorité dans la société. Pour tous les groupes qui rentrent dans le jeu des élections, le segment qui constitue la majorité de la population est la masse qui va déterminer l’issue des élections. C’est sur les caractéristiques de cette masse que vont être décidés les axes principaux de propagande pour les élections. L’AKP comme le CHP ont pour but de gagner à eux les segments qui constitue la majorité dans la société, les segments dont les valeurs sont les plus partagées, comme les turc-que-s, la secte sunnite, les nationalistes-nationalitaires. Les autres votant-e-s, celles et ceux qui ne sont pas des votant-e-s qualifié-e-s, représentent moins de vote par rapport à la masse. Par conséquent, elles et ils sont donc considéré-e-s comme secondaires dans la propagande électorale. Et c’est l’identité sociale et économique des citoyen-ne-s qui détermine leur qualité en tant qu’électrices ou électeurs.

    De l’opposition

    Qu’est ce que cela signifie d’être l’opposition dans le cadre électoral ?

    Etre l’opposition dans le cadre électoral signifie que vous n’avez pas été sélectionné lors des dernières élections et que vous espérez gagner dans les élections à venir.
    Tout système électoral requiert la participation d’au moins deux groupes dans les élections. Les deux groupes sont en opposition l’un à l’autre jusqu’au jour des élections, dans lequel le gagnant et les perdants vont être déterminés. Le gagnant sera au pouvoir, tandis que le perdant sera dans l’opposition.
    Dans le système parlementaire, le CHP qui s’oppose à toutes les décisions de l’AKP au Parlement, remet en cause la façon d’administrer de l’AKP et ses impacts négatifs sur la vie sociale et le fonctionnement de l’État. Cette mission d’opposition parlementaire aide le CHP à faire de la propagande contre le pouvoir en place. Dès lors, étant donné que l’accord entre le parti et les votant-e-s de ce parti a débouché sur une défaite, c’est la seule relation que l’opposition établit avec les électrices et les électeurs.
    L’opposition extra-parlementaire, en revanche, ne base pas son existence sur l’opposition au pouvoir en place, au parti qui a gagné les élections. Non, le reste de l’opposition, qui n’est pas présente au parlement, est basée sur les principes de l’anticapitalisme et/ou de l’anti-impérialisme. Cette opposition est un des aspects de la lutte des classes dans le cadre établi par le Marxisme-Léninisme. Elles et ils combattent pour la révolution qui abolira la lutte des classes par l’établissement d’un pouvoir politique ouvrier, de classe, contre la bourgeoisie. Parmi leurs stratégies de lutte, elles et ils pratiquent l’alliance tactique avec l’opposition parlementaire dans les élections. L’opposition révolutionnaire qui préconise l’utilisation du cadre électoral d’un point de vue stratégique souligne l’opportunité que les élections constitueraient pour organiser la société. Elles et ils défendent que la politisation des citoyen-ne-s à travers le vote, en période électorale, pourraient être bénéfiques. Les organisations marxistes, léninistes et socialistes scientifiques en général, prônent toutes, avec des nuances, l’utilisation stratégique des élections.
    Le HDP est désormais bien plus que la représentation du peuple kurde au Parlement et est devenu une institution que rejoint l’opposition révolutionnaire. Le HDP n’a eu de cesse d’augmenter son nombre de votant-e-s aux élections dans lesquelles il participait, jusqu’aux élections générales du 1er novembre [2015]. Maintenant que ce nombre de votant-e-s a dépassé les 10% (le minimum requis pour se constituer en groupe parlementaire), il peut se comporter en parti parlementaire. Les votes qui lui proviennent de la région dont le parti est issu à la base se sont stabilisés. Couplés aux votes des grandes villes, son pourcentage fluctue entre 10-11%. Cela dit, la dynamique qui est née le 1er novembre [2015], dans laquelle l’État de Turquie s’affronte au mouvement kurde en interne et dans sa politique étrangère, a permis par des moyens plus ou moins légaux de dégager le HDP du Parlement où il était entré par la voie électorale. Le fait que les élu-e-s soit jugé-e-s et arête-e-s un-e par un-e, en dépit de leur immunité parlementaire, montre bien en quoi l’institution en charge de la production des lois, c’est-à-dire l’État, n’est en aucun cas soumis aux contraintes légales et peut modifier/contourner la loi selon son bon vouloir et ses propres intérêts. Autre indicateur de ce phénomène : le remplacement des maires-ses élu-e-s dans les communautés HDP par des bureaucrates loyaux [trustees]. L’État prouve le fait que la démocratie représentative est une illusion d’administration [démocratique] en réduisant à néant les élections et les élu-e-s en fonction de ses stratégies internes et externes.
    Dans les élections du 7 juin [2015], on a vu la dynamique de la révolte totale, des actions de rue, peu à peu comprimée et réprimée dans l’urne. Cette compression/répression était une condition indispensable de la survie de l’opposition, du CHP au Parti Patriotique, mais elle contient un autre aspect plus surprenant et complexe : l’incitation du HDP envers la société à se tourner vers les urnes plutôt que vers la rue. Alors que les actions de rue continuaient, elles ont été dissoutes dans la campagne électorale. Même la libération de Kobané a été comprimée/réprimée dans la champagne. Celles et ceux qui étaient sorti-e-s dans la rue, pas pour faire campagne mais pour exister en tant que peuple [realize themselves], sont d’abord allé-e-s dans les bureaux de vote puis sont retourné-e-s chez elles et eux. Le HDP a dit : “Venez mettre fin à la dictature de l’AKP” et leur a demandé de voter, pas à celles et ceux qui sont politisés-e-s seulement une journée quand elles et ils votent, mais bien à celles et ceux qui résistent au quotidien. Les campagnes électorales, le vote et le système qui ne change pas, se sont transformés en un sentiment constant de désespoir sous la toute aussi constante dictature étatique. Le discours « C’est la vie, c’est inévitable » a gagné toutes les bouches, vous avez vu ? Celles et ceux qui compriment/répriment l’espoir de la rue dans l’urne, celles et ceux qui pensent que l’espoir, c’est le vote, veulent maintenant répéter cette illusion dans une nouvelle élection. Le vote n’est pas un espoir, mais l’illusion d’une politisation pour le votant-e. Et les élections ne sont pas un espoir pour la justice et la liberté, mais l’illusion d’une gestion collective.

