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brazil/guyana/suriname/fguiana / antifascismo / opinión / análisis Tuesday October 16, 2018 08:11 byCoordinación Anarquista Brasileña

El actual escenario político brasileño exige mucha lucidez y frialdad para el conjunto de los luchadores y de las luchadoras populares y su análisis de la realidad. Nosotros de la Coordinación Anarquista Brasileña, modestamente, buscamos dar nuestra contribución a la comprensión del convulsionado escenario político-social, cuyo principal corte se encuentra en el golpe jurídico-parlamentario que derribó a Rousseff del gobierno. Vivimos recientemente el llamado agotamiento del pacto de la Nueva República de 1988. Tal pacto mantenía la exclusión social de los de abajo, mientras garantizaba derechos jurídicos mínimos, en una coalición que involucró a políticos burgueses, al empresariado, a los militares y parte de los sectores reformistas la izquierda.

La construcción del Estado brasileño, sin embargo, siempre estuvo más cerca de los intereses de las potencias imperialistas de turno que de la mayoría de la población. El estado penal para los pobres siempre fue la norma de las instituciones de la democracia burguesa. Los gobiernos del PT, desde Lula, incrementaron la máquina criminal del orden público con todo un aparato legislativo-judicial que reprodujeron el super-encarcelamiento de los pobres y negros y la parafernalia represiva que ataca las luchas sociales. El pacto de conciliación de clases se rompió y el colaboracionismo rasgado dando lugar a la agenda agresiva del capitalismo financiero sobre los derechos sociales, las libertades parciales y los bienes públicos, que fueron conquistas históricas del movimiento popular.

[Português]

Nota sobre el actual escenario de la lucha de clases en Brasil

Coordinación Anarquista Brasileña

El actual escenario político brasileño exige mucha lucidez y frialdad para el conjunto de los luchadores y de las luchadoras populares y su análisis de la realidad. Nosotros de la Coordinación Anarquista Brasileña, modestamente, buscamos dar nuestra contribución a la comprensión del convulsionado escenario político-social, cuyo principal corte se encuentra en el golpe jurídico-parlamentario que derribó a Rousseff del gobierno. Vivimos recientemente el llamado agotamiento del pacto de la Nueva República de 1988. Tal pacto mantenía la exclusión social de los de abajo, mientras garantizaba derechos jurídicos mínimos, en una coalición que involucró a políticos burgueses, al empresariado, a los militares y parte de los sectores reformistas la izquierda.

La construcción del Estado brasileño, sin embargo, siempre estuvo más cerca de los intereses de las potencias imperialistas de turno que de la mayoría de la población. El estado penal para los pobres siempre fue la norma de las instituciones de la democracia burguesa. Los gobiernos del PT, desde Lula, incrementaron la máquina criminal del orden público con todo un aparato legislativo-judicial que reprodujeron el super-encarcelamiento de los pobres y negros y la parafernalia represiva que ataca las luchas sociales. El pacto de conciliación de clases se rompió y el colaboracionismo rasgado dando lugar a la agenda agresiva del capitalismo financiero sobre los derechos sociales, las libertades parciales y los bienes públicos, que fueron conquistas históricas del movimiento popular.

El imperio muestra sus garras

No podemos entender ese movimiento que está sucediendo en nuestro país fuera de la realidad geopolítica de nuestro continente latinoamericano. Necesitamos calibrar nuestro instrumental analítico y localizar un poco mejor a Brasil como nación periférica dentro del sistema-mundo para entender lo que está en juego. Nación esta, que siguió manteniendo su vocación agro-exportadora (primaria) y en los últimos diez años se alineó en la construcción del plan IIRSA - Iniciativa de Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana (actual COSIPLAN). Este plan buscaba maximizar la explotación de nuestros recursos naturales, acelerar el proceso de abastecimiento de los mercados internacionales con estos recursos y beneficiar a empresas transnacionales.

Tal plan significó una nueva ofensiva en consonancia con tratados de libre comercio establecidos entre Estados Unidos y algunos países de la región. En el intento de ampliación del modelo neoliberal en América del Sur, aún en la ola de gobiernos progresistas y de centroizquierda.

La crisis económica de 2008 creó grandes dificultades para que Estados Unidos mantenga la agenda internacional, que a partir de la caída de las Torres Gemelas, pasó a tener como principal objetivo la garantía de su hegemonía global, lo que es muy evidente en las varias agresivas intervenciones impulsadas por el imperio . Hay una lectura clara por parte del imperialismo de que "donde Brasil va la América Latina va junto". En este sentido, como nuestro continente latinoamericano es visto como una reserva estratégica de EEUU (de recursos naturales, energéticos, y políticos), los desdoblamientos del escenario político brasileño son de gran importancia para Washington.

