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iberia / workplace struggles / news report Thursday January 18, 2018 03:17 byRojoynegro.info

CGT convoca huelga el 9 de febrero y asambleas para decidir un plan de lucha continuado que evite el previsible despido de miles de profesores/as interinos/as andaluces/as.

El acuerdo firmado por la el Ministerio con los sindicatos mayoritarios para la “mejora del empleo público” y con la finalidad de reducir la tasa de temporalidad laboral al 8% puede suponer el despido de miles de profesores y profesoras interinos. Dada la alta tasa de profesorado interino de larga duración en la enseñanza, el acuerdo amenaza con convertirse en un ERE masivo para el profesorado que lleva años trabajando en esos puestos de trabajo.

De esta manera, se conculca el derecho a la estabilidad en el empleo, un componente primordial de la protección de los trabajadoras y trabajadores. La figura del profesorado interino en Andalucía en particular, y en general, en todo el Estado se ha convertido en una figura paradójica. Y ello porque el uso abusivo por parte de la Administración de las contrataciones temporales debido solo en parte -a los recortes en los Presupuestos Generales, ha ocasionado que se empiece a hablar de interino permanente o interino de larga duración. Una auténtica contradicción en términos. En estas condiciones, se pervierte la naturaleza jurídica del funcionario interino y, a partir de ahí, se explica que estos últimos años hayamos visto como el profesorado interino comenzaba a disfrutar de trienios, sexenios y complementos. Cuando hablamos de un profesorado interino que encadena años tras años contratos, no hay razones objetivas para distinguir en términos de derechos entre un funcionario interino y un funcionario de carrera.

CGT considera que los sindicatos de la mesa sectorial andaluza abandonan a su suerte al profesorado interino ante esta grave situación, al plantear movilizaciones para reivindicar unos objetivos que no garantizan la estabilidad del profesorado interino andaluz.

Una de las medidas que, la denominada mayoría sindical, de la Mesa Sectorial defiende es el carácter no eliminatorio de las pruebas selectivas en la fase transitoria (las tres convocatorias). Parece que no van a conseguir dicho objetivo porque el ministro de Educación se ha hecho fuerte en su negativa a este respecto y argumenta, no sin falta de empatía, que se tiene que apostar por la “excelencia del profesorado español y optar por los mejores candidatos”. En todo caso dicho objetivo no garantiza que quienes están se quedan.

Frente a ello, desde CGT planteamos como objetivo más eficaz el que se guarden las notas de convocatoria anteriores. La mayor parte del profesorado interino ha aprobado la fase de oposición en más de una convocatoria; en muchos casos, no son funcionarios debido a la insuficiente y precaria oferta de plazas de las convocatorias pasadas: ¿por qué no exigir la no caducidad, con carácter retroactivo, de las notas de la fase de oposición? ¿Por qué no considerar como aptos en la prueba selectiva a todas y todos aquellos candidatos que hubiesen superado las pruebas en otras convocatorias anteriores? Y más teniendo en cuenta, que en muchos casos la razón primera y fundamental por la que no llegaron al funcionariado es el uso improcedente de la Administración de las contrataciones temporales durante demasiados años. De hecho, la totalidad de las plazas, a excepción de las plazas correspondientes a la tasa de reposición, que se oferta en estos procesos selectivos son plazas de naturaleza estructural y están ocupadas por personal interino.

En otro orden de cosas, el profesorado interino que no haya aprobado ninguna prueba selectiva, ¿no ha mostrado ya de una manera clara y evidente su profesionalidad y aptitudes para el desempeño de la función docente durante sus muchos años de servicio a la Administración? El contrato temporal de profesorado interino solo se justifica de una manera excepcional y en una situación de corta duración. En caso contrario, nos encontramos ante un uso inadecuado de las contrataciones temporales por parte de la Administración. Llegados hasta aquí, parece que la única diferencia esencial entre el profesorado interino y el funcionario de carrera en lo que concierne a su trabajo y a sus derechos - aunque todavía queda camino por andar - es que para el funcionariado interino el despido es muy barato. Hasta ahora la figura del interino ha sido muy cómoda para la Administración, ya que lo ha usado dónde lo ha necesitado y se ha podido cesar sin obligación alguna de indemnizar.

La mayor optatividad en la elección de temas en la oposición tampoco es relevante en la reducción de la precariedad. En cualquier caso, y de mantenerse el carácter eliminatorio de las pruebas de la fase de oposición, se puede terminar favoreciendo, otra vez, los caprichos del azar y no la experiencia y formación de los aspirantes al funcionariado.

El pretendido aumento del peso de la antigüedad en la fase de concurso es engañoso, ya que si aumenta el total que se puede aportar, disminuye el valor de cada año trabajado, pasando de valorase 1 punto a solo 0,7. Además divide a los interinos , ya que favorece a los que tienen más tiempo y perjudica a los que tienen menos años de experiencia. Es decir, tiene el efecto perverso de devaluar el valor de la experiencia y terminar dividiendo al colectivo interino en función de la experiencia acumulada.

Ante esta grave situación en que miles de profesores interinos, unas 20.000 personas, se encuentran ante la amenaza de verse en la calle, CGT exige a la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía un acuerdo de estabilidad del profesorado interino que garantice que estos trabajadores/as no pierdan su empleo.

Para ello hemos convocado huelga el próximo 9 de febrero llamamos a asistir a próximas asambleas, que se celebrarán esta semana, a todos el profesorado afectado para decidir un calendario de movilizaciones sostenido – no se descarta la convocatoria de una huelga indefinida - hasta conseguir el objetivo irrenunciable de ¡QUIENES ESTÁN SE QUEDAN!

iberia / miscellaneous / entrevista Monday January 15, 2018 13:31 byMario Hernández

Entrevista a Oscar Murciano, Secretario de Acción Social de la CGT de Cataluña para Rebelion.org

M.H.: Estamos en contacto con Oscar Murciano, de la CGT catalana. ¿Cuál es la situación política que se vive en Cataluña?

O.M.: Después de un pulso bastante intenso, violento, represivo y con bastante ataque a los derechos civiles y libertades del Estado español, el gobierno institucional a pesar de contar con un buen apoyo popular, como no podía ser de otra manera, ha sido vencido por la parte más fuerte, la del Estado español que ha impuesto la intervención de la Generalitat, el encarcelamiento de personalidades, como lo que indica el artículo 155 de la Constitución española y que después se ha visto definido en la realización de unas elecciones que se han llevado adelante hace algunos días.

Por la parte independentista es una foto fija en la que hay un estado de movilización bastante fuerte e importante desde hace tiempo y que se mantiene inalterable a todo lo que pueda suceder en contra. No habrá una bajada, pero tampoco se produce una subida suficiente como para poder salir de este empate perpetuo.

Por la otra parte, ha habido un hundimiento de lo que sería el Partido Popular, que es el que manda a nivel del Estado español y un reagrupamiento en torno a un partido de derecha liberal que se llama Ciudadanos, que ha captado el voto útil de todos aquéllos que estaban un poco hartos de esta situación y de personas que pueden tener algún tipo de sentimiento de clase pero que en determinado momento si les das a escoger en unas elecciones, independentismo o no, y dicen que no son independentistas.

Entonces, Ciudadanos ha canalizado ese voto útil. La situación ahora es de empate a nivel institucional, pero habrá muchos movimientos. ¿Vendrá Puigdemont o no vendrá? Veremos la respuesta de parte del Estado español que no permitirá una reedición de lo sucedido hasta ahora, aunque muchos movimientos indican que desde la parte institucional política se va a entrar en una fase de relajamiento.

M.H.: Particularmente me interesa mucho este contacto con ustedes, con la CGT catalana, porque en medio de todo lo que estás describiendo, para mí es importante saber cuál es la posición de los trabajadores que habitan Cataluña en relación a esta situación política.

O.M.: Nosotros como sindicato, en diferentes reuniones que se produjeron cuando todo esto cambió de marcha, dijimos bastante claro a partidos de izquierda independentistas que ahora se acordaron de los trabajadores. Es decir, que cuando se veía venir un efecto de represión se pedía la intervención de los trabajadores. Esto es más o menos el resumen de lo que ha hecho el proceso independentista hasta hoy. Una agenda de buenas intenciones, de ideas, de esperanza, pero todo construido en el aire, sin concretarse en reivindicaciones que pudieran ser interesantes en una agenda social concreta de cara a los trabajadores. Porque el propio proceso independentista incluía a partes de la burguesía catalana, elementos de derechas de orden y ley y eso hacía bastante complicado producir esto.

La verdad es que los sindicatos hemos visto con lejanía todo este proceso, porque en cuanto a qué tipo de mundo, qué tipo de proyecto político están poniendo delante no hay nada que a nosotros nos resulte interesante.

Entonces, a nivel sindical hasta el momento en que el Estado amenazó con la represión y se empezaron a ver actos de violación de derechos civiles, de una acción bastante ofensiva a través de todos sus canales y con la revisión de que el 1º de octubre se iba a producir lo que finalmente se produjo, nosotros dijimos que una cosa es que este programa no nos diga nada a nosotros y otra es que permitamos y nos quedemos mirando desde el balcón como se está produciendo un ataque a todo esto.