    Du pouvoir en place

    Les élections veulent dire, pour le parti au pouvoir, fin ou continuité du pouvoir. Tout parti au pouvoir veut obtenir l’assentiment de l’ensemble de la société et c’est ce que fournissent les élections.
    Après une période durant laquelle l’AKP gagnait les élections les unes après les autres et est passée au travers de tous les scénarios qui auraient dû mener à sa perte, nous avons maintenant un référendum/une élection extraordinaire [untimely]. Ces élections extraordinaires, au sens où elles se déroulent hors du calendrier habituel, sont les élections favorites de l’AKP. Nous sommes encore dans une dynamique électorale alors que le pouvoir est assumé sans aucune contrainte, du fait de sa position majoritaire. Le pouvoir crée ses lois et contourne celles qu’il n’aime pas. Ce référendum est le troisième organisé par l’AKP et, si le parti l’emporte, il aura acquis une position très confortable pour re-dessiner la société à sa guise. Un détail notable dans la stratégie électorale de l’AKP est sa volonté affichée, non seulement de conquérir de plus en plus de votant-e-s mais aussi de développer la participation globale aux élections. Le pouvoir agit comme s’il n’avait rien à faire des pensées et des sentiments de ses opposant-e-s. Mais en réalité, c’est tout l’inverse : parce que l’une des choses que le pouvoir tente d’éviter, c’est de ne plus être en mesure d’obtenir l’assentiment sociale. Il a déjà l’assentiment des gens qui votent pour lui mais pour obtenir l’assentiment tacite des électrices et des électeurs de l’opposition, leur simple participation au processus électoral suffit mais est nécessaire. Le fait que les électrices et les électeurs de l’opposition aient participé et aient perdu permet aux résultats de l’élection d’être légitimés. Parce que le pouvoir illégitime ne peut se maintenir au pouvoir. La chose dont le pouvoir est le plus inquiet, c’est de la faible participation aux élections. C’est du boycott, militant ou passif [directly or indirect boycott], que l’AKP a le plus peur. Par conséquent, pour augmenter la participation, l’AKP continue d’augmenter la tension de façon générale. En usant d’une rhétorique et d’actions provocatrices tout en continuant sa propagande, l’AKP tend l’opposition et augmente la tension sociale entre les électrices et électeurs. Et plus de tension sociale, c’est plus de participation au final dans les élections.

    A propos de nous, anarchistes :

    La non-participation aux élections signifie-t-elle la neutralité ?