El golpe de 2016 no sólo desmontó las pequeñas logros del período anterior como profundizó el control financiero e internacional de la economía nacional, en forma de compra de "activos". Ajuste que se impone en la escena a golpes de toga, con la Lava Jato alineada con el imperialismo por la estrategia del lawfare. Crece también el control de los sectores de infraestructura, energías renovables, servicio, salud y educación por empresas norteamericanas y chinas. En lo que se refiere al petróleo, 13 multinacionales ya se apropiaron del 75% del pre-sal, con liderazgo de Shell y BP, cuyas últimas subastas se produjeron en octubre de este año. Desde el punto de vista político, la acción del imperialismo consiste en desorganizar cualquier posibilidad del escenario brasileño -aunque bajo un gobierno de una centroizquierda reformista- representar cualquier amenaza a sus intereses a nivel continental. Es importante tener claro que el desarrollo de la disputa electoral en Brasil tendrá claros desdoblamientos sobre la crisis del régimen venezolano. Puede al final de ese proceso ser efectiva la contribución a la desestabilización política del país, o incluso a la posibilidad de una intervención militar.

La nueva DSN: los militares hacen política y amenazan

Hay que resaltar que hace algunos años, aún dentro del gobierno petista, se inauguró una nueva Doctrina de Seguridad Nacional con el general Etchegoyen en las fuerzas armadas brasileñas. Doctrina que ve a los grupos vinculados al narcotráfico, ONGs de derechos humanos o ambientales, órganos gubernamentales de cuño "ideológico" y los movimientos sociales ligados a una visión de izquierda como nuevos enemigos internos. Uno de los elementos de esta doctrina es el vaciamiento del papel de la universidad y de la investigación, endurecimiento en el código penal, continuidad y ampliación del super-encarcelamiento y adopción de medidas de contra-espionaje. La doctrina utiliza controles de medios de comunicación social, diseminación de rumores, descalificación de acusadores y uso de documentos falsos. La promoción de huelgas, cierre de vías y ocupación de tierras y edificios y la lucha por derechos sociales para minorías políticas pasan a ser caracterizadas como "acciones terroristas".

Fue esa nueva doctrina responsable del lobby de aprobación de la ley antiterrorista aprobada por Dilma. Su objetivo se inscribe en la creación de un nuevo pacto, una "nueva democracia", donde los militares tengan un papel activo en esta nueva geopolítica del continente y en la política nacional.

Para resumir. El "estado democrático de derecho" montado sobre la excepción para las "clases peligrosas" está en proceso de reconfiguración como juego de poder de las clases dominantes (en algunos lugares, narco-estado), y hace emerger de su interior las razones de Estado y sus relaciones con los intereses del imperialismo. Los factores de reacción operan en la coyuntura, como Estado policial. Un ajuste que corta tan profundo en la carne del pueblo y hace explotar las ambiciones de la clase capitalista y de sus lacayos, tarde o temprano, llama la seguridad en su favor y amplía el espacio de la excepción para redefinir la norma del sistema.

El centro-izquierda apuesta todas sus fichas en las urnas

La izquierda y centro izquierda brasileña apuestan la suerte en las urnas como quien espera que la democracia burguesa venga en su socorro, proteja sus derechos, limite el garrote y derrote al imperialismo. Mientras el sistema levanta el asa de mira y viste la toga o el uniforme para ejercer el poder, siempre con apoyo del gobierno norteamericano. Los movimientos de oposición por la izquierda surgidos después del golpe jurídico-parlamentario y que tomaron las calles desgraciadamente entran en esa lógica pragmática, de razón de Estado y gobierno, donde el enemigo de la extrema derecha sería supuestamente vencido por las urnas y el voto.

El centroizquierda se esfuerza para canalizar esos esfuerzos en acumulación electoral, gastando toda su energía con la disputa institucional y el juego podrido de los partidos electorales, en detrimento de la lucha de clases. La escena política brasileña está maculada por el fraude de una representación que para los liberales burgueses siempre ha sido un mecanismo legitimador de la usurpación de las fuerzas colectivas y de los bienes comunes por la voluntad poderosa de minorías. Pero sabemos que el sistema tuerce la constitución y derrite el estado de derecho cuando se trata de defender los intereses de sus clases dominantes.

Debemos esforzarnos para construir un trabajo prolongado que apunte a los sindicatos, las organizaciones populares como la alternativa más correcta para el pueblo a defender sus derechos y participar en la vida política, profundizando la democracia directa, repudiando la conciliación de clases y dando combate sin tregua al proto- fascismo.

El proto-fascismo como una super-dosificación del programa de los poderosos

Esta configuración del poder político también es ayudada por tácticas de propaganda y acción directa de sectores reaccionarios y grupos de filiación ideológica en la extrema derecha, que en general son respaldados por los aparatos jurídico-policiales. Un factor que gana incidencia en las calles y que todo sugiere que van crecer, abriendo un espacio para que sus agentes presionen la escena política nacional y se alineen a lo que está ocurriendo a nivel continental.