Entonces, convocamos a una huelga general. Han salido estadísticas de esa huelga hace poco y resulta que ha sido la de mayor seguimiento de los últimos 25 años. Lo cual implica que eso que llamamos clase obrera, la clase trabajadora hizo huelga, porque sino es imposible detener a centenares de miles de personas durante esa jornada de día de huelga.

Nosotros interpretamos que más que una huelga de apoyo al proceso, se trató de un rechazo masivo a la represión de la Policía nacional y la Guardia Civil que había sucedido 48 horas antes y que produjo más de un millar de heridos en las colas de votación. Fue una acción de total rechazo a todo eso.

"El españolismo está produciendo una división en la clase trabajadora que es lo más preocupante"

Pero vimos que incluso en ese contexto de dureza que hizo que saliera tanta indignación, realmente en centros y sectores con mayor proletarización como el sector del metal, no hubo una respuesta muy fuerte. Eso nos indicaba que ni con eso había una capacidad de movilización, porque entraban más en cuestión el poco mensaje de clase y de un proyecto que no le habla a los trabajadores, porque los trabajadores recordamos perfectamente los recortes que hizo el gobierno de Artur Mas, una parte del pack que está ahora por el proceso independentista entonces se vio bastante de lejos.

Lo que ha pasado posteriormente es que el españolismo, como lo entendemos aquí, está bastante ligado a la herencia franquista, que busca la homogeneización, un rechazo a las diferencias culturales; no tuvo históricamente un arraigo, por diferentes factores, a pesar de que buena parte de la población catalana procede de otras partes del Estado. Pero nunca existió ese punto identitario que podía oponer una comunidad contra la otra independientemente de lo que podía significar una división de clase.

Eso ha cambiado ahora, o algunos pretenden que se acentúe mucho más porque la opción de Ciudadanos es netamente españolista y bajo estos prismas de negación de otro tipo de cultura. Esto está produciendo una división en la clase trabajadora que es lo más preocupante y es la herencia que está dejando este proceso.

Se inició este camino en base a unas ideas vagas de libertades y autodeterminación y se obvió la agenda social que pudiera ser interesante para los trabajadores y esto ha acentuado toda la parte identitaria y ha generado una respuesta también identitaria dentro de lo que sería la misma clase trabajadora.

Esta es la situación en la que estamos, parece bastante claro que hay entornos que apuestan por la repetición de un modelo similar al Ulster con la parte catalana, que sería el enfrentamiento entre dos comunidades y nosotros vamos a hacer lo posible por que esto no sea así, porque sería un desastre para nosotros.

Cuando toda la discusión se está haciendo en base a criterios de identidad, es una derrota para nosotros porque entendemos que cualquier proyecto tiene que ir bajo otros parámetros. Pero el escenario que tenemos ahora es de división y esperemos que no sea el escenario de enfrentamiento que a algunos les gustaría para quedarse mirando desde su sillón con los pies levantados sobre la mesa y esperando que nos peguemos entre nosotros.

M.H.: ¿Cuál es la posición de la CGT catalana frente a todo este cuadro que nos estás describiendo?

O.M.: Nosotros tenemos como CGT de Cataluña acuerdos de congresos a favor de la autodeterminación y concretamente del derecho de autodeterminación del pueblo catalán, es un derecho que está bastante reconocido no solo desde un punto de vista libertario, sino desde el pensamiento de izquierdas, que cada pueblo tiene derecho a escoger su futuro libremente según lo considere.

Nosotros tenemos esto plasmado en acuerdos escritos en Congresos desde 1985. Ahora bien, nosotros entendemos el derecho de autodeterminación no como el derecho de cambio de un Estado a otro, sino un cambio que realmente va mas allá de cambiar la bandera de los amos que nos van a seguir gobernando.

Por lo tanto, nosotros vamos más allá de la autodeterminación, el proceso independentista que se está realizando en Cataluña nos resulta, a pesar de que no sea lo que nosotros pidamos, especialmente interesante aunque no se incorpora un proyecto por los derechos de los trabajadores; pero tampoco estamos en contra, somos gente plural y algunos de los afiliados apoyan el proceso, otros están con una postura escéptica y otros en contra.

Nosotros como organización tenemos que dar los pasos según lo que se va decidiendo, tomamos una postura no general de apoyo, no en contra, pero respetamos el derecho de autodeterminación. Por lo tanto, no vamos a estar jamás en contra de una situación en la que el pueblo catalán escoja su futuro, por eso hemos hecho una huelga general 48 horas después de producirse un acto represivo.

"El proceso independentista no tiene ninguna agenda social"


M.H.: Has mencionado reiteradamente y me gustaría que detallaras, los términos de esa agenda social que reivindica la CGT catalana.

O.M.: Lo que estaba comentando es que el proceso independentista no tiene ninguna agenda social, carece de ella. No tiene ningún mensaje dirigido a la clase trabajadora. El mensaje que han manejado hasta ahora ha sido la política de recortes siguiendo las directivas de la señora Merkel al pie de la letra.

Todos tenemos muy presentes los recortes que hubo en Grecia, pero realmente los que hizo el gobierno de Mas en términos porcentuales fueron mayores a los de Grecia y no hubo ninguna otra región de Europa en la que se hubieran realizado recortes de esa magnitud.

Esto supuso una operación de cerrar el Parlamento para que se aprobaran y el anterior presidente de la Generalitat tuvo que entrar en helicóptero porque no podía acceder por la oposición de la población.

Entonces, buena parte de la población catalana tiene muy presente esta situación. La agenda social de la CGT de Cataluña está en los términos de una situación de corto, mediano y largo plazo. El largo plazo es el que todos conocemos, no lo vemos accesible ahora, pero tenemos siempre en mente la colectivización de los medios de producción, la toma por parte de los trabajadores del control de la economía y de la cooperación entre ellos para sacar a la sociedad adelante en base a criterios de solidaridad. Esto no lo tenemos como si fuera una frase en una vitrina sino que tenemos muy presente que aquí se consiguió y que tenemos la fuerza suficiente, entonces haremos todo lo posible por ello.

La parte a medio plazo sería una mejora generalizada de las condiciones de los trabajadores, ello solo puede conseguirse poniendo al capital a la defensiva, lo cual implica una convergencia entre el rico movimiento social que tenemos en Cataluña y una relación de fuerzas sindicales que actualmente no se produce, de cara a cambiar la situación actual en la que estamos teniendo a nivel general unas dinámicas de resistencia, pasarlas a unas dinámicas de ofensiva. Mientras no se produzca esta acumulación de fuerzas suficientes para iniciar una fase de huelgas generalizadas y un plan de lucha concreto, no lo tenemos en nuestras expectativas.

Por lo tanto, actualmente nuestras expectativas se basan en una estrategia de allá en donde tenemos fuerza y superamos al sindicalismo de la concertación, que aquí está representado por Comisiones Obreras y UGT, sindicalismo que cuenta al poder, es el sindicalismo de la negociación, de la paz social, allá donde tenemos suficiente fuerza ir por todo y conseguir un encadenamiento de victorias que genere un cambio de dinámica que cree las condiciones para favorecer un cambio de dinámica en otros sectores y empresas que vean que donde se está luchando es el único sitio donde se pueden conseguir mejoras.

En ese sentido en este año hemos realizado varios procesos de lucha, quizás el más concreto sea el de la plantilla del Metro con 27 días de huelga que se mantuvieron hasta que se consiguieron los objetivos demandados.

Esta sería nuestra agenda social, nosotros no confiamos en el Estado, no confiamos en una convergencia política de los intereses de la clase trabajadora con lo que vendría a representar Podemos, por ejemplo, no creemos en Podemos ni tampoco en la CUP, que es el partido de la izquierda radical catalana. No creemos que por la vía institucional la clase trabajadora pueda conseguir mejoras cualitativas, sino que esto vendrá determinado por la capacidad de fuerzas que podamos poner en la calle y eso viene determinado de si somos capaces o no de hacerlo.

Estamos en tres fases de nuestra agenda y todas pasan por un mismo eje que es la lucha. Creemos en el conflicto, que es positivo y como en cualquier batalla, se valoran las fuerzas para ver en qué combate estás en condiciones de presentar una fuerte resistencia y en cuáles harás todo lo posible, pero sabiendo que no podrás modificarlas.

iberia / movimiento anarquista / debate Saturday January 13, 2018 03:54 byBlackSpartak

Contribución a un debate sobre evaluaciones y perspectivas para el movimiento anarquista ibérico planteado desde ALB.

Desde que estoy activo en el movimiento libertario he sido testigo de algunos altibajos de nuestra militancia. Al menos eso me parecía ver. Encaro este artículo para plantear lo que veo de bueno y de malo del movimiento, desde mi experiencia. Sirve como artículo también de autoanálisis y de búsqueda de un sentido y un rumbo a nuestra acción política.

Vaya por delante que a diferencia de muchos otros textos críticos con el anarquismo actual yo no soy un «quemado». Confío en que las ideas libertarias serán determinantes en el futuro. Quizá no como un sistema-mundo en sí mismas si no más bien como conjunto de micro-sociedades libres que afrontarán y sobrevivirán a las tres grandes crisis de nuestro siglo: la crisis ecológica (cambio climático, aridificación del suelo, destrucción del medio ambiente, contaminación, nuclearización del ecosistema, liquidación de la pesca, sexta extinción de especies...), la crisis de los recursos (recursos mineros y energéticos que hundirán toda capacidad expansiva de la economía) y la crisis demográfica (envejecimiento en Europa, que colapsará el sistema de pensiones; explosión demográfica en África que pondrá en peligro cualquier estabilidad en los países ricos al no ser capaces de soportarlo aquellos estados).