    Les anarchistes, qui rejettent les relations d’administrateurs/administré-e-s, doivent aussi rejeter les élections qui permettent le gouvernement de la société. Ce n’est pas une position neutre, mais une prise de position du côté des luttes pour un monde où il n’y a pas d’administrateurs et pas d’administré-e-s. Les élections créent de façon claire l’illusion du libre-arbitre. L’individu qui pense qu’il ou qu’elle se rapproche de la gestion de la société et l’influence avec son libre-arbitre par le vote n’est plus en phase avec la réalité quotidienne, qu’elle ou il perd de vue dans cette illusion. Celle ou celui qui ne perçoit plus l’injustice, la pauvreté et le manque dans lequel elle ou il vit est plus à même de devenir obéissant. Dans cet ordre mondial injuste, que la conception de la société qui ignore l’individualité a créé, et où la liberté n’existe pas, il n’y a pas de société dont l’administration ne soit pas déterminée par des élections. Les options qui s’offrent aux électrices et aux électeurs sont claires et ce, quelque soit le choix individuel de chacun-e :

    1- Celui ou celle qui doit gagner sa vie en vendant son travail et son temps, l’opprimé-e, n’a pas d’influence sur l’administration ;
    2- Pour l’opprimé-e, il n’y a pas de différences entre les différentes administrations qui peuvent sortir des urnes ;
    3- Les propriétaires de l’administration et les propriétaires du capital ont des intérêts communs ;
    4- Dans chaque société, il existe des familles, des tribus, des partis idéologiques, des sectes, des ethnies qui peuvent potentiellement se retrouver en position de pouvoir ou d’opposition, en fonction du contexte. En Turquie, ces groupes existent comme tels : les turc-que-s, les kurdes, les sunnites, les alévi-e-s, les laïc-que-s, les conservateurs-trices ;
    5- Le pouvoir est responsable de la régulation des relations entre l’État et les entreprises. Il remplit cette responsabilité par l’intermédiaire de ses différents corps : l’exécutif, le législatif, le judiciaire. Il s’agit de la responsabilité de perpétuer la forme voulue de relations entre l’oppresseur et l’opprimé-e. En Turquie ou dans n’importe quel autre État du monde, le parti qui a remporté les élections a-t-il jamais favorisé la classe opprimée contre la classe des oppresseurs ? Pas un seul, jamais, ni conservateur, ni libéral, ni même socialiste, n’a favorisé le plus grand intérêt de la classe opprimée.

    Les anarchistes ne peuvent pas préconiser de voter et ainsi reconnaître le pouvoir de celui qui gagnera les élections, qu’elles/ils aient voté pour le bon ou pas. Les anarchistes ne pensent pas qu’il soit bénéfique d’organiser la société à travers la participation aux élections et refusent d’en faire une stratégie, à l’inverse des socialistes scientifiques marxistes-léninistes. Les partis qui participent aux élections créent l’illusion que les revendications du peuple pour la justice et la liberté sont couvertes par les discours électoraux et qu’elles seront satisfaites quand ils auront gagné les élections. Soutenir le processus électoral, individuellement ou en tant qu’organisation est, d’une certaine manière, le soutien à la diffusion de cette illusion. Le désir de transformer le processus électoral en une opportunité utile est en réalité le désir de faire de la propagande pour le système électoral, c’est-à-dire pour une illusion. Les anarchistes devraient appeler tous les individus qui forment la société à prendre la responsabilité de l’abstention. Cet appel est un appel à la responsabilité de l’individu, à son refus d’abandonner sa volonté et son désir d’un monde juste et libre à la volonté d’un parti ou d’un président. Une telle responsabilité est le premier pas d’une politisation qui ne durera pas qu’un jour, mais pour toujours.

    Action Anarchiste Révolutionnaire (DAF)
    Première déclaration sur le référendum


    Traduit de l'anglais par les Relations Internationales de la CGA
    international / anarchist movement / opinion / analysis Thursday April 13, 2017 03:36 byDavid Van Deusen

    Nonviolence can be used in many circumstances as an effective tactic, but it is irrelevant, irresponsible, and utterly ridiculous to even consider it as a strategy. So yes, nonviolence should be utilized as a tactic where pertinent, and in turn pacifism, as an ideology and a strategy, must be purged from our movement.

    Let us remember that every great step forward in history has not come into fruition until it has first been baptized in blood.