No es sólo eso. Se sintoniza también con la frustración económica, el fracaso de soluciones políticas por la representación y la desestabilización de valores asociados a posiciones de poder en la familia, cultura, educación. Una producción subjetiva conservadora que tiene en los evangélicos y su base popular un vector de capilarización. Esta nueva derecha transitó del discurso petista a la radicalidad del discurso anti-político y “anti-sistema”, configurándose como una derecha que no habla sólo para las élites, sino también a los sectores populares y periféricos. Actuan en el vacío social dejado por la centroizquierda, que se sitúa sólo en la defensa de la democracia burguesa.

La figura despreciable de Bolsonaro se inserta en ese intento de profundización de la destrucción de los derechos sociales y de violencia patriarcal contra mujeres, LGBTs, indígenas, negros / as y quilombolas. Violencias que se materializaron en diversos ataques por Brasil protagonizados por sus partidarios, entre ellos, lo que resultó en el brutal asesinato del Maestro Moa del Katendê, en Salvador. Lejos de minimizar la barbarie que Bolsonaro representa es necesario insertarlo dentro de una lógica funcional de la aplicación del ajuste, de la recolonización imperialista del país a un ritmo más acelerado que en un gobierno de centroizquierda.

Las urnas no van derrotar al imperialismo, el ajuste fiscal y el proto-fascismo

El resultado de las elecciones, por lo tanto, no resuelve el complejo contexto planteado por la correlación de fuerzas negativa para la clase obrera. Todos los escenarios son de profundización de la lucha de clases y de las opresiones. El "voto útil" contra la chapa Bolsonaro hace como máximo una prórroga, llevan a un complicadísimo "tercer turno" que no se decidirá en las urnas. La lucha es a largo plazo para la construcción de una alternativa de clase y de masas que no se rinda a las razones de Estado, a la gobernabilidad ya los acuerdos subordinados al imperio. Pero que se constituya como fuerza social capaz de derrotar a la burguesía, el imperialismo y sus ataques.

Nuestras banderas de clase necesitan estar levantadas hacia arriba en este momento de ataque proto-fascista y ultraliberal. No podemos sucumbir al pánico que desmoviliza y al temor provocado por las elites reaccionarias. Nuestro papel es resistir activamente, reforzando la solidaridad de clase, garantizar la lucha en las calles y la movilización permanente de los de abajo!

Por eso defendemos:

- Unidad por el antifascismo más allá de las urnas, en las bases y en las calles. La lucha es lo que va a definir. La unidad se dará en actos, movilizaciones contra los ataques neoliberales y la barbarie promovida por Bolsonaro y sus correligionarios.

- Lucha por la defensa de los derechos sociales. Lucha contra las privatizaciones y los ataques a los de abajo. Lucha contra los ataques a la educación, reforma de los juiblados, lucha contra el aumento del costo de vida, contra la criminalización de los movimientos sociales y el proceso de genocidio del pueblo negro, periférico e indígena.

- Construcción de una huelga general contra el avance del fascismo y los ataques a los derechos de los trabajadores que es la agenda del imperialismo del próximo período, de las élites empresariales y políticas independientes de las elecciones.

¡Pueblo fuerte para barrar el fascismo!

¡Contra la barbarie neoliberal, lucha y organización!

CAB - Coordinación Anarquista Brasileña

brazil/guyana/suriname/fguiana / imperialismo / guerra / feature Tuesday October 16, 2018 05:41 byCoordenação Anarquista Brasileira
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Nota da Coordenação Anarquista Brasileira

O atual cenário político brasileiro exige muita lucidez e frieza para o conjunto dos lutadores e das lutadoras populares e sua análise da realidade. Nós da Coordenação Anarquista Brasileira, modestamente, buscamos dar nossa contribuição a compreensão do convulsionado cenário político-social, cujo principal corte se encontra no golpe jurídico-parlamentar que derrubou Dilma Rousseff do governo. Vivemos recentemente o chamado esgotamento do pacto da Nova República de 1988. Tal pacto, mantinha a exclusão social dos/as de baixo, enquanto garantia direitos jurídicos mínimos, numa coalizão que envolveu políticos burgueses, o empresariado, os militares e parte dos setores reformistas da esquerda.

A construção do Estado brasileiro, no entanto, sempre esteve mais próxima dos interesses das potências imperialistas de turno do que da maioria da população. O estado penal para os pobres sempre foi a norma das instituições da democracia burguesa. Os governos do PT, desde Lula, incrementaram a máquina criminal da ordem pública com todo um aparato legislativo-judicial que reproduziram o super-encarceramento dos pobres e negros e a parafernália repressiva que ataca as lutas sociais. O pacto de conciliação de classes foi rompido e o colaboracionismo rasgado para dar lugar à agenda agressiva do capitalismo financeiro sobre os direitos sociais, as liberdades parciais e os bens públicos, que foram conquistas históricas do movimento popular.