Aquí entro en la posición pesimista/optimista del «colapsismo» (o sea, entender que nuestro futuro estará determinado por varias crisis sistémicas encadenadas durante décadas). Quizá sea por constatar la inoperancia de las ideas revolucionarias en nuestro tiempo, pero yo no veo que podamos evitar un desastre planetario ni siquiera «ganando» (consiguiendo un planeta libre). Al tener a Trump en el Presidencia del «Mundo Libre», un auténtico descerebrado con acceso al botón rojo, un tipo que niega el Cambio Climático en contra de toda evidencia material y empírica, se explica el negro destino de nuestra especie y de nuestro mundo. Eso por no hablar de la cantidad de gobiernos fascistas y cuasi-fascistas que tenemos y tendremos por Europa gestionando la disminución de los recursos.

Aún con todo ese pesimismo vital encuentro necesario apostar por sociedades libres, autónomas y radicalmente igualitarias. Más que nada porque algún tipo de sociedad ha de seguir viviendo en el siglo XXII, más allá de grupos caníbales aulladores a la luna o zombis. ¿No lo creéis? Y si no apostamos por ganar (es decir, implantar el socialismo libre) es poco probable que puedan desarrollarse algún día. Porque ya os lo digo: el movimiento libertario actual no está apostando por ganar. Más bien «sobrevive» en un entorno hostil pero tolerante a la disidencia que lo llamamos capitalismo liberal. Además, tampoco creo que sea posible el nacimiento de estas sociedades si nuestras ideas-fuerza no están lo suficientemente difundidas entre la sociedad actual y futura. Y esto solo lo puede hacer un movimiento.

Mi trayectoria (sin profundizar)

Cuando comencé en el movimiento anarquista aún estaba reciente la insurrección zapatista. Había muchos compas que se habían ido a México y que volvían hablando maravillas. Era como pensar que la anarquía era posible y que la estaban haciendo allí. Más o menos.

También era la época de las grandes manifestaciones contra la globalización capitalista y las contracumbres. Era la época de los mediáticos black blocs y los enfrentamientos en todo el mundo contra los capitalistas que identificábamos como los dueños de las grandes corporaciones. Se reunían en grandes citas para arruinarnos la vida y nuestra gente iba persiguiéndolos por todo el mundo.

En aquellos años en el estado español el mundillo libertario volvía a crecer. Ya se había recuperado del hundimiento de finales de la Transición gracias al movimiento antimilitarista y a la okupación. Sin embargo, el movimiento contra el servicio militar terminó cuando Aznar firmó el fin de la odiada «Mili» (y creó un ejército profesional) que vivimos como una victoria y la okupación comenzó a dejar entrever que no era el final del camino (sorprendentemente conocí gente que ya se pensaba que aquello era la revolución en sí mismo).

En paralelo había entrado en escena una nueva generación de militantes anarquistas bastante anti-sindicalistas y de discurso revolucionario. Era el insurreccionalismo. Yo nunca me adscribí a esta corriente porque era más moderado. Más que moderado, es que nunca entendí un enfrentamiento con la policía como una insurrección. Ni una okupación como una insurrección. Ni una revolución sin una organización de masas detrás. Y decir «de masas» implicaba decir de cientos de miles de personas. Al fin y al cabo, el zapatismo era un movimiento muy organizado y en su sociedad viven unas 150.000 personas. ¿Cómo íbamos a hacer la revolución aquí si éramos 4?

El movimiento antiglobalización se construyó aquí muy rápido. En cosa de año y pico se habían creado asambleas en todas las ciudades. Ya venía de las campañas contra el FMI del 94 (el famoso «50 años basta») que dieron lugar a Nodo50. Pero en el 2001 la campaña contra la reunión del Banco Mundial en Barcelona le dieron mucha vida. Y el anarquismo jugó aparte. Yo estuve con los MRGs a tope y veía que los anarquistas iban a su rollo, pensando en hacer la madre de todos los blacks blocs más que en proponer alguna cosa en clave de movimiento social.

Lo interesante es ver que en cuanto creamos un MRG se establecieron varias posturas de forma inmediata. Estaba por un lado la postura comunista (del PCE) y por el otro la asambleísta (o una postura libertaria). Y yo estaba con ésta porque era lo que me parecía más parecido a mis ideas. En aquellos congresos de Marinaleda y Zaragoza se organizó bien el movimiento. Pero luego fue inútil porque la dura realidad fue que el famoso 11S lo cambió todo, y nos hizo movilizarnos contra la guerra (movimiento en el que los partidos de izquierda se movían como pez en el agua).

De aquellas derrotas entendí que el anarquismo tenía que organizarse como tendencia. No era tan difícil ir con las ideas bien habladas con las compas. Pues sí, era difícil. Lo llamaban trotskismo. La gente confiaba en la espontaneidad anárquica y se iba a las asambleas con las manos en los bolsillos, como quien dice, quedando totalmente a merced de quienes llevaban la lección bien preparada. Exactamente lo mismo nos pasó el 15M de 2011. El movimiento autónomo/libertario fue incapaz de aprender cómo funcionan los espacios comunes de la izquierda.

Entre el 2001 y el 2011 hay una década. Yo la viví como si fuera una especie de crisis del movimiento. Quizá porque me esperaba que despegara de una vez y que ganáramos número de verdad. Pero la apuesta por el aislamiento revolucionario de unos (sectores autónomos y revolucionarios) y la inoperancia organizativa lo hicieron imposible. Yo en estos tiempos me flipaba por Workers Solidarity Movement de Irlanda y por la NEFAC de Estados Unidos y Canadá. Luego vi que igual tampoco fueron la panacea. Pero al menos organizaban un movimiento habitualmente caótico como el anarquismo.

Por fortuna me equivocaba, el crecimiento vino por sí solo. Se abrieron ateneos, se crearon algunas cooperativas, los anarcosindicatos parecía que habían superado el enfrentamiento crónico en el que habían vivido, CNT volvía a hacer sindicalismo, aparecieron ferias del libro anarquista... y aparecieron nuevos movimientos sociales que inspiraban a la nueva generación activista. Nunca supe bien si esta gente ya había estado en la antiglobalización y en el movimiento antiguerra o era nueva. El caso es que, entre los conciertos de las okupas, las jornadas antidesarrollistas, las luchas de los presos, las okupaciones, el veganismo, se generó un mundillo libertario nuevo que a finales de la década despuntó creando nuevos proyectos. Lo antirrepresivo se volvió un mantra. Siempre estaba ahí la represión. Pero siempre quedaba la gestión de los casos represivos en manos de los grupos de apoyo que no quisieron ser una organización como la que tienen otros movimientos. La informalidad anárquica llegaba incluso aquí.

Organizativamente fuimos un desastre, dejando por el camino una Xuntanza Galega, una Xarxa Anarquista, alguna Asanblada Libertarioak de Bizkaia y coordinadoras varias que nunca llegaron a buen puerto. Sirvió para conocer proyectos y personas con las que más tarde se pudo trabajar. Inútiles no fueron, pero tampoco fueron aquellas organizaciones con las que soñábamos de estilo FAI. ¿Acaso es imposible volver a tener una federación que organice si quiera 1000 militantes en todo el Estado? Pues parecía que sí lo era. Al ser organizaciones de síntesis anarquista no existían ni tácticas, ni estrategias comunes y a veces ni siquiera objetivos. En este sentido nos jugaba en contra el mantra de “de anarquismos hay uno por cada anarquista”. Pues así es imposible tener un movimiento. Se hacía difícil tener un rumbo. Por eso era la CNT la que hacía la función de organización anarquista ganándose un montón de problemas internos por ello.

Por fortuna para ella al haber surgido una generación en los 90 que se salió del anarcosindicalismo, en los 2000 ya ni nos planteábamos entrar en CNT para militar en una organización anarquista. La queríamos montar nosotras desde nuestros propios objetivos (bastante localistas y determinados por la actividad cultural, el activismo y el campañismo, todo hay que decirlo). Aquella generación de los 90 había conseguido relevo. Y desde el relevo se dio una expansión. En aquellos años de los 2000's me llamaba la atención que la mayoría de los grupos anarquistas (entre ellos el mío) se dedicaban a gestionar Centros Sociales Okupados y ateneos libertarios y no constituían colectivos propiamente dichos. Lucio Urtubia resumió con sencillez la situación: "Llevo haciendo charlas en la gira por todo el País Vasco y los locales están llenos. Hay anarquistas en todas partes. El discurso atrae. Y luego los anarquistas resulta que sólo os dedicáis a hacer cenas".

