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Kõtoku Shüsui: fundador del anarquismo moderno en Japón

category asia oriental | historia del anarquismo | opinión / análisis author Monday July 26, 2010 20:34author by Libero Internacional Report this post to the editors

Kõtoku Shüsui, cuyo nombre se ha convertido en una especie de leyenda desde la Guerra (aunque en la tierra en la que nació la gente aún parece turbarse cuando se menciona su nombre), fue el primer anarquista verdadero de Japón y el primer mártir del movimiento revolucionario japonés.
Kotoku Shusui
Kotoku Shusui


Kõtoku Shüsui: fundador del anarquismo moderno en Japón

Kõtoku Shüsui, cuyo nombre se ha convertido en una especie de leyenda desde la Guerra (aunque en la tierra en la que nació la gente aún parece turbarse cuando se menciona su nombre), fue el primer anarquista verdadero de Japón y el primer mártir del movimiento revolucionario japonés. En los momentos en los que Japón estaba lanzando su programa imperialista, Kõtoku se opuso al nacionalismo y al militarismo, a pesar del fervor popular polarizado contra Rusia en 1904. En 1906 predijo una posible guerra con los EEUU.

Nació en un pequeño pueblo con fuertes tendencias tradicionalistas del sur de Japón en 1871. A los diez años (¡!) empezó a publicar su primer periódico político; a los 15 marchó a Tokio, pero pronto fue expulsado por la nueva Ley para la Preservación de la Paz. Desde el principio, Kõtoku fue un guerrero en la tradición samurai. Se opuso al cristianismo en un tiempo en que la tendencia dominante en el movimiento socialista japonés era el socialismo cristiano (su último trabajo se tituló “Olvidando a Cristo”) y nunca confió realmente en el socialismo parlamentario.
En 1893 consiguió un empleo trasladando cables desde Europa, por lo que se familiarizó con la situación allí. Poco después, su familia le envió a una sumisa esposa japonesa de su vecindario. A los dos meses la envió de vuelta y se divorció de ella, diciendo que ella no era su esposa ideal.

En 1897 Kõtoku había anunciado su intención de “investigar el socialismo”. Desde su posición previa de que unos cuantos individuos honrados debían analizar lo que había provocado el declive moral de Japón, había que dar un gran paso. En 1898 empezó a trabajar en un vocero sensacionalista radical llamado “Yorozu Chõhõ”; como resultado de sus editoriales se convirtió en el periódico más popular de Japón. Al mismo tiempo, cubriendo la huelga de los trabajadores del ferrocarril en 1897, la primera gran lucha obrera del Japón moderno, vio por primera vez la necesidad de la organización sindical y ayudó a crear la Rõdõ Kumiai Kisei-kai (Asociación de Sindicatos Obreros), la primera organización de Japón dedicada a promover el sindicalismo. Poco después, se hizo miembro de la Sociedad para el Estudio del Socialismo junto con muchos futuros líderes socialistas. Era una especie de Sociedad Fabiana. Mientras tanto, Kõtoku se había casado otra vez, ahora con una intelectual; fue otro desastre.

Como miembro de la Sociedad, Kõtoku se acercó cada vez más al socialismo, aunque aún prestara poca importancia al movimiento obrero. En abril de 1901 escribió un famoso artículo con el título de “Soy socialista y miembro del Partido Socialista”. Aunque no había en aquel tiempo tal partido, se fundó un Partido Socialdemócrata sólo un mes después, que a las pocas horas fue prohibido. Sin embargo, periódicos de gran tirada habían publicado ya el manifiesto del partido que, basado en el del alemán SDP, llamaba a conseguir el Socialismo, el Pacifismo y la Democracia dentro de los límites de la ley. El pacifismo era el elemento que ofendió a las autoridades: Japón acababa de derrotar a China y estaba preparando la guerra contra Rusia. El Partido Socialdemócrata fue el único en oponerse a estos preparativos y fue considerado antipatriótico.

Los escritos de Kõtoku de la época incluyen “Imperialismo: el fantasma del siglo XX”, en el que acusaba al gobierno japonés de desviar la atención del pueblo de sus problemas económicos con aventuras en el extranjero. Poco después publicó “La quintaesencia del socialismo”, el principal tratado japonés sobre socialismo de antes de la I Guerra Mundial. Sin embargo, aún no había leído a Marx y mantenía la ingenua creencia legalista de que el socialismo podía ser establecido bajo la férula benevolente del Emperador.