[Castellano]

brazil/guyana/suriname/fguiana / anti-fascismo / opinião / análise Sunday October 14, 2018 06:46 byBrunoL

O Brasil adentra a campanha de segundo turno com uma evidente ameaça protofascista através do candidato favorito, o deputado federal Jair Bolsonaro (PSL-RJ). Quando afirmamos o protofascismo, é porque esse quase fascismo se dá no aumento do volume de ataques, agressões e ameaças. Só nos primeiro cinco dias após a vitória do capitão reformado (com sofrível ficha corrida no Exército Brasileiro), foram mais de setenta atos de violência registrados, incluindo o assassinato de Mestre Moa do Katendê, capoeirista angoleiro morto com doze facadas pelas costas. Se isso não serve de alerta e exemplo é porque, realmente, como sociedade, nós estamos anestesiados diante da cruzada “contra a corrupção”, ignorando que pode estar em jogo o conjunto de direitos conquistados na Constituição de 1988.

13 de outubro de 2018, Bruno Lima Rocha
O Brasil adentra a campanha de segundo turno com uma evidente ameaça protofascista através do candidato favorito, o deputado federal Jair Bolsonaro (PSL-RJ). Quando afirmamos o protofascismo, é porque esse quase fascismo se dá no aumento do volume de ataques, agressões e ameaças. Só nos primeiro cinco dias após a vitória do capitão reformado (com sofrível ficha corrida no Exército Brasileiro), foram mais de setenta atos de violência registrados, incluindo o assassinato de Mestre Moa do Katendê, capoeirista angoleiro morto com doze facadas pelas costas. Se isso não serve de alerta e exemplo é porque, realmente, como sociedade, nós estamos anestesiados diante da cruzada “contra a corrupção”, ignorando que pode estar em jogo o conjunto de direitos conquistados na Constituição de 1988.
Se não bastasse o perigo do discurso, os personagens que o cercam são de igual pavor. Como em Salò, do cineasta italiano Pier Paolo Pasolini (Itália, 1975), o fascismo protagoniza o espetáculo de horrores e degradação da humanidade. Na esteira da “onda conservadora” que o cerca (a “Jair”), a minúscula legenda se transforma na segunda maior bancada do Congresso, contando com parlamentares que beiram o grotesco degenerado. Tem ator pornô, oficial de exército, lobista da indústria de armas, marombeiro anabolizado, caricato apresentador de TV local, âncoras do PIG, passando até pela decadente extinta realeza do segundo reinado. Alguns podem falar que se trata da “renovação da política”, mas vejo como um jogo de oportunidades, onde o pior do país ganhou nova roupagem. Não se trata de argumento elitista, mas de estarrecimento diante do que se tornou a difusão ideológica na 8ª economia do mundo.
As subcelebridades da nova-extrema-direita foram também impulsionadas pela estrutura das empresas de exploração da fé alheia, autodenominadas “igrejas”. Especificamente falo dos conglomerados econômicos comandados por “pastores”, que pregam a Teologia da Prosperidade e uma mescla de adoração ao Bezerro de Ouro e um culto ao individualismo burguês como forma de sobrevivência na pobreza metropolitana. Não vou citar estas casas de heresia para evitar um processo jurídico, mas tenho certeza de que cada leitora saberá exatamente sobre as mais de dez conglomerados de extração de riqueza não tributada às quais estou me referindo. São aparelhos complexos, porque além do local de “culto e adoração”, estas são “proprietárias” de canais de televisão, alugam canais de concessionárias privadas de serviço público outorgado que terceirizam programação televisiva, colonizam o rádio brasileiro – especialmente no AM que ainda transmite -, indicam políticos profissionais fazendo evidente orientação para o voto e ainda participa da chamada “guerra cultural”. Neste último quesito, estes exploradores da ignorância e do desespero levantam as bandeiras da homofobia (através de uma defesa da heteronormatividade monogâmica), do racismo (quando atacam os terreiros de religiões afro-brasileiras), da misoginia (ao repetirem os papeis subalternos e “femininos” das mulheres) e do imperialismo (ao naturalizarem e defenderem as relações subalternas de nosso país diante dos Estados Unidos). No Brasil, blasfemar, arrancar dinheiro de quem não tem e ainda por cima cometer heresias interpretando o Velho Testamento, dá base social para o protofascismo rastejar rumo ao Planalto.
O “novo normal” da política é o discurso do “sagrado”, como forma de alimentar a guerra cultural, cujo ícone maior é um ex-astrólogo auto exilado nos Estados Unidos, o patético Olavo de Carvalho. Cabe uma ressalva. Olavo pode ser sofrível como intelectual, diria mais, ele é um péssimo autodidata, um atentado contra a capacidade de exercício do livre pensamento. Ao mesmo tempo, é um perigosíssimo propagandista, incansável na internet e que se aproveitou justamente da difusão das redes sociais, das formas de comunicação intermediada através de tecnologias de informação e comunicação (NTICS) para fazer sua pregação. Olavo, o astrólogo, encontrou em Bolsonaro candidato, sua “grande esperança branca”, um homem que não teria o medo do ridículo, e se antecipa ao retorno dos “meninos do Brazil”, aqueles jovens ultraliberais que foram aprender a fazer propaganda ideológica nos cursinhos de verão da Atlas Network, financiados pelos Irmãos Koch. Olavo é o Coiso na forma de propaganda irresponsável; o Coiso é o porta-voz da sandice sem um pingo de vergonha, até porque sua reputação é justamente no romper do “politicamente correto”, e por tabela, não se comprometer com a correção na política e menos ainda no reconhecimento dos direitos de reconhecimento, diversidade, diferença sem desigualdade e um país pluriétnico.
Teria outros elementos do horror, mas basta citar mais um. Por mais que pareça ridículo e absurdo (e de fato é), também é a soma de todos os medos vindos da latrina da política mesclada com a sarjeta da alta sociedade. Uma parte relevante dos especuladores e do empresariado se somou nesta aventura restauradora e reacionária e hoje babam de ódio contra as conquistas populares. As acusações de crime eleitoral por abuso de poder empresarial nos locais de trabalho passaram de 120 até a quinta-feira anterior ao pleito de 7 de outubro. Imaginem o que vem por aí?
Mas não basta constatar a face horrenda da direita desavergonhada do mal banalizado. É preciso ir além do momento e organizar-nos socialmente para resistir em todos os espaços onde o povo brasileiro esteja. Como diz a letra do poeta Zé Pinto: “porque nós somos a maioria e vai chegar o dia de um novo amanhecer!”.