Desde alasbarricadas se pudo llevar un cierto recuento de proyectos. En los mapas y en artículos-informe del mundillo se iba creando un mapeo amplio del movimiento (entendido desde una pluralidad ideológica dentro del campo anarquista) y esto dio pie a dos conclusiones: la okupación (tanto la urbana como la rural) a comienzos de la década del 2010 (antes del 15M) estaba más extendida que nunca; y dos, que existían grupos, ateneos e iniciativas libertarias en cada vez más municipios, muchos de ellos ya cabeceras de comarca donde no había habido proyectos de nuestra cuerda desde la Transición. Además las ideas libertarias se habían extendido tremendamente en todo el mundo. Ya no era solamente una cosa de europeos rebeldes.

Es decir, que encarábamos la nueva década numéricamente con bastante gente. Pero a nivel cualitativo el movimiento era incapaz de actuar como tal. Más bien era una galaxia, un millieu, una escena. Durante la década del 2000 nuestra politización fue bastante a salto de mata. En varios casos hacíamos burla de la situación y decíamos que eran «modas militantes»: que si veganismo, que si liberación animal, que si primitivismo, que si felix-rodriguismo, que si queer... en fin, aparecieron de muchas nuevas subculturas dentro de nuestro mundillo.

En aquella época se pensaba que todo sumaba y que se estaba ampliando el canal de llegada de nuestras ideas hacia nuevos sectores (por ejemplo, a las personas trans). Pero a la vez nuestra política se iba dirigiendo hacia sectores más pequeños de la sociedad. Nos dirigíamos al 1% y nos alejábamos de los grandes problemas del 99% de la sociedad. Es lo que llaman la «política de identidades» que desde el Brexit, el auge de la extrema derecha en los barrios obreros europeos o Donald Trump la izquierda comienza a plantearse seriamente cambiar.

El 15M nos pegó un golpe de realidad. En Catalunya (donde militaba) había venido precedido de varias luchas sociales y conflictos muy interesantes donde nuestro movimiento participó todo lo que pudo. Pero a partir del 15M fue como si se acelerase la historia y el crecimiento fue mucho más rápido. Todo lo sembrado anteriormente floreció. Lo que pasa es que como habíamos sembrado una jungla, pues creció una jungla y no un movimiento. Por fortuna se generaron muchos colectivos y asambleas locales que se dedicaban a ir más allá de la gestión de un local o edificio.

No es que creyese en esa época que estaba estallando la revolución social. Pero bueno, un poco más de eficacia no habría sobrado. Cuando llegó el reflujo de las plazas se vio que los incondicionales que quedaban ya se reducían a dos o tres tendencias políticas. Y se fueron conformando algunos bloques (los que formaron Podemos, por ejemplo). Pero también ganó fuerza lo libertario. Fuerza numérica. Y gracias a esta fuerza se crearon las asambleas libertarias en muchos pueblos y barrios de Catalunya y más tarde la Federación Anarquista de Catalunya y otras entidades como la Coordinadora Libertaria de Mallorca, Nafar Libertarioak, etc. En definitiva, un avance cuantitativo. Luego la Cooperativa Integral Catalana, el cooperativismo social, los centros sociales, los proyectos neorurales, etc. también ganaron fuerza.

Pero volvemos a ver que aquello tampoco significó nada serio, puesto que no estábamos dirigiendo políticamente ninguno de los movimientos sociales que tomaron fuerza gracias al 15M (las PAH y Stop Desahucios, las Mareas, yayoflautas...). Lo normal fue que fueran capitalizados por los partidos de izquierdas o por redes partidarias (lo que luego formaría Podemos o En Comú, funcionaba como una red de activistas que se movían con un programa y una estrategia) o permanecieron como movimientos sociales autónomos pero no queriendo tener nada que ver con nuestra movida, que veían esencialmente negativa al liársela cada 1 de Mayo. Nuestro movimiento se vio impotente para arrastrar nada hacia nuestras ideas porque nos estábamos basando por un lado en las formas de vida (los neorurales por ejemplo o una cooperativa integral que exigía el 100% de tu tiempo) y por el otro nos dirigíamos a las capas más ideologizadas del 15M (por definición, a pocas personas).

A mí me venía el símil de un siglo antes. El movimiento obrero estaba formado por sociedades obreras y sindicatos. La militancia anarquista estaba ahí también. Pues se lo curraron como para que el movimiento obrero decidiera apostar por el anarquismo (entendido entonces como una rama del socialismo) por encima de otras corrientes políticas como el republicanismo. ¿Cómo es que ahora no somos capaces de hacer nada parecido ni con una Marea? Pues por nuestra dispersión política.

Una buena parte de la militancia está en los barrios. Y de allí no les sacas. No es plan sacarla, claro. Pero al menos que todo el mundo reme en la misma dirección. Pues ni eso. Cada año hay unas jornadas en Barcelona que desde la autonomía llaman a tejer movimiento social de barrio. Nos juntamos las mismas 100-150 personas. Cada cierto tiempo va cambiando de nombre pero fundamentalmente es lo mismo. Pues en un abrir y cerrar de ojos los Comunes tomaron el movimiento de los barrios (y se quedaron con un bonito nombre que quemarán) entrando a saco en el movimiento vecinal con el que este movimiento autónomo de los barrios no logró conectar (ya sea por problemas generacionales, o porque nos dirigíamos como siempre a la gente más politizada del barrio, a la que podía entender nuestros panfletos o la que se identificaba con nuestra ideología). El inmediatismo es otro de los problemas que arrastramos, en detrimiento del trabajo de años en un mismo sitio. Somos más proclives por nuestra manera de entender el mundo a militar a saco 2 años en una cosa, 6 meses de descanso, luego 3 en otra, 2 en otra, 1 en nada, 4 en 3 cosas a la vez...

Nuestros ojos ávidos de emociones se iban a Grecia con aquellos disturbios espectaculares. Y si no teníamos una red cada día más amplia de grupos insurrectos de México, Chile, Uruguay, Bielorrusia, Alemania o Indonesia que realizaban acciones de sabotaje. Políticamente eran indefendibles, más próximas del nihilismo que del anarquismo. Pero a nivel juvenil daban a conocer el anarquismo. Lo malo es que quien entra en el movimiento por este tipo de cosas... ya te suele cojear de no tener mucha militancia en lo social.

Aquí se daba el curioso caso de que a nivel numérico el anarquismo era una movida mucho más grande que en otros países. Pero como tampoco había una cohesión táctica: era como tener 10 movimientos distintos llamados «anarquismo» (anarcosindicalismo, autonomía, espacio de los colectivos anarquistas, insurreccionalismo/nihilismo, mundillo neorrural, escena queer/lgtb, veganismo/liberación animal, anarco-independentismo, cooperativismo social, escena punk-HC, escena artística...). En ocasiones departamentos estancos con poca comunicación entre sí. Un colega decía en broma que si se implantara la anarquía moriríamos de hambre a los tres días. Al fin y al cabo no teníamos un proyecto para garantizar las necesidades básicas de la sociedad. Lo único que habíamos gestionado eran conciertos, raves, campamentos, encuentros... y no todos habían acabado bien! Como digo, era en broma, pero no deja de tener un trasfondo real. Es decir, que o se hace anarquista gente que controla de cómo funciona la sociedad o lo llevamos claro.

Para muestra de nuestra fragilidad estructural las caidas de muchas compas y amigas en varias redadas en estos años, que nos hicieron mucho daño. Éramos el sector más criminalizable de todo el movimiento popular. El más desarticulado. Cayeron al menos 60 personas en detenciones varias en tres o cuatro años y en todo momento el estado podría haber detenido a quien quisiera. No teníamos una estructura antirrepresiva funcional previa y muchas cosas fueron improvisadas tirando de experiencias anteriores y de compas solidarias. Por fortuna los movimientos sociales vieron el montaje enseguida y no nos quedamos aisladas políticamente como de costumbre. No lo poníamos fácil, ya que en las paredes aparecían pintadas como reivindicando las acciones o amenazando con venganza (muy contraproducente) y luego la aparición del discurso de "ni inocentes ni culpables, anarquistas solamente" que me pareció una huida hacia delante y un despropósito más de la carencia de estrategia más allá de enseñar los dientes. Esto es muy común en la escena internacional anarcoinsurreccionalista, nihilista y autónoma que ha creado toda una cosmovisión propia. Esto daría para un artículo propio.

Llegó la revolución de Rojava y nos volvimos a flipar. Algunas personas voluntariosas fueron a visitar aquello de primera mano. Volvieron encandiladas y transformadas. «El KCK y su confederalismo democrático son la panacea». «Considerar la mujer como sujeto político es un acierto total»... Volvemos a estar en las mismas que donde siempre. Vemos luchas del Tercer Mundo con ojos de aquí. Y cuando intentamos trasladarlas es imposible. ¿Cómo sería tener un PKK en nuestra sociedad? Pues seguramente que no sería como el anarquismo europeo, si no más parecido a la Izquierda Abertzale.

Otra cuestión que nos descolocaba, las elecciones. En la última década se ha visto que las anarquistas votaban. Primero en Catalunya a las CUP. Luego en el estado a Podemos. A nivel local participaba gente salida de nuestro movimiento en candidaturas. ¿Cómo era posible semejante pecado? Nuevamente por no estar articulados políticamente (es decir, siguiendo táctica y estrategia) si no a nivel de ideología (y de moral), que se rompe en cuanto la realidad cotidiana se hace compleja. Si llegado a un punto no ves que tu acción política llegue a ningún lado, a final te dejas arrastrar por la acción política de otras ideologías. Esto le pasó a muchas personas compañeras. Algunas vuelven a nuestra onda quemadas, otras nos abandonaron definitivamente como aventura de juventud.