En febrero de 1904 la Armada japonesa lanzaba un ataque sorpresa contra Rusia. Hasta entonces, el “Yorozu Chõhõ” había dado a Kõtoku y otros socialistas una tribuna para sus opiniones pacifistas. Sin embargo, cuando su circulación comenzó a bajar, el periódico cambió su línea por una de apoyo a la política japonesa y Kõtoku y el resto lo abandonaron. El resultado fue “Heimin Shimbun” (“El periódico de la gente común”), que se convirtió pronto en el principal periódico radical de Tokio, hasta que su posicionamiento antibelicista llevó a que el gobierno clausurara los kioscos de prensa que lo vendían. En 1904 publicó una “Carta a los socialistas rusos” llamando a los socialistas del mundo a emprender una lucha conjunta contra el militarismo y el patriotismo; “Iskra” respondió con un artículo similar. Los siguientes números traían artículos llamando a los maestros a la huelga y criticando la religión. Aunque su línea era predominantemente parlamentaria y rechazaba la acción directa, el gobierno se preocupaba cada vez más. Finalmente, cuando el periódico anunció que su número de aniversario llevaría una traducción del “Manifiesto Comunista” [ed. de Marx y Engels], el gobierno entró en acción. El número fue prohibido, la Sociedad para el Estudio del Socialismo cerrada y Kõtoku y los demás fueron detenidos. El último número de “Heimin Shimbun” salió en enero de 1905 y poco después Kõtoku pasaba cinco meses en prisión.

En la cárcel tradujo trabajos de Engels y luego se lanzó sobre “Campos fábricas y talleres”, de Kropotkin, su primer encuentro con el anarquismo. Bajo esta influencia comenzó a criticar al Emperador por primera vez. Cuando salió de prisión, decidió viajar a los EEUU para mejorar de salud. En San Francisco fue acogido por la sección local del “Heiminsha”, el grupo que había sacado el “Heimin Shimbun”, y contactó con muchos anarquistas, algunos de los cuales eran revolucionarios rusos exiliados. Luego se hizo miembro del Partido Socialista Americano y acudió a reuniones de los IWW. Ésta fue su primera introducción a la teoría de la acción directa.

Sus experiencias en California convencieron a Kõtoku de que la nueva tendencia de la revolución mundial era el anarquismo; de modo que empezó a abogar por la acción directa y la huelga general. El socialismo primigenio que siguió brevemente al gran terremoto de abril de 1906 fortaleció sus convicciones; la reacción contra el radicalismo de los wobblies [ed. miembros de la IWW] le hizo ver que “no hay un país que se diga liberal y sea tan antiliberal como América”.

Ese verano los socialistas japoneses le pidieron a Kõtoku que volviera para ayudarles a crear un nuevo partido, el Partido Socialista Japonés. Antes de su partida, en junio, organizó a los japoneses radicales de California en el Partido Socialista Revolucionario de Oakland. Cuando regresó anunció que sus ideas habían cambiado, que en lo sucesivo la política parlamentaria sería irrelevante para la revolución social, pues sólo las huelgas, que condujeran hasta la huelga general, tendrían el efecto deseado. A pesar de la división que esto causó en el Partido Socialista Japonés, en enero de 1907 el nuevo (y diario) “Heimin Shimbun” empezó a aparecer. En la convención del partido celebrada en febrero hubo una disputa entre las dos facciones; aunque no tan fuerte como para arrastrar tras de sí a la totalidad del partido, la influencia de Kõtoku era suficiente para evitar la inclusión de la frase “dentro de los límites de la legalidad” en la plataforma del partido. Pocos días después el partido era prohibido y el “Heimin Shimbun” voluntariamente disuelto en abril. Kõtoku abandonó el país para traducir “La Huelga Social General”, de Arnold Roller, y “La conquista del pan”, de Kropotkin.

En noviembre de 1907, en el cumpleaños del Emperador, una “Carta abierta al Emperador de Japón de parte de los terroristas anarquistas” apareció en la puerta del Consulado japonés en San Francisco. El resultado fue la concatenación de acontecimientos que llevaron a Kõtoku a ser ejecutado tres años después. Aunque Kõtoku negó su autoría, probablemente al menos fue su inspirador. Desde este momento, el gobierno japonés puso precio a su cabeza. Fue puesto bajo vigilancia permanente y su familia fue acosada por la policía.