    - Mikhail Bakunin

    NOTE: The essay was first published, not so long after the Battle of Seattle, as a pamphlet by Black Clover Press, Montpelier VT, 2001. It has not previously been available in other formats.

    Introduction


    Militancy and direct action are not only necessary tactical tools for the anarchist left, but, when correctly implemented, they are also the facilitators of inspiration and motivation for both those involved with the act in question and those who observe the act in question. It is such activity that helps draw numbers into the movement by creating an outlet for the venting of frustration and alienation. In short, militancy and direct action, by challenging the entrenched power of the wealthy ruling class and state, fosters a sense of empowerment upon those who partake, while also furthering creative aspirations by hinting at what a revolution toward a non-oppressive society might feel like.

    Of course, militancy and direct action do not carry the inherent qualification of being violent or nonviolent in and of themselves. The slashing of management’s car tires during a labor dispute, as well as erecting of barricades and subsequent rioting against the forces of the State during a pro-working class demonstration are both clearly militant actions, but so too is a non-violent workers’ factory occupation during a strike as well as occupying major city intersections and shutting down of financial districts during a protest against neoliberalism.

    Clearly there are many circumstances in which non-violent tactics are not only advisable, but also the only effective course possible. Furthermore, tactical nonviolence is always the preferred course of action when its outcome can bring about the desired objective and subjective results more effectively or as effectively as a violent act. Such practices should be encouraged and taught throughout the anarchist and leftist movement generally in order to maintain a moral superiority over the forces of capital and the state, who of course practices both overt and covert violence with little discrimination on a consistent basis. This commitment to nonviolence is fundamentally based on pragmatism and revolutionary ethics, while finding its material existence through the implementation of tactics. However, nonviolence should, under no circumstances, be understood as a strategy in and of itself. When nonviolence is used as a strategy it transcends its existence as a descriptive term and defines itself as an idea, a noun, as “pacifism”; it becomes an ideology.

    When nonviolence is used correctly, as a tactic, it is a most useful tool in the popular struggle. The reason for this is because such a display of resistance is indicative of an underlying threat of violence. For if people are willing to put themselves on the line for the sake of liberty, and if these people are willing to risk bodily harm in such an action, it displays a level of commitment, which, if turned in a violent manner, could manifest itself in the form of a future insurrection; an insurrection where if critical mass is attained could threaten the foundation of state power; that of the ruling class and the underlying anti-culture.

    Ironically the victories of the Civil Rights Movement in the South during the 1950’s and ‘60’s owes a lot to the inherent threat of violence. In this case, the southern leadership, embodied in Martin Luther King Jr., expounded upon the need for nonviolence to be utilized as a strategy. However, this movement did not take place in a vacuum. Parallel to the happenings in the South, a movement for black liberation was being launched in the North, and elsewhere, as embodied in the Nation of Islam, later in an autonomous Malcolm X, and then in the Black Panther Party (BPP), and the Student Nonviolent Coordinating Committee, SNCC, a group which formally rejected strategic nonviolence while under the leadership of Stokely Carmichael. This aspect of the movement displayed signs of extreme militancy and was not pacifistic in rhetoric or in character. To the government this represented the logical alternative to which the movement as a whole would turn if certain terms were not ceded to the pacifistic element in the South. The much trumpeted success of the Southern Civil Rights Movement’s pacifistic strategy has, despite itself, much to thank to the threat of violence

    In the following essay, I will elaborate on the above theme. First, I will discuss situations where political violence in not only necessary, but ethically justifiable. Second, I will discuss the natural disjunction between strategic nonviolence and the poor and working classes, and finally, I will discuss the contemporary bourgeois roots of pacifism as an ideology of the status quo.

    When Violence is Necessary


    The fact is that there are times when the only way to effectively advance a movement is through the use of violence. Sometimes, this necessity is clearly in reaction to particular act of state violence, other times it is due to more general circumstances. Either way, justifiable acts of leftist/working class violence are always fundamentally an act of self-defense insofar as the very institutions of the capitalist state inherently constitute continuing physical and psychological violence against the great mass of its people.

    Once the State moves to consolidate its own power, peace has already been broken.”
    - Che Guevara

    More concretely, violence can be understood as absolutely necessary during certain phases of popular struggle.