Por cierto, que el confederalismo democrático en Turquía apuesta por la unidad popular y se traduce en un gran partido-movimiento compuesto por una serie de partidos. Eso lo obviamos cuando nos centramos en las guerrillas y las comunas de Rojava. La lucha política la hacen con lucha electoral en Turquía.

Otra cosa a tener en cuenta, el poder. Como ejercicio pensemos, ¿creemos de verdad que nuestro barrio entendería que la asamblea vecinal tomara el control territorial? ¿creemos que sería bien visto hoy en día, en nuestras circunstancias, que un sindicato tomase una empresa y que se la quedara? Pues vistas estas contradicciones y problemas de legitimidad de la lucha ante la población son casos que tendremos que afrontar en el futuro, dada la hegemonía de las ideas liberales. ¿Debe el anarquismo "tomar" el poder? Yo pienso que sí, pero una buena parte del movimiento no lo ve así.

Qué falla en el anarquismo

Yendo al grano, de todo lo anterior saco mis conclusiones sobre lo que tenemos que trabajarnos como movimiento. A diferencia de muchas respuestas que seguro que irán sobre los cuidados al militante o el afecto que nos tenemos que tener. Yo quiero hablar del movimiento como tal.

  • Sectarismo, Arrogancia, Dogmatismo, Elitismo. Son características que definen el comportamiento de una parte de nuestra militancia. Nos las suelen soltar nuestros rivales políticos de la izquierda, en plan, “si es que vais de sobraos, yo me considero simpatizante del anarquismo, pero nunca iré con vosotros por esto”. Como sabemos de sobra, la humildad y el compromiso con nuestro pueblo son vitales para el desarrollo de nuestras ideas. Eso es justo la ética anarquista y no el juzgar a los demás por no serlo o no serlo suficiente. La arrogancia hacia la población no-anarquista nos resta credibilidad y juega en nuestra contra. Incluso da problemas hacia dentro del movimiento, puesto que las exigencias morales/ideológicas/militantes son tan grandes que en ciertos momentos una persona de un colectivo no se ve capaz de seguir el ritmo de asambleas (por que tiene trabajo o hijos) o cuestiona alguna idea central o no se ve a la altura de lo que se exige... y lo deja. Como tampoco tenemos muchos sitios donde meter a la gente que es "base social" (excepto los anarcosindicatos) lo normal es que se integre en otros movimientos o bien que se centre en su vida personal o que la veamos más bien entre cooperativas y luchas por la educación de sus hijos que en nuestros ateneos.

  • Ultra-radicalismo, radicalismo verbal, anti-asistencialismo, anti-reformismo. Se trata de aspectos que han solido estar asociados con el anarquismo casi desde la Transición. Es una forma de comportamiento y de discurso meramente estética y poco práctica que también ha jugado en contra de nuestras ideas separándonos del común de los mortales. En tiempos de golpes por la crisis, es necesario bajar al barro, a la calle y ayudar a la gente más necesitada (muy típica esta función en el anarquismo yanqui apoyando comunidades arrasadas por huracanes, por la violencia policial, por la frontera, en las prisiones, etc.). La sociedad está profundamente desempoderada. Necesita de apoyo moral y real durante un tiempo para ser consciente de su capacidad. Y esto no se hace desde la ideología si no desde el trabajo cotidiano codo a codo. Es un absurdo identificarse con el lumpen y luego no hacer absolutamente nada con él. Es un absurdo renunciar a mejorar la vida de las personas por que eso sea reformista y refuerce el sistema. Si no lo hace tu corriente política lo hará otra (y a veces tus enemigos).

  • Cosmopolitismo, postmodernismo, identitarismo. En el mundo post-años-70s han aparecido un buen número de identidades. Cada persona tiene su identidad y se relaciona con las demás en base a unos roles de poder predeterminados. Tiene sus privilegios o sus opresiones. Bien, esto hay que tratarlo con bastante cuidado puesto que cada vez es más difícil tener un sujeto colectivo amplio capaz de desafiar al sistema. El discurso se va dirigiendo cada vez a un público más reducido y surgen las rivalidades entre “sujetos oprimidos”, que el sistema – que no es tonto y lo ve – utiliza en su beneficio. Por otro lado el cosmopolitismo es la falta de raíces con el territorio en el que vives. Esto puede estar bien o servir como excusa para no empatizar con la población que te rodea y con sus problemas.

    El resultado conocido es que no somos un movimiento de fiar. Somos gente comprometida, pero vamos a ritmos inconstantes. De pronto estamos con el pueblo a tope y de pronto lo dejamos encerrándonos en nuestros locales. A la interna también se fomenta el no hablar de ciertos temas tabú por miedo a ser tachados de reformistas o porque pueden dar lugar a ciertos debates polémicos que seguramente nos romperán como colectivo, y por esto no se tienen. Nos dirigimos a públicos pequeños intentando que no se nos cuestione demasiado, si alejarnos en exceso de nuestros espacios de confort.

    [En este punto me gustaría felicitar a la FAGC canaria por haber hecho justo lo contrario y avanzar hacia el arraigo social con la población más oprimida, como también me consta que hacen cientos de compañeras libertarias en todo el Estado.]

    Como consecuencia de estos debates se producen deserciones hacia otros movimientos políticos. Esto lo veo constantemente. Personas que han mantenido posturas intransigentes, de pronto cambian de parecer. Dejan la militancia y las ves años después en ciertos partidos. Y cuando les preguntas su opinión sobre impulsar unas posturas más ajustadas a esta realidad desde lo libertario, te suelta que eso es reformista. “¿Perdona? Pues qué haces tú en ese partido!”.

    Hoy en día hay que evaluar los canales de entrada del movimiento, que tradicionalmente han sido la música o la contracultura y el sindicato. Pero la juventud actual ya no entra al sindicato directamente, si no que pasa por los colectivos antes. Y la juventud actual ya no se hace anarquista por la música o la escena punk/hardcore. Una fracción pequeña igual sí. Pero la gran mayoría no. El CIS publicaba este verano una interesante encuesta donde se decía que el 3% de los jóvenes de 20 años se consideran anarquistas, pero que en la franja de edad de 35-40 somos nada menos que el 5,5%. Suena increíble. Pero somos la franja de edad que nos politizamos en los 90s-00s. Y buena parte (yo diría que el 90% de la gente de nuestra generación) entramos por la música, el acceso a las okupas, internet y que hablaban por la tele de los disturbios. Esto generaba una identidad de anarquista automática, que te atraía como un imán.

    Me da la sensación de que hoy en día se han roto estos canales de entrada y que por esto hay menos gente considerándose anarquista. Eso a pesar de tener reciente el 15M o tener el ejemplo de una revolución social de base en Rojava. Pero Rojava es poco conocido fuera de los ambientes politizados. Y el 15M se suele asociar más a la “nueva política”. Entonces ¿qué nos falta?

    Opino que nos falta movimientos basados en la sociabilidad actual de la juventud. En cada universidad debería haber un colectivo, en cada barrio, en los centros de juventud debería haber propaganda de actividades libertarias y la juventud libertaria debería utilizar los códigos culturales de la juventud actual (rap, youtubers, instagram) en lugar de imitar los códigos culturales de los 90s. Me llama la atención el auge de raperos comunistas (algunos bien estalinistas). Lo veo como una adaptación de ese entorno político a los gustos de una parte de la juventud. Igual que la juventud indepe catalana apostó por el ska hace 20 años y nos lo puso hasta en la sopa.

    Otro acierto de los movimientos indepes ha sido en el apostar y fomentar la cultura popular. En Catalunya y Euskal Herria es habitual que los grupos culturales sean un semillero de futuros militantes de los grupos juveniles. Lo mismo ocurre con los Caus, Esplais y scouts catalanes. Se politizan ahí mismo en los campamentos o actividades de tiempo libre. Siempre me ha parecido un fenómeno a imitar. Eso sí, llegas solo a familias que se lo pueden permitir. Pero es un ejemplo de inserción social. Como hace un siglo los socialistas y los anarquistas se metieron bastante a saco en el deporte, creando clubes deportivos en todo el mundo, o en los ateneos o en el esperanto. Pienso que esto es algo perfectamente factible. Llegar a la juventud a través del asociacionismo es importante. Quizá más que llegar a ella a través de las subculturas. El caso es entrar en los circuitos de sociabilidad de las personas y normalizar una acción y una propaganda ácrata en estos lugares de reunión.

    Otro canal de entrada importante es el trabajo comunitario. Ahí los yankees nos pueden dar una lección al haber entrado de lleno en las comunidades más oprimidas incluso creando sindicatos de presos o levantando comunidades arrasadas por los huracanes. O los anarco-comunistas y autónomos de América Latina haciendo trabajo de base en las favelas, assentamentos, villas miseria o poblaciones… en las zonas más pobres. Es una tarea que está llevando a cabo la FAGC y que también realizan los grupos de vivienda del resto del estado. Algunos incluso están realizando experimentos de educación popular, otros hacen talleres para desmontar el racismo en los barrios. Se trata de eso. Eso es tarea del anarquismo también, no sólo de las organizaciones sociales. El anarquismo solo lo ha hecho en las últimas décadas con los presos.