En el “Incidente de la bandera roja” de junio de 1908 [1] y la represión que le siguió, casi todos los líderes socialistas más conocidos fueron arrestados. Kõtoku, que había estado viviendo en el sur debido a su estado de salud, se encontró prácticamente solo y parece que empezó a hablar sobre bombas. Aunque no hay pruebas de que tuviera un plan en este sentido, la gente a la que habló se lo tomó en serio y empezó a juntar material y probar explosivos en las montañas para atentar contra la vida del Emperador. Dos cosas sugieren que Kõtoku pudiera estar implicado de manera activa: una que padecía una TB avanzada y le quedaban sólo unos cuantos años de vida; y otra, que la continua represión policial hacía imposible actividades revolucionarias de tipo constructivo. Parece que aprobó el plan, aunque no tomó parte activa en los preparativos.

El plan continuó fraguándose en 1909 y la fecha elegida fue agosto de 1910. En mayo de 1910, en el curso de una investigación rutinaria, la policía descubrió explosivos químicos en casa de uno de los conspiradores. En unos días todos fueron detenidos, el propio Kõtoku fue el último, aunque las pruebas sugieren que en aquel momento estaba más interesado en publicar que en otra cosa. El juicio, que comenzó en diciembre, fue secreto. Fue grabado con una cámara pero la grabación nunca ha salido a la luz. Hubo quien lo comparó con el juicio de los anarquistas de Chicago en 1886.

A pesar de la gravedad y la complejidad del caso, el juicio duró menos de tres semanas. Cuando Kõtoku llegó al tribunal, en una escena dramática, los socialistas que se hallaban en la sala desplegaron banderas rojas para que él las viera.

El 18 de enero de 1911, Kõtoku y los otros 23 fueron encontrados culpables de todos los cargos, la mayoría de los cuales eran por “crímenes contra el trono” y sentenciados a muerte. Antes de que la sala fuera desalojada por los guardias, resonaron gritos de “¡vivan los anarquistas!” y “¡viva la Anarquía!”. A doce de los condenados se les conmutó con posterioridad la condena a muerte por la de cadena perpetua, a Kõtoku y los demás se les mantuvo, Kõtoku fue ahorcado en la mañana del 24 de enero de 1911, tras fumarse su último cigarrillo.

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“Kõtoku Shusui” [2] es un detallado estudio académico que, en sus intentos de ser objetivo, obvia por completo el ambiente que rodeaba a comienzos del siglo XX el movimiento radical japonés. Dado que es el único estudio amplio en inglés sobre un anarquista japonés, es una fuente muy importante. Los compañeros que lo lean sacarán la impresión de que han aprendido un montón sobre la personalidad de los verdugos de Kõtoku pero muy poco sobre el propio movimiento. En parte es porque la mayoría de las actividades de Kõtoku precedieron a la fase más avanzada del movimiento. Gran parte del libro está dedicado a tratar de compararlo con otros intelectuales de la era Menji más que con otros representantes del movimiento revolucionario. Por eso el desarrollo de su proceso de radicalización está esparcido por todo el libro entre montañas de teorización socio-psicológica y largas citas. Estaría bien que algún compañero escribiera una historia del movimiento que colocara a Kõtoku en su lugar adecuado. Por el momento, sin embargo, deberemos conformarnos con lo que nos ofrecen los académicos.

Publicado en "Libero Internacional" nº1, enero de 1975
Traducido al castellano por Manu García


[1] Se refiere a un incidente en el cual durante una manifestación en Tokyo, el 22 de Junio de 1908, un grupo de anarquistas sacaron banderas rojas a una manifestación callejera inscritas con las palabras anarquismo y comunismo anárquico. La policía trató de arrebatarles los emblemas, con lo cual hubo un altercado que terminó en duras sentencias en contra de socialistas y anarquistas, entre los que encontramos a Osugi Sakae.
[2] Se refiere al libro "Kotoku Shusui, Portrait of a Japanese Radical" de Fred G. Notehelfer (Cambridge University Press, 1971)

Un ejemplar del Heimin Shimbun
Un ejemplar del Heimin Shimbun

Dibujo de algunos de los anarquistas ejecutados: Kotoku Shusui es el primero de la izquierda, y su compañera Kano Suga está al centro
Dibujo de algunos de los anarquistas ejecutados: Kotoku Shusui es el primero de la izquierda, y su compañera Kano Suga está al centro

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Rojava: Mensaje urgente de un compañero anarquista en Afrin
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