Bruno Lima Rocha é pós-doutorando em economia política, doutor e mestre em ciência política, professor de relações internacionais e de jornalismo.
(estrategiaeanaliseblog.com / E-mail e Facebook blimarocha@gmail.com /Grupo no Telegram: t.me/estrategiaeanalise)

brazil/guyana/suriname/fguiana / gênero / opinião / análise Sunday September 30, 2018 04:21 byFederação Anarquista Gaúcha

Estamos em período eleitoral. Os partidos políticos, à esquerda e à direita, apresentam suas candidaturas e suas propostas ao povo. Alguns prometem governo popular e dizem que irão defender direitos, no marco da democracia representativa dos ricos. Outros falam de soluções autoritárias, de mais repressão e polícia, como se o maior problema do nosso povo fosse a criminalidade e a falta de segurança. Nós da Coordenação Anarquista Brasileira (CAB) não escolhemos entre as opções disponíveis. Votamos nulo como reação de protesto, mas sabemos que isso não basta. Nossa militância toma essa atitude por uma questão de princípio. Acreditamos que fazer política não tem a ver exclusivamente com eleger um candidato. Pelo contrário. Quem de fato elege os candidatos são os de cima, os ricos, e não o povo.

Mulheres Tomam a Frente da Resistência! Povo Forte Vence nas Ruas!

Estamos em período eleitoral. Os partidos políticos, à esquerda e à direita, apresentam suas candidaturas e suas propostas ao povo. Alguns prometem governo popular e dizem que irão defender direitos, no marco da democracia representativa dos ricos. Outros falam de soluções autoritárias, de mais repressão e polícia, como se o maior problema do nosso povo fosse a criminalidade e a falta de segurança. Nós da Coordenação Anarquista Brasileira (CAB) não escolhemos entre as opções disponíveis. Votamos nulo como reação de protesto, mas sabemos que isso não basta. Nossa militância toma essa atitude por uma questão de princípio. Acreditamos que fazer política não tem a ver exclusivamente com eleger um candidato. Pelo contrário. Quem de fato elege os candidatos são os de cima, os ricos, e não o povo.

A democracia deles é uma farsa e, portanto, sua estrutura e institucionalidade está fadada a reproduzir dominação, mesmo que sob verniz popular. O que não significa que ficamos alheios aos resultados das eleições ou que achamos que tanto fez como tanto faz. Não somos principistas e puristas em matéria de política. A conjuntura imposta nesse novo arranjo de poder, o qual caracterizamos como Estado Policial de Ajuste, nos coloca a certeza que precisamos cerrar punhos e organizar a resistência, com auto-organização de mulheres, LGBTs, negros, indígenas, estudantes, trabalhadores, todo o conjuntos dos setores oprimidos para garantir nossos direitos. Pois não há cenário favorável para o nosso povo fora da luta popular.