    Sobre el sindicalismo ya ha habido todo un debate en alasbarricadas, así que no me voy a repetir. Resumiré diciendo que es necesario un sindicalismo que supere las actuales estructuras sindicales en base a un proyecto sindicalista revolucionario, de control de los medios de producción (para eso está el sindicalismo revolucionario) y de preparación de los cuadros sindicales no sólo para la reivindicación laboral si no también para la gestión de la economía (cosa que le será útil a cualquier movimiento popular). Podemos incluso lograr una confluencia con lo estudiantil y lo comunitario al intentar captar en la universidad estudiantes no en base a la ideología abstracta si no a aquellos cuadros técnicos necesarios para que funcione la sociedad. Hay que tener compas expertas en energía, en agua, en pensiones, en urbanismo, en sistemas ecológicos, en inserción comunitaria...

    Por último, un apunte. El movimiento feminista se ha desarrollado espectacularmente en la última década. Las compañeras anarco-feministas están en él. Y sin embargo veo que a nivel de movimiento libertario no se promueve el feminismo como movimiento de liberación de la mitad de la población y por ello se desarrollan feminismos y post-feminismos de origen marxista y postmoderno muy ideologizados que no llegan a la mujer trabajadora. Me explico: más Kellys y menos intelectuales universitarias que hablan en nombre del feminismo, por favor. Que se extiendan por otros sectores laborales feminizados. Ahí quedó el ejemplo de la mítica agrupación de Mujeres Libres. Una de las partes más interesantes de esta organización era que organizaban secciones de mujeres en los sindicatos. Así por ejemplo, una agrupación local podría tener secciones en varios barrios y además en el textil, las oficinas, el metal, profesiones liberales, etc. dándole mucha flexibilidad y alcance de sus políticas. Trasladado esto a nuestro tiempo sería como si una organización feminista agrupase mujeres militantes mediante secciones en el sindicalismo, en los barrios, en la ecología, en el cooperativismo, en lo estudiantil, etc. además de la red territorial que pudieran alcanzar por sí misma. Potente, ¿verdad?

    Llegando a la juventud y a la vez a las personas más oprimidas, nos garantizamos un relevo. Pero obviamente no todo el mundo es joven ni está tan jodido. A estas personas que componen la mayoría de la población llegamos a través del sindicalismo y a través del trabajo en los barrios (en los barrios no tan jodidos) - añadiría que también a través de la lucha por unas pensiones dignas o de la marea blanca y de la lucha por una educación verdaderamente pública. Se trata de crear sujetos mayoritarios, organizándolos a partir de las cuestiones materiales y sociales. Llegamos a ellas a través de tener un proyecto de sociedad trabajado y de un trabajo a largo plazo. En este sentido tampoco vería ni mal el municipalismo bookchiniano para ampliar base y tener un nuevo canal de difusión. Necesariamente para ser tenidos en cuenta como movimientos tenemos que demostrar una utilidad. Se me ocurre pensar que el capitalismo nos lleva a la catástrofe, y el anarquismo la intenta evitar. De alguna forma somos la garantía de supervivencia y de gestión de la prosperidad.

    Repito y resumo:

  • Tenemos que tener proyecto político (qué sociedad queremos, cómo llegaremos a ella, con qué recursos contamos, qué aliados tendremos). Afrontemos los problemas del siglo: Crisis energética, ecológica y demográfica. Garanticemos la vida en el planeta.

  • Por un lado tenemos que dirigirnos a la mayoría social a través de las cuestiones materiales (de ahí el trabajo en sindicatos y en barrios)

  • Por otro lado tenemos que tener canales de entrada hacia la juventud y la capa de población más oprimida (que son los sectores de población más tendentes a la protesta)

  • Tenemos que tener un movimiento organizado: unos medios de comunicación, editoriales, librerías, cooperativas, analistas, think tanks, cajas de resistencia, organizaciones antirrepresivas (ya que no tengo ganas de estar pendiente de esto y quiero tener las espaldas cubiertas, así de claro)… y que realice encuentros y congresos para actualizarse.

    Quien quiere leer el modelo organizativo que propuse hace tiempo para el anarquismo aquí lo tiene. Básicamente se trata de un movimiento de organizaciones, más que de colectivos, compuesto de una organización estratégica, una feminista, otra juvenil, que quizá pueden dar pie también a otra menos ideológica y más de masas. Y luego también basado en frentes o áreas de trabajo (la laboral, la comunitaria, la municipalista y la estudiantil). Alguno de estos frentes podría ser también una organización, pero lo básico es eso. Luego debería estar rodeado de grupos de trabajo, centros de estudios, grupos culturales y de una organización antirepresiva que cubra todo este movimiento. Esto lo repetiría por cada línea diferente del movimiento como pasa en América Latina o entre los movimientos kurdos.

    Como dice el texto sobre Euskal Herria, hace unos años se esperaba capitalizar el descontento existente entre las bases de la izquierda abertzale y que se nos unieran unas cuantas miles de personas (tal cual) de golpe. Hoy vemos lo lejos que estamos de ello. ¿La causa? Las dichas en su texto, las expuestas aquí y posiblemente otras más. Pero en general, la causa es la falta de un proyecto político libertario mínimamente estable, organizado y serio que acoja a la gente que llega para crear una organización revolucionaria. En vez de ello, se crean Eusko Ekintza, Herritar Batasuna, gazte asanbladas que van por libre, y otros colectivos del movimiento popular a caballo entre el marxismo, el anarquismo y lo específicamente popular vasco. Era incluso lógico que se crearan su propio movimiento con lo suyo, sin involucrarse en nuestro movimiento.

    Y echando un vistazo a la historia tenemos el ejemplo de la construcción del anarquismo, que no era otra cosa que la corriente antiautoritaria y democrática del socialismo que logró atraer a parte del republicanismo (federales, mutualistas, regionalistas) y del agrarismo (en México, en Ucrania, en Bulgaria, en España una parte del carlismo, etc.). El movimiento obrero (que era el movimiento popular de su época) tuvo una base pluralista y si fue dirigido en muchos lugares por los anarquistas fue porque respondían bien a las necesidades de su tiempo - no porque las masas se hubieran hecho anarquistas. Lo mismo pasa en los años 70 cuando el neoanarquismo surge de la corriente antiautoritaria de su década (en muchos países - Estados Unidos, Holanda, Dinamarca - como expresión crítica del modelo de sociedad y en otros - Alemania o Italia - como corriente antiautoritaria del socialismo), en contra del mito habitual de pensar que el anarquismo de la época le debe algo al recuerdo de décadas pasadas. No lo creo. Pienso que el anarquismo de los 70 era una cosa nueva que tomó su propio rumbo y que con el paso de los años volvieron a conectar con los referentes teóricos del pasado. No te hacías anarquista leyendo a Bakunin, que también, si no a través del movimiento de las asambleas obreras o leyendo comics underground o revistas contraculturales.

    Hoy en día mirando a nuestro alrededor tendremos que buscar qué perfil de personas queremos tener en un movimiento popular de base antiautoritaria. Es importante hacer este ejercicio imaginativo porque determina nuestra acción. Por ejemplo en tanto a juventud: no es lo mismo que se nos acerquen jóvenes que quieren quemar el instituto y que quieren vivir sin trabajar que jóvenes que quieren un mundo mejor y que se sienten parte de un colectivo (de la clase obrera, del pueblo, del barrio) por el que sienten estima. Bueno, en principio no quiere decir nada: yo mismo quería vivir sin trabajar (y aún lo quiero). Pero que se me entienda, hay que dirigirse más a quienes demuestran actitudes en positivo (aunque nos parezcan naif) que destructivas (la colección de "antis").

    Se haga lo que se haga al final, tenemos que prepararnos para ser un movimiento significativo, importante en nuestra sociedad. Esperemos que en los próximos 5 años nos acerquemos.

  • iberia / movimiento anarquista / opinión / análisis Tuesday January 09, 2018 05:37 byJosé Luis Carretero Miramar

    Contribución a un debate sobre evaluaciones y perspectivas para el movimiento anarquista planteado desde ALB.


    Un revolucionario, para merecer tal título, debe dominar la economía, la dialéctica, la política y la estrategia; cargarse de paciencia; defenderse con la ironía y emplear la acción a su debido tiempo
    Abraham Guillén. Desafío al Pentágono

    Una estrategia revolucionaria es una estrategia que apuesta por el cambio acelerado, por una transformación social que vaya más allá de las tendencias evolutivas, por la apertura de un proceso que encauce las mutaciones que vive nuestra economía y nuestra política en la dirección deseada por los revolucionarios.

    La izquierda española no tiene un proyecto de ese tipo. Y el anarquismo ibérico, ahora mismo, tampoco. Las distintas sectas y grupúsculos del mundillo alternativo vegetan en la adoración acrítica de unas tradiciones idealizadas y, con ello, arrancadas de todo lo que les daba vida y pegada. Si el marxismo se ha convertido en un marasmo indistinguible de la socialdemocracia y el podemismo ha llevado a la oleada de luchas del 15M a su naufragio, el municipalismo no sabe muy bien adónde dirigirse ante la agresividad demostrada por los nuevos mandarines institucionales de la izquierda y el movimiento libertario se difumina en una miríada de propuestas autorreferenciales que basculan entre la pura repetición burocrática de lo mismo de siempre y la adoración de lo estrafalario, el vértigo de la imposible involución que se pretende hacer pasar por ecologismo o el sectarismo más estrecho y asfixiante.