    This occurs when:

    1. Nonviolent options have been explored yet no ostensible victory has been reached.

    In the face of exploitation and oppression, inaction is akin to no action, and hence is tacit acceptance and support of those evils. In addition, the continued implementation of proven ineffectual tactics in the face of these evils must be considered akin to inaction, in that ineffectual tactics translates into the same end result; continued exploitation and oppression of the poor and working class by the hands of the ruling class, bourgeoisie and their lackeys. Thus, it would follow that there may arise circumstances, after the exploration of peaceful options, where the only ethical course available to a movement, or individual, is of a violent kind.

    2. Whenever State oppression becomes violent, to the point where the movement itself or large segments of the population or the premises on which the people subsist are threatened with liquidation.

    The physical self-defense of a people, a movement, or the premises upon which they subsist, is a self-evident right, obvious in the natural world. To claim otherwise is to deny the bravery, justness and dignity of Sitting Bull and the Lakota of the 1870’s, the Jews of Warsaw during the Nazi occupation of the 1940’s, the Cuban’s defense at the Bay of Pigs in the early 1960’s, the man who vanquishes the would-be murderer of his child, and the woman who manages to physically fight off a would-be rapist. To allow for otherwise is nothing but a neurotic self-denying tendency and an unnatural will to suicide.

    3. Violence must be understood as a looming fact once the critical mass necessary to seriously challenge a ruling class and state power is domestically reached.

    To believe that the state will voluntarily relinquish its power in the face of a moral challenge is as childish and absurd as it is dangerous. History, without exception, has shown that a parent state will react to any legitimate or perceived threat to its domestic power with a ruthless violent suppression of the threat. If that means the murder of large sections of its own population, so be it. Pacifism in the face of such repression translates into no more than the eradication of the insurrectional movement through the means of murder to the sum of absolute death. Once the state finds itself backed into the proverbial corner, it can be expected to act by animalistic instinct; in short, it will fight for its life and will not relinquish until either itself or all of its foes are dead. Let us not forget the 30,000 fallen heroes of the Paris Commune whose blood will forever stain the consciousness of modern France.

    Some would argue that the above claim is proven false by the historical fact of Mahatma Gandhi's pacifistic movement; a movement which did succeed in liberating India from direct British imperial rule. However, such a line of argument does not apply in this case, as that particular case did not occur inside a primary capitalist nation. Rather it occurred on the edges of a crumbling empire. The response of the British government would have differed radically if the movement had occurred inside one of its perceived, primary domestic provinces, or if it were a general domestic movement against the state apparatus itself. The former of which is born out in the fact that the present situation in Northern Ireland has its contemporary roots in the 1960’s nonviolent Catholic Civil Rights Movement.

    Therefore, if the goal of the anarchists and the left generally is not self-eradication through a violent counter reaction and the subsequent consolidation of oppressive forces, it will recognize nonviolence for what it is; a tactic, not a strategy.

    Pacifism as Foreign to the Poor and Working Classes


    One must also question the ability of a nonviolent movement to generate the critical mass necessary to substantially challenge the entrenched fundamental power structure of the nation/state. Since the death of Martin Luther King Jr. in 1968, pacifism has failed to attract any significant numbers outside of the upper middle and wealthy classes. The reason for such failure is that pacifism does not commonly attract members of the working and sub-working class because it bears no resemblance to their experience of reality or their values and shared history of struggle.

    If one's goal is to aid in the building of a serious revolutionary movement, one must be sure that movement is inclusive to those classes that inherently possess revolutionary potential. Thus, it is necessary to construct a movement which is empirically relevant to poor and working class reality. This not only means agitation on their behalf, but also utilizing a strategy which is consistent with the developing/potential class consciousness of such a constituency. If a movement fails to do such, it will fail to draw the necessary critical mass from those classes and in turn will fail to achieve its supposed goals. Furthermore, such failures are probably indicative of the co-option of that movement by ideological prejudices imported from the bourgeoisie; most likely in the form of upper-middle class activists present in the left. Nonviolence, as a strategy is a perfect example of such counterproductive prejudices.

    I have often heard discussions among upper-middle class activists about the need to stay away from violent confrontations with the state at demonstrations in order to “not turn people off”. The fact is the only people who are likely to be automatically turned off by legitimate acts of self-defense are upper middle class and wealthy types who will most likely never be won over to the side of revolution anyway. On the other hand, it is common that folk from within the poor and working classes are inspired by the direct and unobstructed confrontations with the forces of the status quo. These communities appreciate the honesty, dignity, and bravery that popular self-defense demands. These are the future agents of revolution and they are not as easily turned away by the truth that real struggle entails. Violent self-defense on behalf of, and through a constituency emanating from their class, is a more pure expression of their collective frustrations brought on from alienation and made objective through their continuing poverty or sense of slavery through accumulated debt.