É uma completa ilusão crer que a derrota do Bozo e sua trupe virá das urnas. O resultado das eleições não irá desmobilizar em nada as forças da extrema direita, que ganham chão a cada dia que passa. Eleito ou não, o lastro social e ideológico que a candidatura do capitão da reserva deixará já é uma herança terrível, e o conflito que hoje existe deve alcançar níveis ainda mais altos a partir de 2019, independente de quem venha a sentar na cadeira da presidência.

Do outro lado, uma briga encarniçada no campo progressista sobre qual candidatura teria mais condições de ganhar o pleito, se a de Ciro ou de Haddad. O que parece até um desperdício de disposição militante, como se a vitória de qualquer um dos dois representasse de fato a derrota da extrema direita. Pelo contrário: enquanto a militância realmente convicta se mata pelas redes sociais, os candidatos vão capitulando seus programas ainda no primeiro turno e tentando atrair algum apoio, para o segundo turno, dos partidos que eventualmente fiquem pelo caminho. E principalmente do tal "Mercado" (como se este fosse um ente divino e único, e não um bando de especuladores que pouco se importam com o país - que dirá com povo oprimido -, estando apenas interessados na aposta que lhes dará o melhor retorno).

Um grande exemplo disso é Haddad, que já aceita falar sobre a reforma da Previdência enquanto seus apoiadores juram que sua candidatura representa, em alguma medida, os "interesses populares". Há ainda o elemento militar. Pra quem tem acompanhado minimamente as falas do alto generalato, as Forças Armadas voltaram à cena política e não demonstram qualquer vontade de sair. Muito pelo contrário, começam a ganhar força explicitando o descontentamento com a Constituição de 1988, por exemplo. Ou seja, é a liquidação formal de um mínimo de direitos arrancados pelo conjunto das classes oprimidas a partir da efervescência popular dos anos 1980 (sob a narrativa da redemocratização do país) e acomodado no pacto de classes da ‘‘constituição cidadã’’ de 1988 - pacto este que na prática já foi rompido desde 2016. Mas voltando à milicada, o recado sobre a não aceitação do resultado das urnas já está dado, e é incerta a postura que adotará o exército em caso de uma convulsão social impulsionada pela extrema direita. E mesmo que assumam uma atuação mais nos bastidores, quais as chances de prevalecer um projeto de caráter popular com estes abutres pairando na cena? Isso tudo sem contar o judiciário, aquele setor de classe com corte bem delineado e que já deixou claro a quem serve, mas que ainda é escolhido como fiel da balança por boa parte da esquerda que acredita nas vias institucionais.

Para o campo libertário, o cenário é ainda mais duro. Se já era difícil fazer corrente de opinião contra a farsa das eleições em um ambiente tão polarizado e em que as forças políticas de diferentes espectros legitimam essa disputa, que dirá então quando a saída apontada tem um nível de concretude tão distante. Os espaços que poderiam propiciar uma outra experiência política aos setores historicamente excluídos dos centros de tomada de decisão praticamente inexistem, e quando existem tendem a estar aparelhados por forças que jogam todas as suas fichas nas eleições. Os menos convictos viram dissidentes, arrebatados pelo discurso alarmista vigente. Aos que estão de fora da nossa bolha social, não temos uma solução concreta (em questão de tempo presente) a ofertar, e os códigos comuns entre nossas linguagens hoje são tão restritos que temos dificuldade até em nos fazermos entender.

Por isso, a melhor chance que temos hoje é encarnada pela articulação das Mulheres Unidas Contra o Bolsonaro. Uma unidade que se forja a partir da ameaça de avanço do conservadorismo (e de um projeto ultraliberal que vem à reboque), mas que tem potencial para se consolidar e vir a assumir uma atuação mais "propositiva", no sentido de emplacar mudanças estruturais na sociedade. Câmbios de fundo que impactem no imaginário coletivo a respeito do que é ser mulher e do seu direito ao seu corpo, e que resultem na consolidação de dispositivos como a legalização do aborto, em que seja garantida a destinação de recursos coletivos para disponibilizar, a toda e qualquer mulher, todas as condições necessárias para a realização do procedimento de forma segura e gratuita. A derrota do Bozo e de toda a ameaça conservadora com viés protofascista que ele encarna passa necessariamente por este fronte. Mesmo com suas eventuais contradições (todos os movimentos têm), é a mobilização das mulheres que de fato traz em si uma potencial frente de ataque a um dos pilares do conservadorismo - o patriarcado. Mais do que a resistência hoje, é na organização das mulheres que encontramos o grande vetor de mobilização social do século XXI, e é para elas que devemos concentrar toda nossa energia e disposição militante.

É nessa trincheira que há possibilidade de acúmulo de força social com perspectiva de mudança na correlação de forças e avanço para o andar de baixo na luta de classes. Por isso, mais do que apertar números nas urnas, o que mais iremos fazer?