    ¿Caben alternativas? ¿Hay propuestas revolucionarias para el día de hoy, en pleno siglo XXI, en un mundo cada vez más multipolar y más acosado por la aceleración de las transformaciones productivas, tecnológicas y culturales? ¿Es el pensamiento libertario un antídoto posible al transhumanismo, al ultraliberalismo, al ecofascismo y al nuevo feudalismo ultraderechista que ganan adeptos cada día que pasa?

    Trencemos propuestas. Debatamos como salir de este impasse. Aunque para ello tengamos que salir de la crisálida de nuestra propia comodidad. Hay un gran enemigo del pensamiento revolucionario: esa sensación de sentirse “muy como en casa”. En la casa del ghetto alternativo y en la casa del tradicionalismo sindical. Sin someterse a la corriente de la vida, a la suciedad y la humedad de la tierra, a las contradicciones, al calor del sol y a la brusca inmediatez de la helada.

    Hagamos una propuesta, pues. Y veamos hasta donde nos lleva. Una propuesta para ser debatida. Una propuesta que no necesariamente respeta las fronteras de eso que llamamos anarquismo (o quizás sí, si concebimos de verdad la pluralidad que nos trajo la historia). Una propuesta que no es La Verdad ni la Línea Correcta, pero sí un intento de que lo libertario se plantee las necesidades estratégicas del momento. Estrategia, esa “mala palabra”. O esa necesidad irrenunciable. Veamos la propuesta:

  • La clase trabajadora es la palanca del cambio. Ya sé que suena extraño tras tanto posmodernismo. Pero precisamente ahora empezamos a barruntar colectivamente (algunos lo tenían claro desde el inicio) que precarios y parados son también trabajadores. Que hay una cuestión de clase en los recortes sociales. Que la sociedad de “clase media” no era más que un espejismo. Que la proletarización acelerada de quienes se creían al margen de todo eso es un hecho incontrovertible. Como afirma Beverly Silver la clase trabajadora se redefine y reconstruye en el seno del proceso de acumulación capitalista:

    Aquellos que durante las pasadas décadas han estado anunciando la muerte de la clase obrera y de los movimientos obreros tienden a fijarse únicamente en aquella parte del proceso de formación de la clase que implica descomposición. Pero si trabajamos desde la premisa de que las clases obreras mundiales y los movimientos obreros están constantemente formándose, descomponiéndose y reformándose, entonces tendremos un poderoso antídoto contra esa tendencia a pronunciarnos prematuramente sobre la muerte de la clase obrera cada vez que una clase obrera específica se descompone. La muerte del movimiento obrero ya se pronunció prematuramente a comienzos del siglo XX, conforme el ascenso de la producción en masa minaba la fuerza de los obreros-artesanos; y de nuevo se enunció prematuramente a finales del siglo XX.

    La clase obrera ha mutado, se ha precarizado, ha sido arrastrada por el capital fuera de la camisa de fuerza del Derecho del Trabajo, ha proliferado en nuevas formas de trabajo colaborativo, en zonas grises y ambiguas como el trabajo-formación o los falsos autónomos. Pero está ahí, alimentando nuevas luchas.

    Una buena noticia: el movimiento libertario ibérico, pese al vértigo posmoderno, nunca se ha desligado del todo de la clase trabajadora y sus necesidades. El sindicalismo libertario sigue siendo fuerte en nuestros países. Hay que reforzarlo más. La clase trabajadora es el pivote del cambio. La fuerza social capaz de hacer moverse al edificio del capital por su masividad, por su creciente ausencia de ataduras en un mercado cada vez más precarizado, por su necesidad real y material de un cambio, por su siempre incompleta domesticación y su tradición de lucha. La hegemonía del movimiento revolucionario, pues, debe estar en manos de la clase que nos aúna a todos, a la que pertenecemos la mayoría pese a nuestras cambiantes y quebradas identidades de grupo. La política de clase, el sindicalismo revolucionario, es el único antídoto global al capital.

  • Dentro de la clase trabajadora hay una nueva pobreza. Hay un 20 % de la población que se mueve entre la miseria y la precariedad más extrema. Working poors que pese a tener un empleo no salen de la pobreza, trabajo feminizado y precarizado, subcontratación y ETTs, contratación temporal y trabajo a tiempo parcial no deseado, desempleo de larga duración y jóvenes expulsados del mercado de trabajo, trabajo sumergido…Los auténticos perdedores de la crisis que pueblan barrios degradados y sin apenas servicios públicos, que están permanentemente amenazados por los desahucios, la no renovación de los contratos, la violencia creciente de ciudades que no están hechas para los pobres.

    Un movimiento revolucionario debe hacer especial hincapié en la autoorganización y autodefensa de esos sectores. En el empoderamiento de sus barriadas, en la articulación y coordinación de sus experiencias de lucha. En convertirles en los principales agentes del cambio que nadie necesita más que ellos y ellas.

  • Y desde la clase trabajadora y los precarios, levantar una gran alianza del 80%. Una alianza interclasista que implique a la clase trabajadora, los precarios, la juventud insurrecta, la clase media en proceso de proletarización, los intelectuales descontentos e incluso, sectores de la pequeña burguesía profesional, los trabajadores autónomos o la explotación agraria y comercial familiar y de pequeña dimensión. Una alianza del 80% de la población, bajo la hegemonía discursiva y organizativa de la clase trabajadora, y con un programa básico de enfrentamiento al neoliberalismo, de defensa de la soberanía popular, monetaria y alimentaria, de transición ecosocial, de confrontación con el racismo y el patriarcado, de profundización hacia la democracia directa y de ensayo de formas de socialismo de autogestión, mediante la cooperativización creciente de la economía, la cogestión mediante nuevas formas de Derecho del común y de participación vecinal de los servicios públicos y la construcción de una Banca de la Participación que financie el desarrollo de un nuevo modelo productivo sustentable ecológicamente y capaz de solventar las necesidades reales de toda la población.

    Un alianza porque el enemigo es muy fuerte y no somos bastantes en una economía dependiente como la de los pueblos ibéricos. Porque el capitalismo y el neoliberalismo son enemigos de toda la humanidad. Pero no cualquier alianza. Sólo la alianza que ponga como prioridad inmediata la construcción de las bases materiales, culturales y ecológicas para el avance hacia una sociedad postcapitalista.

  • No se hacen dos revoluciones con la misma política. Lo decía Abraham Guillén. Y lo repito porque sé que todo esto le sonará muy extraño a muchos. El anarquismo y el anarcosindicalismo, bien entendidos, tienen una gran ventaja: la idea de apertura, de antidogmatismo. Pero para hacerla efectiva hay que pasar de la palabra a la acción (también en esto). El sectarismo no nos conduce a ninguna parte. En las filas revolucionarias caben los anarquistas, por supuesto, pero también los marxistas revolucionarios, los populistas consecuentes, los cristianos de base, los ecologistas, las feministas…Si el pensamiento libertario es consecuente y ha sido construido mediante el debate colectivo no le ha de temer a la libre discusión. Sólo unos puntos básicos deben de ser las barreras de entrada: socialismo de autogestión en lo económico, democracia directa en lo político, libertades civiles para el individuo y nuevas garantías para las minorías, igualdad efectiva a todos los niveles para el 50 % dela población tradicionalmente discriminado (las mujeres).

  • El activismo es una cosa buena. La tendencia revolucionaria es el Partido de la Acción. Toda idea que fomente la pasividad e impotencia en el pueblo es contrarrevolucionaria. El activismo puede volverse ciego si no viene acompañado de la reflexión. Así ha sido en las últimas décadas. Pero una idea sin dientes es una idea que no puede morder, que no tiene efectividad material, real. No basta con tener la razón: hay que construir las condiciones sociales efectivas para su triunfo material. Y hay que hacerlo colectivamente empezando desde hoy, aprendiendo en la práctica. Dialéctica entre praxis y pensamiento (el pensamiento alimenta la acción, la acción permite pensar sobre la práctica).Lo decía Proudhon:

    Una fuerza de justicia, y no solamente una noción de justicia. Fuerza que, al incrementar la dignidad, la seguridad y la felicidad del individuo, asegure asimismo al orden social contra las malversaciones del egoísmo. Eso busca la filosofía social. Sin esto no hay sociedad.

  • Construir alternativas. Iluminar el futuro. La generación de experimentos autogestionarios, de proyectos reales de transición ecosocial, de laboratorios de la nueva sociedad es, también, de una importancia estratégica. Fábricas recuperadas, cooperativismo consecuente, cooperativas integrales, vivienda colectiva bajo cesión de uso, monedas sociales, etc, permiten iluminar aspectos de la vida social que el sistema capitalista trata de mantener en la penumbra: que el futuro ya está aquí, que es una tendencia real, no una maquinación abstracta de alguna mente calenturienta, que hay otra forma de vivir. Su importancia es innegable y deben de ser potenciados por el nuevo movimiento. Generar nuestra propia economía “en los poros del sistema” como hizo la burguesía bajo el Antiguo Régimen. Sabiendo también que la lucha en el frente (los movimientos sociales) necesita una retaguardia que le inspire y le de valor, así como esta (las experiencias autogestionarias) necesita que las luchas le abran nuevos espacios y quiebren las costras y los cuellos de botella que impiden su desarrollo.