    To further illustrate this all one has to do is look at the various strikes, demonstrations, protests, riots, etc., of the past two years to see how those from within the poor and working classes have conducted themselves when confronted with state violence and restraint. Here we can observe the violent uprising of the poor and working class black folk within Cincinnati (April 2001), the anti-capitalist riots of the Quebecois youth A20 (anti-FTAA demo, Quebec City, April 2001), the numerous Black Bloc anti-capitalist actions throughout North America and Europe (Seattle, 1999, through Genoa, 2001) the armed peasant uprisings from Bolivia to Nepal, the massive militant protests of the Argentine working class against the neoliberal policies of the capitalist government (summer, 2001), the violent union strikes within South Korea, as well as countless other examples of poor and working class resistance the world over.

    Compare these developing mass movements composed of persons squarely within the more oppressed economic classes to the relatively impotent and groundless protests of strictly nonviolent upper middle class “reformers”. Two decades of liberal dominance within the left, from the late 1970’s through the later 1990’s, resulted in little or no tangible victories, and often resulted in isolating left wing politics from its supposed mass working class base. These liberals, democratic socialists, non-government organizations (NGO’s), etc., failed to deliver a mass movement of an oppressed constituency. All they did manage to deliver was countless boring protests, which rarely even received media coverage of any kind, and Walter Mondale, as the losing alternative to Ronald Reagan in the 1984 U.S. Presidential election.

    The basic fact is, the strategy of nonviolence is foreign to the poor and working classes, and any grouping which places such an ideology ahead of the real desires and inclinations of the masses of exploited people will inevitably remain marginalized, isolated, and ineffectual. Here they become no more than the would-be mediators of continuing alienation and oppression, if only with a dash more of welfare programs and workplace safety boards.

    Pacifism is foreign to the social reality of the workers. For example, few of us who grew up without the privilege of gross excess capital did so without learning the value of knowing how to fight. Unequivocal nonviolence in grade school would have earned us the same thing it does in the political arena; further bullying, further oppression. An early lesson for many of us was the effectiveness of “standing up to the bully.” Such an act always carried with it the threat of violence, if not the implementation of violence. To take such a stand without such a commitment would have resulted in nothing more than a black eye. It is from this early age that the more oppressed classes learn the value of violence as a tool of liberation.

    Historically, violence has proven to be politically relevant through union struggles and neighborhood fights against the exploitation of the poor and working class. The history of the labor struggle is a history of blood, death, and dignity. From the Pinkertons to the scabs, to the police, army, and National Guard; from lynching to fire bombings the U.S. Government, acting as the political ram of the ruling class, more often than not has forced the working class to defend itself through its only proven weapons; class-conscious organization and self-defense, when need be, through violence. This is a historical fact that is apparent in the social underpinnings of working class community, if not always consciously remembered by its inheritors.

    In addition, the more advanced elements of the poor and working class has, for 150 years, been exposed to and has autonomously developed ideologies of liberations which not only map the current state of affairs and predict future trends, but also prescribe the justified use of violence as a necessary element of their own liberation. In turn, these ideologies, although often greatly flawed, have been a consistent traveler through the trials and tribulations of these workers since the dawn of the industrial age. When successes were found, these ideologies were also present. Although it is true that much leftist ideology is becoming a dinosaur of the past within primary capitalist nations (i.e. those espousing the various forms of authoritarian communism) it must be recognized that in and of itself it has been responsible for its own transcendence. It is part of the common history of struggle and even with its passing it reserves a place of prestige within the social unconscious of the past and present revolutionary struggle. You tell me how willing the more self-conscious elements of the poor and working classes are to deny this history.

    Of course, violence should not be canonized. These same communities implement violence upon themselves in a destructive manner as well. Domestic violence, murder, and armed robbery of members of their own class is a reality in many poor and working class neighborhoods. But, these forms of internal violence can be attributed to alienation as experienced in an oppressive society. Thus, crime rates have historically plummeted in such neighborhoods during times of class autonomy (i.e. Paris 1871, Petrograd 1917-1921, Barcelona 1936-39). Of course, we should condemn such negative forms of violence and work toward their eradication, but we should do so without throwing the baby out with the bath water.