Nossa militância estará engrossando o caldo das mobilizações neste dia 29 de setembro. Tomar as ruas do país para resistir aos ataques feitos pelas elites ao nosso povo! São milhares de mulheres dizendo #elenao e unificando a luta feminista contra os retrocessos nos direitos e o conservadorismo.

CONVOCAMOS PARA A LUTA POPULAR, POR DEMOCRACIA DIRETA!

brazil/guyana/suriname/fguiana / anti-fascismo / opinião / análise Sunday September 23, 2018 10:15 byBrunoL

22 de setembro de 2018, Bruno Lima Rocha
Estamos em setembro de 2018 e metade do Brasil está sob um legítimo e justificado estado de nervos. No texto que segue fazemos três reflexões sobre o momento do antifascismo e algumas perspectivas.

22 de setembro de 2018, Bruno Lima Rocha
Estamos em setembro de 2018 e metade do Brasil está sob um legítimo e justificado estado de nervos. No texto que segue fazemos três reflexões sobre o momento do antifascismo e algumas perspectivas.
1ª reflexão: O que está indo embora junto com o fim da Nova República
O barco já está afundando, ou seja, a Nova República está sendo enterrada viva e com ela os direitos sociais duramente batalhados como contrapartida da luta do povo brasileiro no período da Abertura lenta, gradual e restrita. Como diziam os antigos, isso – a perda - já é jornal velho.
Os direitos sociais são a conquista substantiva na Constituição de 1988 e, sim, formavam na década de '80 a concepção do reformismo ainda radicalizado, mesclando uma formação em cima de Paulo Freire e Antonio Gramsci, e todas as diversas significações que isso pode implicar em um partido massivo, com direito de tendência e liderança carismática e intocável, como o ex-presidente Lula.
O ciclo que se encerra está para além da Nova República e trata-se da formalização institucional das relações sociais no Brasil. Há registro de comemoração do primeiro de maio - dia do trabalhador - já em 1892. Na virada do século, boa parte das associações mutualistas ou ligas de socorros mútuos foram acompanhando o debate da ala federalista da 1a Associação Internacional e tomaram os rumos do chamado sindicalismo de intenção revolucionária (de orientação anarquista). Foram exatos quarenta anos até as primeiras legislações de vulto ser promulgadas em 1932. Vargas terminou o trabalho sujo de Arthur Bernardes, cortou a cabeça do sindicalismo classista, reprimiu primeiro o anarquismo e depois a linha de Moscou e concluiu sua obra excluindo os setores mais duros do integralismo de seu Estado Novo, aos moldes do salazarismo português à época.
Mas, com toda a repressão e o autoritarismo varguista, o conjunto de regulações do mundo do trabalho e das legislações sociais veio em um crescendo, chegando até ao mundo da roça, o campo, em pleno governo Geisel. Por isso a ditadura no Brasil criou um regime de tutela militar e voltado para a modernização conservadora. Está tudo indo embora neste período histórico, à exceção do pior de sua reivindicação: militares entreguistas; neoliberais selvagens; esnobismo anti-povo e elogio às posturas anti-intelectuais. Enfim, estamos vendo a linha chilena manifestando-se através do racismo de classe como bem define Jessé Souza.
O desmonte do Estado em sua dimensão tanto pública como estratégica até pode ser revertido ou ter alguma interrupção, mas o pacto de classes gerado na Abertura e depois aprofundado no período lulista, esse já era. É um morto vivo e não terá solução nem neste ano e menos ainda no próximo biênio, independente do resultado das eleições presidenciais.