  • Inventar una filosofía y una estética de la acción revolucionaria. Frente al anunciado fin de las grandes narraciones, frente al gran bostezo posmoderno y el academicismo estéril, el relativismo deshonesto, hay que aplicarle Foucault a Foucault. El discurso postmoderno también ha sido un discurso con voluntad de poder, una agencia de enunciación desde un lugar social específico: el de las clases medias primermundistas enamoradas de su propia pasividad y de su propia verborrea, que buscan el poder en todas partes para no oponérsele en la acción en ningún lugar. Las contradicciones no se resuelven cambiándoles el nombre, inventando conceptos siempre nuevos y en inglés, sino por la vía de la acción. Algunos ya hemos vivido toda nuestra vida política bajo la hegemonía de lo postmoderno y hemos visto sus efectos: tendencias disolventes, anti-organizativas, fomento de la pasividad y de la impotencia…la flexibilidad laboral, la precariedad, la miseria, tienen mucho que ver con la indefensión inducida en la juventud trabajadora por este nuevo pirronismo de la élite universitaria.

    Sólo nos queda, pues, saludar la emergencia de un nuevo debate, el planteado por los compañeros de Alasbarricadas, de una confrontación de ideas que demuestra que algo sigue vivo en el movimiento libertario. Después de haberos presentado esta propuesta permitidme que os haga una confesión: no quiero ser seguido sino escuchado. Esta es una propuesta individual y el pensamiento fuerte es siempre colectivo. Es la hora de que debatamos en serio pero sin sentirnos heridos. Desde los cuidados mutuos y con la sonrisa franca del que sabe que también puede no tener razón, porque, como decía Joseph Dejacque en El Humanisferio:

    El hombre es un ser revolucionario. No sabe inmovilizarse en un lugar. No vive la vida de los límites, sino la vida de los astros.

    José Luis Carretero Miramar

  • iberia / historia del anarquismo / opinión / análisis Friday December 29, 2017 23:48 byPúblico.es

    A finales de la II República unas 21.000 anarquistas se agruparon formando el primer movimiento feminista radical de auténtica base popular en España. Uno de los grupos precursores de reivindicaciones por la liberación de género que, tantos años después, siguen estando presentes en la actualidad.

    Se dice de la historia que la escriben los vencedores, pero lo que no se dice es que los vencedores, casi en su totalidad, son hombres. Y, tampoco se dice, que estos suelen olvidarse de las mujeres: si echamos una mirada hacia atrás y pensamos en los grandes momentos de cambio de la humanidad, o en las grandes revoluciones, ninguno o casi ningún nombre de mujer nos viene a la cabeza.

    La historia de España no ha sido menos dura con las mujeres, enterrando durante muchos años el papel que tuvieron durante la época más revuelta del país, la Guerra Civil. Sin embargo, organizaciones sociales intentan constantemente hacer un hueco en nuestra memoria colectiva y enfrentar el olvido. Como ejemplo, CGT y Mujeres Anarquistas con la Agrupación de Mujeres Libres, que éste 2017 hace 80 años de su fundación. Una organización que se formó entonces como el primer movimiento feminista radical de auténtica base popular y precursor en la lucha por reivindicaciones que, tantos años después, siguen estando presentes en la actualidad.

    ¿Cómo nacieron?

    A finales de la II República en una dinámica política y cultural que abría nuevas posibilidades para la participación de las mujeres en la lucha social, CNT, la Confederación Nacional del Trabajo, era desde 1910 la central sindical principal orientada por el anarquismo, de la que después derivó la CGT. Un sindicato que contaba con una presencia alta de mujeres y que reconocían los derechos laborales básicos como la libertad económica o la igualdad de salario, pero en el que poco se ideaban iniciativas de luchas específicas.

    Las mujeres marcaron su propio camino en el anarquismo y en 1936 crearon su propia organización.

    Ante esto, las mujeres necesitaron marcar su propio camino. En Barcelona, núcleo principal del movimiento anarquista, se fundó en 1934 el Grupo Cultural Femenino, pionero de las articulaciones de mujeres dentro del sindicato. Pero el estallido de la guerra civil cambió el ritmo de las formaciones, avanzaron y decidieron entonces crear su propia organización.

    El 2 de mayo de 1936 varias mujeres publicaron el primer número de la revista Mujeres Libres que, como relata Paula Ruíz Roa, responsable de la secretaría de la mujer de CGT "sirvió de base para la constitución del grupo libertario y la organización de su primer -y único- congreso que pudieron realizar en agosto de 1937". En poco tiempo, pasaron a contar con 147 agrupaciones locales y 21.000 mujeres afiliadas. El primer grupo autónomo de mujeres.

    Desde sus inicios, Mujeres Libres se formó como un grupo totalmente autónomo. La mayoría de las militantes ya formaban parte de otras organizaciones del movimiento libertario –CNT, FAI, Juventudes Libertarias- sin embargo no se subordinaron a ninguna de las estructuras previas.

    Esta fue una batalla de las anarquistas por el rechazo que generó dentro del movimiento libertario una organización sólo de mujeres: "Fueron ellas quienes hicieron ver que era necesario separar las organizaciones de toda la clase trabajadora de las organizaciones de las mujeres para diferenciar las reivindicaciones de ambos, porque dentro de la lucha de la clase obrera no se le daba la importancia que tenían", explica a Público el actual secretario de CGT, José Manuel Muñoz Póliz.

    La escritora e historiadora estadounidense Martha Ackelsberg señala que el mayor logro de la organización fue ser las "pioneras de las organizaciones feministas" y "unir la lucha contra la explotación capitalista con la opresión patriarcal".

    Así fue, Mujeres Libres seguía la línea ideológica de CNT, pero desarrolló su propio objetivo: emancipar a la mujer de la triple esclavitud, "esclavitud de ignorancia, esclavitud de mujer y esclavitud productora". Con el inicio de la guerra, se marcaron otra meta, "aportar una ayuda ordenada y eficiente a la defensa de la República".

    Reivindicaciones aún presentes en la actualidad

    "Lo que más llama de atención de este grupo es cómo plantea la problemática de la mujer. Sobre todo en aquella época, con temas que abarcan desde la abolición de la prostitución, la educación mixta, comedores o guarderías populares o el amor libre. Reivindicaciones que llegan a la mayoría de izquierda mucho después, en la década de los 70", cuenta el historiador brasileño Thiago Lemos Silva, que ha estudiado durante más de diez años la historia de esta agrupación.

    Desde sus inicios reclamaron la importancia de la incorporación de la mujer al trabajo asalariado, realizando múltiples trabajos, además de las actividades de retaguardia: desde la alfabetización hasta la capacitación en el trabajo en todas los sectores laborales. Y, para que esta incorporación no fuera una doble carga para las mujeres, reclamaban –igual que en la actualidad- y pusieron en marcha comedores y guarderías populares en los lugares de trabajo.

    Trabajaron en la retaguardia y en las fábricas, alfabetizando y capacitando a centenares de mujeres. Rompieron con la idea de que el hogar y las relaciones de pareja eran privadas: denunciaban con fervor el control dentro de la propia pareja y desde el propio estado e Iglesia católica. Proclamaban el amor libre y denunciaban que el modelo tradicional de familia fomenta las desigualdades. Por un lado, porque mantiene las dependencias económicas en la que se sustenta el patriarcado. Por otro, porque ampara la sumisión de las mujeres a los hombres dentro de la familia por lo que carecían de todo derecho de expresarse en ella. Otro de los temas que más destacaron fue la educación infantil.

    Aseguraban que en las escuelas se adquiere una mentalidad encasillada por los valores burgueses por lo que era esencial que la educación diese un giro total potenciando una escuela para la libertad. Dentro de la educación, además, reclamaban la necesidad de la educación sexual, planteando temas hasta entonces tabúes como los métodos anticonceptivos o el aborto.

    La represión contra las anarquistas

    Como con casi todos los grupos revolucionarios la represión durante la guerra por parte de las tropas franquistas fueron colosales. Más con los grupos de mujeres como éste que suponían un doble peligro al no luchar sólo por la emancipación de la clase obrera, sino también por la emancipación de la mujer. Parece una tarea imposible documentar el número exacto de mujeres que pasaron por el calvario de la tortura, de los asesinatos, de las desapariciones y de la violencia sexual.

    Pero sí sabemos que al igual que, como la mayoría de milicianas y militantes, las integrantes de Mujeres Libres acabaron en la cárcel, en el exilio, o, en el mejor de los casos, sometidas a un silencio absoluto negando haber participado en esta organización. Ni desde el extranjero consiguieron mantener estructuras organizadas en la clandestinidad, por lo que a los tres años, en 1939, Mujeres Libres acabó disolviéndose.

    Aunque sí han mantenido un legado: "crearon un gran deseo en las mujeres de libertad en todas nosotras", afirma Ruíz Roa. Y es que, como también señala Thiago, "hay que conocer la historia de estas mujeres para poder cuestionar el machismo".

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