    Violence, both of a positive and negative sort, is an element of poor and working class culture. Violence is also a proven tool of liberation in poor and working class ghettos, both in relation to the personal and the political. And finally this reality is further validated by ongoing world events and historical fact.

    Nonviolence as a philosophic universal must be understood as the negation of the existence of the poor and working classes. And no, I do not solely mean their existence as an oppressed element; I mean their existence as a class which possesses a self-defined dignity through their ongoing struggle against alienation and exploitation.

    Ideological nonviolence is the negation of their shared history of struggle. It denies their dreams of freedom by its sheer absurdity and stifles certain forms of their self-expression through its totalitarian and insanely idealistic demands. In a word, strategic nonviolence is the negation of class consciousness; it is irrelevant at best and slavery at worst. In itself, it represents the conscious and/or unconscious attempt of the more privileged classes to sterilize the revolutionary threat forever posed by a confident, self-conscious, and truly revolutionary working class.

    Once again, it is conceivable that some would argue the contrary by pointing to poor and working class involvement in the nonviolent movement in Gandhi's India and/or Martin Luther King Jr.’s Civil Rights Movement. However, the extent to which non-violence was accepted as a strategy by these classes is born out in the events which followed the initial successes of these respective movements. In India the same elements that partook in nonviolent actions quickly, and regrettably, fractioned off into two camps; the Hindu on the one hand and the Muslim on the other. Not long after, these factions had no qualms about mobilizing to fight successive wars against one another. Let us remember that both these factions today possess nuclear weapons, which are aimed at one another. In the southern U.S. many of the same persons who marched with King also adopted a decidedly non-pacifistic strategy in the later days of SNCC, the formation of BPP chapters, and the Black Liberation Army cells throughout the region. In addition, let us not forget the riots which occurred upon the news of King’s assassination, turning the black ghettos across the U.S. into a virtual war zone. In the final analysis, both of these pacifistic movements must be recognized as only being such in the minds of their respected leadership. The masses of poor and working class people, which gave these movements their strength, never internalized nonviolence as a strategy; rather nonviolence was no more than a particular tactic to be used as long as its utility bore itself out.

    Psychological Roots of Pacifism as a Bourgeois Ideology


    So, if pacifism bears no resemblance to poor and working class reality and has no historical or sound philosophical base, what can its existence, as a strategy, be attributed to? The answer is: the deformed ideology of the progressive element of the bourgeoisie and petty bourgeoisie - in other words that of the classes composing the higher and lower levels of the wealthy privileged classes.

    It is true that many individuals from these classes have become legitimate and outstanding revolutionaries through the process of becoming radicalized and declassed; Mikhail Bakunin, Karl Marx and Che Guevara to name but a few. And of course, there are many such individuals in our movement today. But, it is also true that many bourgeois elements present in the left still cling to their class privileges and prejudices as if a gilded crutch. They are oddballs in that they are bourgeois yet are driven by a self-loathing as facilitated by class guilt. On the one hand they wish to rectify the ills they feel responsible for, and on the other they are too unimaginative and weak of constitution to cleave themselves from their class privileges and the relative security that entails. Hence, they cling to the only political strategy which can, in their minds, both absolve them from their materials sins and maintain the status quo of their class security; in a word, they become pacifists. In this move they reject the dialectical materialism of both anarchism and communism by subjecting themselves to an idea at the expense of concrete experience.

    Pacifism lacks any sound material bases. A quick observation of nature will tell you that the natural world is not without violence and human beings are not outside the natural world. Life is violent. Everything from the eruption of a volcano, to the lion’s killing of her prey, to human ingestion of a vegan meal, possesses a degree of violence. Think of all the weeds that were killed in the production of that tomato, or of all the living microorganisms that our body necessarily destroys through ingestion, or through the very act of breathing; that is violence.

    Like the eighteenth century French philosopher Rene Descartes, these charlatans reject the fact of the body for the phantom of the mind. They create the idea of unconditional nonviolence and enslave themselves to it; instinct, lived experience, historical fact, be damned. Through their ideology they become the same beasts of dualism that have tethered the human race from Plato to Catholicism.