2ª reflexão: Onde e como transformar a revolta ao protofascismo em luta popular organizada?
Realmente o momento é grave, e por vários motivos, – relações causais diretas e indiretas - já muitas vezes debatidos tanto aqui como em publicações semelhantes. Se por um lado o recuo de legislação protetiva conforme narrado acima, simplesmente retira o chão de quem precisa literalmente ser protegido da sanha do capitalismo periférico, por outro, chama a atenção para novos recursos societários.
Traduzindo, os espaços urbanos vão ficar cada vez mais perigosos se não houver uma ampla - e urgente - retomada do investimento em equipamentos públicos. Como isso não transforma territórios violentos em "pacificados" em menos de três anos, teremos um trabalho social em locais deflagrados cada vez mais difíceis de serem executados. Mas, como se sabe na luta popular, ou se tem trabalho de base, e a partir destes, temos recursos de mobilização, ou tudo não passa de perigosa ilusão.
Um espaço intermediário seria o incremento da mobilização, com algum grau razoável de organização perene, das lutas derivadas do antifascismo que emerge nos últimos quatro anos, à medida que o pacto de classes é derrubado e através deste, a Nova República também. A sociedade está bastante mobilizada através de redes de identificação política, ideológica, simbólica, de gêneros, étnico-culturais e faltava - falta ainda - algum grau de unidade para todo esse caldeirão de possíveis lutas que ultrapassam a superfície e se fazem notar.
A aposta segura seria esse caldo de cultura como energia sobrante, na resistência ao avanço do protofascismo - caso a desgraça ocorra e a chapa Bolsonaro-Mourão vença nas urnas e, ainda que o pior não ocorra, apostar que todo o avanço reacionário vai recuar se perder para o voto útil é algo que beira a fantasia organizada.
Vem daí a questão de fundo: como garantir que toda essa energia que transborda o voto útil e o alinhamento ao reformismo possa existir a partir de novembro, e mais importante ainda, consiga realinhar forças a partir de fevereiro-março de 2019?!
Não está fácil, mas é o momento de menor recuo desde a avançada que culminou na rebelião popular de 2013 e o decorrente sequestro da pauta pelos grupos de mídia naquele ano ainda.
3ª reflexão: E os passos seguintes?
Pareço repetir o óbvio, mas se eu ainda conheço as centro-esquerdas e esquerdas brasileiras, não vejo nada além de "expectativas" quanto ao "o que fazer caso a desgraça aconteça". Assim, arrisco o passo seguinte do antifascismo cravando alguma unidade. Primeiro, observo que a dimensão das lutas sociais, da defesa da democracia em seu sentido mais profundo, vai ser a constante do dia a dia. Caso Bolsonaro, seu guru Chicago Boy e o general que "admira" Ustra em rede nacional e sem rubor algum não ganhem, 2019 será uma reedição de 2015 durante o governo Levy. Mas, caso os protofascistas cheguem ao Planalto pela força do voto na urna burguesa, aí o racha nacional se materializa. Explico.
Se a aventura política da versão brasileira linha chilena não der em vitória eleitoral, essas forças se dissipam e provavelmente em algum flanco jurídico o futuro ex-deputado vai sofrer.
A derrota eleitoral de Bolsonaro pode galvanizar o projeto político de médio prazo, no NOVO, onde os ultraliberais "apresentáveis se apresentam para a sociedade", propondo o desmonte dos direitos coletivos em nome de uma modernização colonizada. A distopia de Buchanan, Mises e Hayek pode vir a se tropicalizar, sempre com a inestimável ajuda da mídia, mas não agora.
O agora é o ontem, no cume de guerra fria e a linha chilena ruminantes no Brasil. Daí, o debate óbvio e que obviamente não cabe em rede aberta, é observar o que cada agrupação, corrente, tendência, coletivo, federação, organização, partido e movimento fará diante de uma democracia aparente e um projeto totalitário e ultraliberal no Planalto. Se do lado de cá tudo é ainda especulação, do lado de lá, posso apostar em um avanço na criminalização da luta política e a judicialização do debate cibernético. E, ao contrário do que ocorre com Trump, aqui o "Estado profundo" parece querer mergulhar de cabeça na distopia neo integralista onde o fantasma de Olympio Mourão faz morada. O tema é tão delicado que paro por aqui, mas corroboro - neste quesito - a análise quanto ao papel da Lava-Jato e quem a apoia incondicionalmente feita pelo liberal semi arrependido Reinaldo Azevedo. Este, antes de deitar baboseira no panfleto dos Civita - onde não está mais - deveria ter relido o Golbery e, tal como o Dr. Frankenstein, se dado conta: "eu criei um monstro!". Neste caso, não se trata somente do hoje âncora de programa líder na Bandnews. Quantos e tantos que ajudaram a criar o monstro e agora sequer sabem o que fazer e nem para onde correr.
Da banda de cá de novo, será a hora de rumar no sentido da bela estrofe do mais célebre hino antifascista, a Canção do Expedicionário, marcha da Força Expedicionária Brasileira (FEB)
"esse 'V' que simboliza, a vitória que virá, Nossa vitória final".
Tenho muita esperança no sentido coletivo das brasileiras e dos brasileiros. Vale lembrar que o povo se armou de voluntários e obrigou o Estado Novo a ir à guerra contra o Eixo nazifascista. Na campanha da Itália, nossos heróis pracinhas enfrentaram tropas alemãs com mais de cinco anos de guerra e neve na altura do joelho. Os fascistas daqui, como Olympio Mourão ou o patético Eduardo Gomes, passaram a mesma guerra no Brasil, se escondendo atrás de uma mesa.
Há que seguir a letra, "as asas do meu ideal, a glória do meu Brasil". Ou seja, concluir a obra do herói da FAB, brigadeiro Rui Moreira Lima, que da eternidade deve ainda desejar cumprir a ordem direta que Jango mesmo levando um golpe, nunca dera.

Bruno Lima Rocha é pós-doutorando em economia política, doutor e mestre em ciência política, professor de relações internacionais e de jornalismo.
(estrategiaeanaliseblog.com / blimarocha@gmail.com / grupo do Telegram t.me/estrategiaeanalise)

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