    Pacifism is fundamentally at odds with anarchism in its view of the state. Pacifism functions by the maxim that the tacit and active perpetrators of oppression (i.e. the state through the ruling class) possess an inherent ability to rectify themselves if the true appalling nature of that oppression is unmasked to them. Hence, it is also assumed that the ruling class possesses the ability to make such an observation and that it will display the desire to make such change. Anarchism contends that the very existence of a state apparatus insures the continuing oppression of the exploited classes. This is due to the inherent tendency of power to corrupt those who possess it; and those who possess power seek to consolidate that power. The state apparatus tends to safeguard itself from such possibilities through the creation of bureaucratic institutions which entail a codified dogma specifically designed to maintain the status quo. With this development class oppression becomes an irreversible fact, within the statist paradigm, even in the unthinkable unlikelihood that large elements of the ruling class were to desire its radical reforming. In this sense the state is a self-propelling evil that is no more capable of eradicating class oppression than it is of eradicating itself; Frankenstein’s monster resurrected. Therefore, pacifism is fundamentally at odds with anarchism. Either the state is potentially a vehicle for liberation, or it is an institution of slavery. Plain and simple.

    Bourgeois pacifists become modern ideologues of a confused status quo. They adhere to pseudo-rebellion, and in doing so they serve the function of bolstering the state through the implementation of a strategy that acts as an abstracted semblance of insurrection; a false, non-threatening insurrection squarely within the parameters of the predominant anti-culture. And here they defuse the revolutionary potential of any movement they touch by acting as the unconscious arm of the expanding anti-culture apparatus of false appearances and mundane stability. For as long as their strategy lacks any real potential to fundamentally challenge class bias and status quo; as long as such a strategy is devoid of the true ability to deconstruct the economic and cultural system that allows for the establishment of the bourgeoisie and petty bourgeoisie; as long as this strategy takes on a language of righteous and pious revolution, these self-loathing activities of a physical comfort can go to sleep at night both feeling redeemed through their rebellion and secure in knowing their tacitly oppressive luxury will be there for them again, tomorrow.

    What further makes these pacifists oddballs, is the fact that through their pseudo-revolutionary activity they incur an alienated relationship with the less analytical elements of their own class, who in their ignorance constitute the class majority. These elements mistakenly view them as class traitors. This is ironic because nothing could be further from the truth. These people stand fundamentally in solidarity with their roots. And, if their activity has any ostensible effect on the larger movement, it is to prolong the day of insurrection, not to expedite it.

    If left to their own delusions they would not deserve such discussion, but they, like Christian missionaries, seek to spread their neurotic illusion to new populations; in this case the poor and working classes. And in doing so they have infiltrated the leftists and anarchist movements and even now threaten to rob it of its pressing relevance by divorcing it from its learned experience.

    The poor and working classes are naturally not drawn to pacifism. If pacifism becomes the prime mode of operation for leftists and anarchists organizations, these organizations will cease to have any legitimate tie to their natural constituents. Although it would be ignorant to contend that such an ideology will fail to gain a certain degree of reluctant converts among naturally opposing classes. If such irrationalities never occurred in society, Italian and German fascism would never have manifested themselves with the power that they did. In short, aspects of the poor and working classes can be expected to adopt a self-denying ideology if that ideology claims to offer liberation and if that movement in which it is contained appears to be the most prominent in the field. This is not to say that the true movement will be abolished through such a scenario, any more so than it denies the ultimate historical relevance of dialectical materialism, it is only to say that it will prolong the day of reckoning by robbing the oppressed classes of their truly revolutionary organizations.

    Conclusion


    Perhaps the best way to have repelled Franco’s fascist invasion of Spain in 1936 would have been for the C.N.T. and F.A.I. to hold a peaceful sit-in? Maybe Adolph Hitler would have reversed his genocidal policies and instead made strides towards a free society if enough Jews and gentiles would have peacefully marched in Berlin. If non-violence was the strategy of the Devil, he’d probably be ruling heaven right now… no.

    In the end analysis, just as there is a place for tactical nonviolence, there is also a place for violence during certain phases of a popular movement. This can manifest as a tool of self-defense or as the midwife of state disembodiment. On the other hand, pacifism, as an ethical system of action, is nothing but an absurd dilution born out of resentment and fear and projected upon the struggles of the poor and working classes by oddball elements of the bourgeoisie. As long as such a strategy is allowed to occupy a prominent role among the ranks of the left, the left will equal the total sum of the socially inept ruling class.

    In summation, nonviolence can be used in many circumstances as an effective tactic, but it is irrelevant, irresponsible, and utterly ridiculous to even consider it as a strategy. So yes, nonviolence should be utilized as a tactic where pertinent, and in turn pacifism, as an ideology and a strategy, must be purged from our movement.

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